Sasuke Uchiha: Diario de un terrorista satánico

•27/10/2009 • Dejar un comentario

06:00
La grillada de Sakura no tiene nada mejor que hacer que despertarme haciéndome una paja.
06:01
¡Una meadita!
06:10
Naruto se planta desnudo en mi cama y se despacha a Sakura.
06:11
Me uno.
06:30
Nos duchamos juntos y nos arreglamos el corpsepainting.
06:45
Naruto se pinta una estrella invertida, Sakura una cabra y yo una cruz invertida.
07:00
Quemamos unas biblias para calentarnos la leche y hacernos las tostadas.
07:15
Rezamos con nuestras “angelicales” voces el padrenuestro 666 veces al revés
08:30
Nos enganchamos a ver los Teletubbies mientras pensamos una manera innovadora de joder a los creyentes.
09:00
Vemos Pokémon a ver si se nos pega algo del huevudo de Ash, y de paso, cómo quemaremos hoy nuestra iglesia más cercana.
09:30
Vamos al súper a comprar birras y a lucir nuestras capas nuevas, todas ellas robadas al caraculo cristiano de Itachi.
10:00
Vemos los 666 foros de fans de Mayhem a ver si hay algo que despierte nuestra maldad.
10:01
Nos bebemos una birra, y otra, y otra…
10:10
Estamos tan pedos que pensamos que la estantería de mi habitación es un cura. Acto seguido, la quemamos.
11:00
Se nos pasa la borrachera y nos ponemos a tocar la guitarra y a usar nuestras voces para crear una canción que invoque al mismísimo Satanás.
11:15
En lugar de invocar a nuestro señor, hemos invocado a dos Testigos de Jehová.
11:16
Tenemos tantísimas ganas de mear que les robamos sus biblias y lo hacemos sobre ellas
11:17
El hombre joven intenta suicidarse. El otro intenta follarse a Sakura sin demasiado éxito.
11:18
Naruto se cabrea y lo mata.
11:19
Enciende el horno y lo descuartiza. Ya tenemos el almuerzo asegurado.
11:20
El otro al fin se suicida, así que lo congelamos para comérnoslo en otra ocasión.
12:00
Kakashi viene de visita y nos trae la discografía de Burzum y más birras.
12:10
Estamos todos pedos… Otra vez…
12:15
Kurenai aprovecha y coge con Kakashi sin nuestra ayuda
13:00
Decidimos que lo mejor será que nos comamos ya a ese delicioso hombre al horno con salsa agridulce y ramen antes de que la sangre le cambie de sabor.
13:05
Se nos olvidó comprar semen de cabrón, así que volvemos al supermercado con nuestras acojonantes fachas.
14:00
Comida, deliciosa y maldita comiiiida…
14:30
Hinata y Kurenai, con la excusa de ligar con Naruto y Kakashi, dicen que se quieren unir a nosotros en nuestra cruzada anticristiana.
15:00
Lo consiguen, así que le robamos la furgoneta al primer primo que pasa.
15:20
La llenamos de bidones de gasolina y alguna que otra antorcha.
15:25
De camino a la iglesia nos encontramos con el Ku Klux Klan.
15:26
Los atropellamos por llamar puta a Sakura, gay a Naruto y a mí sucio neonazi odinista.
15:27
Sobrevive uno.
15:28
Hinata saca una Kalashnikov del sujetador y le da en todo el corazón.
15:35
Llegamos a la iglesia
15:36
Dentro nos encontramos con Varg Vikernes apilando biblias para quemar esa misma iglesia.
15:37
Le zurro un puñetazo. ¡Esta iglesia la quemaremos nosotros!
15:38
Me da en todos los huevos.
15:40
Varg ha muerto. Nadie llora porque su banda era una mierda y además se cargó el black metal.
15:45
El cura sale con el rabo entre las piernas a ver qué pasa.
15:46
Kurenai lo maniata y lo pone cachondo a drede.
15:47
El cura nos maldice.
15:48
Meo sobre él porque me importa una mierda
15.49
Sakura trae las antorchas y la gasolina
15:50
Naruto derrama todos los bidones sobre el montón de biblias.
15:51
Sakura viola el cadáver de Varg.
16:00
Lo echa encima del montón de biblias.
16:05
El cura se ha meado en la sotana por sexagentésima sexagésima sexta vez.
16:06
Me dan ganas de cagar.
16:07
¡Mierda! No hay un váter cerca.
16:08
No me queda otra que hacerlo en la pila bautismal y limpiarme el culo con la sotana del cura.
16:09
Kurenai saca un hacha de no sé donde y se carga todas las imágenes.
16:10
Al fin el cura se ha cagado de puro terror.
16:11
Kakashi, hasta los mismísimos de ver cómo hacemos el gilipollas, saca una cerilla, enciende las antorchas y tira una sobre las biblias.
16:12
Salimos por patas, excepto el cura, claro…
16:15
Rodeamos la ya ardiente iglesia con un círculo de sal mientras volvemos a rezar (una sola vez) el padrenuestro al revés
16:16
Por accidente revivimos a Franco.
16:17
Intenta matar a Naruto.
16:18
Kakashi se pone a grabar la pelea en vídeo.
16:19
Me cargo a Franco.
16:20
Una tipa llamada Ainara me lo agradece. Se la ve interesada en joder a los curas.
16:21
Kakashi sigue grabando en vídeo cómo arde la iglesia.
16:25
No sé como, Ainara saca el cadáver del cura sin quemarse y le echa litros de salsa agridulce
16:30
Nos lo comemos. La carne de los hombres que sienten miedo en el momento de morir está de puta madre.
17:00
Volvemos todos los susodichos a casa.
17:05
Nuevamente, nos ponemos a ver los TeleTubbies
17:10
¡Orgía!
18:00
Volvemos a ducharnos
18:30
Nos damos una vuelta por el cementerio.
18:45
Mientras escuchamos los clásicos (Death-CRUSSSSSSSSSHHHHHHHHHH) nos cargamos un poco el cementerio.
18:50
Ainara, Hinata y yo exhumamos un cadáver.
18:51
Lo trituramos y lo convertimos en sales de baño.
19:00
Nos encontramos con unos extraterrestres de vuelta a casa
19:01
Descubrimos que son fans de Gorgoroth
19:05
Los matamos por decir que Destroyer era una mierda de disco.
19:30
Vamos por tercera vez al súper a comprar la cena.
20:00
Cenamos lasaña de carne con salsa negra de calamar.
20:30
Nos entran unas ganas irrefrenables de potar, así que vamos a la calle.
20:31
Nos encontramos con un emo.
20:32
Le potamos encima.
20:33
Se suicida.
20:34
Viene su novia.
20:35
También se suicida.
20:36
No sé de donde, sale Tamara/Ámbar/Yurena/esahijadeputaquenotienenipajoleraideadecantar y se pone a berrear
20:37
Me quito mis botas de blacker y se las hago comer.
20:38
Nos largamos antes de que aparezca su madre y nos golpee con su bolso/ladrillo.
20:39
Demasiado tarde.
20:40
Las chicas la derriban sentimentalmente soltándole que es una vieja amargada que no ha pillado un colín en su vida.
20:41
Las tiramos por un pozo. Por si acaso…
20:42
Rellenamos el pozo de tierra. Más por si acaso…
21:00
Volvemos a casa.
21:15
Nos ponemos a tocar como posesos. ¡Aaah, ahora sí suena A MÚSICA SATÁNICA!
66:66
Aparece nuestro señor, Orochimaru.
21:16
Le dedicamos una reverencia
21:17
El hideputa mira el canalillo de las chavalas.
21:18
Le sugerimos muy amablemente que se busque otras concubinas.
21:19
El muy hideputa saca un hacha e intenta matarnos a todos.
21:20
Entre todos le paramos los pies.
21:21
Nos pide disculpas
21:22
Las aceptamos si a cambio nos da como unas veinte cajas de birras.
21:30
Ya estamos pedos por tercera vez.
21:45
¡Otra orgía!
22:00
No satisfechos, nos ponemos a ver el canal porno.
22:05
¡Ya va la tercera!
22:15
Viene la pasma alertada por nuestros gritos.
22:20
Conseguimos que nos regalen toooodos sus objetos sin necesidad de acojonarles.
22:30
¡Cuarta!
23:00
Ya hartos, decidimos ver Pokémon mientras debatimos frases anticristianas.
23:30
Nos ponemos a ver el vídeo que ha grabado Kakashi
00:00
Contentísimos, nos acurrucamos todos en mi cama y rezamos nuevamente unas 666 veces el padrenuestro al revés.
00:03
No me jodas que ese líquido que me está cayendo en el pie es el semen del guarro de Naruto…
00:15
Están todos durmiendo… ¡Por fin!
00:30
Me trinco yo solo la botella de sangre de virgen violada.
00:35
Me pongo a cantar Snu Mikrokosmos Tegn mientras me hago una merecida paja
00.40
¿¿¿Varg??? ¿¿¿Tú no te habías muerto esta tarde, hideputa???
00:45
Casi me mata
00:46
Se jode, yo me adelanto. Sasuke, dos; Varg, cero.
00:50
Buenas noches, panda de gilipollas…
00:56
Me quedo dormido. Mañana será otro día de puta madre.

