Un dulce regalo

Era un caluroso día de verano en Konoha. Las mariposas volaban felizmente llenando el cielo de colores, y las flores que había en todas partes contrastaban con la oscuridad del cementerio, donde estaba Sakura.
Estaba arrodillada ante una lápida en la que se podía leer perfectamente el nombre completo de su adorado Sasuke. Tenía un gran y hermoso ramo de rosas rojas entre las manos, y después de acercar su nariz a ellas para percibir su olor, las colocó ante la lápida y se quedó allí un buen rato. La pelirrosa estaba pasando mucho calor, ya que llevaba un largo vestido negro que lo único que dejaba al descubierto eran sus manos y su cuello. Era su luto de viuda, y sólo se lo quitaba para dormir, para asearse y para lavarlo, y aun así, cuando se lo quitaba para lavarlo, tenía otro igual, así que siempre iba vestida de negro, incluso su ropa interior.
Aún recordaba todo lo que había pasado días antes de la muerte de Sasuke. Fue tras una larga práctica ninja. Naruto ya estaba cansado y decidió irse al Ichikaru a comerse los habituales cinco tazones de ramen, mientras Kakashi se fue sin dar explicaciones. Así era su sensei: siempre llegaba el último, pero también era el primero en irse.
Cuando ella y Sasuke estuvieron solos, el chico, sin venir a cuento, se acercó a ella y la besó. Ella y Sasuke no eran novios, ni siquiera habían salido juntos, pero Sakura había esperado ese beso desde hacía tiempo.
Notó como Sasuke se separaba tiernamente de ella. Sabía que no eran necesarias las palabras, y si lo eran, serían las mínimas.
- Mañana nos vemos en el Ichikaru – dijo el moreno a modo de cita -. Y si no es mucho pedir… Me gustaría que nadie lo supiera. Ya sabes lo celosas que se ponen algunas.
En ese momento, Sasuke se esfumó entre las sombras de la noche, mientras Sakura no se creía lo que había pasado.
Al día siguiente pudo comprobar que ese beso no había sido casualidad, ya que Sasuke también sentía algo por ella. Ese mismo día la cita terminó en la casa del moreno, porque después de la cena se fueron a ver una película allí, y al terminar de verla, los chicos acabaron tirados en el sofá besándose apasionadamente.
Una semana más tarde de aquella cita, Orochimaru vino a llevárselo después de marcarlo en el cuello en los exámenes para chuunin que no pasó el equipo 7. Él y el hombre pálido estuvieron luchando, ya que el Uchiha tenía varios buenos motivos para quedarse en Konoha, entre ellos Sakura. El resto de ninjas de la villa, al enterarse de lo que estaba ocurriendo, fueron hacia las afueras, que era dónde estaba transcurriendo la contienda, pero Orochimaru, al ver aquella cantidad de ninjas y también la persistente negación de Sasuke, decidió acabar con aquéllo rápidamente.
En efecto. Él fue quién mató a Sasuke. Antes de que los ninja llegaran, lo hizo y huyó rápidamente, así que lo único que pudieron hacer los demás fue coger el cuerpo muerto del último Uchiha honrado. En cuanto al asesino, más de uno le juró venganza, entre ellos Naruto, Kakashi y ella misma, pero no volvió a ser visto, y mucho menos cerca de Konoha.
Era cierto que no le había entregado su cuerpo al Uchiha, pero entre otras cosas, porque no había pasado el tiempo suficiente como para que Sasuke empezara a desearlo, porque si ese momento hubiera llegado, Sakura se lo hubiera entregado gustosamente, ya que la pelirrosa sabía que en cualquier momento aquello pasaría.
Pero aquello no pudo ser. Simplemente se resignó a ser una viuda, tal y como su madre le había enseñado. Ella también lo era, y aunque ya no iba de luto y se había perdonado a sí misma, sabía que Sakura debía guardarle ese pequeño respeto a Sasuke.
La pelirrosa recordó en ese momento las palabras textuales de su madre:
“Hija, las viudas nos debemos negar los placeres carnales porque debemos respetar a nuestros difuntos maridos. Sé que Uchiha y tú no estábais casados, pero sé que si eso no hubiera pasado hubiérais acabado estándolo, así que estás en la misma situación que yo.”
Pero la señora Haruno estaba equivocada con su hija. Aquéllo era un sacrilegio. No podía pedirle a su hija que renunciara a hallar el amor con tan sólo doce años, de hecho, no lo podría haber hecho ni aunque ella tuviera cien años. Pero en el caso de Sakura era un sacrilegio. Todavía conservaba los lutos que le compró su madre al día siguiente de la muerte de Sasuke, y dos años más tarde, la pelirrosa contemplaba horrorizada cómo sus crecientes formas de mujer apenas lograban entrar en aquel vestido que estaba empezando a quedársele pequeño. Y para colmo de males, su madre no podría decirle nada, ya que se había ido junto con Sasuke.
