Oscuro Deseo – Parte 11: Por fin tuya

Kakashi y Sakura ya estaban en la habitación que habían reservado esa noche. El peligrís, que había pasado la noche anterior allí, tenía todo preparado para sorprender a la bella mujer que estaba con él. Antes de irse hacia la casa de Naruto esa misma mañana, había cogido varias rosas rosas y las había dejado sobre la cama de matrimonio, o al menos, sus pétalos, lo que le interesaba de la flor. También recordó dejar una botella de champán enfriando junto con un ante de nata en la nevera. Si nada salía mal, aquella noche la pareja se acabaría convirtiendo en una tarta de fresas con nata.
Estaban ante la puerta de la habitación, y en ese momento, el peligrís sacó una venda de uno de los bolsillos de su traje. Sakura se inquietó cuando le puso la venda, tanto, que incluso tembló ligeramente.
- No tengas miedo. – Susurró protectoramente el hombre cerca de su oído -. Te puedo asegurar que es una sorpresa agradable.
- Prométemelo.
- Te lo prometo.
Kakashi metió la llave-tarjeta en la ranura e hizo pasar a la pelirrosa al interior de la habitación. Usar sacar la tarjeta, cerró la puerta, encendió la luz y dejó a Sakura cómodamente tumbada en la cama. Poco después, le quitó la venda.
- Quieta, cielo… Ahora vengo, ¿sí?
La pelirrosa se quedó anormalmente quieta mientras Kakashi se había levantado a coger dos copas y llenarlas de la bebida que había dejado en el frigorífico. Volvió rápidamente y le ofreció una. Ella se incorporó rápidamente y se sentó junto a su hombre sin percatarse de los pétalos que había esparcidos sobre el blanco edredón.
- Creo que lo mejor será que vaya al grano, ¿no crees?
- Sí, pero… ¿De qué vamos a hablar?
- Verás, Sakura, es un tema importante, así que necesito que estés calmada.
- Lo estoy, ¡pero como sigas así me voy a poner nerviosa de verdad!
- Vale… – Susurró mientras se abrazaba a ella -. Pues… Me ha dado un poco de envidia ver cómo Naruto e Hinata eran tan felices en su boda.
- ¿Qué quieres decir con eso?
- Me gustaría que nos comprometiéramos.
- ¿En serio?
El peligrís se limitó a asentir con la cabeza con cierto sonrojo en su desenmascarada cara.
- ¡Es fantástico! – Gritó de felicidad tirándose sobre él sin derramar milagrosamente las copas de la bebida -. Además, yo también tengo que darte una noticia, Hatake.
- ¿De qué se trata? – Preguntó con una gran curiosidad.
- Tú y yo seremos papás en unos seis meses.
- ¡¿QUÉ?! – Gritó el peligrís a punto de desmayarse -. ¿Cuándo pensabas decírmelo? ¿Cuando rompieras aguas?
- ¡Sí! – Sonrió de una manera muy bromista.
- ¿Sabes lo que te digo, Sakura? A partir de mañana, nada de champán.
- ¡Malo!
- Vamos, cielo, lo hago por el bien de la criaturita. Beber en el embarazo es malo.
- Eres muy cruel, Hatake.
- ¿Seguro? – Dijo levantándose de la cama y cogiendo las fresas y la nata -. Creo que soy un niño bueno comparado contigo.
Tras coger los fetiches, se acercó a ella, y cogiendo un trozo de fresa, se lo colocó en la boca y con él acarició el hombro derecho de Sakura y fue subiendo lentamente hacia su boca. Cuando llegó a ella, Sakura cogió descaradamente el trozo en un beso.
- No sé quién es más malo, pero me gusta esto.
Justo después, Kakashi cogió el bote de nata y puso un poco en el hombro de ella. Más tarde empezó a lamerlo con ansia, y después, dejó su boca cerca de su oído.
- Yo tampoco, pero te aseguro que mientras lo averiguamos se nos pasa la noche volando.
Al mismo tiempo en la casa de Naruto, la feliz pareja de recién casados había terminado de cenar los manjares que había preparado el rubio expresamente para la ocasión. Hinata tuvo que reconocer que el ojiazul era mejor cocinero de lo que aparentaba, ya que había preparado unos mariscos suculentos con unos spaghetti de queso realmente deliciosos.
