Oscuro Deseo – Prólogo: Esclavo de mi deseo

•28/01/2010 • Dejar un comentario

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Heart of despair

La noche se exhibía orgullosa con su luna llena en el punto más álgido. El frío nocturno que hacia en aquel mes de junio era incluso agradable, pero para el ojinegro que estaba solo en su habitación aquélla era una tortura más de su vida desde que se había dado cuenta de quién era realmente.

Estaba inclinado frente a un escritorio como los que suele haber en las oficinas con un flexo encendido para poder ver lo que estaba escribiendo. El resto del lugar estaba en las más profundas tinieblas, algo que reconfortaba al extraño ojinegro.

“24-06-1997

Mi adorado Naruto:

Estoy otra noche ante este diario al que le he confesado todo lo que siento. No me arrepiento de todo lo que he escrito en él porque sé que nunca me juzgará, pero tú sí lo harás cuando descubras lo que sólo muestro aquí.

Puede que te haya mentido con todas mis miradas, todas mis acciones, con todas mis palabras, pero en el fondo de mi ser sé que sospechas que algo extraño está ocurriendo. Ese algo es que en realidad te amo con locura. Es cierto que sólo tengo dieciséis años y que ésta es la primera vez que me enamoro, pero estoy completamente seguro de mis sentimientos.

¿Acaso has sentido alguna vez la imperiosa necesidad de besar a la persona que quieres aunque sea un momento totalmente inoportuno? ¿Acaso has sentido alguna vez esa extraña urgencia que te da punzadas en el vientre y te obliga a acercarte a esa persona y empezar a hacerle el amor allí mismo? ¿Acaso alguna vez has tenido sueños tan reales con esa persona que has deseado que se hagan realidad? ¿Acaso alguna vez te has sorprendido a ti mismo pensando en esa persona de una manera tan profunda que la has necesitado a tu lado para satisfacer tus fantasías? No conozco tu respuesta a estas preguntas, pero la mía es un sí bien rotundo. Además, esto es sólo el principio de lo que siento por ti.

Cuando estoy cerca de ti, siento mi cuerpo arder por tu simple presencia, incluso en los momentos más inoportunos, como en los entrenamientos. Sé que no lo notas, ni siquiera lo sospechas, pero el calor que me invade es tan intenso que necesito desnudarme para poder soportarlo.

También adoro tu pelo. Es realmente bonito. Tan rubio, tan brillante, tan limpio… Siempre que lo veo deseo acercarme a ti y tocarlo, pero siempre acabo conteniéndome las ganas porque sé que te enfadarías mucho si llegara a hacerlo.

Tus ojos también son bonitos. Me encanta el azul de tus ojos. Es tan profundo como los sentimientos que escondo en mi corazón. En más de una ocasión he temido mirarlos porque me daba la impresión de que serias capaz de desnudar mi alma y descubrir mi oscuro secreto. Aun así, hay veces en las que me olvido de ello y los miro, y en ese momento veo en ellos el sentimiento de soledad que siempre te acompaña. Aunque ese sentimiento es de lo más desgarrador que conozco, la belleza que veo en ellos es lo que me anima a seguir mirándote, aunque acabes descubriendo mi cara sonrojada por la simple mirada.

Suspiro por el calor de tus labios, tan finos pero a la vez tan calientes y apasionados. En más de una ocasión me he sorprendido besándote en mis fantasías, y créeme, ha sido peor el remedio que la enfermedad. Cada vez que cortaba mi fantasía acababa teniendo otra peor, pero esta vez con tu cuerpo.

Me gusta tu piel bronceada por los entrenamientos tan delicadamente. Cada vez que nos peleamos he podido notar tu tacto tan suave y esponjoso. En esos momentos no me tranquilizaba ni respirar hondo, porque lo que realmente quería era hacerte el amor allí mismo.

Tan sólo de imaginar cómo vibrarían todos y cada uno de los músculos de tu cuerpo con ese contacto que tanto deseo me estremezco tan salvajemente que si tengo ese momento de debilidad en público muchos se preguntan si realmente estoy bien de salud. Y eso no es nada. Todas y cada una de mis fantasías hacen que cada vez te desee más. Tanto es así, que si sigo a este ritmo acabaré violándote por toda esta pasión reprimida.

No dudo de mis sentimientos, y por eso los mantengo, pero me descorazono al pensar cómo miras a Hinata de la misma manera con la que yo te miro a ti. Y eso no es nada. Me duele pensar que tal vez ahora mismo estés escribiendo lo mismo que yo refiriéndote a ella, algo que no me gustaría leer porque me destrozaría el corazón aun más.

Te anhelo tanto que creo que ya he perdido toda la razón que me queda. Por eso es por lo que cada noche tengo que recurrir a mis manos e imaginar que son las tuyas para llegar al máximo momento de placer que tanto deseo alcanzar contigo.

Eres lo único que aparece en mis sueños. En ellos te beso, te acaricio, te abrazo, te miro, te hago arder, me hundo en ti… En resumen, te amo como nunca lo he hecho y deseo hacerlo. Ahora es cuando el sueño me está venciendo, así que acabaré de escribir por hoy y en la soledad de mi cama imaginaré que estás conmigo.”

Cerró delicadamente el cuaderno donde había escrito su más ardiente y oscura declaración de amor y lo guardó en el cajón de su mesita de noche. Cuando terminó, abrió su cama y se metió en ella completamente desnudo. Tras eso se tapó con las escasas sábanas, y sintiéndose solo en aquella romántica oscuridad buscó en su memoria el tacto de la piel del rubio para reproducirla con sus manos, y acto seguido comenzó a acariciar su moldeado pecho. Siguió bajando con delicadeza, sin interrumpir su fantasía, y cuando llegó a su zona más íntima, la sacudió hasta explotar de placer.

2

Blinded passion

Habían pasado unos cuantos días desde que Sasuke había liberado de aquella manera sus sentimientos para su diario. Se sentía muy solo y vacío desde ese entonces y ni él mismo sabía porqué. Había ido a los entrenamientos, obedecido todas las instrucciones de Kakashi y batallado con sus compañeros, pero algo fallaba.

Naruto había estado como ausente en los últimos tiempos, como si nada de lo que ocurriera a su alrededor llegara a interesarle. Tal vez eso había afectado al Uchiha, ya que no le gustaba ver a Naruto de esa manera.

Ese mismo sábado por la noche el ojinegro había decidido salir a tomarse una copa, ya que un poco de alcohol corriéndole por las venas podría ayudarle un poco a olvidar la situación que estaba viviendo. Tras arreglarse como era debido, salió a la calle y se fue hacia el único local de toda Konoha que servía bebidas alcohólicas: El Ninja Desertor.

El Uchiha entró en el antro con su arrogante sonrisa de medio lado, mientras una kunoichi se había propuesto tener con él más que palabras por la postura que había adoptado, pegándose a su cuerpo mientras acariciaba su intimidad.

- Eres Sasuke Uchiha, ¿verdad? – Preguntó la rubia que estaba junto a él -. Me han dicho que estás tan bien dotado como tu hermano mayor.

- Debería darte vergüenza ser tan suelta. – Proclamó mientras la fulminaba con la mirada -. Y la próxima vez que menciones a mi hermano te vas a tragar esas tetas de silicona que te ha pagado. ¿Estamos?

La chica huyó despavorida con lágrimas en los ojos, y cuando al fin Sasuke recobró la libertad de movimientos, se dirigió hacia la barra del establecimiento, pero lo que vio allí no le gustó absolutamente nada.

De entre todas las personas que allí había, podía distinguir a la que lo había dejado en semejante estado de shock. Era Naruto. Estaba encorvado sobre la barra, y ante él había un vaso de sake prácticamente vacío. Por lo tranquilo que estaba el rubio, Sasuke supuso que ese no era el primero, así que algo grave le había pasado, ya que Naruto, a pesar de ser un cabeza hueca, si había algo con lo que era realmente responsable era con la bebida.

Todo había ocurrido hacía unas escasas dos horas. Naruto estaba paseando por el bosque cuando de repente se encontró con una escena nada halagüeña. Hinata estaba sentada junto a Gaara bajo uno de los muchos árboles del lugar. Al rubio no le pareció nada extraña la escena hasta que el pelirrojo se inclinó sobre su inocente amada, la besó apasionadamente y tras aquello le ofreció un anillo de matrimonio.

En ese momento, la peliazulada aceptó la oferta encantada y le devolvió el gesto a su novio mientras se ponía con descaro sobre él.

Sin que ninguno de los dos lo supiera, a Naruto en la distancia se le había roto el corazón. Habría dado lo que fuera necesario por la pequeña que ahora se estaba desnudando para ese cerdo de la arena, pero eso ya no tenía sentido. Deseaba gritar con todas sus fuerzas que el que estaba con ella era un hijo de puta por haber herido sus sentimientos de aquella manera. Antes de que su cuerpo se negara a obedecer a su cerebro, el ojiazul había conseguido ponerse en pie sin ser descubierto y huir hasta la barra de ese lugar.

Sus hermosos ojos azules estaban entornados tanto por sus pensamientos como por el alcohol que había bebido, cosa que Sasuke notó cuando cogió su cara entre las manos y miró fijamente sus ojos.

“¡Que se vaya al cuerno la juerga de hoy!”, pensó mientras decidía que lo mejor era pagar lo que había consumido su amigo y llevárselo a un motel porque tanto su casa como la del rubio estaban lejos.

Una vez hubo pagado las consumiciones, Sasuke cogió el cuerpo débil de Naruto por el hombro y se pasó uno de sus brazos por la cintura para poder llevarlo cómodamente. Conocía un motel cerca de allí tan económico como discreto, así que decidió llevarlo hasta allí, eso siempre y cuando se quitara de encima a la fulana que se había arrodillado ante él y había colocado su boca justo encima de la bragueta de su pantalón.