Tal y como Gai decía todo el rato con el pulgar arriba, la llama de la juventud siempre se abre paso, y en el caso de Sakura no iba a ser menos, aunque ella no quisiera darse cuenta.
Cuando dejó de torturarse con todos aquellos recuerdos, se levantó, se sacudió el luto por las rodillas y abandonó el lugar para irse a su casa para leer, el mayor placer que se podía permitir en ese momento.
Iba caminando por las soleadas calles de Konoha cabizbaja cuando de repente sintió cómo chocaba con algo y al instante estaba en el suelo tirada.
- Disculpe, señorita, ¿se ha hecho daño? – dijo tendiéndole la mano a Sakura.
- No, tranquilo, estoy bien – susurró avergonzada cogiendo su mano, y cuando se levantó, exclamó asombrada – ¡Kakashi-sensei! ¿Cómo estás?
El hombre se quedó asombrado al ver el aspecto que tenía Sakura. Estaba exactamente igual que el día del funeral de Sasuke. No había cambiado nada, menos la sonrisa que se había dibujado al verle.
- ¿Yo? Pues… Como siempre, creo… ¿Y tú?
- Creo que no hace falta que conteste – susurró Sakura apenada.
- Por cierto, ¿te apetece que salgamos a tomar el aire al bosque? Es que últimamente el aire de Konoha está muy cargado.
Al oír la oferta de su sensei, Sakura no la pudo rechazar. La verdad era que el aire no se podía ni respirar, y además, seguro que el rato de conversación que la esperaba sería bastante agradable.
Fueron caminando lentamente hasta llegar al bosque, y cuando llegaron, Kakashi buscó el árbol que mejor sombra diera y se sentó bajo él.
- ¿Te ayudo a sentarte? – le preguntó su sensei servicialmente.
- Sí, por favor.
Cuando ambos estuvieron sentados cómodamente bajo aquel árbol, Sakura apoyó cariñosamente su cabeza en el hombro de su sensei, y justo en ese momento, el hombre empezó a hablar.
- Veo que todavía guardas luto por Sasuke.
- Sí…
- ¿Todavía sientes algo por él?
La chica no dijo nada, pero el hombre supo enseguida la respuesta.
- Está muy bien que todavía sientas algo, pero ya es la hora de hacer tu vida. Ya no eres una niña, y si no me crees, mira cómo te queda tu ropa.
En ese momento, miró detenidamente su luto. Era cierto lo que su sensei le estaba diciendo. No sólo había crecido en edad, y lo corto y apretado que le quedaba lo confirmaba. Antes tapaba sus tobillos, pero en ese momento estaba cerca de la rodilla, y por la parte de arriba veía cómo sus crecientes senos prácticamente estaban expuestos al exterior.
- Sé lo que te estoy diciendo. Perder a alguien es muy duro, pero hay que superarlo, ser tú de nuevo.
Kakashi le estaba abriendo los ojos a Sakura de esa manera porque el hombre deseaba con todas sus ganas que la Sakura que le había enamorado volviera a la vida. Aquella Sakura que siempre sonreía, la que siempre estaba enfadada con Naruto, y sobre todo, la Sakura que mostraba interés por aprender y por conocer el mundo. La que estaba junto a él verdaderamente le repugnaba.
Apenas sonreía, y se notaba que no mostraba interés por el mundo que la rodeaba. Sólo pensaba en el escaso recuerdo amoroso que Sasuke dejó en ella, aquella sensación que sentía cada vez que él estaba cerca que tanto la agradaba.
- Si quieres, mañana iremos de compras para que te quites ese vestido tan triste y pequeño. Seguro que hay algo bonito para ti.
Mientras su sensei le pedía salir, la chica todavía estaba absorta mirándose, y sólo reaccionó cuando Kakashi la devolvió a este mundo y le volvió a hacer la oferta.
- ¿Por qué no? Creo que un cambio me vendría bien.
Después de aquéllo, la charla siguió animadamente hasta que llegó la hora del almuerzo. Kakashi la ayudó a levantarse y la chica se fue a casa. Sakura sabía que su sensei tenía toda la razón. No podía pasarse toda la vida viviendo de un recuerdo, y el mejor ejemplo era su difunta madre. Al principio, se negaba todo, pero en los últimos tiempos, volvió a vivir como cualquier persona normal.
Al llegar a su casa, simplemente se hizo un almuerzo ligero, y cuando terminó, se puso frente al espejo y vio aun más claro que su ropa ya era minúscula. Estiró su mano hacia atrás para bajarse la cremallera y quitarse el vestido, pero de repente, la manga se hizo trizas, así que decidió quitárselo lo antes posible.
