Oscuro Deseo – Parte 10: Tenebra Dentro

Había llegado aquel día con mucha más gloria que pena para todos. Sasuke, por primera vez en meses no había dormido en el cementerio, sino abrazado al particular muñeco en su cama.
En cuanto a la pareja que se iba a casar, había pasado la noche anterior despidiéndose de la soltería de maneras distintas. Mientras Naruto casi se había indigesten por inflarse a comer ramen, Hinata se fue de fiesta con Sakura y unas cuantas chicas más. A la pobre se le quedaron las mejillas rojas como un semáforo por los stripteases que contrató su amiga.
Sonó un despertador en la casa del rubio, y mientras lo paraba, decidió que lo mejor era que empezara a arreglarse sin ni siquiera desayunar. Eso si no quería pasarse todo el día en el váter, claro. Por suerte, una ducha rápida y un vaso de agua obraron milagros en el cuerpo del rubio. Le esperaba un día realmente largo.
Mientras, Sasuke ya se había despertado. Tanto él como el muñeco estaban cubiertos con el edredón de su cama. La noche anterior había hecho bastante frío. Por eso estaban así. En ese momento estaba empezando a hacer calor… Por eso se quitó de encima el edredón y tanto él como su extraño acompañante dejaron a la vista sus cuerpos desnudos.
El Uchiha se quedó contemplando la piel del muñeco rubio durante un largo rato con lujuria. Desde que había llegado a sus manos no había parado de ofrecerle toda la pasión que había tenido que retener durante tanto tiempo. Apenas había parado en aquellos dos días, y ni por ésas dejaba de pensar en el verdadero rubio. Todavía tenía energías para seguir disfrutando con la réplica, incluso en ese mismo momento. Sabía que si en ese mismo instante volvía a abrazar al muñeco y le besaba, acabaría entrando en él y gimiendo como una virginal desesperada.
Creyó que lo mejor era que simplemente le abrazara y acariciara, ya que desde que se había despertado deseaba notar el tacto de su piel incluso en sus lugares más íntimos, así que colocó a la réplica sobre él, y mientras le besaba, sus manos recorrían con impaciencia todo su cuerpo.
“Puede que no sea lo mismo porque él no puede sentir nada de lo que estoy haciendo, pero gracias a él estoy sintiendo cosas que sólo había sentido aquella noche”.
Hinata estaba en un hotel que quedaba cerca de su casa con su amiga Sakura. La peliazulada estaba realmente nerviosa. ¡Pronto iba a ser Hinata Uzumaki! Sólo de pensar en lo bien que sonaba aquéllo se ponía todavía más nerviosa. Estaban juntas en la misma cama, descansando de la gran juerga, pero pronto tendrían que levantarse para empezar a arreglarse.
- Hinata, ¿estás despierta?
- Sí.
- ¿Estás nerviosa?
- Mucho…
- No te preocupes… Pronto tus sueños se harán realidad.
La verdad es que la boda no era necesaria para que eso ocurriera. De hecho, sus sueños se vieron satisfechos cuando Naruto posó sus labios por primera vez en los suyos. Pero ahí no acababa todo. Aquel sueño que estaba viviendo se fue haciendo más dulce cada día, sobre todo, cuando descubrieron juntos que estaban esperando un hijo. Pronto Hinata y Naruto serían la familia feliz que tanto habían soñado, eso si nadie les despertaba de su maravilloso sueño.
- Vamos, Sakura. – Sonrió la ojiblanca quitándose de encima las sábanas que la cubrían -. No me apetece estar fea en mi propia boda.
- ¿Te importa si me ducho yo primero? Es para que llegues más fresca.
- No importa, así me da tiempo a tomar algo.
La ojiblanca se levantó de la cama y cogió un yogur que Sakura había pedido un rato antes para desayunar. Se sentó tranquilamente y mientras desayunaba, miraba extrañada su propio traje de novia. Siempre que veía uno de ellos recordaba el mal trago que había supuesto casarse con Gaara, pero ahora que lo pensaba con calma, pronto olvidaría su trauma. Gaara se pudriría en la cárcel, y no podría volver a verla siquiera. Eso la relajó lo suficiente, así que siguió comiendo hasta que se sintió saciada.
- ¡Hinata, ya está! Cuando quieras ya puedes ducharte.