Oscuro Deseo – Parte 11: Por fin tuya

•20/10/2009 • 1 comentario

Kakashi y Sakura ya estaban en la habitación que habían reservado esa noche. El peligrís, que había pasado la noche anterior allí, tenía todo preparado para sorprender a la bella mujer que estaba con él. Antes de irse hacia la casa de Naruto esa misma mañana, había cogido varias rosas rosas y las había dejado sobre la cama de matrimonio, o al menos, sus pétalos, lo que le interesaba de la flor. También recordó dejar una botella de champán enfriando junto con un ante de nata en la nevera. Si nada salía mal, aquella noche la pareja se acabaría convirtiendo en una tarta de fresas con nata.
Estaban ante la puerta de la habitación, y en ese momento, el peligrís sacó una venda de uno de los bolsillos de su traje. Sakura se inquietó cuando le puso la venda, tanto, que incluso tembló ligeramente.
- No tengas miedo. – Susurró protectoramente el hombre cerca de su oído -. Te puedo asegurar que es una sorpresa agradable.
- Prométemelo.
- Te lo prometo.
Kakashi metió la llave-tarjeta en la ranura e hizo pasar a la pelirrosa al interior de la habitación. Usar sacar la tarjeta, cerró la puerta, encendió la luz y dejó a Sakura cómodamente tumbada en la cama. Poco después, le quitó la venda.
- Quieta, cielo… Ahora vengo, ¿sí?
La pelirrosa se quedó anormalmente quieta mientras Kakashi se había levantado a coger dos copas y llenarlas de la bebida que había dejado en el frigorífico. Volvió rápidamente y le ofreció una. Ella se incorporó rápidamente y se sentó junto a su hombre sin percatarse de los pétalos que había esparcidos sobre el blanco edredón.
- Creo que lo mejor será que vaya al grano, ¿no crees?
- Sí, pero… ¿De qué vamos a hablar?
- Verás, Sakura, es un tema importante, así que necesito que estés calmada.
- Lo estoy, ¡pero como sigas así me voy a poner nerviosa de verdad!
- Vale… – Susurró mientras se abrazaba a ella -. Pues… Me ha dado un poco de envidia ver cómo Naruto e Hinata eran tan felices en su boda.
- ¿Qué quieres decir con eso?
- Me gustaría que nos comprometiéramos.
- ¿En serio?
El peligrís se limitó a asentir con la cabeza con cierto sonrojo en su desenmascarada cara.
- ¡Es fantástico! – Gritó de felicidad tirándose sobre él sin derramar milagrosamente las copas de la bebida -. Además, yo también tengo que darte una noticia, Hatake.
- ¿De qué se trata? – Preguntó con una gran curiosidad.
- Tú y yo seremos papás en unos seis meses.
- ¡¿QUÉ?! – Gritó el peligrís a punto de desmayarse -. ¿Cuándo pensabas decírmelo? ¿Cuando rompieras aguas?
- ¡Sí! – Sonrió de una manera muy bromista.
- ¿Sabes lo que te digo, Sakura? A partir de mañana, nada de champán.
- ¡Malo!
- Vamos, cielo, lo hago por el bien de la criaturita. Beber en el embarazo es malo.
- Eres muy cruel, Hatake.
- ¿Seguro? – Dijo levantándose de la cama y cogiendo las fresas y la nata -. Creo que soy un niño bueno comparado contigo.
Tras coger los fetiches, se acercó a ella, y cogiendo un trozo de fresa, se lo colocó en la boca y con él acarició el hombro derecho de Sakura y fue subiendo lentamente hacia su boca. Cuando llegó a ella, Sakura cogió descaradamente el trozo en un beso.
- No sé quién es más malo, pero me gusta esto.
Justo después, Kakashi cogió el bote de nata y puso un poco en el hombro de ella. Más tarde empezó a lamerlo con ansia, y después, dejó su boca cerca de su oído.
- Yo tampoco, pero te aseguro que mientras lo averiguamos se nos pasa la noche volando.
Al mismo tiempo en la casa de Naruto, la feliz pareja de recién casados había terminado de cenar los manjares que había preparado el rubio expresamente para la ocasión. Hinata tuvo que reconocer que el ojiazul era mejor cocinero de lo que aparentaba, ya que había preparado unos mariscos suculentos con unos spaghetti de queso realmente deliciosos.
El rubio se levantó de la mesa y salió un momento hacia el jardín. Volvería a comprobar todos los detalles necesarios, y cuando se asegurara de que todo estaba bien, volvería hacia la cocina y se llevaría a Hinata hasta allí.
Tras comprobarlo todo, volvió a buscarla, y cuando llegó, la cogió cariñosamente de la mano.
- Ya está. Ya podemos salir juntos.
- ¿De verdad?
- Sí, Hina. Ya verás. Está tan bien… Te vas a desmayar.
- No sé, Naruto… Ya no te va a ser tan fácil sorprenderme.
En ese momento, la peliazulada recordó con cariño la primera vez que hizo el amor con el Naruto verdadero. Había sido en el mismo lugar donde se habían casado. Allí no había cambiado nada. Los rosales seguían creciendo con fuerza a pesar del invierno, los árboles seguían dando aquella sombra que tanto les había cobijado y el césped seguía siendo tan verde como en aquel día en el que amó a Naruto con toda aquella pasión reprimida.
El ojiazul la acercó delicadamente a su cuerpo y la guió hasta el que sería su nido de amor esa noche. Como era bien sabido por más de un indiscreto, la afición de Hinata y de Naruto a hacer el amor al aire libre era muy fuerte, ya que a ambos les parecía muy aburrido hacerlo en la cama, además de que les traía recuerdos traumáticos de sus anteriores parejas, especialmente a ella. Por ese motivo, Naruto se esforzó para que aquella vez fuera totalmente diferente a todas, y no sólo para que Hinata disfrutara con ella y la recordara, sino además para que supiera que por ella haría lo que fuera.
- ¡Ah! – Exclamó sorprendida Hinata cuando ella y el rubio llegaron al lugar donde pasarían la noche -. Esto es…
- ¿Sorprendente? – Preguntó mirándola directamente a los ojos.
La verdad es que la reacción de Hinata no había sido para menos. El baño termal en el que tantas veces se había bañado ahora era jacuzzi, con sus delicadas y espumosas burbujas incluidas. En el ancho borde del baño había cientos de velas perfectamente colocadas excepto en una parte, que era por donde se entraba a ella. Y por último, alrededor de las velas había esparcidos cientos de pétalos de rosas blancas.
- Y esto es sólo el principio, cielo. – Musitó mientras la abrazaba por detrás y empezaba a quitarle la cremallera del vestido que llevaba -. Esto es tan sólo el principio.
Dejó a la avergonzada ojiblanca en ropa interior, y tras eso, dejó que ella le desnudara mientras pasaba sus labios delicadamente por todo su cuerpo. El rubio se sentía arder por los dulces besos cargados de inocencia de ella, pero en ellos también sentía su lujuria. Cuando estuvo tan desnudo como ella, la cogió en brazos y entraron juntos en la terma. Después, Naruto se sentó y colocó a Hinata sentada sobre sus piernas, haciendo que sus caras estuvieran frente a frente.
- Naruto… – Musitó completamente sonrojada -. Estoy sentada sobre tu cosa…
- Quédate ahí, cielo. Me gusta sentirte.
La peliazulada pasó sus brazos por los hombros del rubio y le atrajo hacia su cuerpo, para después, besarle descaradamente en el cuello mientras se movía ligeramente sobre él. Realmente era demasiado excitante estar sentada sobre la hinchazón de su rubio y notar cómo iba acariciando su intimidad a través de las telas que las cubrían.
A la misma vez, Naruto notaba feliz en su pecho la seductora barriguita de mamá de su querida mujer. Hacía cinco meses que aquella criatura había sido engendrada, y su madre apenas había engordado unos seis kilos, pero seguía estando igual de guapa, tal vez incluso más.
- ¿Sabes? Parece que ser mamá te está sentando muy bien.
- Ah, ¿sí?
- Sí. Cada día tienes más curvas. – Respondió el rubio mientras la tomaba por la cintura y se acercaba más a ella.
Se fundieron en un apasionado beso, y cuando lo cortaron, Naruto sacó la mano de allí y a tientas logró encontrar los cubitos de hielo que había escondido para la ocasión. Cogió uno de ellos, y con delicadeza, comenzó a acariciar con él los hombros de Hinata, que era lo que más tenía a su alcance.
Sintió que ella empezaba a tener escalofríos, pero Naruto lo tenía todo estudiado. El contraste entre la tibia temperatura del agua y el gélido tacto del hielo conseguirían que su piel se pusiera de gallina, y poco más tarde, haría que su piel ardiera por él.
Salió un pequeño quejido de sus delicados labios cuando el cubito bajó hasta sus pechos y los acarició con descaro. A ambos se les oscurecía la mirada tan sólo de pensar en lo poco que faltaba para que la situación se volviera realmente placentera.
- También había rosado en devorarte con chocolate. – Susurró seductoramente el rubio mientras quemaba su cuello con los labios -. Pero eso lo reservaremos para dentro de un ratito.
Hinata siempre se sorprendía cada vez que su rubio hablaba con esa voz tan sexy que siempre precedía a los momentos más eróticos, pero también le encantaba cuando la usaba. Realmente era un hombre muy caliente, al igual que ella. A pesar de su aspecto virginal, ambos eran unos pervertidos, y raro era el día que no acababan revolcándose en cualquier lugar desahogando con fuerza la pasión que sentían el uno por el otro.
El cubito había explorado todo el cuerpo de Hinata antes de derretirse, y tal como Naruto había planeado, ella ya estaba excitada, pero ella no era de esa clase de mujeres que sólo recibía, sino que también le encantaba dar.
- Oye, Naru – susurró mientras hacía círculos en su pecho con el dedo índice -, ¿dónde hay más cubitos?
- Espera. Yo te doy uno.
El ojiazul se lo ofreció encantado, y cuando Hinata lo tuvo, acarició su pecho con dedicación, notando cómo su piel se ponía tan rugosa como la de ella, pero como ella estaba mucho más inspirada que él, hizo que el hielo llegara a su hinchazon y la acariciaba lentamente, y cuando se dio por satisfecha, le quitó sus calzoncillos y saboreó levemente su intimidad. Justo cuando Naruto estaba a punto de derramarse, la ojiblanca se separó de él y en el otro lado de la terma le dedicó un sensual striptease.
- Vamos, Naruto… – Susurró mientras se bajaba una de las tiras del sujetador -. Mira todo lo que quieras, porque dentro de poco vas a poder tocar hasta hartarte.
El rubio miró tímidamente cómo Hinata se bajaba la otra tira, y en un movimiento estudiado cuidadosamente, desabrochó la parte delantera de su sujetador y se lo lanzó, quedándose más sonrojado de lo que estaba.
- Por cierto… ¿Puedes venir un momento?
Naruto se situó tras su chica, y cuando estuvo todo listo, Hinata tomó su mano y manejándola como si fuera la de una marioneta, enredó sus dedos en la parte lateral de sus braguitas y comenzó a bajarla. A la misma vez, el otro lado también fue bajando, y cuando la peliazulada estuvo completamente desnuda, tomó su otra mano y la dejó sobre su cuerpo.
- ¿No te apetece tocar? – Preguntó asombrada cuando descubrió que Naruto no había movido sus manos absolutamente nada.
- Sí. Pero tienes que ayudarme. Como antes.
En ese momento, la ojiblanca volvió a coger sus manos y las dejó en sus senos. Poco después, Naruto empezó a retorcerlo mientras ella sólo deseaba empezar. Él notó su deseo, así que comenzó a bajar lentamente hasta aquellos pliegues que tanto le gustaban, y cuando llegó, buscó su zona más delicada y la acarició con descaro. Naruto también quería poseerla, así que cuando escuchó gemir a su ángel con aquel aspecto tan virginal se sentó nuevamente y volvió a sentarla sobre él, pero esta vez entrando en ella.
Los movimientos de la chica eran rápidos. Le encantaba notar su hinchazón dentro de ella de aquella manera tan ardiente. Realmente Naruto sabía cómo hacerla enloquecer para acabar de aquella forma. Y lo mejor era que le agradaba acabar así de unida al rubio.
Naruto, mientras dejaba que Hinata se moviera sensualmente para él, la abrazó, la atrajo aun más hacia su cuerpo y la besó apasionadamente. Mientras, una de sus manos fue subiendo hasta la cabeza y la otra la sostuvo por la cintura. En ese momento, ayudó a la peliazulada con su movimiento, y cuando lo creyó oportuno, bajó sus manos hasta las caderas y siguió agitándola. Poco más tarde, bajó sus labios hasta el cuello y lo besó sin compasión, y poco después, moldeando su cuerpo con delicadeza, volvió a abrazarla por la cintura.
Los dos sabían que el mejor momento estaba cerca, así que disfrutarían de sus últimos momentos de lucidez, y poco más tarde, lo único que les importaría era sentir toda aquella ola de placer. Por eso mismo, Hinata se acercó más aún a Naruto y tomándole por los hombros, mordió su oreja sensualmente.
Su reacción no se hizo esperar. Notó cómo el rubio explotó en su interior mientras empezaba a suspirar por sentir la delicada piel de su amada en la zona más sensible de su cuerpo. Hinata sabía que podía volverle loco sólo con sus movimientos, así que siguió contoneándose de aquella manera tan sensual que tanto le gustaba. A la misma vez, dejaba que Naruto explorara su cuerpo con ansia. Realmente sentir las yemas de sus dedos en sus zonas más sensibles era algo que la desquiciaba por completo, y lo mejor era que el ojiazul lo sabía.
Ella tampoco tardó demasiado tiempo en sucumbir a los placeres que le ofrecía el cuerpo del rubio y pronto pudieron escuchar su dulce voz de sirena pidiéndole al ojiazul que no se detuviera. Ninguno de los dos deseaba hacerlo ni lo hizo, sino que, al contrario, sus movimientos se hicieron más pronunciados. Notar cómo el rubio inundaba toda su zona y se seguía deslizando con rapidez la volvía loca. También notar cómo mordisqueaba sus pechos la hacía gemir como una niña virginal.
Todo les resultaba tan excitante que no pudieron parar de darle rienda suelta a su pasión durante un buen rato, mientras todo lo que complementaba a la caricia más íntima hacía que todavía quisieran más, hasta que sus cuerpos se cansaron y tuvieron que parar.
Hinata, sin dejar que el rubio saliera de su cuerpo, pasó uno de sus brazos por los hombros y con el otro exploró suavemente su pecho. Al cabo de un rato, cuando regularon su respiración, el rubio comenzó a hablar.
- Este asalto se ha alargado mucho. ¿Todavía te puedan energías para otro?
- No. Me has dejado agotada. Sólo te ha faltado ponerme a gatas y hacer que me cayera en el agua.
- No me des más ideas, Hina. Sabes que esta noche va a ser muy erótica.
- Ya lo es. Nunca se te había ocurrido hacerlo aquí de esta manera.
- Es que he reservado mis mejores fantasías para esta noche. Quería que fuera especial. Por cierto… ¿No está un poco fría el agua?
- Pues sí…
En ese momento, Naruto dejó a Hinata sentada a su lado, salió del baño, y cuando apagó todas las velas, esperó a que Hinata se pusiera de pie y la cogió en brazos.
- Bienvenida a la cama roja. – Sonrió cuando llegó a su destino.
La dejó sobre ella, mientras la ojiblanca no se podía creer lo que veía. Era una cama como las que aparecen en las películas que tratan sobre eras pasadas, con su pequeño techo y sus cortinas. Lo mejor de todo era que toda la ropa de cama era roja, incluidos los cojines que estaban sobre la almohada, que además de ese color, también tenían forma de corazón.
- ¿Te gusta? – Preguntó el rubio lleno de curiosidad.
- Sí. ¿Hay algo más?
- Espera, que ahora lo traigo.
Naruto se alejó un momento de ella, y poco después dejó justo al lado de la cama un carrito con toda clase de fetiches.
- ¿Mejor?
- Sí.
El ojiazul cerró las finas cortinas de delicada gasa roja y tumbándose en la cama, colocó el cuerpo de Hinata sobre el suyo y la besó cariñosamente en los labios.
- Puede que esta noche no tengamos más ganas de organizar una guerra, pero… Dudo mucho que durmamos algo hasta que amanezca.
Hinata sonrió con picardía y le arrebató al rubio un beso que ni siquiera había llegado a imaginarse en sus fantasías más picantes. Naruto sonrió con notable satisfacción por el mimo recibido, y mientras le hacía un gesto mucho más sucio, pensó que aquella noche sólo había empezado.