Cuando lo único que la cubría era un conjunto negro, se quedó asombrada. No es que se estuviera haciendo una mujer, es que ya era una mujer. Tenía un cuerpo esbelto, digno de las mejores modelos, tanto, que si su habitación tuviera ventanas, más de un hombre se hubiera quedado mirando hacia ella con cara de deseo.
No se podía creer lo que veía, así que recurrió a sus manos para comprobar que lo que veía era cierto. Primero se detuvo en sus senos, que descubrió que en realidad eran más grandes de lo que parecía, y tras ese primer contacto, pasó por la cintura y por sus caderas hasta llegar a su rincón más íntimo.
No se apartó la tela, pero comprobó que la zona ya se había llenado de vello. También descubrió que cualquier mínimo roce le provocaba una cálida sensación que le encantaba, parecida a la que le hacía sentir Sasuke cuando le besaba. Era cierto… Ella estaba hecha para vivir la vida, no para esconderse de ella, y el primer paso sería al día siguiente, cuando fuera con su sensei al centro comercial a comprarse ropa de verdad.
El nuevo día llegó, y Sakura estaba feliz por ello. Había recuperado el ánimo de antes, tanto, que nada más levantarse, en lugar de ponerse la prenda que siempre la acompañaba, miró en armario por si tenía algo bonito que le estuviera bien, pero no encontró nada, así que tuvo que improvisar una especie de vestido con chaqueta, y cuando estuvo vestida, desayunó tranquilamente mientras veía la televisión, y justo cuando iba a colocar lo que había ensuciado en el fregadero, tocaron en la puerta.
La pelirrosa fue hacia la puerta, y cuando la abrió, se encontró con su sensei.
- Buenos días, Kakashi-sensei. ¿Cómo estás?
- ¿Yo? Pues la verdad es que estoy muy contento – dijo mirando felizmente la sonrisa de Sakura al verle -. ¿Nos vamos ya?
- Sí.
Fueron muy tranquilamente hacia allí, mientras el hombre se quedaba absorto por la belleza de Sakura. Si con poca cosa ya era de nuevo feliz, sabía que si le entregaba su amor sería feliz como nunca en toda su vida. Aun así, Kakashi sabía que no debía apresurarse. Tenía que ir al ritmo lento y tímido de Sakura si verdaderamente quería ganarse su corazón, y lo primero que haría era ganarse su amistad.
Cuando llegaron al centro comercial, la primera parada que hicieron fue en la tienda más popular entre las chicas de Konoha, ya que era la que mejor ropa solía tener.
- Oye, Sakura, no te preocupes por lo que te quieras comprar. Tengo dinero de sobra, y tiempo también.
Sakura sonrío de oreja a oreja y le besó en su enmascarada mejilla, para después ir a probarse la ropa que más le gustase. Cuando Sakura ya estaba concentrada en su labor, el hombre sacó uno de sus habituales libros eróticos y comenzó a leerlo para poder soportar el largo rato de compras que le esperaba.
Al cabo de un buen rato, oyó como Sakura le llamaba para que fuera un momento a los probadores. Kakashi se llevó las manos a la cabeza pensando que sería para algo que acabaría provocándolo, pero cuando vio a Sakura vestida de aquella manera, no pudo evitar sonreír aun más.
Estaba completamente vestida, y de una manera bastante desenfadada. Llevaba una camiseta rosa palo de mangas largas y unos vaqueros también largos, y la verdad era que el cambio era más que notable.
- Vaya, Sakura… Estás guapísima.
- ¿A que sí? He elegido la ropa más bonita de toda la tienda.
- La verdad es que tienes muy buen gusto.
El hombre se quedó asombrado al ver a Sakura tan feliz. Desde luego, tan poca cosa la había hecho feliz que incluso el hombre estaba dudando si alguna vez su querida kunoichi estuvo triste.
Después de pagar, Sakura le dijo a su sensei que necesitaba ir a la tienda de lencería, porque la verdad era que también necesitaba ropa interior nueva.
- Esto, Sakura… Verás, es que… Me da mucha vergüenza entrar en esa tienda contigo. Yo… Es que no tengo ni idea de estas cosas, además, soy tu sensei, no tu novio.
- ¡Mentiroso! Seguro que entiendes de ropa interior. ¡Con la de novias que habrás tenido!
- Mmm… No me tientes, Sakura, te lo suplico.
- ¿Pero qué pasa? ¿Te da vergüenza que piensen que eres mi novio?