El rubio se levantó de la mesa y salió un momento hacia el jardín. Volvería a comprobar todos los detalles necesarios, y cuando se asegurara de que todo estaba bien, volvería hacia la cocina y se llevaría a Hinata hasta allí.
Tras comprobarlo todo, volvió a buscarla, y cuando llegó, la cogió cariñosamente de la mano.
- Ya está. Ya podemos salir juntos.
- ¿De verdad?
- Sí, Hina. Ya verás. Está tan bien… Te vas a desmayar.
- No sé, Naruto… Ya no te va a ser tan fácil sorprenderme.
En ese momento, la peliazulada recordó con cariño la primera vez que hizo el amor con el Naruto verdadero. Había sido en el mismo lugar donde se habían casado. Allí no había cambiado nada. Los rosales seguían creciendo con fuerza a pesar del invierno, los árboles seguían dando aquella sombra que tanto les había cobijado y el césped seguía siendo tan verde como en aquel día en el que amó a Naruto con toda aquella pasión reprimida.
El ojiazul la acercó delicadamente a su cuerpo y la guió hasta el que sería su nido de amor esa noche. Como era bien sabido por más de un indiscreto, la afición de Hinata y de Naruto a hacer el amor al aire libre era muy fuerte, ya que a ambos les parecía muy aburrido hacerlo en la cama, además de que les traía recuerdos traumáticos de sus anteriores parejas, especialmente a ella. Por ese motivo, Naruto se esforzó para que aquella vez fuera totalmente diferente a todas, y no sólo para que Hinata disfrutara con ella y la recordara, sino además para que supiera que por ella haría lo que fuera.
- ¡Ah! – Exclamó sorprendida Hinata cuando ella y el rubio llegaron al lugar donde pasarían la noche -. Esto es…
- ¿Sorprendente? – Preguntó mirándola directamente a los ojos.
La verdad es que la reacción de Hinata no había sido para menos. El baño termal en el que tantas veces se había bañado ahora era jacuzzi, con sus delicadas y espumosas burbujas incluidas. En el ancho borde del baño había cientos de velas perfectamente colocadas excepto en una parte, que era por donde se entraba a ella. Y por último, alrededor de las velas había esparcidos cientos de pétalos de rosas blancas.
- Y esto es sólo el principio, cielo. – Musitó mientras la abrazaba por detrás y empezaba a quitarle la cremallera del vestido que llevaba -. Esto es tan sólo el principio.
Dejó a la avergonzada ojiblanca en ropa interior, y tras eso, dejó que ella le desnudara mientras pasaba sus labios delicadamente por todo su cuerpo. El rubio se sentía arder por los dulces besos cargados de inocencia de ella, pero en ellos también sentía su lujuria. Cuando estuvo tan desnudo como ella, la cogió en brazos y entraron juntos en la terma. Después, Naruto se sentó y colocó a Hinata sentada sobre sus piernas, haciendo que sus caras estuvieran frente a frente.
- Naruto… – Musitó completamente sonrojada -. Estoy sentada sobre tu cosa…
- Quédate ahí, cielo. Me gusta sentirte.
La peliazulada pasó sus brazos por los hombros del rubio y le atrajo hacia su cuerpo, para después, besarle descaradamente en el cuello mientras se movía ligeramente sobre él. Realmente era demasiado excitante estar sentada sobre la hinchazón de su rubio y notar cómo iba acariciando su intimidad a través de las telas que las cubrían.
A la misma vez, Naruto notaba feliz en su pecho la seductora barriguita de mamá de su querida mujer. Hacía cinco meses que aquella criatura había sido engendrada, y su madre apenas había engordado unos seis kilos, pero seguía estando igual de guapa, tal vez incluso más.
- ¿Sabes? Parece que ser mamá te está sentando muy bien.
- Ah, ¿sí?
- Sí. Cada día tienes más curvas. – Respondió el rubio mientras la tomaba por la cintura y se acercaba más a ella.
Se fundieron en un apasionado beso, y cuando lo cortaron, Naruto sacó la mano de allí y a tientas logró encontrar los cubitos de hielo que había escondido para la ocasión. Cogió uno de ellos, y con delicadeza, comenzó a acariciar con él los hombros de Hinata, que era lo que más tenía a su alcance.