La peliazulada se fue hacia la ducha y dejó caer un chorro de agua fría sobre su cuerpo desnudo. Ese día iba a ser agotador. Tan sólo de pensar en el ajetreo de la fiesta después de la boda y la noche se sentía agotada. Antes de derrumbarse ante la idea, empezó a mojarse con agua más caliente y se reconfortó pensando en que aquel día probablemente sería el más romántico de su vida.
A la misma vez, en la casa del rubio, alguien tocó en la puerta. El ojiazul se acercó a ella y le abrió. En ese momento, vio a Kakashi, su padrino.
- ¡Hola, Naruto! ¿Ya te has vestido?
- Sí, je, je…
- No está nada mal. Creo que Hinata se va a desmayar. Estás muy guapo.
- Muchas gracias, Kakashi.
- Todavía queda un rato para la boda, y como ya está todo listo… Tengo que pedirte consejo.
- ¿Tú a mí? Pero… ¿Estás bien, Kakashi?
- Sí. Sentémonos y te contaré lo que me pasa.
Ambos se sentaron en el sofá, y entonces, Kakashi le expuso su problema.
- Verás, Naruto, es que… Vaya, no sé por donde empezar.
- Hombre, Kakashi, se supone que por el principio.
- Bien… Pues como ya sabes, Sakura y yo somos amantes desde hace unos años, y en los últimos tiempos, me estoy planteando muy seriamente pedirle compromiso, e incluso matrimonio.
- ¿En serio? – Sonrió Naruto de oreja a oreja -. Creía que nunca lo harías.
- Bueno… – Susurró rascándose la cabeza -. Es que… No sé cómo hacerlo. ¿Podrías ayudarme, por favor?
- ¡Claro! Mira, tienes que hacer algo que a Sakura le guste mucho, y luego…
El rubio siguió aconsejando al hombre que le había enseñado el arte de la noche, mientras él escuchaba atentamente todos y cada uno de los consejos que le estaba dando. No en vano, Naruto había compartido con Sakura un trozo de su vida y ambos se conocían lo suficiente como para saber lo que le gustaba el otro.
Un buen rato más tarde, en el hotel donde estaban la ojiblanca y su amiga, la primera ya estaba lista para el día más feliz de su vida, incluso ya estaba peinada y maquillada.
- ¡Vamos, Hinata! ¡Vamos a llegar tarde!
- Ya voy… – Dijo la peliazulada saliendo nerviosa de la habitación donde se había vestido -. ¿Está bien así?
- Vaya… – Suspiró Sakura al ver lo guapa que estaba su amiga.
Su largo pelo azul estaba liso y suelto, haciendo su cara más dulce, a pesar de que sus labios estaban pintados de un rojo sangre seductor. Su traje era completamente blanco y resaltaba mucho más sus inocentes ojos. La parte superior del vestido la formaba un corsé sin mangas que estilizaba bastante su cintura. A partir de ahí, era una larga falda de tul y seda bastante elegante. Por último, llevaba unos discretos tacones blancos que no eran muy altos. Hinata no se manejaba muy bien con unos más grandes que aquéllos.
- ¿Vamos? – Preguntó la novia.
- Eh… ¡Sí!
Las chicas bajaron las pocas cosas que llevaron hacia la recepción, pagaron la estancia y se fueron hacia la casa de Naruto. Hinata se ponía más nerviosa cada vez que pensaba en lo felices que iban a ser ahora, pudiendo compartirlo todo sin que nadie les reprochara nada. Nadie tendría derecho a interponerse en sus vidas, cosa que la agradaba.
Un rato más tarde, Hinata ya había llegado, mientras el resto estaba esperando su llegada. La peliazulada, llena de timidez, vio cómo Naruto había modificado la paz de su querido jardín por un altar improvisado y sus amigos, tanto de su vieja vida como de la nueva. Avanzó completamente sonrojada hacia donde su galán. No iba vestido de negro, sino de blanco, y la verdad era que el traje le quedaba realmente bien al rubio. Además, toda la belleza de su príncipe la remataba una enorme y sincera sonrisa de felicidad.
Llegó al lugar y se quedó junto al rubio completamente sonrojada. No sabía hacia dónde mirar, y menos cuando el encargado del enlace comenzó a hablar.
Ninguno de los dos escuchaba sus palabras, a pesar de que estaban cerca de él y además usaba un micrófono. Era como si tuvieran los oídos taponados y sólo pudieran escuchar sus propios sentimientos latiendo con fuerza en su corazón.