- Eso y… Verás, Sakura, creo que deberías de saber lo de la manzana y el gusanito…
- Vamos, Kakashi-sensei, ¡siempre estás pensando mal! Además, no te pediría este favor si no confiara en ti.
- ¡En serio! Vaya… Tampoco es para tanto…
- Venga, vamos, más tarde hablaremos de lo que tú ya sabes si te hace ilusión.
Fueron de nuevo hacia otra tienda, pero esta vez, Kakashi la ayudó a elegir conjuntos, no a sugerir cómo le quedaban.
- ¿Qué opinas de este rojo?
- Es demasiado atrevido para ti. Yo si fuera tú me pondría este – dijo enseñándole un conjunto rosa palo, como el color de su pelo.
- ¡Qué bonito! ¡Ya sabía yo que sabías elegir!
- Esto… Si tampoco es para tanto… – dijo rascándose la cabeza.
- ¡Sí que es para tanto! Me estás ayudando mucho. Es que… He crecido tanto que ya no sé ni cual es mi talla.
- Vaya… Creo que lo mejor será que le consultes a la dependienta.
Sakura se alejó de allí y comenzó a buscarla, pero comprobó que en ese momento su sensei y ella estaban solos en la tienda, así que tendría que pedirle ayuda a Kakashi.
- Verás, Kakashi-sensei, he buscado a la dependienta, pero debe haber salido o algo, porque no está en la tienda.
- Entonces, ¿voy a tener que ayudarte?
No dijo nada, la pelirrosa simplemente asintió con la cabeza mientras se ponía realmente roja.
En ese momento, Kakashi empezó a observarla detenidamente tratando de no pensar en ciertas cosas, y después de tener claro lo que recomendarle, le dio un conjunto.
- Éste te estará bien. Si no, me lo dices y te lo busco un poco más grande.
La chica cogió el conjunto y se fue al probador, mientras su acalorado sensei trataba de recuperar la compostura. Desde luego, la situación era demasiado intensa para él en esos momentos. Si hubiera estado la dichosa dependienta, Sakura no habría pasado toda aquella vergüenza para pedirle aquel favor, pero por otra parte, observar el cuerpo de Sakura era demasiado erótico para él, a pesar de que la chica estaba completamente vestida.
El hombre no salió de sus pensamientos hasta que vio que la chica estaba ante él con una cesta completamente llena.
- Kakashi, ya podemos irnos.
El hombre pasó por caja y salió de la tienda. Ya podía estar tranquilo. La situación ya había vuelto a ser tan calmada como debería.
- Creo que ya deberíamos de irnos a casa.
- ¡No! Yo quiero salir a pasear.
- Bien, pero me imagino que tendrás que dejar todas esas bolsas en casa.
- Vaya, es verdad…
- No hay prisa. Hoy es sábado y mañana domingo…
- ¡Bien! ¡Vamos!
La chica salió del centro comercial y se fue rápidamente a casa, y cuando llegó, le dijo a su sensei que la esperara en el salón.
Mientras Sakura estaba en su habitación, el hombre se sentó en el sofá, y cuando estuvo sentado, vio asombrado que sobre la mesita del salón había muchos libros del estilo que el peligrís solía leer.
No se esperaba que alguien como Sakura se dedicara a leer semejantes cosas, y menos sin ni siquiera saber de qué iba el asunto, o eso creía Kakashi.
Un buen rato después, Sakura salió de la habitación, y el hombre pudo comprobar asombrado que la chica se había puesto muy guapa.
- Así sí que estoy guapa – dijo sonriente.
Se había puesto la misma ropa que le había enseñado en la tienda, y la verdad era que le quedaba extraordinariamente bien.
- Oye, Kakashi, ya podemos irnos.
- Esto, perdona. Es que…
- ¿Qué? No me digas que te asombra que lea Icha Icha… Ya tengo edad suficiente para entenderlo.
- Verás, Sakura, es que… No creo que esas lecturas sean muy buenas para una chica de catorce años.
- Peor eres tú, que empezaste con doce.
El hombre no pudo evitar quedarse asombrado. Primero: ¿cómo se había enterado de eso? Segundo: ¿quién se lo había dicho? De todas formas, el peligrís decidió salir de paseo con su adorada kunoichi.
Fueron nuevamente hacia el bosque, porque la verdad era que era un lugar bastante tranquilo y bello para pasear, ideal para relajarse o intimar.
Cuando llegaron a un lugar que estaba bastante alejado de Konoha, se sentaron bajo la sombra de uno de los muchos árboles y comenzaron a hablar amistosamente.
- Sakura, sé que este asunto que te voy a preguntar ni me va ni me viene, pero… ¿Llegaste a tener con Sasuke algo más que besos?