Oscuro Deseo – Parte 10: Tenebra Dentro

•30/09/2009 • Dejar un comentario

Había llegado aquel día con mucha más gloria que pena para todos. Sasuke, por primera vez en meses no había dormido en el cementerio, sino abrazado al particular muñeco en su cama.
En cuanto a la pareja que se iba a casar, había pasado la noche anterior despidiéndose de la soltería de maneras distintas. Mientras Naruto casi se había indigesten por inflarse a comer ramen, Hinata se fue de fiesta con Sakura y unas cuantas chicas más. A la pobre se le quedaron las mejillas rojas como un semáforo por los stripteases que contrató su amiga.
Sonó un despertador en la casa del rubio, y mientras lo paraba, decidió que lo mejor era que empezara a arreglarse sin ni siquiera desayunar. Eso si no quería pasarse todo el día en el váter, claro. Por suerte, una ducha rápida y un vaso de agua obraron milagros en el cuerpo del rubio. Le esperaba un día realmente largo.
Mientras, Sasuke ya se había despertado. Tanto él como el muñeco estaban cubiertos con el edredón de su cama. La noche anterior había hecho bastante frío. Por eso estaban así. En ese momento estaba empezando a hacer calor… Por eso se quitó de encima el edredón y tanto él como su extraño acompañante dejaron a la vista sus cuerpos desnudos.
El Uchiha se quedó contemplando la piel del muñeco rubio durante un largo rato con lujuria. Desde que había llegado a sus manos no había parado de ofrecerle toda la pasión que había tenido que retener durante tanto tiempo. Apenas había parado en aquellos dos días, y ni por ésas dejaba de pensar en el verdadero rubio. Todavía tenía energías para seguir disfrutando con la réplica, incluso en ese mismo momento. Sabía que si en ese mismo instante volvía a abrazar al muñeco y le besaba, acabaría entrando en él y gimiendo como una virginal desesperada.
Creyó que lo mejor era que simplemente le abrazara y acariciara, ya que desde que se había despertado deseaba notar el tacto de su piel incluso en sus lugares más íntimos, así que colocó a la réplica sobre él, y mientras le besaba, sus manos recorrían con impaciencia todo su cuerpo.
“Puede que no sea lo mismo porque él no puede sentir nada de lo que estoy haciendo, pero gracias a él estoy sintiendo cosas que sólo había sentido aquella noche”.
Hinata estaba en un hotel que quedaba cerca de su casa con su amiga Sakura. La peliazulada estaba realmente nerviosa. ¡Pronto iba a ser Hinata Uzumaki! Sólo de pensar en lo bien que sonaba aquéllo se ponía todavía más nerviosa. Estaban juntas en la misma cama, descansando de la gran juerga, pero pronto tendrían que levantarse para empezar a arreglarse.
- Hinata, ¿estás despierta?
- Sí.
- ¿Estás nerviosa?
- Mucho…
- No te preocupes… Pronto tus sueños se harán realidad.
La verdad es que la boda no era necesaria para que eso ocurriera. De hecho, sus sueños se vieron satisfechos cuando Naruto posó sus labios por primera vez en los suyos. Pero ahí no acababa todo. Aquel sueño que estaba viviendo se fue haciendo más dulce cada día, sobre todo, cuando descubrieron juntos que estaban esperando un hijo. Pronto Hinata y Naruto serían la familia feliz que tanto habían soñado, eso si nadie les despertaba de su maravilloso sueño.
- Vamos, Sakura. – Sonrió la ojiblanca quitándose de encima las sábanas que la cubrían -. No me apetece estar fea en mi propia boda.
- ¿Te importa si me ducho yo primero? Es para que llegues más fresca.
- No importa, así me da tiempo a tomar algo.
La ojiblanca se levantó de la cama y cogió un yogur que Sakura había pedido un rato antes para desayunar. Se sentó tranquilamente y mientras desayunaba, miraba extrañada su propio traje de novia. Siempre que veía uno de ellos recordaba el mal trago que había supuesto casarse con Gaara, pero ahora que lo pensaba con calma, pronto olvidaría su trauma. Gaara se pudriría en la cárcel, y no podría volver a verla siquiera. Eso la relajó lo suficiente, así que siguió comiendo hasta que se sintió saciada.
- ¡Hinata, ya está! Cuando quieras ya puedes ducharte.
La peliazulada se fue hacia la ducha y dejó caer un chorro de agua fría sobre su cuerpo desnudo. Ese día iba a ser agotador. Tan sólo de pensar en el ajetreo de la fiesta después de la boda y la noche se sentía agotada. Antes de derrumbarse ante la idea, empezó a mojarse con agua más caliente y se reconfortó pensando en que aquel día probablemente sería el más romántico de su vida.
A la misma vez, en la casa del rubio, alguien tocó en la puerta. El ojiazul se acercó a ella y le abrió. En ese momento, vio a Kakashi, su padrino.
- ¡Hola, Naruto! ¿Ya te has vestido?
- Sí, je, je…
- No está nada mal. Creo que Hinata se va a desmayar. Estás muy guapo.
- Muchas gracias, Kakashi.
- Todavía queda un rato para la boda, y como ya está todo listo… Tengo que pedirte consejo.
- ¿Tú a mí? Pero… ¿Estás bien, Kakashi?
- Sí. Sentémonos y te contaré lo que me pasa.
Ambos se sentaron en el sofá, y entonces, Kakashi le expuso su problema.
- Verás, Naruto, es que… Vaya, no sé por donde empezar.
- Hombre, Kakashi, se supone que por el principio.
- Bien… Pues como ya sabes, Sakura y yo somos amantes desde hace unos años, y en los últimos tiempos, me estoy planteando muy seriamente pedirle compromiso, e incluso matrimonio.
- ¿En serio? – Sonrió Naruto de oreja a oreja -. Creía que nunca lo harías.
- Bueno… – Susurró rascándose la cabeza -. Es que… No sé cómo hacerlo. ¿Podrías ayudarme, por favor?
- ¡Claro! Mira, tienes que hacer algo que a Sakura le guste mucho, y luego…
El rubio siguió aconsejando al hombre que le había enseñado el arte de la noche, mientras él escuchaba atentamente todos y cada uno de los consejos que le estaba dando. No en vano, Naruto había compartido con Sakura un trozo de su vida y ambos se conocían lo suficiente como para saber lo que le gustaba el otro.
Un buen rato más tarde, en el hotel donde estaban la ojiblanca y su amiga, la primera ya estaba lista para el día más feliz de su vida, incluso ya estaba peinada y maquillada.
- ¡Vamos, Hinata! ¡Vamos a llegar tarde!
- Ya voy… – Dijo la peliazulada saliendo nerviosa de la habitación donde se había vestido -. ¿Está bien así?
- Vaya… – Suspiró Sakura al ver lo guapa que estaba su amiga.
Su largo pelo azul estaba liso y suelto, haciendo su cara más dulce, a pesar de que sus labios estaban pintados de un rojo sangre seductor. Su traje era completamente blanco y resaltaba mucho más sus inocentes ojos. La parte superior del vestido la formaba un corsé sin mangas que estilizaba bastante su cintura. A partir de ahí, era una larga falda de tul y seda bastante elegante. Por último, llevaba unos discretos tacones blancos que no eran muy altos. Hinata no se manejaba muy bien con unos más grandes que aquéllos.
- ¿Vamos? – Preguntó la novia.
- Eh… ¡Sí!
Las chicas bajaron las pocas cosas que llevaron hacia la recepción, pagaron la estancia y se fueron hacia la casa de Naruto. Hinata se ponía más nerviosa cada vez que pensaba en lo felices que iban a ser ahora, pudiendo compartirlo todo sin que nadie les reprochara nada. Nadie tendría derecho a interponerse en sus vidas, cosa que la agradaba.
Un rato más tarde, Hinata ya había llegado, mientras el resto estaba esperando su llegada. La peliazulada, llena de timidez, vio cómo Naruto había modificado la paz de su querido jardín por un altar improvisado y sus amigos, tanto de su vieja vida como de la nueva. Avanzó completamente sonrojada hacia donde su galán. No iba vestido de negro, sino de blanco, y la verdad era que el traje le quedaba realmente bien al rubio. Además, toda la belleza de su príncipe la remataba una enorme y sincera sonrisa de felicidad.
Llegó al lugar y se quedó junto al rubio completamente sonrojada. No sabía hacia dónde mirar, y menos cuando el encargado del enlace comenzó a hablar.
Ninguno de los dos escuchaba sus palabras, a pesar de que estaban cerca de él y además usaba un micrófono. Era como si tuvieran los oídos taponados y sólo pudieran escuchar sus propios sentimientos latiendo con fuerza en su corazón.
Cuando escucharon que decían intercambiarse los anillos, Naruto, completamente sonrojado, sacó una cajita roja, la abrió, y sacando el anillo, lo colocó en el dedo de la mujer que más quería. Se quedó asombrada por su belleza y elegancia. Estaba hecho de plata con diamantes. No se podía creer que aquéllo fuera real, así que lo tocó. Poco después, levantó sus ojos y vio que su rubio estaba tan sonrojado como ella, así que intentó tranquilizarse dándole su anillo, que también era de plata. Justo después, se miraron a los ojos, y desde ese momento, los dos se relajaron.
“No sabes lo feliz que me hace estar junto a ti, Naruto.”
“Cada día que pasa comprendo por qué te quiero tanto, Hinata”
“Tu corazón es bueno y honesto…”
“… Tus ojos son tan puros como tu alma…”
“… Tu trato conmigo es dulce y delicado…”
“… Y si de algo estoy seguro es que jamás te haría daño, y que tú tampoco me lo harías a mí…”
“Pondría toda mi alma en el fuego si fuera necesario porque…”
- Puede besar a la novia.
En ese momento, Naruto abrazó tiernamente a la ojiblanca y se acercó a sus labios. Entonces, el uno empezó a profundizar en el otro de una manera tierna y romántica.
“Te amo”, fue el pensamiento que compartieron mientras ya se habían convertido en uno.
Más de un invitado se había quedado llorando por la ternura y el romanticismo de la escena, Kakashi y Sakura incluidos. Se notaba que los recién casados realmente se querían.
Minutos más tarde, la pareja había vuelto un instante a casa para ponerse ropa más cómoda. En ese momento empezaría la fiesta que darían para sus amigos. A la misma vez que los protagonistas se ausentaron, el peligrís se acercó a su pequeña y trató de hablar con ella.
- Oye, Sakura…
- ¿Sí? – Preguntó dulcemente la pelirrosa.
- Cuando nos vayamos de la fiesta tengo que hablar contigo sobre algo importante.
- ¿Puedo saber de qué se trata?
- No de momento… Es una sorpresa. – Susurró mientras la abrazaba.
La feliz pareja volvió a salir al jardín y entonces, Naruto se subió al escenario que había montado para la ocasión acompañado por su ojiblanca y se acercó al micrófono para dedicarle unas palabras a sus invitados.
- Gracias a todos los que estáis aquí por venir a nuestra boda. Ahora Hinata y yo hemos preparado un almuerzo para todos vosotros, y más tarde, tendremos un pequeño concierto de Tangoth.
Los invitados se quedaron boquiabiertos al pensar que el rubio se había vuelto loco.
- No, no… Son los Tangoth de verdad. De hecho, les hemos pedido que canten canciones anteriores a Lágrimas de sangre, que son canciones más ligeras. ¡Ah! Antes de que se me olvide… Mientras el servicio de catering y los camareros preparan el banquete, Hinata y yo repartiremos unos recuerdos. Ya sabéis: puros, tarjetas, mecheros… Un poco de todo.
Cuando el ojiazul terminó de hablar, le ofreció el micrófono a Hinata y ésta apenas dijo unas palabras, pero les gustaron mucho a sus invitados.
- En fin, yo también estoy muy feliz de que hoy estéis aquí con nosotros en el día más feliz de nuestra vida. Ojalá os gusten nuestros detalles y la fiesta.
Poco después, la pareja cogió un gran cesto y repartieron los regalos, y más tarde, disfrutaron de un buen plato de pasta y carne, y de postre, una generosa ración de fresas con nata.
Más tarde, Ainara y sus chicos subieron al escenario, y la chica, al ver que Sasuke se hacia tomado su bien consejo en serio, se animó y empezó a tocar. Al finalizar, los asistentes se sintieron satisfechos. El concierto había sido realmente bueno.
En cuando a la fiesta, no había estado mal, pero como era de esperar, terminó antes de anochecer, ya que Naruto e Hinata necesitarían soledad para vivir una de sus noches más románticas. También Kakashi y Sakura querían intimidad. Por eso, los dos se fueron hacia un tranquilo hotel, ya que era muy tarde para volver a Konoha.
Antes de comenzar su apasionado plan, Naruto revisó todos los detalles sin que Hinata se diera cuenta, y cuando lo tuvo todo listo, buscó a su pequeña para hacerle el mejor regalo de bodas: su ternura y su amor.

Mi primer AMV!!!

•20/11/2008 • Dejar un comentario

Les presento mi primer AMV; un SasuNaru con pequeños toques góticos. Espero que lo disfruten!!!

Y el próximo, trataré de que sea un KakaSaku

Oscuro deseo – Parte 9: Al fin comprendo…

•24/10/2008 • 3 comentarios

Faltaban dos días para la boda entre Naruto e Hinata y Sasuke aún no había decidido si quería ser el padrino o no. Quería porque él era su amigo y ese papel siempre lo hace alguien con el que el novio tenga mucha confianza, pero no quería porque si aceptaba, se suponía que tendría que ver cómo Naruto la besaba a ella, además de que tendría que aceptar la unión.

Ni siquiera dormir en el cementerio lograba despejarle sus ideas. Y lo peor era que al día siguiente tenía que darle una respuesta al rubio. Parecía que lo único bueno que le había pasado desde hacía siglos era que por fin Sakura había terminado su encargo, y según la pelirrosa, la réplica había quedado perfecta.

Se tumbó ante la falsa lápida del rubio y nuevamente trató de tranquilizarse, pero le fue imposible. Se trataba de aquel tango que alguien tocaba allí todas las noches. Sasuke, al escucharlo, se levantó. Estaba dispuesto a descubrir quién era el autor de esa melodía y qué hacía allí todas las noches. Ya tenía una idea de dónde podría estar esa persona por el sonido, así que se encaminó directamente hacia el lugar. Aunque creía que estaba cerca, en realidad estaba más lejos de lo que creía, tanto, que le costó un buen paseo llegar.

Cuando la encontró, vio a una mujer arrodillada delante de dos lápidas, una más pequeña que la otra. Tenía el pelo recogido, menos dos mechones que le caían por los lados de la cara. Era pálida como la muerte y llevaba un largo vestido negro conjuntado con un colgante de una enorme cruz del mismo color, y por si le quedaba alguna duda, sostenía un bandoneón entre sus frágiles manos. Ella era la autora de aquella oscura canción.

Ambos se quedaron mirándose, pero aunque ella no reconoció a Sasuke, él sí lo hizo, y más cuando la mujer le preguntó alarmada quién rayos era y qué hacía allí.

- Tangoth, ¿verdad? – Afirmó más que preguntó.

- Bueno, ése es el nombre de mi grupo. – Respondió con su característica voz de mezzosoprano con ciertos matices de contralto -. Yo me llamo Ainara.

- Sasuke Uchiha. – Susurró tendiéndole la mano.

Ainara soltó el bandoneón cuidadosamente a un lado y aceptó el gesto.

- Supongo que ésta no es la primera vez que vienes.

- Ni la última. – Confirmó el Uchiha.

- Pues bienvenido al club de los góticos desdichados. – Respondió mientras le ofrecía asiento a su lado -. ¿Quieres que yo rompa el hielo?

 - Si así lo quieres, adelante.

- Antes de contarte nada, me gustaría pedirte que ésto quedara entre nosotros. Lo que te voy a contar ni siquiera lo saben mis chicos.

- De acuerdo. Mis labios estarán sellados para siempre.

- Todo empezó cuando tenía catorce años. Me había enamorado de mi amigo de toda la vida. Él lo sabía, pero no me comprendía. Creía que lo mío era un simple calentón. Pero no era así. Mis sentimientos eran maduros. No era sólo pasar un buen rato en la cama todas las noches, sino compartirlo todo.

> Pasaron los años y seguía sin hacerme caso, hasta que nos fuimos a la universidad. Él me pidió que me fuera a vivir con él, ya que iba a necesitar que alguien le ayudara a pagar el alquiler. La convivencia era perfecta, pero yo ya no podía seguir manteniéndome de piedra mucho más tiempo, así que una noche le drogué y se lo hice hasta que amaneció. Perdí toda mi inocencia esa noche, y sé que el también.

> El pobre jamás llegó a sospechar nada, ni siquiera cuando tuve que confesarle que me había quedado embarazada. Creía que el padre era el vocalista gutural de mi grupo, pero estaba tan equivocado… El bebé nació en verano, y a pesar de verlo casi todos los días, no veía su parecido con él. Le di todo el amor que no pude darle a su padre, pero de nada sirvió… Pocos meses después cogió una meningitis tan grave que no pudo soportarla…

En ese momento, Ainara comenzó a llorar. Tan solo de recordar cómo había tenido que enterrar a su pequeño en plenas navidades le rompía el alma. De hecho, recordaba cómo el cielo había llorado lágrimas heladas durante todo ese día.

Poco después sacó un pañuelo negro y se limpió sus lágrimas con orgullo para seguir con su historia.

- Desde ese día me alejé de él y me centré en la música y en mis estudios. Había sido inmensamente feliz en mi soledad hasta que recibí una llamada de teléfono hace cinco años. Era él… Los del hospital donde estaba ingresado se habían puesto en contacto conmigo porque necesitaba un donante de corazón, y al ser casi improbable encontrarle uno compatible por su grupo sanguíneo, él había decidido que me avisaran para pasar las últimas horas juntos.