Le costó una buena ráfaga de insultos y humillaciones quitársela de encima, pero una vez lo consiguió, llegar hacia la puerta que conducía al exterior era coser y cantar.

Al salir del bar, el ambiente fresco de la noche le sorprendió desprotegido tanto a él como a su amigo, y para colmo, el Uchiha estaba de mal humor por culpa de aquellas dos chicas que se habían dedicado a minar su paciencia. Lo mejor sería que se diera prisa en llegar al lugar que había pensado, ya que su borracho amigo le preocupaba en ese estado.

Poco más tarde llegó a “El nido de los infieles”, el lugar donde las más bajas pasiones de Konoha tomaban cuerpo y forma, normalmente en forma de kunoichi joven y atractiva en busca de sexo salvaje, aunque también había parejas que iban allí para pasar una noche romántica. En el caso de los amigos, ninguna de las dos teorías se acercaba a la realidad.

El Uchiha, lleno de sudor por el esfuerzo que le había costado llevar a Naruto hasta allí, se dirigió hacia el mostrador y preguntó si le quedaban habitaciones libres. La recepcionista le respondió que estaba de suerte, ya que era la última que quedaba libre para esa noche. Sasuke, en agradecimiento, decidió pagar la estancia por adelantado, recibiendo a cambio dos bonos para cenar allí, otros dos para desayunar y el típico cartel de no molestar.

No cabía en sí de gozo al comprobar que el motel al menos tenía ascensor, lo que le ahorraría cargar con Naruto hasta la tercera planta, que era donde estaba su habitación. Se montaron en él y poco después entraron en la habitación.

Prácticamente sin pensar, el Uchiha trató de comprobar el grado de la borrachera del ojiazul con unas sencillas pruebas, como la de colocarle varios dedos delante y preguntarle cuántos veía. Al ver que no daba pie con bola y que además no lo reconocía, decidió usar el método extremo de meterlo en la ducha completamente vestido con agua fría. Lo hizo, pero el rubio seguía igual de borracho, así que costosamente tuvo que quitarle su empapada ropa y darle los calzoncillos que siempre llevaba de repuesto por si su intimidad se salía de control.

La ducha le había sentado bien al rubio, porque al menos ya no tenía ese profundo olor a alcohol que tanto molestaba a Sasuke. Además, le había entrado sueño, así que el Uchiha dejó que el rubio durmiera a pierna suelta mientras él se situó en el otro lado de la cama de matrimonio.

Tras un largo rato, el ojinegro se dio cuenta de que no podía dormir y no sabía porqué. Empezó a rebuscar incluso en lo más hondo de su alma, pero sólo había encontrado una explicación y no estaba seguro de ella.

Giró su cabeza hacia el lado derecho, que era donde estaba el rubio, y entonces comprendió que la explicación que le había dado su mente era la correcta. Tener la tentación que tanto había deseado durante tantas noches al alcance de la yema de sus dedos era un regalo que muy pocas veces daba el destino, y en su caso, el regalo había llegado en forma de borrachera. Se acercó para examinar su cuerpo, y en ese momento comprobó asombrado que sus calzoncillos le quedaban un poco grandes a Naruto, insinuando su intimidad hasta unos límites que ni el propio Uchiha era capaz de definir.

Siguió observando a su amigo, y se sorprendió a sí mismo deseando aprovecharse de su borrachera para poseerlo como nunca jamás podría hacerlo, y la verdad era que la balanza estaba más inclinada a favor de esta idea que a la poner por encima su valiosa amistad.

Había bebido tanto que apenas le había reconocido, y dudaba que por la mañana pudiera recordar algo de lo que había pasado esa noche. Por otra parte, le disgustaba pensar que Naruto apenas disfrutaría de la situación y que no podría responderle a sus estímulos de la misma manera, además de que sólo eran amigos y estaba profundamente enamorado de Hinata, que en esos mismos momentos estaba varias habitaciones más allá disfrutando de una excelente noche de sexo con su amado Gaara, cosa que ninguno de los dos sabía.

Durante un largo rato, Sasuke trató de tranquilizarse y de borrar todas las fantasías que se iban agolpando en su mente. Incluso apagó la luz y estuvo a punto de dormirse, pero tras tres cuartos de hora se dio por vencido. Su deseo era demasiado fuerte como para poder reprimirlo, así que terminó por sucumbir a él y dejar su rostro tan cerca del de Naruto que pudo percibir que había desaparecido por completo la ebriedad de su aliento gracias al zumo que le había dado justo antes de que se fuera a dormir. Trató de alejarse ahora que estaba a tiempo, pero al sentir tan cerca de él el hechizo de la piel del rubio no podía parar.

Sin apenas darse cuenta, se sorprendió a sí mismo besando con pasión al rubio que tanto había anhelado, mientras una de sus manos lo abrazaba y la otra acariciaba su pecho desnudo. A la misma vez, su intimidad y la de él se encontraban en una extraña caricia. Era como si ellos también quisieran abrazarse.

En ese momento, el ojiazul se despertó, pero no pudo detener la pasión del Uchiha, ya que estaba tan borracho que creía que el que estaba sobre él era Hinata y no Sasuke.

Dejó que el Uchiha siguiera queriéndole de aquella manera, mientras él había bajado hacia su clavícula y había hundido su boca en la zona. Notó que el rubio se despertó cuando le escuchó suspirar pesadamente. Puede que fuera cierto que el rubio no podría responder igual, pero lo que sí lo estaba siendo era que lo disfrutaría tanto o más que si estuviera en estado normal.

Naruto se abrazó tiernamente a él a la misma vez que Sasuke seguía bajando por su virginal cuerpo. Sin necesidad de mirarle, ni siquiera de escucharle, sabía que el ojiazul estaba disfrutando con locura de lo poco que le había dado, y lo mejor de todo era que aquello sólo había acabado de empezar.

Antes de llegar a la inexplorada intimidad del Uzumaki, Sasuke creyó que lo más práctico sería que se desnudara. Así, al menos, si a Naruto se le ocurría responder lo tendría más fácil, además de que así no tendría tanto calor. Lo hizo tan rápidamente que el ojiazul creyó que en realidad había estado toda la noche así.

Los delicados labios de Sasuke poseyeron los pezones del rubio con fuerza y pasión al mismo tiempo, mientras él dejaba que el Uchiha siguiera. Poco después, el efecto fue el mismo que el de los besos en el cuello, así que por eso el ojinegro siguió con lo que estaba haciendo mientras deslizaba sus manos furtivamente por todo el pecho de Naruto.

Continuó su camino y antes de esperárselo llegó a la zona más íntima del ojiazul. Sin ninguna clase de aviso previo, tomó el miembro entre sus dedos y acarició su punta con sus yemas, y poco después comenzó a saborearlo.

Era consciente de que Naruto no le haría parar por lo menos hasta el amanecer, que era cuando los efectos de su borrachera ya habrían desaparecido prácticamente, y por eso, se tomó con mucha calma la tarea de saborear aquella zona de su cuerpo que nadie se había atrevido a acariciarle, sobre todo porque aún pesaba sobre él el estigma del zorro.

Aprovechando el tiempo que le había brindado esa noche, manoseó sin cesar la intimidad de su amigo, y justo cuando comenzó a derramarse, colocó aquel trozo de su piel entre sus labios y empezó a succionarlo con más fuerza que antes, mientras su paladar al completo disfrutaba del inocente, apasionado y dulzón sabor del rubio y el otro se dedicaba a gemir por el placer que le estaba dando el Uchiha.

Sin pasarse a pensar un sólo segundo, siguió con sus intenciones de hacerle el amor a Naruto. Esta vez lo dejó colocado boca arriba, mientras dejaba sus piernas en una posición digna de un contorsionista. Cuando estuvo listo, Sasuke se acercó con picardía hasta el trasero del ojiazul y empezó a frotar con él su más que erecta entrepierna.

Siguió adelante con su descarada idea, y cada vez que su piel y la del rubio se encontraban, notaba cómo sus ojos perdían la capacidad de ver, y sobre todo, cómo su garganta se iba secando y le iba dejando paso a algún que otro gemido que deseaba salir. Fue acelerando su movimiento de caderas hasta que se derramó sólo por el contacto de su piel, así que ya estaba listo para hacer realidad sus más morbosas fantasías.

Apenas un instante después comenzó a hundirse dentro de él con la fuerza y pasión que caracterizaban sus frecuentes alucinaciones, mientras el rubio gemía de puro dolor, ya que era virgen y Sasuke no se había encargado de ensanchar su entrada antes de empezar a embestirlo.

Mientras Sasuke seguía adelante, no paraba de besar apasionadamente al rubio. Su lengua se hundía en lo más profundo de su boca y se mezclaba con la de Naruto, y poco después, empezaban a luchar, pero ninguna de ellas deseaba liberarse de aquella dulce tortura. Sus brazos lo acorralaban dulcemente entre su pecho y el colchón, y a la misma vez, sus manos acariciaban con ternura su espalda, que estaba más que retorcida por la postura que había tenido que adoptar. Y en cuanto a Naruto, también había abrazado a Sasuke y se dejaba besar, pero poca cosa más. Su borrachera le impedía incluso pensar, así que se limitaba a disfrutar del momento.

El ojinegro fue aumentando progresivamente la velocidad de su movimiento de caderas, mientras iba dejando cada vez más tiempo entre beso y beso para escuchar más claramente los gemidos que Naruto trataba de reprimir. La situación no duró mucho, ya que poco después Sasuke también empezó a gemir por el contacto, además de que se había vuelto a derramar, al igual que el rubio.

