Oscuro deseo – Parte 8: Satánica Inocencia

A principios de octubre, en una fría mañana de un lunes, tanto Naruto e Hinata como Gaara estaban en la entrada de la sala 6 de los juzgados del pueblo donde vivían el rubio y su novia.

Los chicos estaban pensando en lo felices que serían si además de encarcelar a Gaara les concedían el divorcio. Si eso ocurría, el rubio prepararía la boda más bonita que ninguna mujer vería nunca, y lo mejor de todo era que realmente quería a esa mujer.

Poco después, dejaron que entraran en la sala. Ya estaba lleno de gente, entre ellos, los abogados de cada uno. El de Naruto era Kakashi, y el de Gaara, Shino. Lo primero que hizo la pareja al sentarse fue preguntar si Sasuke había llegado. Respondió afirmativamente. En cambio, Gaara estaba hablando de otra cosa con su abogado.

- ¿Crees que nuestro argumento servirá para algo?

- Claro. Si lo hacemos bien, no irás a la cárcel.

- Bien…

La magistrada, que no era otra que Tsunade, abrió la sesión y comenzó pidiendo el testimonio de Hinata.

- Bien, señoría, todo esto comenzó hace unos tres meses. Por unos acontecimientos que no vienen al caso, Gaara decide dejarme marchar, sin antes olvidarse de contarme que Naruto no había muerto. Por eso me dejó ir. Desde ese día estoy con Naruto.

> Pero hace un par de semanas, fue cuando ocurrió lo que nos ha traído hasta aquí. Naruto y yo estábamos en la playa, y tras volver del baño, noté que Naruto se estaba empezando a poner raro. Confirmé mis sospechas una hora más tarde, cuando Naruto estaba lejos de mí y Gaara, con la imagen de mi novio, estaba sobre mí a punto de poseerme. En ese momento – empezó a sollozar – me sentí tan mal y tan sucia que le juré a Gaara que después de eso lo iba a pasar mal.

Tras terminar, Shino se levantó y comenzó a hacerle varias preguntas a la ojiblanca.

- Si sospechaste que el que estaba contigo no era Naruto, ¿por qué no actuaste antes?

- Me dijo que se había dado un golpe en la cabeza. Le insistí para que nos fuéramos a casa. No quiso, así que nos quedamos allí.

- Y… Según la versión de mi defendido, tú te fuiste de la casa conyugal sin avisar. ¿Sabes que eso es un delito?

- ¡Protesto, señoria! – Gritó Kakashi -. Esa pregunta es totalmente irrelevante.

- Protesta aceptada. – Siguió la rubia -. ¿La defensa tiene más preguntas?

- No. – Pasemos a la versión del acusado.

Gaara se levantó de donde estaba sentado y comenzó con su gran sarta de mentiras más que planeada.

- Lo primero que quiero decir antes de pasar a los hechos es que en realidad Hinata se marchó de casa porque leí su diario y descubrí que lo había hecho con la cosa que estaba en la tumba del desgraciado de su novio.

- ¡Protesto! – Volvió a gritar Kakashi -. Esto también es irrelevante.

- Protesta aceptada. Cíñase al caso, Gaara.

- Bien, señoría, sólo pienso decir que Hinata supo en todo momento que yo era el que estaba con ella, y si no llega a ser porque ese rubio apareció en el mejor momento, nadie sabría nada de esto.

- Disculpe, señoría, pero mis clientes me comentan que el testimonio de Gaara es falso. Y si su señoría lo permite, vamos a llamar a nuestro testigo, Sasuke Uchiha.

El ojinegro se levantó de donde estaba sentado, y después, se dirigió al estrado y esperó a que la defensa le preguntara.

- Bien, ¿cómo supo de los planes de Gaara?

- Él y yo estábamos compinchados. Yo tomaría la imagen de Hinata y él la de Naruto para pasar el rato con los reales Naruto e Hinata, respectivamente.

- ¿Con qué fin quería pasar el rato de esa manera?

- Si le soy sincero, yo al menos quería hacerle el amor a Naruto porque le he amado en secreto desde hace tiempo. De hecho, hoy estoy aquí para ayudarle. Y por lo que se ve, Gaara tenía las mismas intenciones con Hinata.

- Es decir, que usted también debería ser juzgado.

- No, señor. Antes de cometer una falta irreparable, decidí detenerme. Me arrepiento de ello siempre que lo recuerdo, pero sé que hice bien.

- ¡¿Bien?! – Preguntó el pelirrojo furibundo -. Vamos, Sasuke, pedazo de maricón, ¡tú también querías tirarte a Naruto!

- ¡¿Y tú que, sucio mentiroso?! ¡La dejaste ir para luego tirártela!

- ¡Basta! – Gritó Hinata -. Estamos aquí para resolver nuestro problema de una manera justa, no a golpes.

- La demandante tiene razón. Aquí estamos para resolver nuestros problemas. – Dijo la magistrada al borde del colapso -. Creo que lo mejor es que comience a hacer mis preguntas, pero antes creo que lo más conveniente será que descansemos.