> Me fui tan de repente de la caravana de la gira que estaba haciendo en ese momento que mis chicos creyeron que me había vuelto loca. Tardé un buen rato en llegar al hospital, y cuando lo hice, subí lo más rápidamente que pude hasta su habitación. Cuando entré, me lo encontré tan débil que sentí deseos de irme, pero estaba despierto, y con un débil susurro me obligó a quedarme.

> Me senté a su lado, y él, haciendo un gran esfuerzo, cogió mi mano y me miró a los ojos. En ese momento me dijo que estaba profundamente arrepentido por haber sido un completo gilipollas y haberme ignorado todos aquellos años. Yo, conmovida, le confesé en ese momento que mientras vivíamos juntos, le drogué una noche para hacerle el amor, y que por esa noche me había quedado embarazada.

> El pobre estaba que no se lo creía… Después de aquéllo creía que me odiaría, pero en realidad me dio las gracias. Incluso me dijo que tendría que haberlo hecho sin drogarle, así le hubiera ahorrado el mal trago de darme explicaciones. Estuvimos callados unos segundos, y poco después me dijo que siempre me había amado y que aún lo hacía, y que si yo todavía lo amaba, me suplicó que me acercara a él y le diera el primer y el último beso. Acepté, y entre lágrimas me acerqué a él. Sé que justo cuando nuestros labios se unieron, su corazón no lo soportó más y murió.

Cuando Ainara terminó de contar su deprimente historia, ambos estuvieron callados. Sasuke, como buen fan de Tangoth, sabía lo que aquéllo había supuesto para el grupo. Los tres discos que fueron publicados tras aquella muerte se alejaron por completo del rock gótico asequible para el gran público y se introdujeron de lleno en un dark metal tan extremo que sólo un puñado de valientes enfermos mentales eran capaces de oír esos trabajos sin sentir la necesidad de cortarse las venas o clavarse un kunai en el corazón. Aunque los críticos empezaron a despotricar al grupo de lo lindo, los fans les salían de debajo de las piedras, y era prácticamente imposible conseguir entradas desde un mes antes de cada concierto.

De hecho, Sasuke se encontraba entre el grupo de dementes que adoraban a los nuevos Tangoth. La variante de la técnica de la bella y la bestia que habían popularizado era genial para su gusto, que consistía en que la voz femenina tenía que cantar a la misma vez que la voz gutural para darle a la estrofa en cuestión más fuerza oscura. Por eso, cada vez que Sasuke llevaba una de las camisetas del grupo por la calle y alguien le preguntaba por un disco anterior a Lágrimas de sangre, el Uchiha le soltaba al tipo que tenía un mal gusto impresionante por querer escuchar semejante caca de vaca, y que si quería oír verdadera música deprimente que se gastara unos cuántos yenes y se comprara el último disco del grupo.

- Bien, Sasuke, es tu turno. Desnuda tu alma como yo lo he hecho. – Le apremió la gótica acercándose las piernas al pecho.

En ese momento, el Uchiha empezó a contarle a Ainara todo cuanto sentía por Naruto, cómo fue su primera vez, cómo tuvo que darle a Hinata la declaración del rubio en contra de su voluntad, cómo había empezado a pasar las noches en el cementerio, cómo había hecho para robarle algunos besos como en el plan de Gaara o como para ayudar a la mujer a la que quería el ojiazul, y sobre todo, confesarle a la más que desesperada chica por tanto sufrimiento cómo se había arrastrado delante de su mejor amiga para que le fabricara un clon del rubio.

- Vaya… Lo mío parece un cuento de hadas al lado de lo tuyo. – Suspiró por primera vez desde hacía un rato -. Me sorprende que puedas soportar tanto dolor sin sentir deseos de morir.

- Simplemente conservo la esperanza. O si no, siempre me quedará mi muñeco.

- Creo que tendrías que irte a dormir sobre él, cielo. Tienes unas ojeras tremendas.

- No hace falta, de verdad… Además, tengo que pedirte un consejo.

- Adelante.

- Él se casa dentro de dos días y me ha pedido que sea su padrino. ¿Acepto o no?

- A ver, déjame pensar… Después de obligarte a darle a aquella chica una carta donde se declaraba, invitarte a la fiesta que dio para celebrar que estaban juntos, rechazarte, arrastrarse para protegerla y hacerte confesar delante de un juez y de su nena que siempre le quisiste, ¿me estás diciendo que quieres ser su padrino? Sasuke, si aún te queda algo de dignidad y orgullo, rechaza su petición. Por muy amigo tuyo que sea, no tiene el más mínimo derecho a hacerte sufrir, y si aceptas, tendrás que ver cómo se besan delante de tus narices. ¿Verdad que sufrirías si vieras esa escena?

El moreno sólo se limitó a asentir con la cabeza.

- Bastante has pasado ya con ese ingrato… Sé que es difícil olvidar, pero lo mejor para todos será que te conformes con ese muñeco y dejes que sea feliz. No es lo mismo, pero todos serán felices.

Ainara vio cómo Sasuke había derramado algunas lágrimas. La chica le ofreció protectoramente su gran pañuelo negro y lo acercó a su cuerpo para abrazarlo maternalmente.

- No te preocupes. Llorar es natural. Todos lo hacemos, sobre todo si nos dicen una verdad como ésa… ¿Estás más tranquilo?

- Sí… – Logró articular a duras penas.

- Te acompañaré hasta donde vas a descansar todas las noches. ¡Vamos!

Tras un buen rato, llegaron, y Sasuke se tumbó cómodamente, pero antes de que Ainara se fuera, le preguntó su edad.

- ¿Me dejas tu mano?~ El Uchiha se la ofreció, y sin que ninguno tuviera que decir su edad, la chica le dijo que tenía dos o tres años más que él.

- Por cierto, ¿podrías seguir tocando?

- Si eso te hace feliz, lo haré.

Poco después, Ainara lo dejó a solas con el falso Naruto y cerró sus párpados con delicadeza. El sueño no tardó en llegar, y mientras Morfeo le iba invadiendo, Sasuke comprendió porqué se sentía mejor al lado de aquella extraña mujer.

El comienzo del día le sorprendió de aquella manera tan especial, y mientras se adaptaba a la creciente claridad, se incorporó y decidió irse a casa antes de que el sol se animara a salir.

Llegó poco después con una arrogante sonrisa en los labios. En cuanto fuera una hora decente para llamar por teléfono, llamaría al rubio y le diría que no sería su padrino, y que se fuera buscando otro, porque él ni siquiera se dignaría a aparecer en la boda. Y poco después, Sakura iría a su casa a entregarle la réplica. En cuanto la pelirrosa abandonara la casa, pensaba estrenar su nuevo clon inerte de aquella manera tan sensual que se le insinuaba en sueños.

Cuando terminó de desayunar, realizó la llamada, y la verdad era que la reacción del rubio había sido buena pero extraña. Y lo mejor era que poco después había ido Sakura con una enorme caja marrón cargada sobre un carro. Aunque Sasuke sabía lo que había dentro, cualquier otro que viera la caja creería que era un frigorífico. Nada más alejado de la realidad.

- Sasuke, ¿estás en casa? – Preguntó la pelirrosa tocando en la puerta.

El ojinegro se apresuró a abrirle la puerta y hacerla pasar.

- Uff… No te imaginas lo que pesa… Creo que se parece al original hasta en eso.

- ¿Te ayudo?

- Sería genial.

Sasuke la ayudó a dejar la mercancía en su casa, y cuando terminó, ambos se sentaron en el sofá, y mientras comían pastas de té, hablaban del invento.

- Creía que hacer un clon como el que me encargaste era difícil, pero la verdad es que ha resultado mucho más fácil. Y además me ha quedado mucho mejor de lo previsto. A simple vista, realmente parece que es Naruto durmiendo.

- ¿Qué hay de los extras? – Preguntó Sasuke interesado.

- Bueno, dentro de la caja hay otra más pequeña donde he incluido la pomada universal, un perfume especial, una pomada erectora, otra dilatadora y otra para endurecer los pezones. Además, hay una esponja para secarlo después de usarlo y una pomada que devuelve al muñeco a su estado original. De todo esto hay cinco. Si alguna vez se te gastan…

- Bien. ¿Hay manual?

- Sí. Muy escueto. Es que… Para poner a cada momento “introduzca su pene por el ano del muñeco.”…

- Bien. Ayer ingresé tu dinero en la cuenta corriente que me diste. Si los del banco se dan prisa, pronto podrás tenerlo.

- Estupendo. Como está todo resuelto, yo mejor me voy. Seguro que quieres estrenarlo y… ¡Bueno, que lo disfrutes!

La pelirrosa se fue y Sasuke se dirigió a la caja. La verdad era que aquella frase que había dicho Sakura era bastante realista y excitante. Abrió la caja y vio a aquel muñeco tan realista.

- Naruto… – Se oyó suspirar.

Era tan parecido al real que nadie que lo viera pensaría que eso era un muñeco. Se parecía hasta en el mínimo detalle al real, sobre todo en la ropa, ya que Sakura había logrado conseguir su ropa de los doce años para su talla actual.

Sacó la cajita que había dentro y la puso encima de la mesita del salón. Buscó el manual de instrucciones y un bote de pomada dilatadora. Como tardaba 20 minutos en hacer efecto, no dudó en llevar al muñeco a su cama, tenderlo boca abajo, desnudarlo y aplicar la pomada tal y como indicaba el manual.~

“‘Introducir los dedos untados en pomada en el ano del muñeco’. Esta Sakura… Está hecha una profesional.”

Tras la excitante maniobra, Sasuke lavó sus dedos y se desnudó rápidamente para comenzar a disfrutar de una buena sesión de preliminares. Cuando estuvo de vuelta en la cama, hizo lo mismo con el rubio mientras lo empezaba a devorar.

Oscuro deseo – Parte 8: Satánica Inocencia

•25/09/2008 • 2 comentarios

A principios de octubre, en una fría mañana de un lunes, tanto Naruto e Hinata como Gaara estaban en la entrada de la sala 6 de los juzgados del pueblo donde vivían el rubio y su novia.

Los chicos estaban pensando en lo felices que serían si además de encarcelar a Gaara les concedían el divorcio. Si eso ocurría, el rubio prepararía la boda más bonita que ninguna mujer vería nunca, y lo mejor de todo era que realmente quería a esa mujer.

Poco después, dejaron que entraran en la sala. Ya estaba lleno de gente, entre ellos, los abogados de cada uno. El de Naruto era Kakashi, y el de Gaara, Shino. Lo primero que hizo la pareja al sentarse fue preguntar si Sasuke había llegado. Respondió afirmativamente. En cambio, Gaara estaba hablando de otra cosa con su abogado.

- ¿Crees que nuestro argumento servirá para algo?

- Claro. Si lo hacemos bien, no irás a la cárcel.

- Bien…

La magistrada, que no era otra que Tsunade, abrió la sesión y comenzó pidiendo el testimonio de Hinata.

- Bien, señoría, todo esto comenzó hace unos tres meses. Por unos acontecimientos que no vienen al caso, Gaara decide dejarme marchar, sin antes olvidarse de contarme que Naruto no había muerto. Por eso me dejó ir. Desde ese día estoy con Naruto.

> Pero hace un par de semanas, fue cuando ocurrió lo que nos ha traído hasta aquí. Naruto y yo estábamos en la playa, y tras volver del baño, noté que Naruto se estaba empezando a poner raro. Confirmé mis sospechas una hora más tarde, cuando Naruto estaba lejos de mí y Gaara, con la imagen de mi novio, estaba sobre mí a punto de poseerme. En ese momento – empezó a sollozar – me sentí tan mal y tan sucia que le juré a Gaara que después de eso lo iba a pasar mal.

Tras terminar, Shino se levantó y comenzó a hacerle varias preguntas a la ojiblanca.

- Si sospechaste que el que estaba contigo no era Naruto, ¿por qué no actuaste antes?

- Me dijo que se había dado un golpe en la cabeza. Le insistí para que nos fuéramos a casa. No quiso, así que nos quedamos allí.

- Y… Según la versión de mi defendido, tú te fuiste de la casa conyugal sin avisar. ¿Sabes que eso es un delito?

- ¡Protesto, señoria! – Gritó Kakashi -. Esa pregunta es totalmente irrelevante.

- Protesta aceptada. – Siguió la rubia -. ¿La defensa tiene más preguntas?

- No. – Pasemos a la versión del acusado.

Gaara se levantó de donde estaba sentado y comenzó con su gran sarta de mentiras más que planeada.

- Lo primero que quiero decir antes de pasar a los hechos es que en realidad Hinata se marchó de casa porque leí su diario y descubrí que lo había hecho con la cosa que estaba en la tumba del desgraciado de su novio.

- ¡Protesto! – Volvió a gritar Kakashi -. Esto también es irrelevante.

- Protesta aceptada. Cíñase al caso, Gaara.

- Bien, señoría, sólo pienso decir que Hinata supo en todo momento que yo era el que estaba con ella, y si no llega a ser porque ese rubio apareció en el mejor momento, nadie sabría nada de esto.

- Disculpe, señoría, pero mis clientes me comentan que el testimonio de Gaara es falso. Y si su señoría lo permite, vamos a llamar a nuestro testigo, Sasuke Uchiha.

El ojinegro se levantó de donde estaba sentado, y después, se dirigió al estrado y esperó a que la defensa le preguntara.

- Bien, ¿cómo supo de los planes de Gaara?

- Él y yo estábamos compinchados. Yo tomaría la imagen de Hinata y él la de Naruto para pasar el rato con los reales Naruto e Hinata, respectivamente.

- ¿Con qué fin quería pasar el rato de esa manera?

- Si le soy sincero, yo al menos quería hacerle el amor a Naruto porque le he amado en secreto desde hace tiempo. De hecho, hoy estoy aquí para ayudarle. Y por lo que se ve, Gaara tenía las mismas intenciones con Hinata.

- Es decir, que usted también debería ser juzgado.

- No, señor. Antes de cometer una falta irreparable, decidí detenerme. Me arrepiento de ello siempre que lo recuerdo, pero sé que hice bien.

- ¡¿Bien?! – Preguntó el pelirrojo furibundo -. Vamos, Sasuke, pedazo de maricón, ¡tú también querías tirarte a Naruto!

- ¡¿Y tú que, sucio mentiroso?! ¡La dejaste ir para luego tirártela!

- ¡Basta! – Gritó Hinata -. Estamos aquí para resolver nuestro problema de una manera justa, no a golpes.

- La demandante tiene razón. Aquí estamos para resolver nuestros problemas. – Dijo la magistrada al borde del colapso -. Creo que lo mejor es que comience a hacer mis preguntas, pero antes creo que lo más conveniente será que descansemos.

Tras unos breves minutos en los que las brechas abiertas entre los pasados aliados no cerraron, Tsunade comenzó con su breve interrogatorio.