La chica sabía perfectamente a lo que se estaba refiriendo su sensei, pero estaba tan sonrojada que sólo pudo mover la cabeza un poco para que el hombre supiera que no llegaron al extremo de compartir la misma cama.
- La verdad es que hago preguntas muy tontas. Sólo tenías doce años. Es normal que todavía esas cosas no se hagan. Por cierto, ¿tu corazón está libre o ya estás pensando en alguien?
- Todavía no estoy recuperada de lo de Sasuke. Por eso no quiero enamorarme.
El peligrís intentó tomarse esa respuesta lo mejor que pudo, aunque la verdad era que le había dolido.
- Oye, Sakura, ¿tú y yo somos amigos?
- ¡Claro! ¿Por qué lo preguntas?
- Verás, es que me gustaría pedirte consejo.
- Adelante.
- Estoy enamorado de alguien mucho más pequeña que yo – dijo el hombre tratando de que la chica no supiera que ella era la afortunada.
- ¿Y qué tiene eso de malo?
- Que no sé como conquistarla, Sakura… Si fuera alguien que ya sabe lo que es el amor… Pero ella es muy inocente, y no quiero ser muy brusco porque sé que se asustará.
- Pues… Lo mejor que puedes hacer es ser tierno con ella, pero no vayas muy lento, porque puede pasar que más de uno esté como tú.
Después del consejo de Sakura, Kakashi decidió que leer era lo que necesitaban los dos, así que Kakashi sacó su libro y comenzó a leer.
- Oye, Kakashi, ¿te importa si leo?
- No. Puedes ponerte sobre mí si quieres.
Sakura se apoyó cómodamente sobre el cuerpo de su sensei, mientras el hombre pensaba en mil maneras de declararse, sobre todo en alguna que le abriera aunque sólo fuera un poco el corazón de Sakura.
Sin que se diera cuenta, Sakura era la única que estaba leyendo, ya que por primera vez en mucho tiempo el hombre no le estaba prestando atención al libro. Estaba más ocupado en sus asuntos mentales, y la pelirrosa se acabó dando cuenta.
- ¿Qué te pasa, Kakashi? No le estás haciendo caso al libro, y eso es muy raro.
El peligrís no se dio cuenta de que Sakura le estaba hablando, hasta que la chica le pellizcó levemente en la oreja.
- Ah… Es que verás, creo que lo mejor será que busque a esa persona y me declare.
- ¿Sí? ¡Qué bien!
Lo que Sakura ni sabía ni esperaba era que en ese mismo momento el hombre la iba a colocar sobre él, y tras bajarse la máscara, le daría un profundo beso.
Hacía tanto tiempo que la chica no se sentía tan bien… Realmente su sensei había despertado algo tierno en ella con aquel dulce beso. De repente, el hombre paró por falta de aire. La primera reacción que tuvieron los dos fue la de ponerse más rojos que un tomate, sobre todo Sakura, ya que por primera vez veía a Kakashi sin máscara.
- Sakura, sé que he ido muy rápido, pero estoy cansado de esperarte. Te amo.
La chica se quedó boquiabierta al oír la directa declaración de amor de su sensei. No había estado más sorprendida en su vida. Claro, ¿cómo se hubiera esperado que ella era la afortunada de su querido peligrís cuando le estaba hablando de ella de una manera muy abstracta?
- Pero Kakashi, ¿por qué no me dijiste nada antes?
- Tengo miedo de que me rechaces. Por eso no me atrevía a decirte nada.
- Anda, bobo, ven – dijo abrazando al hombre -. ¿Quieres que te cuente algo impactante?
El hombre la abrazó por la cintura y apoyó su frente en la de ella, y cuando notó que el hombre estaba preparado para escuchar, Sakura comenzó a hablar.
- Desde hace unos cuántos meses me di cuenta de que ya no me pasaba lo mismo que cuando murió Sasuke. Me pasaba contigo. No sé como explicarlo, pero sé que empecé a pensar en ti así. Por eso empecé a leer Icha Icha, porque me recordaba mucho a ti, y así te sentía más cerca.
Kakashi se quedó asombrado al oír todo aquello. Por eso Sakura volvió a ser feliz tan rápidamente, pero lo mejor estaba por llegar.
- No sabía eso, de verdad… ¿Pero por qué seguías visitando a Sasuke?
- Una mezcla de inercia y respeto, la verdad… Nada más.
El hombre la abrazó aun más fuertemente y la volvió a besar, mientras la pelirrosa era feliz en el jardín de rosas sin espinas que su sensei estaba dispuesto a darle.
Mientras el hombre estaba retocando los últimos detalles de aquella mesa, recordó todo aquello que tan feliz lo había hecho. Aquellos días de verano fueron maravillosos, y lo mejor era que aunque ya había empezado el invierno, todavía se mantenían aquellos bellos días.