A partir de ese momento, el ojinegro se acercó furtivamente a los labios de Naruto y empezó a besarlos con más fuerza que antes y sin apenas dejarle tiempo para respirar ahora que sabía que aquéllo que estaba haciendo había acabado por desquiciarlo.

El rubio, que en esos momentos había olvidado por completo que si estaba tan borracho era porque había visto a Hinata tratar de una manera demasiado cariñosa a Gaara, se había dado cuenta de que aquel “desconocido” sabía hacer las cosas desde que lo había encontrado en el bar. No sólo se lo había llevado de allí y le había pagado la cuenta, si no que encima lo había llevado hasta aquel hostal, le había duchado y para colmo estaba calmando sus instintos más bajos sin habérselo pedido. Éso sí que era conocerlo hasta la médula. Claro que, sí hubiera sabido desde el primer momento que era Sasuke, nada de aquello hubiera pasado.

El ojinegro aprovechó los últimos instantes que le quedaban de fuerza para profundizar como nunca más lo haría en el cuerpo del rubio. De hecho, sin ni siquiera haber acabado de hacerle el amor, ya extrañaba el tacto del rubio en las yemas de sus dedos. Embistió con todas sus fuerzas para sentir aún más la piel del rubio acariciando su intimidad, y cuando no tuvo fuerzas para hacer nada más, se tumbó junto a él y comenzó a mirarle desde la oscuridad.

Aunque no podía verlo, sí podía escucharlo, así que se tranquilizó escuchando cómo el rubio volvía a la tranquilidad, y luego, cómo respiraba muy lentamente, indicando que ya se había quedado dormido. Sasuke se dio cuenta de esto, y justo en ese momento se le ocurrió la idea más alocada que había tenido en su vida. En ese mismo instante, se acercó nuevamente al rubio como lo hizo un rato antes y le besó tiernamente en los labios mientras susurraba como si estuviera rezando:

- Te amo, y espero que nunca lo olvides… Si es que alguna vez sabes quién te escribió esa carta.

Se separó lentamente de él, y poco después, encendió la lámpara que estaba sobre el humilde escritorio de su habitación y tras buscar en los cajones un folio y un bolígrafo, se sentó ante él y comenzó a escribir la carta a la que se había referido en el susurro.

3

This world of tears

No sabía qué hora era ni tampoco le interesaba demasiado. Lo único que sabía en aquellos momentos era que Gaara estaba dormido y que ella se estaba volviendo loca por momentos. ¿Por qué rayos se había puesto a pensar en Naruto JUSTO cuando su novio estaba haciéndole el amor por primera vez desde que ya estaban comprometidos formalmente?

Llevaba un buen rato pensando sobre todo lo que había ocurrido desde que se había sorprendido a sí misma imaginando el cuerpo del rubio hasta ese mismo momento. Había fingido un orgasmo para tener contento a Gaara, no había podido dormir y ahora se disponía a vestirse para salir a los jardines del hotel y dejar que el frío de la noche tratara de reconfortarla. Aquella no era la Hinata de siempre, y su frialdad para calcular sus actos lo estaba demostrando.

Cubrió su pálida desnudez con la ropa que se había puesto ese día, que no era más que una falda negra corta y una camiseta blanca de manga larga, y poco después se puso sus deportivas y salió de la habitación sin hacer ninguna clase de ruido. Tras salir, para asegurarse de que realmente no existía ninguna posibilidad de despertar a Gaara bajó por las escaleras y abrió la puerta que daba al exterior con un movimiento lento que amortiguó el sonido que tenía al abrirse.

Cuando estuvo en el jardín lo primero que vio fue cómo la luna menguante le sonreía con malicia desde aquel cielo lleno de estrellas, y poco después su piel se puso de gallina por el frío que hacía. De hecho, sin apenas pensar en lo que hacía cruzó sus brazos en torno a su abdomen y empezó a caminar para tratar de ahuyentar el frío y así poder centrarse en lo que realmente le preocupaba.

Ella misma se había reconocido que sólo había empezado a salir con Gaara porque quería darle celos a Naruto y porque además así conseguiría que el inepto de su padre dejara de pensar que ella estaba enamorada del ojiazul, cosa que era así y además estaba mal vista por él. Y por si tanta casualidad era poca, sus problemas habían empezado justo cuando ese maldito de Sasuke había vuelto a Konoha buscando la redención que merecía por haber traicionado a Orochimaru.

Aunque Konoha había sido arrasada antes de la partida de Sasuke, Hinata había sido muy feliz porque se había convertido en la mejor amiga del rubio y también en su mayor apoyo psicológico. Ella tuvo que soportar su pesimismo los primeros días y después su entereza, lo que acabó haciendo que se diera cuenta de que el amor que sentía por la parte que conocía de su persona hubiera aumentado rápidamente convirtiéndose en un sentimiento fuerte y verdadero. De eso se dieron cuenta ambos a los catorce años.

Durante todo el año siguiente ambos salieron juntos en muchas ocasiones como los buenos amigos que eran, pero cuando Hinata disfrutaba más de esas salidas era cuando a Naruto le apetecía llevarla al bosque a pasear solos y sin riesgo alguno de ser descubiertos por ninguna mirada indiscreta. Siempre paseaban cogidos de la mano, y aunque nunca pasaron de ahí, Hinata era más que feliz con esa muestra de cariño.

Justo el día antes del regreso de Sasuke a Konoha, cuando ambos tenían quince años, ella y su amigo habían salido hacia el bosque, algo que ya era muy normal en ellos. Como hacía demasiado sol y Naruto era consciente de que la piel de Hinata era muy frágil se sentaron bajo la sombra de uno de los muchos árboles que allí había y empezaron a hablar de todo un poco. Casi sin darse cuenta llegaron a hablar de las personas que les gustaban, y Naruto, al escuchar las palabras dulces que decía Hinata sobre esa persona, decidió tentar a su suerte y hacer lo que hace tiempo soñaba a diario.

Sin darle tiempo a reaccionar, cogió a su amiga por la cintura y la acercó cariñosamente hacia su cuerpo, y poco después, deslizó una de sus manos hasta su cara y la fue acercando lentamente hacia sus labios. Mientras el rubio estaba tranquilo, el corazón de Hinata parecía que estaba a punto de explotar de la emoción. Pronto podría conocer la dulzura del aliento de su rubio y confesarle todo aquello que no le decía por vergüenza.

Podía sentir la agradable cercanía de su rostro y el perfume y el ardor de su aliento justo cuando alguien la cogió por la cintura y la separó de Naruto. Había sido uno de los ninjas que había contratado el paranoico de su padre para que conservara su “castidad” y su “pureza”, cosa que Hinata ya había perdido mentalmente al sorprenderse pensando en lo que hubiera pasado con ese beso mientras iba de camino para recibir la mayor reprimenda de su vida.

Su padre no tuvo nada de tacto al decirle todo lo que pensaba sobre la situación, desde la mala fama del rubio hasta la desconfianza que había sembrado esa amistad entre él y su hija, pasando por la inevitable charla del valor de la virginidad para una Hyuuga como ella. Por eso, cuando Hiashi la ordenó que se fuera a su habitación a descansar, Hinata rompió en llanto por todas las malas palabras que le había dicho su padre. Que si Naruto era el bastardo mayor de Konoha, que si aquel ninja no la hubiera parado Naruto la hubiera usado como un pañuelo, que si ella valía demasiado para ese don nadie… ¿Tanto le costaba entender a la retrógrada mente de su padre que SÓLO había sido un beso? Ni siquiera eso, sino más bien el intento.

Cuando se recuperó del exagerado sermón de su padre se tranquilizó y se tumbó sobre la cama para descansar, pero en lugar de caer dormida rápidamente se dedicaba a pensar en lo que hubiera pasado si Naruto hubiera podido besarla. Ese pensamiento la mantuvo parte de la noche en vela, y desde ese día no pararía de pensar en ese momento mágico.

A la vuelta de Sasuke todo empeoró. Hiashi ya no confiaba tanto en su hija y no la dejaba salir de casa a menos que viniera alguno de sus compañeros de equipo o la propia Kurenai a buscarla, y en cuanto a Naruto no había vuelto a acercarse a la Hyuuga por lo que había pasado, pero en cambio frecuentaba mucho la compañía de Sasuke. Parecía que el único que salía ganando con esa situación era el ojinegro, ya que el principal motivo de su regreso a Konoha había sido el de reencontrarse con Naruto y confesarle todo lo que le había extrañado en su largo viaje por los infiernos.

Pasaron varios meses desde aquel día en el que su padre le rompió el corazón, y en ese entonces a la inocente Hinata se le ocurrió un plan para vengarse de su padre y de paso recuperar a Naruto. Sólo necesitaría a alguien dispuesto a estar con ella, y poco después lo encontró en forma de visita oficial del kazekage.

Había sido de lo más simple del mundo. Hinata había aparecido en el baile de recepción del pelirrojo en calidad de aristócrata y había bailado con él. El resto lo había puesto el pelirrojo y su iniciativa, que ni siquiera sus propios hermanos habían reconocido. Lo malo era que el plan se había torcido hasta unos límites insospechados. Hiashi apoyaba la relación entre Gaara y su hija, Naruto se había alejado completamente de ella y para colmo de males ahora tenía que soportar estar con un chico al que no quería.

Por suerte, el pelirrojo consiguió hacerla olvidar primero con su amistad y luego con aquel cálido beso que le dio en navidades para demostrarle que él la quería y que estaría dispuesto a esperar. Ese beso logró enterrar durante los últimos seis meses los verdaderos sentimientos de Hinata, pero justo ese día habían salido todos a la luz coincidiendo con la petición de Gaara y el derrumbamiento del rubio.