Tras unos breves minutos en los que las brechas abiertas entre los pasados aliados no cerraron, Tsunade comenzó con su breve interrogatorio.

- Comenzaré con Hinata si a nadie le importa. Luego interrogaré a Naruto, después a Sasuke y por último a Gaara. ¿De acuerdo?

Los presentes mencionados asintieron.

- Hinata, ¿Gaara te dejó ir voluntariamente?

- Sí.

- ¿Y fue él quién te dijo que Naruto estaba vivo?

- Sí.

- ¿Alguno de los presentes te dijo dónde residía?

- No.

- Y por último, te esperan dos preguntas muy relevantes pero también íntimas. Está en tu mano el responderlas o no.

- Las responderé.

- ¿Qué fue lo que pasó la noche anterior para que Gaara te dejara?

- Yo… Profané la tumba del falso Naruto. Lo desenterré para hacerlo mío.

Cuando Sasuke escuchó la respuesta de Hinata, se quedó realmente asombrado. ¿O sea que toda aquella situación había surgido porque Hinata se había atrevido a hacer lo que él deseaba? Definitivamente, hizo mal al prometerle al rubio que le entregaría la carta a su inocente amada.

- ¿Alguna vez quisiste a Gaara?

Todos los presentes se quedaron asombrados al oír la pregunta. Era como si les hubieran echado una jarra de agua helada justo en la espalda. Aunque había que reconocer que en el fondo la cuestión era buena.

En cuanto a Hinata, no dudaba de la respuesta que iba a dar. ¿Alguna vez había sentido la imperiosa necesidad de tenerlo? ¿Y de abrazarlo? ¿Y de besarle? ¿Alguna vez había querido escuchar los impulsos de Gaara? ¿Y rendirse a ellos? Nunca le había ocurrido eso con el pelirrojo, pero desde que estaba con Naruto había sentido todo eso y más. No tenía porqué darle explicaciones, y además se sentía realmente bien con él. Era como si nunca hubiera conocido el amor.

- No, señoria. – Respondió la ojiblanca con firmeza.

- Muy bien, Hinata, has sido una chica valiente. – Le sonrió Tsunade con complicidad -. Ahora es el turno de Naruto. ¿Estás preparado?

- Sí.

- ¿Alguna vez Hinata actuó forzada contigo?

- No.

- ¿Y con Gaara?

- Por lo que me ha contado, probablemente sea que sí.

- Antes de este juicio, ¿sabías lo que había ocurrido la noche anterior a que Hinata supiera que estabas vivo?

- Sí.

- Y ahora, te digo lo mismo que a Hinata. Esta pregunta es íntima. Si no quieres responderla, estás en tu derecho. – Dijo la magistrada dulcemente.

- De acuerdo. Cuando quieras.

- ¿Desde cuándo amas a Hinata?

Otro jarro de agua fría. Al menos Tsunade se molestaba en avisar antes de hacer eso. Aunque el rubio tenía que reconocer que aquella pregunta le liberaría por completo.

- Desde los catorce.

El gesto de Tsunade al acabar fue de tranquilidad, como si hubiera ayudado al ojiazul en algo muy profundo.

- Sasuke, ahora tú. ¿Realmente deseabas mantener relaciones con Naruto, tal y como ha apuntado Gaara o te movió otro interés?

- Confieso que lo hice por eso… Quiero a Naruto, y desde que sé que me atraen los hombres le he deseado en secreto.

- ¿Es cierto que paraste a tiempo?

- Sí, señoría.

- ¿Y que estabas compinchado con Gaara?

- Sí…

Una serie de suspiros salieron de entre los labios de muchos. Un poco de verdad nunca venía mal.

- Ahora voy contigo, Gaara. ¿Hinata se fue voluntariamente?

- Sí.

- ¿Realmente queríais dejarlo?

- Sí.

- Pero no puedes, ¿verdad? Por eso ha pasado esto.

- Es cierto, señoría. Desde que empecé con ella sé que todo es una farsa entre nosotros. Siempre supe que quería a Naruto, pero yo quería tenerla…

- Entonces, ¿reconoce que la ha violado?

- Sí… – Susurró avergonzado -. No exactamente al principio de la relación, pero poco después ella nunca quería. Por eso he dicho que sí.

- ¿También reconoces que tomaste la imagen de Naruto e intentaste violarla en la playa?

- Sí, señoría…

Shino estaba que se tiraba de los pelos. ¡En lugar de alegar que todo aquéllo era un montaje, había decidido confesar la verdad! Desde luego, si había alguien merecedor de ser llamado kamikaze, ése era Gaara.

- Ya he terminado. Este caso está claro, pero aun así, tanto el jurado como yo hemos de reflexionar para dejar más claro aún lo que ya lo es.

La rubia se retiró, y el jurado de cinco personas, también. Todos los presentes se quedaron mirando hacia Gaara.

- ¿Por qué…? – Susurró Hinata.

- Quiero terminar con todo. – Y se cruzó de brazos.

Pasaron unos minutos, y todos los ausentes volvieron a la sala. La tensión era tal que se podía cortar con cualquier cosa. Parecía que había llegado el Juicio Final.