De repente, tocaron en la puerta, y el hombre abrió en un segundo. No hacía falta ni preguntar quién era, porque sólo había invitado a una persona a cenar con él.
- ¡Feliz nochebuena! – dijo una sonriente Sakura completamente vestida de rojo.
El hombre le respondió de igual manera y la dejó pasar, mientras su querida pelirrosa protestaba porque afuera hacía mucho frío.
- Anda, ya estás en casa, así que no te quejes del frío.
- Oye, Hatake, ¿qué has hecho para cenar?
- Pues… Sushi y también he pedido unos rollitos de primavera del chino, aparte de arroz.
- ¡¿Serás cutre?! – dijo la pelirrosa entre risas cogiendo un cojín del sofá y tirándoselo a la cara.
- ¡Castigada sin cenar! – río el hombre haciendo una excelente imitación de padre marimandón.
- ¡Pues ahora llamo a la pizzería!
- Anda, boba, ven a cenar conmigo.
La pareja se sentó junta en la mesa, y la verdad era que Kakashi no era un mal cocinero, pero lo mejor llegaba a la medianoche, que era cuando se darían sus regalos de navidad.
Cuando llegó esa hora, los dos estaban casi dormidos en el sofá viendo esos especiales navideños que parecen divertidos pero que en el fondo aburren hasta al hiperactivo de Naruto.
- Hatake, ya es la hora – dijo la pelirrosa tratando de despertar a su adormilado novio dándole toques en el hombro.
- ¿Qué quieres, Sakura? – preguntó completamente dormido.
- Venga, que ya es medianoche. Quiero mi regalo de navidad.
Al oír esas palabras, el hombre se levantó de golpe, porque en ese momento recordó el pequeño plan que tenía para complacer a su novia.
- ¡Eso! ¡Los regalos! ¿Te importa empezar a ti?
- No, desde luego.
La chica cogió varios paquetes y se los fue dando uno a uno a Kakashi para que los fuera abriendo.
- ¿Y todos estos regalos? ¿Es porque he sido bueno?
- Demasiado – sonrió su novia dándole el primer paquete.
En total eran siete paquetes. El primero era un perfume; el segundo, un disco de música; el tercero, un libro; el cuarto, una bonita chaqueta; el quinto, unas fotos; el sexto era otro libro, pero de los que a él le gustaban y el último, un mp4.
- Sí que he sido bueno, que me has regalado de todo.
El hombre sacó dos paquetes y primero le dio el más pequeño a Sakura.
- Puede que no me haya gastado tanto dinero como tú, pero seguro que mis regalos te van a encantar.
Sakura abrió el primer paquete y se encontró sorprendida con varios libros, un perfume y dos o tres discos. La chica sonrió visiblemente, así que del paquete grande se podía esperar cualquier cosa.
- Sakura, ¿me puedes ayudar a poner tu regalo sobre la mesa?
Kakashi cogió la caja por un lado y Sakura por el otro, y sólo la soltaron cuando estuvo sobre la mesa.
- Ya puedes abrirla – le sonrió su novio.
Sakura levantó la tapa de la caja y se quedó totalmente sorprendida, tanto, que si no llega a ser porque el hombre la agarró a tiempo, se hubiera caído de la impresión.
- ¿Has visto lo que pone?
- Sí…
- ¿Aceptas?
Mientras todavía estaba asombrada, miraba hacia el contenido de la caja. Eran cientos de bombones, pero eso no era lo importante.
Algunos de esos bombones eran de chocolate blanco, y otros, de chocolate con leche, y gracias a esa diferencia de color, se podía leer lo que Kakashi había encargado que pusieran: “¿Quieres hacer el amor conmigo?”.
- Claro que quiero, y ahora mismo – susurró la pelirrosa dándose la media vuelta y besándole apasionadamente.
Kakashi simplemente la cogió en brazos y la llevó a su habitación. La soltó sobre su cama muy tiernamente, mientras la besaba apasionadante.
- Voy a poner el disco que me has regalado, y de paso, voy a buscar una cosa. Ahora vuelvo.
No tardó casi nada en volver con ella, y cuando lo hizo, el hombre llevaba varias rosas en su mano.
- ¿Qué vas a hacer, Hatake?
- Ya lo verás – dijo mientras cortaba sus palabras con un beso.
Kakashi besaba muy lentamente a Sakura, mientras la iba desnudando de la misma manera. La chica estaba disfrutando como nunca de todo lo que le estaba dando su sensei, aunque le asustaba la idea de que esa primera vez le dolería.
Mientras el hombre iba descubriendo muy lentamente la piel de su querida Sakura, notó que la chica estaba algo temblorosa, así que decidió preguntarle qué pasaba.