Por desgracia, se había dado cuenta tarde de que su corazón todavía pertenecía a Naruto y que ya apenas había solución a su problema. No era sólo por su padre, que se tomaría realmente mal que dejara a Gaara para estar con el ojiazul, sino la reacción del pelirrojo al enterarse de que había sido utilizado los últimos meses. Y para mayor desgracia, ¿Naruto estaría dispuesto a empezar una relación con ella o ya la había olvidado?

Cuando pensó en una de las posibles reacciones del rubio apretó más sus brazos en torno a la cintura y empezó a llorar a lágrima viva.

- ¿Por qué te he hecho tanto daño, Naruto? ¿Por qué me he hecho tanto daño? – Susurró mientras sus lágrimas caían por su cara y se helaban delicadamente en sus mejillas.

Se sentó en el único banco que allí había y empezó a llorar más fuertemente mientras hacía el esfuerzo de secarse las lágrimas con la manga de la camisa. Realmente había actuado mal, y la única manera de resolver todo aquello era dejar a Gaara y pedirle disculpas a Naruto por todo lo que había pasado.

Estaba tan segura de su decisión que se tranquilizó pensando en que todo iba a salir bien. Romper con Gaara no sería tan difícil al fin y al cabo, y si al estar con Naruto se ganaría la fama de bastarda mayor para su padre lo haría encantada. Total, su padre ya tenía a su niña mimada, Hanabi. Lo que nadie sabía era que varios días antes de su muerte la Hyuuga le presentaría a su novia y sería gravemente repudiada por él.

Su llanto cesó al observar fijamente la macabra sonrisa de la luna, y poco después, su respiración volvió a ser tranquila y sosegada. Sabía que iba a hacer lo mejor para ella, y aunque muchos la odiaran tras hacerlo, iba a ser feliz, y eso no tenía precio. Decidió irse a descansar, pero justo antes de volver a entrar en el hotel, se tropezó con un hombre que acababa de salir. Al principio no se reconocieron, pero al hombre le pareció ver a Hinata Hyuuga.

- Disculpe, señorita. Ha sido culpa mía.

- No tiene nada de que disculparse – Susurró tímidamente Hinata.

- ¿Hinata Hyuuga? – Preguntó el desconocido – ¿Qué haces en un sitio como éste a estas horas?

- ¿Yo? Eh… Pues estaba aquí fuera porque no tenía sueño, pero ahora me voy a mi habitación, Sasuke.

- Ah… Me han contado que Gaara y tú estáis juntos.

- Pues sí, y estamos muy felices.

- Me alegro. ¡Que descanses! – Dijo el Uchiha mientras recobraba su ritmo acelerado.

Hinata todavía estaba sorprendida. ¿Qué hacía Sasuke allí si no tenía ninguna relación conocida y no se le había visto frecuentar señoritas de compañía? Prefirió no seguir preguntándose, y a pesar de que nunca llegó a conocer la verdad sobre esa noche, al igual que Naruto, era mejor no saberla, ya que Sasuke podría haber acabado muy mal si Hinata hubiera sabido que le había puesto la mano encima a Naruto en contra de su voluntad.

Volvió a su habitación subiendo las escaleras y abriendo la puerta de la misma manera silenciosa, y cuando estuvo dentro, se desnudó y se colocó junto a Gaara. Al día siguiente todo iba a ser muy duro para ella y su entorno.

4

Save me from myself

(Tributo a Sirenia)

Ya había amanecido sobre Konoha y Naruto se había despertado en aquel lugar que no conocía de nada. Además le dolía mucho la cabeza. Si no se conociera, diría que se había emborrachado, pero lo que había ocurrido el día anterior lo cambiaba todo.

Había visto la imagen más espeluznante que podía llegar a imaginar. Gaara se dedicaba a darle a Hinata todos los arrumacos que él no podía darle, y para colmo, parecía que ella también se divertía con eso. A raíz de eso se había ido al bar y se había hartado de sake. A partir del quinto ya no recordaba nada, lo que significaba que podía haber ocurrido cualquier cosa. Y amanecer en un hotel en el que las sábanas eran rosas ya era algo extraño.

Logró levantarse de la cama sin acabar tirado en el suelo, pero en lugar de ir al baño para orinar, corrió hacia él para vomitar. Era tan asqueroso… No sólo era por el ruido que brotaba desde lo más profundo de sus entrañas, ni tampoco por el desagradable sabor que se esparcía por toda su boca, sino por ver todo lo que vomitaba. Ramen. Kilos y kilos de ramen. Y para colmo, lo que más repugnancia le daba era cómo había dejado el baño. Aunque casi todo había caído dentro de la taza, era inevitable que algo se saliera, así que le tocaría limpiarlo.

Tras acabar de mal humor con la fregona y haber dejado el aseo como estaba, decidió que lo mejor era darse una ducha, a ser posible de agua fría, así que sin pensarlo demasiado se metió directamente bajo el grifo, y sólo cuando el gélido líquido tocó su piel se dio cuenta de que llevaba unos calzoncillos, y que para colmo no eran los suyos. Estuvo varios minutos bajo el agua, y cuando se secó, lo primero que se preguntó fue dónde estaba su ropa.

Su pregunta no tardó en ser respondida, ya que cuando salió del baño se encontró su muda de ropa perfectamente seca, limpia y doblada, a diferencia de cómo la tenía el día anterior.

“Seguro que la persona que ayer me trajo hasta aquí se ha encargado de hacer que lleven mi ropa a la lavandería y me la hayan dejado aquí”, fue lo que pensó el rubio mientras se vestía y fijaba su vista en el escritorio de la habitación.

Aparte de dos vales para desayunar gratis en el hotel, también había una carta. El ojiazul se quedó realmente asombrado al verlo todo, así que se guardó todo eso en el bolsillo y abandonó la habitación rumbo hacia el comedor a desayunar, y en cuando llegara a su casa abriría ese sobre y por fin sabría todo lo que había pasado la noche anterior desde que su memoria se nubló por completo.

Al llegar a la sagrada intimidad de su hogar, Naruto pensó durante unos breves segundos cuál era el mejor lugar para leer una carta como aquélla, y sin apenas darse tiempo a barajar más de dos opciones, optó por abrir el sobre estando tapado por las sábanas de su cama. No lo hizo sólo porque el contenido tenía todas las papeletas de ser romántico, sino que además su resaca no le iba a permitir estar sentado durante mucho tiempo.

Poco después ya estaba preparado para descubrir lo que había pasado la noche anterior. Había dejado toda su habitación en la más profunda oscuridad menos por la parte donde estaba él, dejando la lámpara que estaba sobre la mesita de noche encendida. Su cuerpo estaba cubierto por las blancas sábanas de su cama y sus ojos estaban preparados para leer absolutamente cualquier cosa, por muy absurda, inverosímil o intensa que fuera. No podía esperar ni un segundo más para abrir el sobre, así que extendió las yemas de los dedos de su mano derecha hasta la mesita de noche y cogió el sobre. Apenas un instante más tarde, Naruto había sacado el folio escrito por ambas caras y empezó a curiosearlo. La caligrafía no le aclaraba si el escritor había sido un chico o una chica, así que podía esperarse cualquier cosa. Al haber crecido tanto su curiosidad, crecieron sus deseos de leer la carta, así que comenzó a leer con una calma y una atención capaces de asombrar a cualquiera que conociera al rubio.

“Mi deseado Naruto:

Puede que esta carta te sorprenda mucho por todas las circunstancias que giran en torno a ella. Dónde te la encontraste, qué cuenta, quién la ha escrito… La primera no hace falta que la responda, pero el resto necesitas que te las aclare.

Todo empezó hace unos tres años cuando estábamos haciendo prácticas con Kakashi en el bosque. Tú y yo fuimos compañeros en esa práctica, que consistía en buscar los pergaminos que había escondido por toda la zona. Al principio todo fue bien, hasta que me herí y tú me curaste. Me sorprendiste al portarte tan bien conmigo teniendo en cuenta que yo contigo siempre me había portado muy mal. Creo que desde ese momento te empecé a estimar por lo que eras y no por lo que parecías.

Desde ese día nuestra relación de amistad fue creciendo, pero lo que tú nunca supiste fue que esa amistad para mí desembocó en amor prohibido. Ya por el mero hecho de ser quién soy hubieran visto con muy malos ojos que yo sintiera algo por ti, pero eso no era lo que más me preocupaba. Lo que realmente me robaba la vida era pensar que yo no tenía ninguna posibilidad comparándome con Hinata o con cualquier otra persona, y para colmo de males, lo que sentía era tan fuerte que poco tiempo después empecé a desearte como lo hago ahora y no dejaré de hacer.

He tratado de olvidarte de todas las formas posibles, pero no lo he conseguido, además de que el remedio ha llegado a ser peor que la enfermedad. Mi deseo fue creciendo tan rápidamente que tuve que tener cuidado para que nadie supiera de mis sentimientos por ti. Por ese mismo motivo ha pasado toda esta historia tan desconcertante.

Ayer me propuse salir a tomar un par de copas aprovechando que era sábado, pero cuando llegué al bar te encontré borracho como una cuba, cosa que me extraño muchísimo. Estabas tan embriagado que ni siquiera me reconociste, así que opté por sacarte de allí sin antes olvidarme de pagar tus consumiciones.