- Comenzaré con Hinata si a nadie le importa. Luego interrogaré a Naruto, después a Sasuke y por último a Gaara. ¿De acuerdo?

Los presentes mencionados asintieron.

- Hinata, ¿Gaara te dejó ir voluntariamente?

- Sí.

- ¿Y fue él quién te dijo que Naruto estaba vivo?

- Sí.

- ¿Alguno de los presentes te dijo dónde residía?

- No.

- Y por último, te esperan dos preguntas muy relevantes pero también íntimas. Está en tu mano el responderlas o no.

- Las responderé.

- ¿Qué fue lo que pasó la noche anterior para que Gaara te dejara?

- Yo… Profané la tumba del falso Naruto. Lo desenterré para hacerlo mío.

Cuando Sasuke escuchó la respuesta de Hinata, se quedó realmente asombrado. ¿O sea que toda aquella situación había surgido porque Hinata se había atrevido a hacer lo que él deseaba? Definitivamente, hizo mal al prometerle al rubio que le entregaría la carta a su inocente amada.

- ¿Alguna vez quisiste a Gaara?

Todos los presentes se quedaron asombrados al oír la pregunta. Era como si les hubieran echado una jarra de agua helada justo en la espalda. Aunque había que reconocer que en el fondo la cuestión era buena.

En cuanto a Hinata, no dudaba de la respuesta que iba a dar. ¿Alguna vez había sentido la imperiosa necesidad de tenerlo? ¿Y de abrazarlo? ¿Y de besarle? ¿Alguna vez había querido escuchar los impulsos de Gaara? ¿Y rendirse a ellos? Nunca le había ocurrido eso con el pelirrojo, pero desde que estaba con Naruto había sentido todo eso y más. No tenía porqué darle explicaciones, y además se sentía realmente bien con él. Era como si nunca hubiera conocido el amor.

- No, señoria. – Respondió la ojiblanca con firmeza.

- Muy bien, Hinata, has sido una chica valiente. – Le sonrió Tsunade con complicidad -. Ahora es el turno de Naruto. ¿Estás preparado?

- Sí.

- ¿Alguna vez Hinata actuó forzada contigo?

- No.

- ¿Y con Gaara?

- Por lo que me ha contado, probablemente sea que sí.

- Antes de este juicio, ¿sabías lo que había ocurrido la noche anterior a que Hinata supiera que estabas vivo?

- Sí.

- Y ahora, te digo lo mismo que a Hinata. Esta pregunta es íntima. Si no quieres responderla, estás en tu derecho. – Dijo la magistrada dulcemente.

- De acuerdo. Cuando quieras.

- ¿Desde cuándo amas a Hinata?

Otro jarro de agua fría. Al menos Tsunade se molestaba en avisar antes de hacer eso. Aunque el rubio tenía que reconocer que aquella pregunta le liberaría por completo.

- Desde los catorce.

El gesto de Tsunade al acabar fue de tranquilidad, como si hubiera ayudado al ojiazul en algo muy profundo.

- Sasuke, ahora tú. ¿Realmente deseabas mantener relaciones con Naruto, tal y como ha apuntado Gaara o te movió otro interés?

- Confieso que lo hice por eso… Quiero a Naruto, y desde que sé que me atraen los hombres le he deseado en secreto.

- ¿Es cierto que paraste a tiempo?

- Sí, señoría.

- ¿Y que estabas compinchado con Gaara?

- Sí…

Una serie de suspiros salieron de entre los labios de muchos. Un poco de verdad nunca venía mal.

- Ahora voy contigo, Gaara. ¿Hinata se fue voluntariamente?

- Sí.

- ¿Realmente queríais dejarlo?

- Sí.

- Pero no puedes, ¿verdad? Por eso ha pasado esto.

- Es cierto, señoría. Desde que empecé con ella sé que todo es una farsa entre nosotros. Siempre supe que quería a Naruto, pero yo quería tenerla…

- Entonces, ¿reconoce que la ha violado?

- Sí… – Susurró avergonzado -. No exactamente al principio de la relación, pero poco después ella nunca quería. Por eso he dicho que sí.

- ¿También reconoces que tomaste la imagen de Naruto e intentaste violarla en la playa?

- Sí, señoría…

Shino estaba que se tiraba de los pelos. ¡En lugar de alegar que todo aquéllo era un montaje, había decidido confesar la verdad! Desde luego, si había alguien merecedor de ser llamado kamikaze, ése era Gaara.

- Ya he terminado. Este caso está claro, pero aun así, tanto el jurado como yo hemos de reflexionar para dejar más claro aún lo que ya lo es.

La rubia se retiró, y el jurado de cinco personas, también. Todos los presentes se quedaron mirando hacia Gaara.

- ¿Por qué…? – Susurró Hinata.

- Quiero terminar con todo. – Y se cruzó de brazos.

Pasaron unos minutos, y todos los ausentes volvieron a la sala. La tensión era tal que se podía cortar con cualquier cosa. Parecía que había llegado el Juicio Final.

- Primero, he de ir con Hinata. Aunque el muñeco de Naruto no es un ser animado, estás condenada por necrofilia. Tu pena será el destierro permanente de Konoha… Junto a Naruto.

Hinata estaba más que feliz con su condena. ¡Desterrada junto a Naruto! Parecía un sueño erótico de lo bien que soñaba aquéllo.

- Aunque no puedes estar físicamente en Konoha, – continuó la magistrada -, puedes tener contacto con ellos por carta, teléfono, e-mail…

¡Maravilloso! Eso quería decir que aún podría hablar con Sakura y contarse sus preocupaciones. Además, también podía avisarla y quedar en su casa.

- A Naruto también le mantengo su destierro, exactamente en el mismo lugar en el que ahora. A Sasuke… Te caería un año de prisión por intento de violación, pero al no tener antecedentes no puedo condenarte. Y por último, Gaara… Te condeno a seis años de cárcel por reiteradas violaciones, un intento, usurpación de identidad… No tendrás fianza, y dudo que alguna vez te den un permiso con tu historial.

El pelirrojo ignoraba todo cuanto sucedía a su alrededor. Realmente quería abandonarlo todo.

- Y por último… El matrimonio entre Hinata y Gaara será anulado.

- ¡¿Cómo?! – Gritaron los presentes.

- Hinata, al casarse, podría haber sido forzada por Gaara, y en casos como ése, el matrimonio no es válido. Y en cuando a Hinata y a Naruto… Podréis casaros cuando llegue la confirmación de nulidad.

Tanto el ojiazul como su novia se quedaron asombrados. Sabían que la sentencia les iba a salir favorable, pero no esperaban que tanto. No sólo ese inútil de Gaara las pasaría canutas en la cárcel, sino que además habían desterrado a Hinata junto al rubio y en unos pocos días podrían casarse. Aquéllo había salido demasiado bien, así que todos abandonaron la sala y ellos se fueron a la cafetería que estaba frente al juzgado para celebrarlo.

Varios días más tarde les llegó la carta que tan ansiosamente habían esperado. De hecho, estaban tan felices por su llegada que se tumbaron juntos en el jardín a plena luz del sol para leerla.

- Naruto, ¿la quieres leer tú?

- No, me hace más ilusión que la leas tú.

- Está bien… – Sonrió Hinata rompiendo el sobre y sacando aquel papel tan blanco como sus ojos -. ¿Estás preparado para explotar de felicidad?

- Siempre lo estoy desde que estoy contigo.

La peliazulada volvió a sonreír tan dulcemente como sólo ella sabía, y poco después, mientras Naruto la abrazaba cariñosamente por la cintura, se concentró en la carta y comenzó a leerla con su voz cargada de inocencia.

- “Estimada señorita Hyuuga, nos congratula informarle que, por medio de la demanda judicial 53.276-HUA del País del Sol con sentencia favorable a usted, su matrimonio con Sabaku no Gaara, fechado el 5 de septiembre de 1997, ha sido satisfactoriamente anulado el 23 de octubre de 2007 con el visto bueno del monseñor Cristian García.”

- ¡Sí que se han dado prisa en enviarla, ¿eh?! Dos días nada más.

- Todavía sigue, nene. ¿Me dejas seguir leyendo?

- Claro, Hinata. Acaba esa carta.

- “Desde el momento en el que reciba esta carta, usted está legalmente autorizada a contraer matrimonio en cualquier parte del mundo, sin necesidad de tener que trasladarse a países donde la poliandria está legalmente autorizada. Recuerde que en caso de defunción de su anterior pareja, usted sólo tendrá derecho a recibir la pensión de viudedad correspondiente al tiempo de duración del matrimonio.”

- Es decir, ¡que ya nos podemos casar!

- Sí, pero me imagino que tendremos que prepararlo todo.

- Ah, no hay problema. Sólo sé que quiero que mi padrino sea Sasuke.

- Pues a mí me gustaría que fuera Sakura.

- ¿Y si los llamamos ahora antes de que nos dé por cambiar de idea?

- ¡Perfecto! Tú eres el primero, ¿vale?

- ¡Vamos! El rubio se llevó a Hinata hacia el teléfono cogiéndola nuevamente por la cintura, y cuando llegó, marcó a la velocidad de la luz el número de su amigo.

Mientras tanto, Sasuke acababa de llegar de la excursión nocturna que siempre hacía al cementerio cuando el contestador terminó de grabar el mensaje de Naruto. Le dio al botón que reproducía el mensaje, y al escucharlo, se quedó atónito.

- ¿Por qué yo…? – Susurró con un hilo de voz.