- Verás, Hatake, es que… Sabes que ésta es mi primera vez, y estoy asustada porque tengo miedo de que me duela demasiado.
- Tranquila… – dijo abrazándola tiernamente mientras le daba pequeños besos en el cuello -. Si es por eso, iré suave para que te adaptes rápido.
El hombre colocó a Sakura sobre él y siguió dándole pequeños besos en la clavícula, mientras la pelirrosa se iba agarrando como podía al cuerpo de su sensei.
En ese momento, Sakura empezó a acariciar muy lentamente el rostro de su hermoso Hatake, y poco a poco, fue bajando las yemas de sus dedos hacia el aún vestido pecho del hombre. Le quitó el chaleco caqui que llevaba, y poco después le quitó el abrigo negro para poder acariciar a piel desnuda a Kakashi, tal y como el hombre deseaba.
Al notar que su chica ya estaba acariciando su pecho, el hombre se tumbó en la cama dejando a Sakura sobre él para que siguiera acariciando su cuerpo, mientras él seguía devorando su cuello.
Poco más tarde, puso a Sakura tumbada sobre la cama, boca arriba. Le encantaba la mirada de la pelirrosa en ese momento. Le estaba pidiendo que siguiera, aunque aún estaba algo asustada. El hombre obedeció al deseo de su chica y siguió amándola de aquella manera.
La abrazó tiernamente, y aprovechó ese abrazo para desnudar los pechos de su chica. En ese momento, cogió una rosa, y muy delicadamente, comenzó a acariciar su rostro, sus labios, su cuello… Iba muy lentamente, para que Sakura ardiera en su propio deseo. La chica notaba cómo Kakashi moldeaba con la rosa sus pechos de una manera lenta pero apasionada, para luego, ir bajando muy lentamente hasta lo más íntimo de ella.
Le quitó la falda que llevaba, y cuando vio que lo único que cubría la desnudez de Sakura eran unas braguitas rojas, dejó que la rosa acariciara su intimidad de una manera suave, mientras la chica empezaba a suspirar muy levemente por todo el placer que le estaba dando el hombre.
Cuando Kakashi lo creyó oportuno, dejó de lado a la rosa para volver a darle placer con lo mejor que tenía: sus manos y sus labios. Se acercó a los pechos de la pelirrosa y los succionó lentamente, mientras que con sus manos terminó de desnudarla, para más tarde, empezar a conocer su intimidad de una manera más profunda.
Notaba como Kakashi acariciaba lentamente una especie de botón. Su tacto le estaba encantando, tanto, que en ese momento, el hombre empezó a oír sus suspiros. A la misma vez, se iba acercando lentamente a su entrada para empezar a conocerla con sus expertos dedos. Sabía que tenía que tener cuidado con Sakura, ya que esa sería su primera vez, y el hombre no quería hacerle daño.
Empezó a entrar en ella lo más suavemente que pudo, mientras se acercaba dulcemente a sus labios para besarlos.
A pesar de los esfuerzos que estaba haciendo Kakashi para no herir a su pelirrosa, Sakura no podía evitar estar dolorida. Intentaba consolarse recordando que su adorado peligrís estaba dentro de ella, y parecía que aquéllo funcionaba, porque el hombre veía cómo la chica empezaba a sentir placer.
Cuando lo creyó oportuno, Kakashi salió de ella, y tumbándose cómodamente sobre la cama, puso a Sakura sobre él, dejando que lo más íntimo de su chica estuviera al alcance de sus manos y de su boca. Al notar que Sakura estaba cómoda, empezó a acariciar suavemente la parte más sensible de sus muslos, mientras toda su boca saboreaba la profundidad de Sakura. Oía cómo su pelirrosa disfrutaba al notar la lengua de su sensei en su húmeda cavidad, pero lo mejor no había llegado aún.
De esa manera, Kakashi había dejado su zona más íntima al alcance de Sakura, y la pelirrosa no quería que su adorado sensei lo hiciera todo. Muy lentamente, fue desnudando a su sensei, y cuando vio que lo único que cubría la zona más sensible del hombre eran unos calzoncillos rojos, sin necesidad de apartar la tela, empezó a besarle delicadamente, mientras el hombre empezaba a necesitar cada vez más aire.
La erección de Kakashi se estaba haciendo inminente, y viendo que el momento se acercaba peligrosamente, Sakura apartó la tela que cubría a su sensei y empezó a saborear la esencia que estaba saliendo de él.
Ambos gemían descontroladamente por todo el placer que se estaban dando con sus bocas, sobre todo Kakashi, pero aquella noche no iba a acabar ahí, y menos después del deseo que había despertado Sakura en él.