Una vez estuvimos fuera del bar, me di cuenta de que tanto tu casa como la mía quedaban lejos, así que te cogí por la cintura y decidí llevarte a ese hotelito donde van las parejas a pasar un buen rato, que quedaba mucho más cerca que nuestras casas. Al llegar a la habitación hice todo lo posible para aliviar tu borrachera. Ducharte vestido con agua fría, darte bofetadas, hacerte comer y beber algo… Pero no había nada que hacer, así que decidí dormir contigo para asegurarme de que pasabas una buena noche. Al principio todo fue demasiado sencillo. Te dejé la muda de ropa interior masculina que siempre llevo encima para emergencias cuando estamos en alguna misión y yo me puse en un lado de la cama de matrimonio de la habitación, mientras tú estabas en el extremo opuesto.

Poco después me di cuenta de que no podía dormir. Intenté encontrar la causa de mi insomnio en alguna cosa racional, pero cuando giré mi vista hacia tu cuerpo dormido encontré el motivo que estaba buscando. Traté de resistirme al seductor efecto de las sombras, pero poco después me sorprendí besándote mientras acariciaba tu cara.

El resto creo que ya lo sabes. Te despertaste, aunque ahora cuando estés leyendo esto lo más probable es que no recuerdes nada. Besé tus labios con pasión mientras exploraba todo tu cuerpo. Saboreé partes de tu piel que nunca antes nadie se había atrevido a conocer, y sobre todo, te hice vibrar de placer con el movimiento de mis caderas, mientras los dos teníamos el mejor orgasmo de nuestras vidas.

Nunca había imaginado que nuestra primera vez fuera así. Tan placentera, pero también tan furtiva y forzada… Sé de sobra que no compartes mis sentimientos románticos, pero sé que disfrutaste de la noche. Deseabas que mis manos te tocaran descaradamente por todo tu cuerpo, y cuando llegó el momento, dejaste que los dos nos volviéramos una sola persona que estaba a punto de acariciar el cielo con la yema de los dedos.

Y en cuanto a nuestros besos, parecía que no querías parar, porque siempre estabas respondiendo a mis provocaciones. Al principio los dos fuimos muy tímidos, pero poco a poco nos fuimos volviendo cada vez más descarados. Si en mi mano estuviera, repetiría cada noche esto que te estoy contando. Sin ni siquiera haberme separado de ti ya echaba de menos el calor de tus labios, la suavidad de tu piel, tu voz extrañamente débil por el placer…

Supongo que ya debes saber quién soy, así que sólo te diré una cosa antes de despedirme y dejarte otra pista en el caso de que todavía sigas dudando. Eres la clase de hombre al que siempre he buscado. Por eso he hecho todo esto y no me arrepiento, pase lo que pase después.

Siempre te querrá

S.”

Naruto se había quedado blanco como la leche al terminar de leer la carta. No sólo porque era la primera vez que hacían algo así, sino porque además aseguraba que él y esa persona habían intimado. Al principio, el rubio estaba algo desmoralizado, ya que su deseo era perder la virginidad con Hinata, pero pensándolo bien, la chica que le había escrito no estaba nada mal… De hecho, ella le había gustado antes que Hinata, y si realmente había sido ella la autora de la carta, sólo tendría que ir a su casa, enseñársela y continuar con lo que había pasado la noche anterior.

5

Bloody tears

Era extraño despertarse junto a Gaara cuando ella aún pensaba en Naruto como la persona a la que quería, pero ése era el precio que estaba pagando por la venganza, que pronto acabaría. Gaara sería abandonado y el inútil de su padre tendría el disgusto de verla retozar con Naruto una y otra vez sobre su cama de sábanas blancas. Pero antes de que todo eso ocurriera, la ojiblanca se levantó de la cama completamente desnuda y se fue al baño.

Justo en ese momento, el pelirrojo se despertó y vio que Hinata no estaba junto a él, así que él también fue al baño, pero cuando la encontró, se puso de espaldas a ella y la agarró por sus pequeños senos.

- Buenos días, Hinata. – Susurró mientras la acariciaba -. ¿Te apetece que empecemos a disfrutar?

- No mucho, la verdad… Anoche estuvimos haciéndolo mucho rato.

- Bueno, de todas formas tengo prisa.

- ¿Por qué?

- Hoy tengo que ir a Suna, y tú has de venir conmigo. Como estamos comprometidos…

- ¿Le has preguntado a mi padre?

- No, pero cuando se entere de que estás conmigo no se preocupará por ti. Además – susurró en un ronroneo casi inaudible -, allí la gente no habla nada de la vida de los demás, así que podremos hacer cosas que aquí en Konoha no podemos hacer.

- ¿Qué insinúas?

- Que podremos tener todo el sexo que queramos y como queramos sin tener que estar atentos a lo que dicen los demás. En ese mes te aseguro que te volverás más mujer de lo que eres.

- ¿Intentas decirme que pasaremos un mes en un sitio que no conozco solos tú y yo follando como conejos? – Preguntó la peliazulada en cierto tono de ira que comenzaba a salir.

- Oye, Hinata, no te consiento que uses ese tono conmigo, y menos cuando yo no te hecho nada.

El pelirrojo dejó a Hinata sola en el baño, y cuando comprobó que así era, empezó a llorar de verdad. ¿Por qué rayos pasaba eso? Ella sólo quería romper con Gaara y correr en busca de Naruto.

Por desgracia, aquel mes fuera de casa complicaría las cosas. Si rompía con Gaara, tendría muchos problemas en Suna, además de que su padre la odiaría de por vida. Y en cuanto a Naruto… Algo le decía que ya podía irse olvidando de él.

Respiró hondo durante varios minutos para relajarse, y justo cuando iba a salir de allí para vestirse, Gaara entró y se arrodilló junto a ella con intenciones de hablar.

- No te enfades, cariño. Comprendo que ahora estés algo sensible. Te acabas de despertar y es más difícil asimilar las noticias. Pero no te preocupes. Si crees que con el comentario que hice antes pretendía tratarte como si fueras un objeto, lo siento mucho. Ya sabes que tu cuerpo me pierde. – Susurró tratando de fijar su vista en la cara de la peliazulada y no en su desnudez.

- ¿Entonces no estás enfadado por el grito?

- No, en absoluto. Es culpa mía por no haberte avisado antes de que me tenía que ir. ¡Ah! Mientras estabas aquí he llamado a tu padre y deja que vengas, así que vistámonos, recojamos esto y vayamos a casa para hacer las maletas.

El pelirrojo le tendió sus manos a Hinata y la ayudó a levantarse. Por como estaba saliendo todo, Hinata tenía la completa seguridad de que ese mes se haría más insoportable de lo que parecía.

6

She dies

(Tributo a Draconian)

Apenas habían pasado unas dos semanas desde que ella y Gaara tuvieron que irse a Suna por cuestiones políticas, y según cómo notaba la peliazulada a su novio, juraría que últimamente estaba muy tierno y romántico como para ser el Gaara que ella había conocido, pero ese cambio le alegraría en comparación de la noticia que iba a recibir esa mañana.

Era un caluroso lunes de julio y tanto Gaara como ella estaban descansando sobre la cama de matrimonio. Ella estaba tiernamente abrazada a su pecho dormitando, y poco después de que la respiración de Gaara se hiciera más rápida, empezó a sonar el teléfono.

Hinata, que era la que estaba más despierta de la pareja, cogió el auricular mientras maldecía mentalmente al que la había despertado con tanta prisa.

- Buenos días. Quisiera ponerme en contacto con Hinata Hyuuga. ¿Éste es el número correcto? – Preguntó una mujer cordialmente al otro lado de la línea.

- Sí. Yo soy Hinata Hyuuga. ¿Qué desea?

- La llamamos desde el hospital de Konoha. Su padre…

- ¿Qué? – Preguntó la ojiblanca al borde de la desesperación.

- Ha muerto. Según la versión de los hechos que nos ha llegado, Neji lo atacó con una katana en un ataque de furia.

Hinata trató de reaccionar lo mejor posible ante la noticia, así que le dijo cordialmente a la enfermera que estaría allí lo antes posible y colgó el teléfono. Acto seguido, comenzó a llorar a lágrima viva, despertando con su llanto a Gaara.

- ¿Qué pasa? – Preguntó el pelirrojo soñoliento.

- Neji ha matado a mi padre.

El chico se despertó de golpe con la noticia y abrazó con fuerza a Hinata. En esos momentos tan duros para ella necesitaría de todo su cariño.

- ¿Por qué ha hecho eso?

- Te lo contaré de camino a Konoha con pelos y señales.

Mientras decía esto, Hinata evocó mentalmente lo que había ocurrido años atrás en el clan Hyuuga y la medida desesperada para salvar a su padre a cambio de la del padre de Neji, ambos gemelos.

- Desayunemos y preparemos las maletas. Avisaré al Consejo, y tanto si les gusta como si no, iré a Konoha contigo.

Hinata se quedó asombrada por la actitud de Gaara. Aunque todavía seguía pensando en Naruto como la persona ideal para ella, el pelirrojo se estaba volviendo mucho mejor persona y amante por momentos. Pensó que tal vez se precipitó al pensar que lo mejor era romper con él, pero no comprendería lo equivocada que estaba hasta verlo en los brazos de otra mujer.

Al cabo de dos horas, la pareja ya tenía todas las maletas listas para irse a Konoha, así que fueron hacia la estación de autobuses y tomaron el primero que salía hacia allí. Una vez dentro de él, Hinata le contó a Gaara que para paliar una amenaza que les había llegado, habían tenido que entregar la vida del padre de Neji, ya que esas personas querían al líder del clan Hyuuga para desentrañar el secreto de su habilidad visual. Al considerar demasiado peligroso entregarle a él, su hermano gemelo decidió entregarse, aunque Neji jamás creyó en esta versión. Así, la seguridad de Konoha estaba asegurada mientras Neji le guardaría un rencor mortal a la rama principal de la familia.