Oscuro deseo – Parte 7: El cielo esta noche

•04/09/2008 • 1 comentario

La noche había pasado pacíficamente para el Uchiha, que había amanecido sobre la tierra que cubría el ataúd de Naruto. Tal y como había predicho, sus sueños habían sido mucho más dulces que la noche anterior. Y todo se lo debía a aquel apasionado beso y a aquella canción con toques necrófilos y vampíricos.
Había soñado que por fin Naruto se daba cuenta de que le amaba y se le declaraba de una manera apasionada. Aunque había un detalle extraño en el sueño: no lo había hecho ni en su casa, ni en un restaurante carísimo, ni siquiera en aquella playa tan bonita a la que iba muy a menudo; sino en una cueva que no sabría ubicar. Y ése no era el detalle más raro. Misteriosamente, Naruto se refería a él como Hinata; y para colmo de males, el Uchiha no podía moverse ni un milímetro, pero podía notar a la perfección los arrumacos del rubio.
“¡Vaya sueño más raro!”, fue lo que pensó el Uchiha al recordar el sueño, pero también pensó que había sido de lo más bello. No era sólo por la acción en sí, sino por todo. Era cierto que la cueva, si hubiera estado en su estado original, hubiera sido un lugar poco romántico, pero el rubio la había ambientado de tal manera que parecía que era otro lugar. La música era exactamente la misma que la que estaba escuchando para conciliar el sueño, y mientras Naruto le poseía con sus besos, notó que en el lugar había un olor agradable, y no sólo el del ojiazul. Estaba completamente seguro de que aquel olor a rosas que llenaba el lugar era incienso, o si no, pétalos esparcidos. Y luego, la decoración… Tenía bastante clase, pero sin resultar empalagosa, y además, la cama era muy cómoda.
Se levantó de allí y decidió que lo mejor era volver a casa y desayunar antes de que alguien lo viera allí. Lentamente, iba avanzando, pero en realidad, no quería alejarse. Entonces se le ocurrió una idea genial para poder pasar el tiempo con Naruto, pero tendría que hablar con la persona adecuada.
Poco más tarde, comenzó a sonar un teléfono en la casa de Kurenai. La mujer de los labios sangre se levantó de la cama en ese instante y contestó a la llamada completamente soñolienta.
- ¿Quién es?
- Hola, Yuhi. Soy Hatake. Ayer hablé con Kiba por teléfono y dice que está encantado con la oportunidad.
- ¿Sí? ¿De verdad?
- Ya te lo he dicho. Está impaciente por verte. Me dijo que si tú querías hoy podía pasarse por Konoha. ¿Te apetece?
- Por supuesto. – Dijo felizmente la mujer.
- Bien, lo avisaré. ¿Puedo darle tu número para que él te avise a la hora que llega?
- Casi mejor. Oye, Hatake, nos vemos. ¡Gracias!
- No es nada, mujer. ¡Buenos días!
Cuando Kakashi colgó, Kurenai se sintió bastante feliz. Se fue a desayunar, y mientras se bebía a sorbos un chocolate bastante caliente y espeso, dirigió su mirada hacia el sofá. Como apenas lo usaba, estaba prácticamente nuevo, y por ese mismo motivo era el mismo que el que usó la noche en la que Kiba la sedujo. Recordó todas y cada una de sus caricias, y sólo por aquéllo se sentía arder.
“¿Y si vuelve a pasar?”, se preguntó sorprendida la mujer de los labios sangre. Sin apenas pensarlo, supo que la respuesta era que acabaría sucumbiendo al chico animal. Hacía ocho años que no había visto a Kiba, y si algo tenía muy claro Kurenai era que aquel chico de mirada inocente podía haberse convertido en la clase de hombre apasionado que inundaba sus sueños.
Un buen rato más tarde, Sasuke llegó a la casa de su amiga. Tenía mucho miedo de la más que probable reacción de su amiga, pero sabía que si no le pedía aquel favor, aparte de volverse loco de amor, acabaría cogiéndose una buena pulmonía por dormir en el cementerio con el único abrigo de sus sueños.
Sin ni siquiera haber tocado en la puerta, vio cómo Sakura se había acercado a ella. Claro… Lo habría visto por la ventana. Poco después, la chica llegó allí y le abrió.
- ¡Sasuke! ¿Qué haces aquí?
- Necesito pedirte un favor. Es muy importante. Además necesito discreción.
El segundo nombre de la pelirrosa era discreción, así que hizo pasar a su amigo a su confortable salón y le hizo contar con la ayuda de un café por qué estaba allí.
- Sé de sobra que lo que te voy a pedir es importante para mí, pero puede que tú te niegues, y si lo haces, me sentiré mal pero lo comprenderé.
La pelirrosa empezó a inquietarse al escuchar aquéllo. ¿Qué demonios iba a pedirle? O se lo decía o explotaba.
- Bien, será mejor que empiece. Tú eres la inventora del clon inerte, ¿verdad?
- Más bien coinventora, pero soy capaz de fabricar uno sin la ayuda de Tsunade.
- Bien, antes de que te diga de quién quiero una réplica, podrás negarte a hacerlo. Si aceptas, no me importará pagarte si así lo quieres. La mujer empezó a especular mentalmente sobre la identidad del futuro clon. ¿Ino? ¿Kakashi? ¿Orochimaru? ¿Un monstruo de una película de miedo? Aun así, no se acercó ni remotamente.
- Mientras sea un clon humano, estaré encantada. Y lo haré gratis.
- Bien… Quiero un clon de Naruto.
- ¿QUÉ? – Gritó la pelirrosa al borde del infarto.
- Sí… Pero no el mismo modelo que fabricaste para su tumba. Necesito que le hagas algunas modificaciones.
- ¿Como cuáles? – Preguntó todavía nerviosa.
- Desearía que el clon no se descompusiera, ya que lo voy a necesitar para otro fin. Además, me gustaría que fuera un Naruto dormido. Es decir, que tenga olor corporal, mismas características físicas… Como un clon pero dormido.
- Sasuke, una cosa… ¿Qué clase de olor corporal?
- Pues… – Susurró sonrojado -. Ese olor que tiene tan agradable, más o menos cuando sale de la ducha y se echa su perfume.
- Bien… Puedo tenerlo listo en dos semanas, más o menos…
- ¡Gracias, Sakura! No sabía que fueras tan amable.
- Pero antes de nada… ¿Por qué me has pedido una réplica de Naruto?
- ¿Prometes que si te lo cuento no saldrá de estas paredes?
La pelirrosa asintió levemente con la cabeza, y poco después, el Uchiha empezó a confesarse.
- Es porque siempre le he amado, y ahora que está lejos de nosotros, necesito de él más que nunca. Es por eso por lo que necesito su réplica. Porque sé que él ni volverá ni me querrá.
Sakura se quedó mucho más asombrada de lo que lo había estado en su vida. Aquella declaración de amor era de lo más apasionada que había escuchado, y para colmo había sido tan sincero que era imposible dudar de él.
- Te haré la réplica, pero teniendo en cuenta el uso que le vas a dar, seguramente tarde más en hacerla, ya que tendré que trabajar cada milímetro con esmero para que quede tanto realista como utilizable. Y luego necesitarás unas pomadas especiales para que ciertas partes de su cuerpo puedan ser manejadas. Eso sí, no te prometo el resultado excelente de la versión para investigaciones médicas, pero trataré de que sea tan buena como el de esa versión.
- Muchas gracias, Sakura, de verdad. Sé que es difícil la fabricación, pero si has aceptado, creo que lo más justo será que te pague. No, no intentes decirme que no. – Dijo bajando la mano de su ex compañera -. Sé que es mucho trabajo, y por eso te pagaré 100.000 yenes. Puede que sea más caro, pero es el dinero que tengo.
Ambos se despidieron amablemente, y cuando Sakura se quedó sola, se quedó pensando en todo lo que acababa de pasar. Era cierto que su Hatake ya le había comentado algo sobre el amor que sentía Sasuke por el rubio, pero lo que le asombraba a la pelirrosa era la dependencia que sentía por el cuerpo del rubio. Aquéllo no era demasiado normal, pero tampoco lo era seguir enamorado tras catorce años de pasión frustrada.
Varias horas más tarde, el teléfono volvió a sonar en la casa de Kurenai, pero esta vez no era Kakashi. Intuyendo quién podía ser a aquella hora, respondió a la llamada.
- ¿Sí? ¿Quién es?
- Hola, Yuhi. Soy Kiba.
- ¡Kiba! – Dijo con un más que fingido tono de sorpresa -. ¿Cómo estás?
- Pues la verdad es que estoy muy bien. Y más desde que Kakashi me dijo que querías intentarlo.
- Ah, claro… Oye, ¿cuándo llegas a Konoha?
- Más o menos dentro de media hora. Ya sabes cómo es el transporte público. Por cierto, ¿irás a buscarme a la estación o voy directamente a tu casa?
- Pues… Creo que mejor voy a buscarte. No me apetece estar en casa.
- Bien. ¡Nos veremos! La mujer de los labios sangre colgó, y poco después, una única pregunta rondaba por su cabeza. ¿Cómo demonios iba a hacer para ducharse, arreglarse y llegar a la estación? En lugar de intentar resolver esa pregunta, decidió que lo mejor era ponerse en marcha.
A la misma vez, en el autobús donde iba Kiba, el chico animal no podía parar de pensar en la noche que iba a pasar. Tan sólo de pensar que iba a pasarla con Kurenai sentía que al fin podría encontrar algo estable con una mujer.
Después de su primera vez, había tenido bastante suerte con las mujeres, pero el problema era que él las iba dejando. No es que tuviera problemas con ellas ni nada por el estilo, simplemente que había buscado a Kurenai en todas ellas y no la había encontrado. Por eso no había tenido nada estable.
De repente, volvió a la realidad cuando el autobús se detuvo en un pueblito llamado Haikia. Al darse cuenta de ésto, Kiba descubrió que cada vez se iba acercando cada vez más a Kurenai. Y lo mejor era que no podía ponerle remedio.
Un buen rato más tarde, la mujer de los labios sangre ya había llegado. Se había duchado, lavado el pelo, vestido, maquillado, peinado, perfumado e ido hacia allí a toda prisa. Tenía tanta prisa que se aseguró de que no había olvidado su monedero. Como lo había comprobado tres veces, no tuvo ninguna duda: estaba con ella.
Lo primero que hizo al llegar fue mirar hacia el reloj que colgaba de la pared de la estación. Eran las ocho y veinticinco. Kiba llegaría en cinco minutos.
Poco más tarde, el autobús de la línea 6 había llegado, y según lo que indicaba el reloj, se había adelantado tres minutos. Kurenai empezó a mirar hacia las ventanillas para ver si reconocía a Kiba, pero nada… Casi sin darse cuenta, alguien la abrazó por la espalda y empezó a acariciarle.
- Tienes que estar más atenta
- ¿Kiba? – Preguntó sorprendida.
- ¡El mismo!
- ¿Por dónde rayos has salido?
- Pues… Creo que de otro autobús. Siempre salen dos de la línea 6.
- Ay, ¡qué boba!
- No te preocupes. Suele pasar.
- Por cierto, Kiba… – ¿Sí?
- ¿Podrías soltarme? La gente nos mira raro… – Eso está hecho. – Dijo soltándose y poniéndose frente a ella -. ¿Qué planes hay?
- Pues… Ir a cenar por ahí, pasear… Ni idea.
- ¿Y si vamos a una hamburguesería?
- ¡Sí, hombre! Y luego me pasa como a Sakura, que le cayó el ketchup en un sitio raro.
Al decir esto, la mujer de los labios sangre recordó lo que le había contado Kakashi sobre el inicio de su relación con Sakura. El ninja copia y su ex alumna fueron a una hamburguesería a cenar en plan amigos. Entonces, cuando ambos estaban comiendo, a Sakura se le cayó una gota de ketchup en el escote.
En ese momento, Kakashi, que estaba a su lado, se acercó a ella, la cogió por la cintura y puso sus labios prácticamente pegados a la oreja de la pelirrosa.
- ¿Sabes? Si este no fuera un lugar público, te quitaría esa mancha con mis labios. – Susurró mientras las yemas de sus dedos acariciaban su piel para quitar la mancha.
Mientras Kakashi se llevaba delicadamente los dedos a la boca, miró fijamente a Sakura. Desde ese momento, supo que ya no tendría que recurrir a su imaginación para tenerla.
- Bueno, bueno… ¿Al italiano entonces?
- De acuerdo. – Sonrió Kurenai.
Un rato más tarde, la pareja ya había llegado al restaurante italiano que había en Konoha. No tenían una reserva hecha, pero había mesas libres, así que los dejaron pasar. Se sentaron tranquilamente en la mesa que les habían ofrecido, y poco después les dieron la carta.
- Creo que voy a pedir una pizza especial. ¿Tú también quieres, Kurenai?
- No sé… ¿Me dices lo que lleva? – Tomate, jamón york, chorizo, salchichón, atún, champiñones, mozzarella, cheddar, roquefort, enmental y anchoas. ¡Ah! Aquí dice que si lo pides, también pueden ponerle piña, espárragos y mejillones.
- Pide una familiar básica de esa pizza. Tranquilo… La pago yo. – Esto… Kurenai, somos dos… ¿En serio quieres la familiar para los dos?
- ¡Claro! ¡Así mañana no cocino!
El chico animal se quedó desconcertado, pero eso no era nada en comparación de lo que iba a pasar poco después. Un camarero se iba acercando a ellos, y en ese momento, preguntó lo que tomarían para beber.
- ¡Una Coca-Cola! – Dijeron los dos al mismo tiempo.
Cuando el camarero se fue, se quedaron mirándose el uno al otro asombrados.
- Vaya… No sabía que nos parecíamos tanto… – Susurró asombrado Kiba.
- ¿Qué pasa? ¿Que porque tenga 44 ya no puedo beber Coca-Cola? Por cierto, puedes llamarme Yuhi si quieres.
- Vale. Será mejor que nos relajemos si no queremos acabar pegándonos.
Un rato más tarde, el camarero trajo la cena con otras dos Coca-Colas, ya que los dos se la habían terminado hace un rato. Cuando el camarero dejó aquella bandeja macroscópica sobre la mesa, a los dos se les cayó la baba casi literalmente.
- ¡También le han puesto olivas!
- ¡Y orégano! – Exclamó felizmente Kurenai.
Los dos empezaron a cenar tranquilamente, pero poco después, Kurenai notó que Kiba estaba acariciando su pierna con sus pies.
“Eso me pasa por ponerme falda”, pensó la pobre mujer a punto de atragantarse. Estaba claro: el chico animal tenía un don para hacer varias cosas a la vez, porque no paraba de comer, pero lo hacía lentamente.
- Esto… Kiba, podrías ser un poco más discreto.
- ¿Por?
- Chico, es que la gente nos está mirando como si fuéramos monos de feria. – Y luego susurró casi en un soplido -. Cuando estemos solos ya harás lo que quieras.
- ¿Estás segura?
- Preguntó el chico animal en el mismo tono -. He mejorado mucho desde la última vez, y te aviso de que puedo ser un peligro.
“Enfríate, Yuhi, que estás en público”, fue lo primero que se le vino a la cabeza tras escuchar las palabras de Kiba e imaginar lo que podía pasar aquella noche.
“Puede que parezca que sólo quiero pasar un buen rato, Yuhi, pero hace años te demostré todo lo que puedo darte. Por eso te he esperado”.
Siguieron cenando con calma, y el tema de conversación cambió drásticamente.
- En fin… ¿Qué es de tu vida, Kiba?
- Pues… Aparte de que vivo lejos y mi trabajo a veces es una basura, pues tengo una casita. Y el pobre Akamaru… Pasó a mejor vida hace un par de años. Por eso no está conmigo.
- ¿Y qué tal con las mujeres?
- Mal. O me querían por guapo o no soportaban a Akamaru. ¿Y tú?
- Yo también, la verdad. El último que estuvo conmigo quería olvidarse de un amor platónico y acabé yéndome de su casa.
- No te preocupes. Suele pasar. ¿Por qué no me cuentas algo?
- La verdad es que no sé qué contar…
- Empieza por el trabajo.
- Digamos que ahora estoy viviendo del Hokage. Es que hace un par de años me retiré. Me estoy volviendo vieja.
- ¡No digas eso, mujer! ¡Si eres más guapa que muchas mujeres de las que conozco!
- Puede que sí, pero el físico se resiente.
- Oye, Yuhi, creo que lo mejor que podemos hacer es cenar antes de que la pizza se enfríe. Si no, creo que no nos la podremos comer ni dejándola en Coca-Cola.
La mujer de los labios sangre pensó en aquéllo y el gesto que hizo era una mezcla entre gusto y asco. Después, consideró que lo mejor era seguir cenando. Poco más tarde, ya estaban en la calle paseando. Les había sobrado media pizza, así que Kurenai se la llevó. Total… La había pagado ella con su dinero.
- Oye, Yuhi, me imagino que sabes qué es lo que sigue, ¿verdad?
- Sí. – No tienes porqué hacerlo si no quieres.
- ¿Por qué dices eso?
- Creo que has estado muy forzada. Es por eso. Estoy muy agradecido por la oportunidad, pero si quieres parar, aún puedes hacerlo.
- ¿Forzada? Creo que deberías de conocerme mejor. No lo he estado. Simplemente es que estoy algo nerviosa. Y preocupada.
- ¿Por qué?
- Porque tengo miedo de que me puedas usar, como el último que estuvo conmigo.
- Si es eso lo que te asusta, creo que deberías olvidarlo. Si te he esperado todo este tiempo ha sido por algo. ¿No crees?
- Si.
Se sentaron en un banco, y entonces, Kiba empezó a mirar al cielo.
- ¿Sabes? Yo también estoy asustado. Temo que no sea lo suficiente para ti.
- Creo que lo mejor será que vayamos a casa.
Mientras abandonaban el parque y la luna brillaba de aquella manera tan siniestra, Sasuke estaba escuchando música en su cama, al igual que el día anterior. Definitivamente, lo suyo era un caso más que agudo de obsesión. Y lo peor de todo era que ya era intratable. Simplemente estaba para que le pusieran la camisa de fuerza y lo metieran en la habitación más acolchada del manicomio.
Y eso no era lo peor. Aparentemente, la solución más sencilla era ir a la casa de Naruto y devorarlo, pero aquello en realidad era lo más difícil, así que el Uchiha había buscado otra solución. El problema era que tendría que esperar, pero no podía hacerlo. Sólo deseaba tener aquella réplica para darle lo que el real menospreciaba sin saber todo lo que valía. Y según el moreno, su amor valía mucho más que el de cualquier otra persona.
Cuando llegaron a la casa de Kurenai, ambos se sentaron en el sofá, y poco después, Kiba no pudo evitar dar el siguiente paso. Se colocó sobre ella, y en ese mismo momento, la abrazó por la cintura.
- ¡Qué casualidad! Estamos en el mismo sillón donde perdí la virginidad. ¿Sabes lo que eso significa?
Kurenai intentó responder, pero Kiba la besó en el momento oportuno, y poco después, susurró de una manera romántica.
- Si lo hacemos bien, no necesitaremos decirnos nada.
Ése fue el último momento en el que tuvieron uso de razón hasta la mañana siguiente. Habían amanecído juntos y abrazados. Eso sólo podía significar que la noche había sido más que perfecta. De hecho, tan sólo de recordar cualquier detalle, Kurenai se ponía bastante roja.ç
En ese mismo momento, la voz de Kiba la sacó de sus ensoñaciones.
- Yuhi, ¿estás despierta? – Susurró levemente.
- Sí. – ¿Qué tal has pasado la noche?
- Muy bien. ¿Tú?
- También.
- ¿Traigo algo para desayunar?
- No hace falta. Mejor en la cocina. ¿No crees?
Ambos se levantaron, se cubrieron y fueron hacia la cocina.
A la misma vez, en la casa de Sasuke, el teléfono empezó a sonar justo en el momento en el que el moreno abrió la puerta para entrar en su casa. Justo cuando iba a cogerlo, dejó de sonar. En ese momento, el ojinegro se sentó en el sofá y esperó a que llamara, porque, si era tan importante, ya volvería a llamar. No se equivocó, y el teléfono volvió a sonar.
- ¿Sí?
- Sasuke, ¿eres tú?
- Sí. ¿Qué pasa, Naruto?
- Me acaba de llegar la citación. Tenemos que preparar el juicio.
- ¿Cuándo es?
- Dentro de una semana.
- De acuerdo. ¿Voy esta tarde?
- Bien. ¡Nos vemos!
La comunicación se cortó, y en ese momento, Sasuke se dejó caer aun más en el sofá. ¿Por qué estaba condenado a ayudar en una causa en la que no tenía nada que ver?
“Dios mío, ¡y pensar que esta tarde puede pasar cualquier cosa! Sólo de pensarlo me asusto… Pero también lo deseo”. Se levantó tras despejarse, y tras eso, decidió que lo mejor era llenar su estómago.