El hombre se sentó en la cama y sentó sobre él a su apasionada pelirrosa. La fue besando lentamente, y cuando notó que Sakura estaba preparada, comenzó a entrar lentamente en ella.
Mientras se besaban apasionadamente, el hombre iba aumentando de velocidad para que Sakura supiera verdaderamente lo que era el placer amoroso, lo que le daría durante toda esa larga noche.
Poco a poco, fue bajando sus labios hacia el cuello, mientras a la chica le estaba empezando a costar mucho esfuerzo contener sus gemidos de placer. Notaba como Kakashi la estaba quemando con sus movimientos, con la caricia de su piel más prohibida. Realmente aquella sensación era de lo más fogoso que existía.
También notaba cómo sus caderas se iban ensanchando con cada movimiento de su sensei. Aquéllo le estaba encantando, y el hombre lo supo por su manera de clavarle las manos en la espalda.
Aquel orgasmo tan salvaje por parte de la pelirrosa no se hizo esperar demasiado, lo que animó al hombre a seguir.
Cambió a Sakura de postura, más concretamente, tumbándola sobre la cama y colocándose sobre ella. Era cierto que ya se había derramado una vez dentro de ella, pero aún le quedaban energías a los dos, así que no dejaría escapar esa oportunidad.
Siguió moviéndose tan enérgicamente como antes, mientras mordisqueaba los pezones de la pelirrosa con ansia. Sakura no pudo evitar seguir sintiendo placer por la hombría de su sensei. Realmente, su dureza y la fuerza con la que la estaba usando la hacían estallar. Su interior roto sólo le podía dar placer, sobre todo con los rápidos movimientos del hombre, que hacían que Kakashi volviera a dejar su esencia nuevamente dentro de ella.
Aquella noche fue muy larga, tanto, que a los dos se les hizo extraño volver a la normalidad después de hacer el amor varias veces de aquella manera tan salvaje.
Ya por la mañana, cuando los rayos del sol entraban por la ventana, Sakura se despertó en la cama de su sensei, desnuda.
Buscó al hombre, pero no estaba allí, así que la pelirrosa empezó a inquietarse. Al ver que Kakashi acababa de entrar en la habitación con una bandeja, dejó de pensar mal del hombre.
- Buenos días – respondió alegremente el peligrís a la mirada de la chica.
Se sentó junto a ella y colocó la bandeja. En ese momento, empezaron a desayunar, aunque al hombre le preocupaba otra cosa.
- Sakura, ¿te gustó?
La chica le miró extrañada, y más tarde le respondió.
- ¡Claro que sí! Eres fabuloso, aunque… Todavía me duele un poco.
- Eso siempre pasa – dijo abrazándola suavemente -. Por muy delicado que sea, siempre duele algo. Por cierto, ¿qué ha sido de Sasuke?
- Simplemente que le he olvidado. Lo que tendría que haber hecho desde que murió.
El hombre se sintió feliz. Al fin su pelirrosa había olvidado a quién casi destruye su vida por completo, pero al fin podía ser feliz. Tenía a la chica que siempre había deseado, y lo mejor era que la chica le quería.
- Sakura… – le llamó levemente.
- ¿Qué quieres?
- Feliz navidad – se limitó a decir el hombre.

~ por Reika Haiducci en 02/05/2008.

6 comentarios to “Un dulce regalo”

  1. lo que pusiste fue sarpado por muchos nenitos podrian leer esto pero igual estuvo bueno

  2. sos re sarpado ademas la sakura tiene catorce a;os y el es mayor de 27 en que pensabas. puede que con naruto pero con kakashi ademas conociendo akakashi nunca haria eso

  3. x.x o my god!!!!!
    amo tu fic amo tu fic amo tu fic amo tu fic amo tu fic amo tu fic amo tu fic amo tu fic amo tu fic amo tu fic amo tu fic amo tu fic amo tu fic amo tu fic amo tu fic amo tu fic amo tu fic amo tu fic amo tu fic amo tu fic amo tu fic amo tu fic amo tu fic amo tu fic amo tu fic amo tu fic amo tu fic amo tu fic amo tu fic amo tu fic amo tu fic amo tu fic
    *byebye* n___n por cierto… me encanto tu fic xD

  4. estubo buenisima me gustaria ser y en vez de sakura

  5. xd genial sige as

  6. pues no me gusta el lemon ni podria escribir amo tu fic amo tu fic amo tu fic amo tu fic porque no es verdad, he leido otros que muestran una mejor coherencia y siendo one shots por que eso de que sakura tenga 14 y de la nada olvide a sasuke y tambien de la nada diga que ama a kakashi pues no va y eso que adoro el kakasaku solo por eso lei tu fic disculpa…

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