Llegaron a Konoha varias horas más tarde, y lo primero que hicieron fue ir al hospital para averiguar lo que había pasado, pero en lugar de eso, Hinata comprendió mucho menos.

Entraron en la habitación donde su padre había dejado de existir, y la única persona que estaba allí era su madre. Cuando la peliazulada entró, se abrazó rápidamente a ella, mientras ambas lloraban.

- ¿Qué ha pasado? – Preguntó la pequeña mientras hacía una gran esfuerzo para que su voz se pudiera entender.

- Es tan increíble… Y pensar que esto ha estallado de repente…

- ¿El qué? ¿Qué es lo que ha pasado?

- Hace una semana, Hanabi nos presentó a su “novia”.

- ¿Novia? Si Hanabi sólo tiene doce años. Además, yo creía que le gustaban los chicos…

- Todo a su tiempo, Hinata… Resulta que a tu padre le dio una crisis nerviosa y tuvieron que ingresarlo en el hospital para tratarla. Ayer recibió el alta clínica y celebramos una fiesta para celebrar que ya estaba bien. Entonces, Neji, un poco por la borrachera y un poco por la ira, aprovechó para contarle que en realidad Hanabi no era lesbiana, de hecho, ya habían hecho planes para huir de Konoha. Pero antes, dijo que tenía que saldar su deuda con él. Y así fue cómo apuñaló a tu padre varias veces con la katana de su padre.

Al terminar con aquella sangrienta historia, Hinata se llevó las manos a la boca y emitió un suspiro de terror. No pudo evitar hacia las sábanas de la camilla donde descansaba su padre, y entonces, vio rastros rojos sobre el fondo blanco. Corazón, cuello, pulmones… No había duda: Neji había saldado su deuda con la rama principal y con creces. (Nota: Aquí empieza un spoiler de dimensiones exageradas) Había matado a su padre y se había llevado a Hanabi para terminar con la disputa de las ramas en tres generaciones, ya que su futura hija, Hinata Uzumaki, además de nacer sin la habilidad del Byakugan, contraería matrimonio con Ryo Kakashi, que tampoco tendría ninguna habilidad hereditaria. Así, mientras la segunda generación de Hyuugas nacidos del vientre de Hanabi no tendría más disputas por su protagonismo, la generación de Kakashis salidos del vientre de Hinata junior serían personas normales, sin poderes ninja pero con una gran habilidad para intuir las cosas malas que se les avecinaban. (Spoiler finalizado)

- En fin… El muy granuja se ha salido con la suya… No podemos denunciarlo porque es menor, y cuando ya tenga los dieciocho, seguramente él y Hanabi ya estén muy lejos.

Todos, incluido Gaara, que se había quedado al margen de esta cuestión, se quedaron mirando hacia la cama de Hiashi, comprendiendo que el asesinato había sido realmente brutal.

- Tal y como Hinata me había contado… – Fue lo único que suspiró en toda la tarde en presencia de la madre de Hinata.

- Bueno, mamá, nos vamos. – Dijo cariñosamente Hinata mientras la abrazaba y la besaba -. Si nos necesitas, Gaara y yo nos quedaremos en la habitación 15 del hotel Continental Konoha.

- Adiós, hija. – Dijo a modo de despedida de las dos personas.

Poco después, los dos ya estaban fuera de aquel nido de angustia en el que su madre se encargaba de velar al hombre que la había atado a Gaara. Al fin y al cabo, Hinata pensaba que al menos aquel hombre que estaba junto a ella era bueno, pero no pensaría lo mismo segundos antes de su muerte.

- Creo que lo mejor será que pospongamos la boda lo máximo posible. No sería ético casarnos en la fecha que nos dio tu padre, y menos sin tener nada preparado.

En ese momento, recordó por qué Hinata odiaba tanto a su padre. El muy kamikaze les dijo que se casaran un mes después de comprometerse oficialmente, cosa que ninguno de los dos veía muy bien.

- Yo tampoco tengo prisa en hacerlo, ¿sabes? Prefiero tomármelo con más calma para que todo sea perfecto.

- Pienso lo mismo que tú. Las prisas son malas consejeras. Pero ahora… ¿Qué tal si vamos al hotel y dejamos las maletas? En serio, este pueblecito me pone paranoico. Cada vez que giro la esquina pienso que me han robado.

- Y yo… Entonces, ¿haremos lo que tú dices y luego nos vamos a pasear solos?

- De acuerdo. – Asintió el pelirrojo.

De camino al hotel, Hinata vio la imagen que acababa por robarle la razón en aquel día de perros. Naruto estaba paseando con Sakura cogidos de la mano, y por el cariño que se mostraban, ella habría puesto la mano en el fuego para asegurar que esa familiaridad sólo era el principio de una relación amorosa. La peliazulada no culpabilizó al rubio, pero la estampa le había dolido tanto que lo pasaría muy mal hasta olvidarla por completo.

Lo que sólo Sakura sabía era que la carta que le había enseñado Naruto no la había escrito ella, pero aprovechando que sus sentimientos por el rubio estaban muy bien expresados en ella y además su autor había firmado sólo con su inicial, le había asegurado a Naruto que había sido ella, y que había sido una completa estúpida por ignorarle cuando creía que lo que sentía por Sasuke era amor.

Un segundo más tarde, Naruto hizo lo mismo con ella, y al verla con el pelirrojo recordó la escena que había visto en el bosque. Todavía le dolía, pero sólo quería que ella fuera feliz, y si lo era junto a Gaara, él lo sería junto a Sakura. En cuanto a su amor por la Hyuuga, sólo era cuestión de esperar…

Oscuro Deseo – Parte 12: La semilla del mal

•28/01/2010 • Dejar un comentario

Varios días más tarde tras la feliz boda entre Hinata y Naruto, la pena de prisión que le fue imputada a Gaara se vio confirmada y realizada. Debido al alto número de condenas y a la peligrosidad del pelirrojo, las autoridades competentes estimaron ingresarlo en una prisión de alta seguridad que estaba situada a trescientos kilómetros de Konoha y a setecientos de Ramengure, el lugar donde vivía el feliz matrimonio.

Unos cinco agentes, todos enfundados en sus uniformes azules y con una condición física capaz de despertar envidia en Gaara, se lo llevaron de su casa de Konoha justo en el momento del amanecer. Como allí las autoridades no eran tan incompetentes como en otros lugares del mundo, les habían proporcionado a los policías una furgoneta blindada de la que era imposible escaparse. El control de apertura era semieléctrico, y en el caso de que la batería del coche se gastara, las puertas seguirían cerradas, ya que parte de su mecanismo era manual, más concretamente las partes más importantes. En cuanto a la posibilidad de forzarla, no existía ni desde el interior ni desde el exterior.

Antes de empezar a comerciar el modelo, fueron fabricados varios prototipos que fueron sometidos a duras pruebas de seguridad. Todos resistieron sin abrirse. Ni motosierras, ni cientos de kilos de nitroglicerina, ni cañones de la Segunda Guerra Mundial, ni siquiera una todopoderosa bomba de hidrógeno… Nada. Esa furgoneta sólo podría ser destruida con una bomba de antimateria, pero el preso que hiciera eso, aunque consiguiera destruir el vehículo, no viviría para contarlo. Por consiguiente, la única opción factible para librarse de ir a la cárcel estando dentro de aquella jaula sin salida era suicidarse, de no ser porque desde que un sangriento violador descubrió el liberador método y todos los que se subían a él eran despojados de cordones, cinturones, cuchillas, navajas… Prácticamente todo era restringido, y por eso, hasta Gaara estuvo en aquella infranqueable nevera en calzoncillos y camiseta.

Cerraron la puerta y el pelirrojo se quedó sumergido en la más profunda oscuridad que había conocido. Por suerte, había un asiento donde poder “acomodarse” en las tres largas horas de viaje. Cayó pesadamente en él y se dedicó a pensar.

“La cárcel, la trena, el trullo, prisión, la jaula, chirona, la sombra, el talego, la casa de las sombras, el nido de los maricones… Todo es la misma mierda. Barrotes, camas duras, comida asquerosa y helada, compañero de celda maricón hasta la médula y dulces pesadillas con la libertad… O con Hinata”, pensó desanimado el chico de la arena al descubrir que muy difícilmente podría volver a recobrar la libertad que tanto ansiaba. Lo que el pelirrojo sabía era que sólo habían pasado diez desde aquel cautiverio en las espesas tinieblas.

Estuvo a punto de volverse loco dentro del coche, pero no pudo describir la situación cuando llegó al lugar que más marcaría su existencia. Por fin pudo ver la luz tras el largo y terrorífico viaje, pero se desanimó mucho al comprobar que lo que le esperaba era mucho peor. La cárcel a la que lo habían destinado era un castillo reformado para la ocasión que estaba emplazado en lo más alto de una alta montaña. Por suerte, de día no era tan aterrador, pero seguro que de noche ningún alma viva ni muerta se atrevería a acercarse allí, menos las que estaban allí encerradas.

- Andando, hijo de puta. – Dijo escupiendo con furia el agente más grande y fuerte de todos ellos, que lo había cogido por la espalda y prácticamente lo estaba empujando.

Siguió dirigiendo su espantada mirada hacia la que sería su “casa” los próximos años, y cada vez que veía algo nuevo se asustaba mucho más. Había una fosa que hoy en día estaba poblada de zarzas repletas de dolorosas espinas, pero en la época de su máximo esplendor habitaban fieros cocodrilos. Supuso que aquel templo del mal también tenía que tener mazmorras, con sus oxidados grilletes y cientos de máquinas para torturar al reo de la época de Inquisición Española. Lo que Gaara no sabía era que aquellas sádicas instalaciones se usaron por última vez en 1707, cuando torturaron a una supuesta bruja hasta la muerte. Desde entonces, la entrada al lugar había permanecido cerrada a cal y canto con un candado que prácticamente la mayoría daba por inservible.