Problemas técnicos

•26/08/2008 • Dejar un comentario

Saludos a todo el mundo que visita esta web y que cada día disfruta de sus contenidos. No se ha podido actualizar absolutamente nada en dos semanas, por lo que os pido disculpas a todos y cada uno de vosotros. La conexión parece que ya está arreglada, pero no es muy seguro que lo esté totalmente, y espero que pronto la pueda usar con normalidad.

En la sección de Music-Shop! hay varios enlaces ya preparados, pero que sólo tengo que redactar el post para poderlo poner. Para adelantar un poco, con esos enlaces ya se completa la discografía de Theatres des Vampires. La parte mala es que en estos días me han borrado dos enlaces: Decoder de Ebony Ark y The Heart Of Everything de Within Temptation. Trataré de resubirlos lo antes posible para que vuelvan a estar disponbles.

Y en los fics, lo más probable es que hoy suba la séptima entrega de Oscuro deseo, y si me da tiempo, también subiré una especie de prólogo.

Espero que los problemas con mi conexiónya se hayan resuelto, y espero que os guste todo lo que hay aquí.

Oscuro deseo – Parte 6: Mi hermoso pecador

•13/08/2008 • 6 comentarios

Dedicado a Sybelle / Rocío, la otra mitad del pecado

 

Sasuke ya había salido de su casa, y nada más hacerlo, pudo comprobar en su propia piel que era cierto que Konoha era un lugar helado. Francamente, lo estaba pasando mal, ya que hacía demasiado frío como para salir a la calle sin abrigo, cosa que el Uchiha había hecho. Como temía despertar a Kurenai si volvía a casa y cogía el abrigo, decidió resignarse y comenzar el paseo.

Las calles de Konoha parecían mortalmente anchas a la luz de la luna llena, pero eso no le asustaba al ojinegro. Tampoco le asustaba la exagerada tranquilidad del lugar, sino que más bien le reconfortaba. Era cierto… Sólo usaba a Kurenai para olvidar a Naruto, pero no había nada más frustrante que cerrar los ojos y ver al rubio cada vez que Kurenai le besaba. Y eso no era lo peor… ¡Ella ni se daba cuenta! Ya podía ser todo lo rastrero, mezquino, frío e idiota que quisiera, ¡pero ella seguía arrastrándose! Definitivamente, el Uchiha ya estaba harto de la situación. Y ya tenía una idea de cómo ponerle fin.

Tras un largo rato de sosegada caminata, por fin se había despejado aquel cacao mental que había formado la situación en general. El ojinegro pensó en irse a dormir, pero sus pies querían ir a otro lugar que seguramente le encantaría al resto de su cuerpo. Sasuke no tuvo la capacidad de poder decidir, así que sin quererlo conscientemente acabó yendo al cementerio.

Al llegar, lo primero que vio fue que la valla que lo separaba del mundo de los vivos estaba cerrada. Estuvo a punto de rendirse por esto, pero después de conseguir abrirla, prosiguió con su paseo.

Una vez dentro, se sintió intimidado por la cantidad de lápidas de mármol que indicaban que alguien estaba allí abajo; pero aunque sonara sarcástico, lo que le asustaba le ayudaría a encontrar lo que estaba buscando.

Tuvo que caminar un poco más, y entonces, vio ante sí la lápida de Naruto. Tras ella había un frondoso bosque de cipreses, que en ese momento hacían notar aun más si cabía el constante susurro del viento. Además, la luna estaba iluminando el lugar de una manera misteriosa, como si supiera desde hace una eternidad que aquella noche la pasaría con el “difunto” ojiazul.

Sin pararse a pensar en lo que estaba haciendo, se tumbó sobre el lugar que ocupaba la réplica del rubio y empezó a respirar tranquilamente. Mientras lo hacía, empezaron a acudir a su mente los sucesos de hacía varias horas.

Reconoció el lugar en el que estaban “él” y Naruto como aquel parque en el que habían estado paseando un rato antes, y por lo que había visto, sabía que en ese momento era cuando Naruto le había besado voluntariamente por primera vez. Poco después de aquel beso, el Uchiha enmascarado bajo la apariencia de Hinata comenzó a responder a los estímulos del rubio con ansia. Sabía que sólo podría amarlo aquella vez, así que decidió aprovechar la ocasión. Y lo hizo. Notó cómo sus manos se iban perdiendo en su pecho, mientras el ojiazul iba profundizando el beso con pasión.

Casi sin darse cuenta, el Uchiha había llegado a la mejor parte de la fantasía, pero lo mejor de todo era que ni él mismo sabía que era una fantasía. Notaba cómo Naruto iba entrando en él de una manera que ni siquiera había llegado a imaginar de él, mientras el ojinegro, bajo el disfraz de la no tan inocente Hyuuga, estaba a punto de perder el control de los labios de su rubio.

Cuando lo hizo, se escuchó a sí mismo gemir con la voz de Hinata, y a la misma vez, con su voz real, pero el rubio no debía de notarlo, porque seguía haciéndole el amor como si nada. Era demasiado para él ver cómo el rubio al que tanto había adorado estaba sobre él, haciéndole todo lo que había deseado internamente y no le había confesado a nadie. De hecho, no se lo contaba ni a sí mismo por miedo a que su lado racional juzgara sus deseos. Pero así era. Naruto Uzumaki estaba haciéndole el amor sin quejarse, y además, por sus gemidos y la expresión de su cara debía de estar pasándolo bien, o eso parecía…

Cuando su fantasía terminó, Sasuke abrió los ojos sorprendido. Se encontró en el lugar donde se había tumbado. La luna llena había llegado a su cenit, y el viento parecía que había amainado para que el ojinegro pudiera comprobar asombrado que aquel producto de su imaginación había causado verdaderos estragos placenteros en su cuerpo. Estaba completamente bañado en sudor, y además, notó que se había puesto erecto. Y por si eso era poco, también se había derramado. Definitivamente, aquéllo parecía real.

Mientras intentaba volver a recobrar el ritmo normal de su respiración, pudo escuchar con escalofríante claridad el gemido de un bandoneón, que entonaba al borde del desafine un lamento suicida. Sasuke, presa del terror, miró hacia todos lados, pero no vio al autor de aquella terrorífica rapsodia. Estaba tan cansado que no podía levantarse, así que intentó adaptarse a la oscura canción que sonaba de fondo.

Sus párpados habían caído pesadamente para tapar sus fatigados ojos, y mientras escuchaba aquella melodía que ya no le aterrorizaba tanto, pensaba en el deseo que estaba inundando su mente: desenterrar a Naruto y amarlo como nunca lo había hecho. Claro que… Lo que estaba a dos metros bajo tierra no era el cadáver de Naruto, sino una réplica exacta del real que se descomponía; y por si eso era poco, le descorazonaba la idea de pensar que el verdadero Naruto estaría en ese momento lejos de allí, metido en una cálida cama con Hinata. Al recordar la idea, decidió quedarse quieto y llenar nuevamente sus pensamientos con el cuerpo del ojiazul, y escuchando aquel oscuro rezongo fue como Sasuke se quedó dormido en los brazos de Naruto.

Varias horas más tarde, el sol ya había aparecido en el horizonte, y justo en ese momento fue cuando Kurenai se despertó. Asombrada, volvió a comprobar que el chico no había amanecido con ella. De hecho, nunca lo había hecho, algo que inquietaba a la mujer de los labios sangre.

Decidió desayunar tranquilamente, y cuando terminó, decidió que lo mejor era vestirse e ir a visitar a su amigo Kakashi. Después de todo lo que le había ayudado para conquistar a Sakura, parecía que lo mínimo que podía hacer el peligrís era ayudarla a superar la difícil situación, y si era posible, incluso a recordar a quien la había amado locamente.

Un rato después, la mujer de los labios sangre salió de la casa del ojinegro para dirigirse a la casa de su buen amigo. Al llegar, tuvo que reconocerse a sí misma que el paseo la había reconfortado en parte, pero la mayor parte de las dudas que la habían llevado hasta allí permanecían en su mente. Así que, aunque tenía deseos de huir de allí, acabó por presionar el timbre.

Poco después, Kakashi abrió la puerta y se encontró con su amiga, que tenía muy mal aspecto. No necesitaba preguntarle por qué estaba allí porque lo sabía gracias a las habladurías que corrían de boca en boca en Konoha. Por eso sólo tuvo que ofrecerle que pasara e invitarla a un café.

- Bien… – Trató de romper el hielo el peligrís -. No hace falta que me cuentes lo que te pasa. Sasuke, ¿verdad?

- Sí. – Susurró apenada la mujer de los labios sangre.

- ¿Qué es lo que ocurre exactamente?

- Creo que no me quiere.

- ¿Y por qué sospechas eso?

- Verás, Hatake, ¿es normal que tu novio no amanezca contigo ni un día?

- Pues no, la verdad… Yo sé por qué Sasuke es así contigo, pero no debes odiarle por ello. ¿Quieres saberlo?

- Sí… – Él ama a Naruto. Siempre lo ha hecho, y se ve que desde que murió – dijo pronunciando está palabra con especial énfasis -, ya no es el mismo. Es mucho más frío de lo que ya era. Además, dicen que lo han visto salir por la noche a pasear.

Cuando Kurenai escuchó eso, se entristeció tanto o incluso más que si Sasuke le hubiera roto el corazón directamente. Y en cuanto a Kakashi, sabía que si le contaba a Kurenai que Naruto realmente estaba vivo, con Hinata y lejos de Konoha le acabaría cayendo un rapapolvo monumental por cortesía de Tsunade, pero el resto era cierto. Mientras él aún era el sensei del equipo 7, con tan sólo mirar a Sasuke sabía todo lo que se le estaba pasando por la cabeza. Además, las miradas apasionadas que le lanzaba al ojiazul lo delataban.

- ¿Qué puedo hacer? – Preguntó triste la mujer.

- Creo que lo mejor para ti será que abandones a Sasuke y que le des una oportunidad a Kiba.

- ¿Qué ha sido de él?

- Pues que está viviendo en otra villa oculta, y creo que gracias a eso mantengo el contacto con él. Si quieres, cuando pueda, le diré a Kiba que quieres darle una oportunidad. ¿Quieres que lo haga?

Kurenai se quedó un rato pensando, pero tanteó todas sus posibilidades con calma. Si seguía con Sasuke, lo iba a pasar tremendamente mal por el carácter del ojinegro. En cambio, si le daba la oportunidad a Kiba probablemente saldría bien. Además, ¿qué tenía que perder?

- Hatake, ¿de veras harás eso por mí? – Por supuesto, Yuhi. Soy tu amigo, y a mí me gusta que mis amigos sean felices.

- Pero… ¿Kiba todavía siente algo por mí?

El peligrís asintió subiendo y bajando lentamente la barbilla, y poco después, tomó la palabra.

- Cuando nos vemos, lo primero que me pregunta es cómo estás. Así que si le preocupas, aún debe de sentir algo. Además, una vez me contó que su primera vez fue contigo, y que desde esa noche no para de pensar en ti.

- La verdad es que… – Susurró avergonzada la mujer de los labios sangre -. No fue tan decepcionante como creía, ¿sabes? Estuvo muy bien. Así que me imagino que ahora debe ser más apasionado.

Los dos enmudecieron por unos segundos, Kurenai recobró el don de hablar.

- ¿Me avisarás cuando Kiba venga a visitarme?

- Sí, y seguramente sea muy pronto. Por cierto, si vas a abandonar a Sasuke, deberías de ir a su casa y coger tus cosas.

Cuando Kakashi pronunció estas palabras, parecía que Kurenai se había quedado helada, pero en realidad estaba consciente de todo. Cuando lo creyó oportuno, se levantó y se despidió de Kakashi con un beso de amistad, y luego, partió hacia la casa de Sasuke para recoger sus escasas pertenencias.

Mientras la mujer de los labios sangre estaba abandonando la vida de Sasuke para siempre, él se acababa de despertar. Sus ojos se abrieron tan pesadamente como se cerraron, y cuando lo hicieron, pudieron ver asombrados que ya había amanecído hace un buen rato. El Uchiha, a pesar de haber dormido poco, estaba bien descansado. Pero eso no era lo más importante.

Aún perduraban en él los sueños que había tenido esa noche. No sólo estaba feliz por los sueños eróticos que tuvo con Naruto, sino que sus sueños eran muy tiernos, como si Naruto fuese un amor de la infancia.

Recordaba perfectamente que él y el rubio estaban sentados en un banco viendo un atardecer otoñal. Cuando las hojas caían con más ilusión y el sol estaba a punto de esconderse, el ojinegro le preguntó al chico que estaba a su lado si le gustaba. Poco después, el ojiazul, sin decir ni una palabra, se acercó a él y le besó tímidamente en los labios. Claro que de ahí a la realidad faltaba un buen trecho. Tenía muy claro que ya no eran unos niños pequeños, sobre todo él. Tenía 26 años, y exceptuando una noche de borrachera por parte del rubio, no había conocido lo que era realmente el amor; ni siquiera con Kurenai.

Por eso pensó que realmente vivía como una viuda negra: ansiando al ser amado, sabiendo que nunca podría volver a tenerlo, pero su caso era peor. Él ni siquiera había tenido a Naruto, a diferencia de las verdaderas viudas, lo que convertía todos sus sentimientos en una pasión desesperada.