Sintió que ella empezaba a tener escalofríos, pero Naruto lo tenía todo estudiado. El contraste entre la tibia temperatura del agua y el gélido tacto del hielo conseguirían que su piel se pusiera de gallina, y poco más tarde, haría que su piel ardiera por él.
Salió un pequeño quejido de sus delicados labios cuando el cubito bajó hasta sus pechos y los acarició con descaro. A ambos se les oscurecía la mirada tan sólo de pensar en lo poco que faltaba para que la situación se volviera realmente placentera.
- También había rosado en devorarte con chocolate. – Susurró seductoramente el rubio mientras quemaba su cuello con los labios -. Pero eso lo reservaremos para dentro de un ratito.
Hinata siempre se sorprendía cada vez que su rubio hablaba con esa voz tan sexy que siempre precedía a los momentos más eróticos, pero también le encantaba cuando la usaba. Realmente era un hombre muy caliente, al igual que ella. A pesar de su aspecto virginal, ambos eran unos pervertidos, y raro era el día que no acababan revolcándose en cualquier lugar desahogando con fuerza la pasión que sentían el uno por el otro.
El cubito había explorado todo el cuerpo de Hinata antes de derretirse, y tal como Naruto había planeado, ella ya estaba excitada, pero ella no era de esa clase de mujeres que sólo recibía, sino que también le encantaba dar.
- Oye, Naru – susurró mientras hacía círculos en su pecho con el dedo índice -, ¿dónde hay más cubitos?
- Espera. Yo te doy uno.
El ojiazul se lo ofreció encantado, y cuando Hinata lo tuvo, acarició su pecho con dedicación, notando cómo su piel se ponía tan rugosa como la de ella, pero como ella estaba mucho más inspirada que él, hizo que el hielo llegara a su hinchazon y la acariciaba lentamente, y cuando se dio por satisfecha, le quitó sus calzoncillos y saboreó levemente su intimidad. Justo cuando Naruto estaba a punto de derramarse, la ojiblanca se separó de él y en el otro lado de la terma le dedicó un sensual striptease.
- Vamos, Naruto… – Susurró mientras se bajaba una de las tiras del sujetador -. Mira todo lo que quieras, porque dentro de poco vas a poder tocar hasta hartarte.
El rubio miró tímidamente cómo Hinata se bajaba la otra tira, y en un movimiento estudiado cuidadosamente, desabrochó la parte delantera de su sujetador y se lo lanzó, quedándose más sonrojado de lo que estaba.
- Por cierto… ¿Puedes venir un momento?
Naruto se situó tras su chica, y cuando estuvo todo listo, Hinata tomó su mano y manejándola como si fuera la de una marioneta, enredó sus dedos en la parte lateral de sus braguitas y comenzó a bajarla. A la misma vez, el otro lado también fue bajando, y cuando la peliazulada estuvo completamente desnuda, tomó su otra mano y la dejó sobre su cuerpo.
- ¿No te apetece tocar? – Preguntó asombrada cuando descubrió que Naruto no había movido sus manos absolutamente nada.
- Sí. Pero tienes que ayudarme. Como antes.
En ese momento, la ojiblanca volvió a coger sus manos y las dejó en sus senos. Poco después, Naruto empezó a retorcerlo mientras ella sólo deseaba empezar. Él notó su deseo, así que comenzó a bajar lentamente hasta aquellos pliegues que tanto le gustaban, y cuando llegó, buscó su zona más delicada y la acarició con descaro. Naruto también quería poseerla, así que cuando escuchó gemir a su ángel con aquel aspecto tan virginal se sentó nuevamente y volvió a sentarla sobre él, pero esta vez entrando en ella.
Los movimientos de la chica eran rápidos. Le encantaba notar su hinchazón dentro de ella de aquella manera tan ardiente. Realmente Naruto sabía cómo hacerla enloquecer para acabar de aquella forma. Y lo mejor era que le agradaba acabar así de unida al rubio.
Naruto, mientras dejaba que Hinata se moviera sensualmente para él, la abrazó, la atrajo aun más hacia su cuerpo y la besó apasionadamente. Mientras, una de sus manos fue subiendo hasta la cabeza y la otra la sostuvo por la cintura. En ese momento, ayudó a la peliazulada con su movimiento, y cuando lo creyó oportuno, bajó sus manos hasta las caderas y siguió agitándola. Poco más tarde, bajó sus labios hasta el cuello y lo besó sin compasión, y poco después, moldeando su cuerpo con delicadeza, volvió a abrazarla por la cintura.