El puente levadizo había sido sustituido por un puente cuya estructura era de hierro y la entrada al castillo estaba conformada por un paso a barrera. Como iban a pie, no sería necesario que el hombre que estaba allí la levantara, que no era más que el típico listón de madera pintado de blanco y rojo.

Una vez dentro, el castillo se conservaba prácticamente igual que en sus años de apogeo. Tan sólo de pensar en los tormentos que habían sufrido la mayoría de las personas que habían estado allí se le helaba la sangre en las venas. Era cierto que ya estaba en pleno siglo XXI, pero aquello no quería decir que los instintos de dominación del humano hubieran muerto. Al contrario, en algunos de ellos hasta se habían acentuado.

Llegaron a una escalera de caracol construida completamente de piedra y comenzaron a subirla. Mientras lo hacían, Gaara comenzaba a sentir el frío acusador que hacía en el lugar, a pesar de que era mediodía y en el exterior hacía un clima perfecto a pesar de ser invierno. Justo cuando llegaron a la primera planta, el pelirrojo vio aterrorizado cientos de celdas por todas partes. Mientras cruzaban el pasillo que se extendía ante ellos, tanto a derecha como izquierda veía las pesadas puertas de madera con rejas que indicaban que tras ellas se escondía un reo.

Siguieron caminando, y por fin llegaron a su celda. Era la vigésimoquinta a la izquierda, y por el aspecto, realmente era terrorífica. Nada más cruzar el umbral de la puerta, vio que el lugar donde descansaría aquella noche no era más que un camastro de paja con un olor desagradable que no sabría reconocer. En cuanto a objetos, lo único que había era un retrete situado en el rincón derecho. Debía ser más viejo que el propio pelirrojo, porque estaba realmente sucio. Por el resto, las paredes de piedra delataban el sufrimiento de los anteriores presos. Sangre, huellas, pisadas, humedades sin explicación… Realmente allí había un templo del terror y la desesperación. Lo único que le gustó a Gaara de su incómoda celda fue la pequeña ventana que en esos momentos iluminaba misteriosamente la improvisada cama.

Se quedó tan impresionado con la apariencia de su futuro hogar que no se dio cuenta de que cerraron la puerta y le comunicaron que su compañero de celda vendría poco después, ya que estaba en el patio. El pelirrojo, al estar seguro de que estaba solo, se derrumbó sobre el camastro y lloró como un hombre lloraba en privado. Dejó que sus manos cubrieran su pálida cara llena de lágrimas mientras pensaba en Hinata. Él la quería sinceramente, y si ellos cuando estaban juntos hacían el amor era porque los dos querían hacerlo. Luego, que Hinata fantaseara con Naruto mientras él le daba todo lo que sentía no era problema de él.

De hecho, mientras se derrumbaba en aquella profunda depresión, recordó la única vez que complació a Hinata, la primera vez de los dos. Los dos eran unos jóvenes ilusionados, felices, inexpertos, y sobre todo, enamorados. Aún no se lograba explicar cómo rayos había conseguido que la casa de la chica se quedara desierta durante todo un fin de semana, y esa oportunidad no iba a ser desaprovechada. La peliazulada invitó a su novio a pasar los dos días con ella, y sin saberlo la inocente ojiblanca, Gaara lo preparó todo para darle una sorpresa a la chica.

Cuando Hinata vio su propia cama enfundada en sábanas rojo sangre e iluminada por la suave luz de la luna llena, no pudo resistirlo más y se acabó lanzando hacia los brazos de Gaara con pasión. Aquella noche fue maravillosa para los dos, sobre todo para el pelirrojo. Sentir el calor de su novia de esa manera era de lo mejor que había experimentado en su vida. Tan sólo deseaba continuar en el más íntimo y profundo secreto de la ya no tan virginal ojiblanca. Sabía que a ella le había encantado la situación, pero por desgracia, todo había cambiado.

La pasión por parte de Hinata ya no era la misma, mientras él cada vez se iba volviendo más imaginativo a la hora de intimar con ella. Tras la crisis, todo había mejorado, pero lo que el chico de la arena no supo hasta que leyó el diario de su ya ex esposa era que Naruto siempre estaba presente en sus pensamientos, ya fuera de una manera inocente o erótica. En los primeros años todo había sido bueno, pero cuando el rubio “murió” Gaara notó a Hinata helada. Tras todo aquello, llegó a la conclusión de que Naruto le hacía el amor a su alma mientras él poseía su cuerpo.

Las lágrimas ya no alcanzaban a salir de sus ojos, y justo cuando olvidó su pesar y se tranquilizó, abrieron la puerta de la celda y otro recluso entró en ella. El hombre iba completamente vestido de negro. Su camiseta no tenía mangas, dejando ver así sus musculosos y pálidos brazos, mientras su pantalón era largo. El hombre se fijó en él y le dio lo que llevaba en los brazos, otra muda como la que llevaba puesta.

- Tú debes ser el nuevo – Dijo mientras Gaara se fijaba en sus ojos rojos con tres aspas negras.

- Sí… – Susurró sin demasiado ánimo.

- Itachi Uchiha.

En ese momento, el hombre, cuyo pelo era tan negro como su camiseta, le tendió la mano, y Gaara, como símbolo de educación, aceptó el gesto.

- Sabaku No Gaara

- ¿Quién rompe el hielo?

- Tú mismo.

- Asesinato. Mi padre y mi madre. Y luego también un intento. ¿Y tú? ¿Robo? ¿Secuestro?

- Violación.

- Vaya… Realmente debes ser un tipo chungo.

Itachi se sentó junto a Gaara y trató de seguir la conversación, pero el pelirrojo cambió rápidamente de tema.

- ¿Ya te has acostumbrado a dormir en esto?

- Sí. Es mucho más cómodo de lo que parece. Lo malo es que los hijos de puta no te dan nada para taparte.

Gaara mantuvo la boca cerrada y no la abrió hasta que llegó la hora del almuerzo. Se había sentado solo porque el resto de carcelarios le harían parecer un niño de teta. Además, tal y como supuso un rato antes, necesitaría espacio libre para poder escupir a gusto las “delicias” de una tal Sakura, que no tenía nada que ver con la novia de Kakashi, sino una tipa gorda, fea y bastante malhumorada.

- Ya te acostumbrarás, nuevo… – Se sentó Itachi junto a él dejando una bandeja de puré de supuesta verdura acompañado de una chuleta de supuesto cerdo.

El pelirrojo siguió rumiando el alimento mientras clavaba su vista en aquellas mesas con bancos típicas de los picnics.

- ¡Psh! ¡Eh, Gaara! – Susurró el moreno con énfasis -. Toma esto y échaselo sin que los demás se den cuenta. Te aseguro que hace que esté comestible.

Aceptó el pequeño tarro de cristal que le había ofrecido el Uchiha y vertió parte del contenido en su bandeja discretamente. Poco después, probó el alimento y le dio las gracias. Ahora al menos el sabor era aceptable.

Trató de comer lo más rápidamente que pudo, pero cuando él e Itachi terminaron, ya todos estaban en las duchas.

- Será mejor que nos demos prisa. Sólo hay una hora de agua caliente al día y ya ha pasado media.

Por suerte para el pelirrojo, Itachi era un tipo demasiado previsor, así que antes de bajar a aquel putrefacto comedor había cogido su ropa y la de él y el poco de gel que les proporcionaban a los presos

Cuando llegaron apenas quedaban algunos rezagados que disfrutaban con el agradable calor del agua. Por el resto, lo único que permanecía inamovible era la distribución del lugar. Era como unos pequeños compartimentos, cada cual con sus respectivos grifos dispersores del agua, y todos ellos estaban decorados con azulejos blancos. Algunos de ellos ya habían perdido ese color por la suciedad, pero en otros aún se podía adivinar.

Abandonando sus remilgos de niño bien educado, Gaara se desnudó por completo y se metió dentro de una de las cabinas para asearse su cuerpo, y con algo de suerte, muchos de sus pensamientos. Aunque él no se había dado cuenta, uno de los pocos que estaba allí contemplaba su pálido y desnudo cuerpo con lujuria, de hecho, lo hacía desde que había llegado a aquel infierno al más puro estilo medieval.

Sin que el pelirrojo se diera cuenta, el individuo se fue acercando a él, y cuando lo creyó oportuno, cogió a Gaara por la espalda y trató de buscar su entrada con los dedos. Intentó gritar con todas sus fuerzas, pero sólo logró emitir un suspiro.

- No lo hagas más doloroso de lo que ya es – musitó el hombre que estaba tras él.

- ¿Itachi?

- Vamos… ¿Tanto te sorprende?

El pelirrojo no respondió, pero se dio cuenta asustado de que ya había ensanchado su interior y ya había empezado a embestir mientras acariciaba su intimidad, que estaba prácticamente pegada a los azulejos. Y para colmo, si gritaba, nadie le escucharía, porque el Uchiha no había apagado el agua y además los pocos presos que quedaban se habían ido antes de que todo aquello diera comienzo.