Poco después de que el ojinegro se despertara, Kurenai ya había terminado de recoger sus cosas, y justo antes de irse, se le ocurrió que podría dejarle a Sasuke una nota explicándole por qué lo había dejado de esa manera, así que se sentó en el sofá del salón, y cogiendo un papel y un bolígrafo empezó a escribir.

“Cuando estés leyendo esto, yo me habré ido de tu vida para siempre, y si lo he hecho, es porque tengo mis motivos. Es cierto que yo te adoro como nadie, pero si algo tengo claro ahora mismo, es que no puede haber nada entre nosotros. Te muestras muy frío conmigo incluso cuando estamos haciendo el amor, y por mucho que te quiera, es algo que no puedo soportar. Parece que en realidad piensas en otra cosa, o simplemente en otra…

Así, por mucho que quiera amarte, jamás conseguiré nada. Por eso he decidido abandonarte y probar suerte con quien me quiere realmente. Te deseo lo mejor, y espero no haber cometido un error dejándote.”

Cuando terminó, dobló el papel en cuatro partes y lo dejó encima de la mesita del salón. Después, se fue.

Un rato más tarde, Sasuke ya se encontraba en su casa. Ya estaba sentado en el sofá y había terminado de leer la nota de Kurenai. Sonreía tanto o incluso más que si le hubiera tocado la lotería. Por fin “la pesada” se había dado cuenta de que él no era el tipo de hombre que necesitaba. Y mucho menos, podía soportar que todo el día quisiera hacerle el amor. Algo que, en ese momento, sólo era sexo. Luego, que fuera placentero para él o no ya era otra cuestión.

Poco después, su teléfono comenzó a sonar, y rápidamente contestó a la llamada. Era Naruto.

- ¡Hola, Sasuke! ¿Cómo estás?

- Con algo de sueño. ¿Qué quieres?

- Verás, Sasuke, necesito que vengas a mi casa. Necesito hablar contigo sobre lo que pasó ayer.

- Oye, Naruto, ¿no puedo ir mañana? Es que estoy muy cansado para conducir.

- Lo siento, pero no va a poder ser. Tiene que ser hoy. ¿Puedes?

- Sí, claro. Ahora cojo el coche.

El Uchiha no se molestó en despedirse, así que colgó directamente. Deseó con todas sus fuerzas que aquella prisa fuera para que al final el rubio se acabara declarando. Así lo creía porque el ojinegro le había entregado todos sus sentimientos en los pocos besos y caricias que le había regalado al ojiazul. Además, aún podía notar el calor de la piel de Naruto en la suya, a pesar de tener en ese momento el aspecto físico de Hinata. También deseó que si Naruto lo había llamado para eso, acabara de hacerle el amor en el amplio jardín de su casa, mientras él, sin darse cuenta, caería en el mundo que crearía el rubio con sus caricias. Lo deseaba tan fuertemente que le estaba empezando a doler la cabeza, y por eso el ojinegro decidió terminar con sus dudas y se metió en su coche.

Varias horas después, el ojinegro ya había llegado a la casa de Naruto. Rezó con todas sus fuerzas que fuera para aquello que tanto deseaba ocurriera. Decidió quitarse esos pensamientos de la cabeza y tocar el timbre para terminar con aquella incertidumbre.

- Buenas, ésta es la residencia de los Uzumaki. ¿Quién es? – Preguntó la voz del ojiazul.

- Sasuke.

- ¡Hola, Sasuke! Pasa. Estoy en la oficina. Hablaremos allí. ¿Te parece bien? – Sí. En ese momento, se abrió la puerta y el ojinegro pasó a la casa del rubio. Realmente era un lugar precioso… Sobre todo para terminar de entregarse al rubio, porque en el fondo era lo que siempre había deseado. Entró en la casa, y en ese instante, comenzó a buscar la oficina. Mientras, no paraba de ver fotos en las que aparecían su rubio e Hinata totalmente felices.

- ¡Qué fastidio! – Se escuchó susurrar levemente el ojinegro.

¡Claro que era un fastidio! Era un fastidio imaginarse cómo Hinata le hacía cosas a Naruto que para él estaban más que prohibidas, y sobre todo, lo poco que imaginaba que valoraba al ojiazul. Pero en el fondo, Sasuke comprendía a Hinata, porque ellos habían pasado por la misma situación. Habían tenido que imaginarse durante años que el rubio les poseía de aquella manera que tanto les gustaba, mientras se entregaban al amor de otra persona o simplemente no lo hacían. Pero el final del cuento fue distinto para los dos. Hinata consiguió llegar al corazón del rubio tras abandonar a Gaara, mientras él aún tendría que esperar un poco más… O peor aún, morir con el deseo de amarlo.

Por suerte, terminó por encontrar la oficina del rubio, y cuando lo hizo, pasó dentro de ella. Era un lugar bastante agradable. Las paredes estaban pintadas de un tono naranja salmón, y de ellas, por suerte, no colgaba ninguna foto de “ésa”. Al lado derecho de la pequeña sala había una estantería plagada de libros; y en el lado opuesto, otro estante con cientos de CDs perfectamente colocados. Y en el frente, estaba el escritorio de Naruto, y sobre él, un portátil. Al fondo de la sala, frente a la puerta, había una ventana, cuya persiana estaba entrecerrada.

- Siéntate, Sasuke. Necesito que te relajes.

El ojinegro obedeció como no lo había hecho en su vida, y en ese momento, lo único que le separaba de su rubio era el escritorio que estaba entre ellos.

- Bien, Sasuke, será mejor que te empiece a contar por qué te he llamado con tanta prisa. Recuerdas lo que pasó ayer, ¿cierto?

- Sí.

- Y bien… Mientras tú me engañabas, Gaara estaba haciendo lo mismo con Hinata, y si no llega a ser porque te detuviste a tiempo y me dijiste dónde estaban, lo más seguro era que acabara violándola. – Susurró con tristeza.

- ¿Y qué tiene que ver eso conmigo?

- Verás, Sasuke, hemos denunciado a Gaara por un intento de violación, suplantación de identidad y mal uso de técnicas ninja, y por eso necesito que declares en el juicio como nuestro testigo.

- ¿Y por qué debería de hacerlo? – Preguntó arrogantemente

- Por mí. Te lo pido porque sé que eres el único que sabe la verdad. No quiero que lo hagas por Hinata porque sé que la odias, ¿pero lo harías por mí?

- Con una condición.

- ¿Cuál?

- Sólo necesito un beso y un te amo.

- ¿Qué? – Preguntó perplejo el rubio.

- Ya lo has escuchado. – Susurró el moreno a punto de ponerse rojo.

- Sasuke, no puedo hacerlo… ¡Sería engañar a Hinata!

- Lo siento, Naruto, pero hagas lo que hagas, la herirás. Pero si lo haces, no tiene por qué enterarse. Si nadie sabe realmente lo que siento por ti menos tú, ¿por qué se iban a enterar de que me has besado?

En ese instante, Naruto se quedó pensativo. ¿Qué más le daba darle un beso y unas palabras al hombre que estaba frente a él si con ello conseguía que al que le había hecho daño a Hinata se pudriera en la cárcel? La verdad era que aquél era un buen trueque, así que decidió aceptarlo.

Se acercó a Sasuke lentamente como si quisiera que el moreno retuviera aquel momento para siempre en su memoria, y cuando estuvo sobre él en la misma silla, con una de sus manos acarició levemente su mejilla y poseyó lentamente sus labios. Mientras, enredaba con calma su lengua con la de Sasuke con una seguridad y una hombría que no eran propias de él, sino del otro hombre. Y eso no era lo mejor. Mientras el beso se hacía eterno, el rubio iba explorando el pecho del ojinegro, que se sentía explotar con la caricia. Entonces, cuando el rubio lo creyó oportuno, se empezó a separar levemente del otro hombre, y cuando los dos tuvieron los ojos completamente abiertos, Naruto pronunció las palabras que llevarían al Uchiha al extremo de su locura.

- Sasuke, te amo.

El ojinegro se quedó realmente perplejo. No sólo había usado el tono de voz perfecto, sino que además su mirada había sido de lo más expresiva. De hecho, los ojos azules del rubio estuvieron a punto de incendiarlo en su pasión.

El Uchiha supo cómo mantener la calidez del momento para destruirlo a la vez, pero no lo haría de una manera definitiva, sino física. Se levantó de la silla, y levantando con el movimiento al rubio, se acercó a su oído y le susurró:

- Declararé encantado en el juicio. Sólo tienes que mandarme la citación como testigo.

Y con la misma delicadeza, dio la media vuelta y se fue, dejando al rubio aun más asombrado de lo que estaba. Intentando mantener la calma, Naruto se sentó en su cómoda silla y empezó a buscar en su portátil la canción que era más acorde al momento que había acabado de vivir.

Cuando la encontró, empezaron a brotar de los altavoces que estaban distribuidos por toda la pequeña sala unas voces gregorianas que entonaban uno de los muchos cantos que estaban recogidos en el popular cancionero medieval. Tras las dos primeras frases, el rubio percibió que habían modificado la letra, pero ese asombro fue pequeño comparado con el que vino treinta segundos más tarde. Vale, era cierto que Naruto estaba harto de oír la cancion, pero uno de sus muchos dones era el de poder disfrutar de las canciones como si siempre fuera la primera vez que las escucha, algo muy positivo.

Cuando pasaron aquellos treinta segundos, la letra era radicalmente distinta, pero se habían sumado a la canción una guitarra eléctrica, una batería, una voz femenina (probablemente una soprano) y por último pero no menos desgarrador, llegó a oír un desconsolador grito gutural que le había transmitido dolor en estado puro. Entonces, como por arte de magia, se le vino una terrorífica estrofa a la cabeza.

 

La muerte nos sonríe

con su hambre maliciosa.

Reza por tus pecados

y disculpa tus blasfemias.

La muerte nos aguarda

con su oscura guadaña.

Confiesa tus pecados

o púrgate en el infierno.

La estrofa le había salido al rubio más que estremecedora. Y si de algo podía estar seguro era de que aquéllo no había sido una traducción de aquella estrofa en latín, porque no tenía ni idea.

De repente, se sorprendió sobremanera, pero no había sido por la música, sino por Hinata, que había acabado de llegar de su paseo antes de la hora del almuerzo.

- ¡Madre mía, Naruto! ¡Baja eso ahora mismo! ¡Si te estoy oyendo desde la casa del vecino!

- Ya voy, Hina…

- Ni que se hubiera muerto nadie… Sólo te falta vestir de negro para ser gótico.

Bajó la música ipso facto, pero Hinata le pidió que pusiera algo más alegre.

Por la noche, en la casa de Sasuke, el moreno estaba tumbado en su cama escuchando música, pero no oía música triste para animarse, sino para recordarse a sí mismo que había cosas que no podía permitirse.

 

Amo tu piel, oh, tan pálida.

Amo tu tacto frío como el hielo.

Y amo cada lágrima que lloras.

Sólo amo la manera con la pierdes la vida.

Mientras aquella canción resonaba en su mente, recordaba el beso de Naruto. Realmente había sido demasiado placentero e inesperado, pero no por el general, sino por la reacción del rubio. Y sobre todo aquel te amo… Sólo de recordarlo se sentía arder, pero no porque estuviera cubierto, sino por el calor del deseo. A la misma vez que la canción avanzaba y aumentaba en intensidad romántica, a Sasuke se le ocurrió la mejor idea del día. ¿Y si volvía a pasar la noche en el cementerio sobre el falso Naruto? Era una idea loca, pero seguramente sus sueños serían tan dulces como la noche anterior. Y por si eso no era todo, se llevaría su mp4 para asegurarse de ello.

Unos cinco minutos más tarde, la ardiente piel del Uchiha se encontró con el frío viento nocturno, y guiado por la luz de la luna llena y su deseo, se volvió a encaminar hacia el cementerio.

¡¡¡Saludos!!!

•07/08/2008 • 1 comentario

Bueno, hacía un tiempo que no escribía nada en la categoría de general, la verdad, así que ahora me siento un poco extraña al hacerlo. Espero no decepcionarles con lo que les voy a contar, y sobre todo. ¡sean buenas personas y no me tiren tomates!

Veamos… Lo primero es avisar de por qué hay algunas discografías que no están completas del todo, caso de la de Within Temptation, Tristania, Theatres des Vampires… Para los que estén hartos de hablar conmigo por el MSN, sabrán que llevaba un largo mes medio depresiva porque el mp3 donde tenía almacenados los discos que aún no están subidos estaba teniendo fallos graves. Es decir, que ya no se dejaba ni recargar, así que imagínense lo gordo que debía ser el asunto… Por suerte, conseguí sacar toda la info que tenía allí y pasarla a otro lugar (más seguro). Así que ya me he puesto manos a la obra y he empezado a subir todo el material pendiente, que podría ser más o menos esta lista

  • Within Temptation
  • Theatres des Vampires
  • Dimmu Borgir
  • Theatre of Tragedy
  • Evoken
  • Shape of Despair
  • Krypteria

Además, tengo planeado subir otras discografías, como por ejemplo:

  • Stravaganzza
  • Angelus Apatrida
  • Lacrimosa
  • The Sins Of Thy Beloved
  • The Gathering
  • L’Âme Inmortelle
  • Blutengel
  • Evanescence

En todo caso, les ruego un poco de paciencia, porque ya saben que mi internet se lo toma todo con mucha filosofía (de hecho, para bajarse la demo de Tristania se pegó media hora, y eso que eran tres canciones!).

Ahora… ¡Pasemos a los fics! Sí, esos amigos que dejan entrever mi extraña sexualidad y que escribo cuando estoy a punto de estallar de furia, amor, o ambas cosas. A los que se hayan aficionado a Oscuro Deseo podrán ver en poco tiempo nuevas entregas, pero que tampoco esperen ver en tres días el fic terminado, ya que… Digamos que estoy en una época de estreñimiento mental muy grave. Y los del resto de fics…

  • Tangurii Satano: Muchísimo peor que OD
  • All The Things She Said: Parece ser que lo voy a terminar en un siglo
  • La Leyenda de Kudiah: Ídem
  • Nuevos proyectos: Pues de momento, ninguno importante. No al menos hasta que se me pase este maldito estreñimiento creativo que tengo por lo menos desde mayo…

Y por último, quería mandarles unos saludos muy cordiales a Hechicero666 y a JPGotico de Satanás Gótico por su excelente trabajo como uploaders de buen metal, así como a todos los visitantes que se decidan a conocer mi página. Hechicero666, gracias por tu humilde opinión sobre mi página, pero yo opino que es una página normal a la que le falta el impulso definitivo para ser más conocida. Por cierto, te habría dejado mi MSN en el CBox… Pero es que es tan largo que no me cabía U.U…