- Primero, he de ir con Hinata. Aunque el muñeco de Naruto no es un ser animado, estás condenada por necrofilia. Tu pena será el destierro permanente de Konoha… Junto a Naruto.

Hinata estaba más que feliz con su condena. ¡Desterrada junto a Naruto! Parecía un sueño erótico de lo bien que soñaba aquéllo.

- Aunque no puedes estar físicamente en Konoha, – continuó la magistrada -, puedes tener contacto con ellos por carta, teléfono, e-mail…

¡Maravilloso! Eso quería decir que aún podría hablar con Sakura y contarse sus preocupaciones. Además, también podía avisarla y quedar en su casa.

- A Naruto también le mantengo su destierro, exactamente en el mismo lugar en el que ahora. A Sasuke… Te caería un año de prisión por intento de violación, pero al no tener antecedentes no puedo condenarte. Y por último, Gaara… Te condeno a seis años de cárcel por reiteradas violaciones, un intento, usurpación de identidad… No tendrás fianza, y dudo que alguna vez te den un permiso con tu historial.

El pelirrojo ignoraba todo cuanto sucedía a su alrededor. Realmente quería abandonarlo todo.

- Y por último… El matrimonio entre Hinata y Gaara será anulado.

- ¡¿Cómo?! – Gritaron los presentes.

- Hinata, al casarse, podría haber sido forzada por Gaara, y en casos como ése, el matrimonio no es válido. Y en cuando a Hinata y a Naruto… Podréis casaros cuando llegue la confirmación de nulidad.

Tanto el ojiazul como su novia se quedaron asombrados. Sabían que la sentencia les iba a salir favorable, pero no esperaban que tanto. No sólo ese inútil de Gaara las pasaría canutas en la cárcel, sino que además habían desterrado a Hinata junto al rubio y en unos pocos días podrían casarse. Aquéllo había salido demasiado bien, así que todos abandonaron la sala y ellos se fueron a la cafetería que estaba frente al juzgado para celebrarlo.

Varios días más tarde les llegó la carta que tan ansiosamente habían esperado. De hecho, estaban tan felices por su llegada que se tumbaron juntos en el jardín a plena luz del sol para leerla.

- Naruto, ¿la quieres leer tú?

- No, me hace más ilusión que la leas tú.

- Está bien… – Sonrió Hinata rompiendo el sobre y sacando aquel papel tan blanco como sus ojos -. ¿Estás preparado para explotar de felicidad?

- Siempre lo estoy desde que estoy contigo.

La peliazulada volvió a sonreír tan dulcemente como sólo ella sabía, y poco después, mientras Naruto la abrazaba cariñosamente por la cintura, se concentró en la carta y comenzó a leerla con su voz cargada de inocencia.

- “Estimada señorita Hyuuga, nos congratula informarle que, por medio de la demanda judicial 53.276-HUA del País del Sol con sentencia favorable a usted, su matrimonio con Sabaku no Gaara, fechado el 5 de septiembre de 1997, ha sido satisfactoriamente anulado el 23 de octubre de 2007 con el visto bueno del monseñor Cristian García.”

- ¡Sí que se han dado prisa en enviarla, ¿eh?! Dos días nada más.

- Todavía sigue, nene. ¿Me dejas seguir leyendo?

- Claro, Hinata. Acaba esa carta.

- “Desde el momento en el que reciba esta carta, usted está legalmente autorizada a contraer matrimonio en cualquier parte del mundo, sin necesidad de tener que trasladarse a países donde la poliandria está legalmente autorizada. Recuerde que en caso de defunción de su anterior pareja, usted sólo tendrá derecho a recibir la pensión de viudedad correspondiente al tiempo de duración del matrimonio.”

- Es decir, ¡que ya nos podemos casar!

- Sí, pero me imagino que tendremos que prepararlo todo.

- Ah, no hay problema. Sólo sé que quiero que mi padrino sea Sasuke.

- Pues a mí me gustaría que fuera Sakura.

- ¿Y si los llamamos ahora antes de que nos dé por cambiar de idea?

- ¡Perfecto! Tú eres el primero, ¿vale?

- ¡Vamos! El rubio se llevó a Hinata hacia el teléfono cogiéndola nuevamente por la cintura, y cuando llegó, marcó a la velocidad de la luz el número de su amigo.

Mientras tanto, Sasuke acababa de llegar de la excursión nocturna que siempre hacía al cementerio cuando el contestador terminó de grabar el mensaje de Naruto. Le dio al botón que reproducía el mensaje, y al escucharlo, se quedó atónito.

- ¿Por qué yo…? – Susurró con un hilo de voz.

~ por Reika Haiducci en 25/09/2008.

2 comentarios to “Oscuro deseo – Parte 8: Satánica Inocencia”

  1. esta chidisima tu hstoria sigue escribiendo asi me encanta leerla y estoy al pendiente de ella siempre que puedo por la forma en que manejas alos personajes me gusta mucho bye bye bye!!!!!!!!

  2. deseo ser satanica para si poder sentir lnbertad si alguien ve este comentario mi nombre es katerine telefono 8757575 talvez no se mucho de satanismo pero se que es una nota

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