Cuando escucharon que decían intercambiarse los anillos, Naruto, completamente sonrojado, sacó una cajita roja, la abrió, y sacando el anillo, lo colocó en el dedo de la mujer que más quería. Se quedó asombrada por su belleza y elegancia. Estaba hecho de plata con diamantes. No se podía creer que aquéllo fuera real, así que lo tocó. Poco después, levantó sus ojos y vio que su rubio estaba tan sonrojado como ella, así que intentó tranquilizarse dándole su anillo, que también era de plata. Justo después, se miraron a los ojos, y desde ese momento, los dos se relajaron.
“No sabes lo feliz que me hace estar junto a ti, Naruto.”
“Cada día que pasa comprendo por qué te quiero tanto, Hinata”
“Tu corazón es bueno y honesto…”
“… Tus ojos son tan puros como tu alma…”
“… Tu trato conmigo es dulce y delicado…”
“… Y si de algo estoy seguro es que jamás te haría daño, y que tú tampoco me lo harías a mí…”
“Pondría toda mi alma en el fuego si fuera necesario porque…”
- Puede besar a la novia.
En ese momento, Naruto abrazó tiernamente a la ojiblanca y se acercó a sus labios. Entonces, el uno empezó a profundizar en el otro de una manera tierna y romántica.
“Te amo”, fue el pensamiento que compartieron mientras ya se habían convertido en uno.
Más de un invitado se había quedado llorando por la ternura y el romanticismo de la escena, Kakashi y Sakura incluidos. Se notaba que los recién casados realmente se querían.
Minutos más tarde, la pareja había vuelto un instante a casa para ponerse ropa más cómoda. En ese momento empezaría la fiesta que darían para sus amigos. A la misma vez que los protagonistas se ausentaron, el peligrís se acercó a su pequeña y trató de hablar con ella.
- Oye, Sakura…
- ¿Sí? – Preguntó dulcemente la pelirrosa.
- Cuando nos vayamos de la fiesta tengo que hablar contigo sobre algo importante.
- ¿Puedo saber de qué se trata?
- No de momento… Es una sorpresa. – Susurró mientras la abrazaba.
La feliz pareja volvió a salir al jardín y entonces, Naruto se subió al escenario que había montado para la ocasión acompañado por su ojiblanca y se acercó al micrófono para dedicarle unas palabras a sus invitados.
- Gracias a todos los que estáis aquí por venir a nuestra boda. Ahora Hinata y yo hemos preparado un almuerzo para todos vosotros, y más tarde, tendremos un pequeño concierto de Tangoth.
Los invitados se quedaron boquiabiertos al pensar que el rubio se había vuelto loco.
- No, no… Son los Tangoth de verdad. De hecho, les hemos pedido que canten canciones anteriores a Lágrimas de sangre, que son canciones más ligeras. ¡Ah! Antes de que se me olvide… Mientras el servicio de catering y los camareros preparan el banquete, Hinata y yo repartiremos unos recuerdos. Ya sabéis: puros, tarjetas, mecheros… Un poco de todo.
Cuando el ojiazul terminó de hablar, le ofreció el micrófono a Hinata y ésta apenas dijo unas palabras, pero les gustaron mucho a sus invitados.
- En fin, yo también estoy muy feliz de que hoy estéis aquí con nosotros en el día más feliz de nuestra vida. Ojalá os gusten nuestros detalles y la fiesta.
Poco después, la pareja cogió un gran cesto y repartieron los regalos, y más tarde, disfrutaron de un buen plato de pasta y carne, y de postre, una generosa ración de fresas con nata.
Más tarde, Ainara y sus chicos subieron al escenario, y la chica, al ver que Sasuke se hacia tomado su bien consejo en serio, se animó y empezó a tocar. Al finalizar, los asistentes se sintieron satisfechos. El concierto había sido realmente bueno.
En cuando a la fiesta, no había estado mal, pero como era de esperar, terminó antes de anochecer, ya que Naruto e Hinata necesitarían soledad para vivir una de sus noches más románticas. También Kakashi y Sakura querían intimidad. Por eso, los dos se fueron hacia un tranquilo hotel, ya que era muy tarde para volver a Konoha.
Antes de comenzar su apasionado plan, Naruto revisó todos los detalles sin que Hinata se diera cuenta, y cuando lo tuvo todo listo, buscó a su pequeña para hacerle el mejor regalo de bodas: su ternura y su amor.

~ por Reika Haiducci en 30/09/2009.

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