Los dos sabían que el mejor momento estaba cerca, así que disfrutarían de sus últimos momentos de lucidez, y poco más tarde, lo único que les importaría era sentir toda aquella ola de placer. Por eso mismo, Hinata se acercó más aún a Naruto y tomándole por los hombros, mordió su oreja sensualmente.
Su reacción no se hizo esperar. Notó cómo el rubio explotó en su interior mientras empezaba a suspirar por sentir la delicada piel de su amada en la zona más sensible de su cuerpo. Hinata sabía que podía volverle loco sólo con sus movimientos, así que siguió contoneándose de aquella manera tan sensual que tanto le gustaba. A la misma vez, dejaba que Naruto explorara su cuerpo con ansia. Realmente sentir las yemas de sus dedos en sus zonas más sensibles era algo que la desquiciaba por completo, y lo mejor era que el ojiazul lo sabía.
Ella tampoco tardó demasiado tiempo en sucumbir a los placeres que le ofrecía el cuerpo del rubio y pronto pudieron escuchar su dulce voz de sirena pidiéndole al ojiazul que no se detuviera. Ninguno de los dos deseaba hacerlo ni lo hizo, sino que, al contrario, sus movimientos se hicieron más pronunciados. Notar cómo el rubio inundaba toda su zona y se seguía deslizando con rapidez la volvía loca. También notar cómo mordisqueaba sus pechos la hacía gemir como una niña virginal.
Todo les resultaba tan excitante que no pudieron parar de darle rienda suelta a su pasión durante un buen rato, mientras todo lo que complementaba a la caricia más íntima hacía que todavía quisieran más, hasta que sus cuerpos se cansaron y tuvieron que parar.
Hinata, sin dejar que el rubio saliera de su cuerpo, pasó uno de sus brazos por los hombros y con el otro exploró suavemente su pecho. Al cabo de un rato, cuando regularon su respiración, el rubio comenzó a hablar.
- Este asalto se ha alargado mucho. ¿Todavía te puedan energías para otro?
- No. Me has dejado agotada. Sólo te ha faltado ponerme a gatas y hacer que me cayera en el agua.
- No me des más ideas, Hina. Sabes que esta noche va a ser muy erótica.
- Ya lo es. Nunca se te había ocurrido hacerlo aquí de esta manera.
- Es que he reservado mis mejores fantasías para esta noche. Quería que fuera especial. Por cierto… ¿No está un poco fría el agua?
- Pues sí…
En ese momento, Naruto dejó a Hinata sentada a su lado, salió del baño, y cuando apagó todas las velas, esperó a que Hinata se pusiera de pie y la cogió en brazos.
- Bienvenida a la cama roja. – Sonrió cuando llegó a su destino.
La dejó sobre ella, mientras la ojiblanca no se podía creer lo que veía. Era una cama como las que aparecen en las películas que tratan sobre eras pasadas, con su pequeño techo y sus cortinas. Lo mejor de todo era que toda la ropa de cama era roja, incluidos los cojines que estaban sobre la almohada, que además de ese color, también tenían forma de corazón.
- ¿Te gusta? – Preguntó el rubio lleno de curiosidad.
- Sí. ¿Hay algo más?
- Espera, que ahora lo traigo.
Naruto se alejó un momento de ella, y poco después dejó justo al lado de la cama un carrito con toda clase de fetiches.
- ¿Mejor?
- Sí.
El ojiazul cerró las finas cortinas de delicada gasa roja y tumbándose en la cama, colocó el cuerpo de Hinata sobre el suyo y la besó cariñosamente en los labios.
- Puede que esta noche no tengamos más ganas de organizar una guerra, pero… Dudo mucho que durmamos algo hasta que amanezca.
Hinata sonrió con picardía y le arrebató al rubio un beso que ni siquiera había llegado a imaginarse en sus fantasías más picantes. Naruto sonrió con notable satisfacción por el mimo recibido, y mientras le hacía un gesto mucho más sucio, pensó que aquella noche sólo había empezado.

~ por Reika Haiducci en 20/10/2009.

Una respuesta to “Oscuro Deseo – Parte 11: Por fin tuya”

  1. maaaaaaaaa.. buena historia me encanto..=) eres la ley.. bn anos vemos

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