Itachi empujaba con toda su furia a la misma vez que el sorprendido chico de la arena trataba en vano de evadir su mente pensando en su querida Hinata. Y lo peor de todo era que no entendía por qué rayos Itachi lo encontraba tan atractivo para aplacar sus instintos carnales. Vale que era porque era un maricón, pero aun así…

Estaba tan absorto en sus pensamientos que no se dio cuenta de que el moreno había llegado poco después al mejor momento de la lastimosa situación. Cuando sí lo notó fue cuando sintió el líquido de Itachi invadiendo su interior de aquella manera tan asquerosa. Era como si le hubieran puesto una lavativa y después le hubieran echado en el hueco una botella pequeña de agua. Realmente vomitivo.

- ¿Ves? No ha sido para tanto.

Salió de él rápidamente, y dándose ínfulas de vampiro, le mordió seductoramente en el cuello y se fue, sin antes olvidarse de susurrarle que más tarde sería mucho mejor.

Nuevamente, trató de lavar sus impurezas espirituales con agua y jabón, pero de nada sirvió. Él, que era el que menos culpa tenía, era el que peor se sentía. Tal vez desde ese momento comprendió mucho mejor cómo se sentía Hinata cada vez que el pelirrojo le tocaba y no tenía a Naruto en su mente.

Pasaron las horas tan lentamente como el despistado movimiento de la arena dentro de un reloj, y se sorprendió a sí mismo deseando matar a Itachi por lo ocurrido en la ducha. Lo malo era que si lo hacía le caerían unos cuantos años más de condena, y si seis ya eran un suplicio, veinte más serían el mismísimo infierno.

Lo único que tenía claro era que habían apagado las luces más o menos a las nueve, y poco después, el moreno lo arrastró hasta el camastro y lo volvió a violar. El resto era confusión total. No recordaba cuándo Itachi se había quedado dormido, y menos, cuando la traicionera luna llena había empezado a iluminar con su luz oscura el tétrico ambiente.

Cerró sus párpados y trató de dormir, pero lo más que consiguió fue dormitar algunos minutos. De todas maneras, aunque lo hubiera conseguido, Hinata siempre estaba en su mente. No veía a la ojiblanca como a una herramienta de deseo de usar y tirar, sino a la delicada mujer que era, tan tierna y romántica como la recordaba. Aquellas imágenes eran un calmante y una tortura a la vez, haciendo que se pusiera más nervioso e inquieto de lo que ya estaba desde que Itachi lo tomó ilegalmente.

Su mirada se perdió en la pared que estaba siendo suavemente iluminada en esos momentos, y cuando vio nuevamente aquellas marcas de sufrimiento se estremeció salvajemente. Probablemente en aquel lugar alguien había sido torturado hacía varios siglos, pero… ¿Y si era sangre reciente? ¿Y si Itachi tenía algo que ver? Puede que no sonara lógico, pero todas las posibilidades eran válidas en aquel momento, por muy irreales o disparatadas que fueran.

Gaara cayó rendido al amanecer, aunque su apacible sueño fue interrumpido pocas horas más tarde por la sirena que indicaba que tenían que ir a desayunar. Itachi se despertó, y al ver que no hacía lo mismo su acompañante, le dio un discreto beso en los labios y le acarició suavemente la mejilla.

- Descansa… Has gastado mucha energía.

Poco después, Itachi salió de la celda con el propósito de llenar su hambriento estómago y llevarle algo a Gaara. Total… Él era el “vigilante”, y podía hacer lo que le viniera en gana dentro de aquel tenebroso submundo.

… To Live For My Death…

•10/11/2009 • Dejar un comentario

Me encuentro a solas bajo esta noche de luna llena, mirándola como si todo mi espíritu estuviera en ella, mientras junto a mí descansa el gélido cuerpo de la persona a la que he amado toda mi vida.

Bajo fríamente la cabeza para alejarme de aquel cielo que ya no será para mí por el acto que ya he empezado a cometer.

¿Por qué he tenido que matarte para hacer todo esto? ¿Por qué? ¿Miedo? ¿Celos? ¿Gusto? ¿Temor al qué dirán? Sinceramente, no lo sé y sé que jamás lo sabré, pero ahora que puedo mostrarte todo lo que siento, no voy a desaprovechar esta oportunidad que me ha dado mi destino maldito.

Sin desaprovechar mi poco tiempo, no sólo te coloco en el camastro, sino que además me fijo en el aspecto de esta oscura cueva. Aún hoy, a pesar de que hayan pasado unos tres años, me cuesta creer que en este mismo lugar, sobre este mismo camastro que hoy acumula tanto polvo y tantísimos sacrilegios Hinata pudiera hacer esto mismo que haré hoy, claro que entre su caso y el mío hay muchas diferencias.

También me cuesta creer que aquí te despidieras de su cuerpo hace dos años. Desde entonces han pasado tantísimas cosas… Pero lo que no ha pasado es justo lo que debería haber ocurrido hace trece años. Pero hoy, al fin, volveré a estar junto a ti, aunque sea de esta manera prohibida, aunque sea de esta fría y oscura manera…

Observo como si la vida me fuera en ello cada milímetro de tu fenecido cuerpo, y sin apenas pensarlo, me acerco a ti y te beso como jamás lo he hecho. Poseo tus ya fríos y flácidos labios sin dejar que mi conciencia trate de refrenarme, y como si las tinieblas de la noche duraran tan sólo un instante, me lanzo a desnudarte y a acariciar tu fornido pecho. Casi sin darme cuenta de nada en absoluto, mis ardientes labios se van deslizando por tu gélido cuerpo. Dejo que mi oscuro deseo se vaya adueñando velozmente hasta del último rincón de mi voluntad, y una vez ya he perdido el buen uso de mi raciocinio, te poseo tan salvajemente que incluso temo que venga alguien y me interrumpa justo en el momento de máximo éxtasis.

No sé si fue tan sólo un segundo, o tal vez mil años, pero en esos instantes de delirio carnal hallé el verdadero sentido de mi vida. Y ahora ese sentido ya no existe. Por lo tanto, yo ya no debo existir. El motivo de mi existencia, a pesar de habérmelo negado a mí mismo millones de veces, no era otro sino tenerte de esta sombría manera. Por eso dejé de odiarte, por eso acabé enamorado de ti, por eso resistí todo el sufrimiento que me había puesto la vida por delante… Porque este momento estaba predestinado a ocurrir. Mi vida acabaría cuando acabara la tuya, y jamás supe verlo.

Siempre creí que mi vida cobraría sentido cuando destruyera a Itachi, pero, ¿sabes? Cuando le vi muerto en el suelo, completamente lleno de sangre y heridas, no sentí nada especial, ni siquiera satisfacción. Y cuando aniquilé a Orochimaru, no estaba pensando en reducir a la nada su asqueroso y maldito cuerpo… ¡Estaba pensando en volver a Konoha y recuperar el tiempo perdido contigo!

En ese momento de revelación, me decido a mirar tu cara, y en ese breve segundo contemplo la mayor belleza que nunca jamás imaginé que podría llegar a ver. Tus ojos tan pesada y hermosamente cerrados, tu misterioso y helado rostro lleno de paz, tus labios entreabiertos… Desde ese instante no lo dudé más; todo había acabado para mí.

Rebusco entre mis pequeños bolsillos en busca de un bolígrafo y papel, y cuando los encuentro, con cierto aire teatral, me siento sobre el lugar de tu cuerpo que más secretamente he deseado y apoyo los folios sobre tu vientre para escribir las que serán mis últimas palabras:

“Tal noche de luna llena como hoy, hace 29 años, vine a este desgraciado mundo con un destino que sólo me ayudaría a desear la muerte segundo tras segundo de lenta, angustiosa y dolorosa existencia.

Por culpa del traidor de mi hermano, perdí a todos mis seres queridos en una sola noche de sangre. ¿Todos? No… Aún había alguien con vida que le daría sentido a mi solitaria y oscura vida… Ese era Naruto Uzumaki.

Nunca pude entender a ciencia cierta que tenía de especial, pero había algo en él que me llamaba peligrosamente la atención… ¿Sería su optimismo? ¿Su fuerza? ¿Su belleza? Lo ignoro, y prefiero seguir ignorándolo. Acabó robándome el corazón de tal manera, que hoy, 17 años después, puedo decir con toda la seguridad del mundo que aún lo posee.

Traté de negarme esa realidad a gritos de distintas maneras: intenté fijarme en Sakura, me dejé seducir por las ansias de venganza y de poder que me ofrecía Orochimaru, e incluso abandoné Konoha para tratar de olvidarlo todo, pero de nada sirvió. Mi única ambición mientras deambulaba por los infiernos era tenerte como te he poseído esta noche: de una manera tan desenfrenada que incluso llega a doler.

Al volver, lo conseguí, pero nada seguía sin tener sentido alguno para mí… Hasta esta noche. He tenido que comprender a base de asesinarte a sangre fría y violarte que tú eras el sentido de mi vida.

Cuando Haku intentó atacarte en aquella cárcel de hielo, sabes que arriesgué mi vida no por poner en práctica lo que Kakashi nos dijo sobre el trabajo en equipo, sino porque quería salvarte. De hecho, en el momento en el que creí que iba a morir, la única persona que estuvo en mis pensamientos fuiste tú. Nuestra rivalidad no era la de dos niños con ganas de destacar. ¡Era mi manera de ocultar mis sentimientos! Y tú, aunque llegaste a entenderme en parte, siempre amaste a Hinata, algo de lo que no soy capaz de culparte.

Por eso todo lo que ha ocurrido en los últimos tiempos… Te he utilizado para sacar mi propio provecho, te he engañado, he acabado contigo… Todo con tal de tenerte entre mis brazos una desesperada y apasionada última vez, a pesar de haber tenido que soportar el gélido tacto de la parca contaminando tu seductora piel.

Al fin acabará mi agonía. Si escribo mis últimas palabras sobre tu vientre es porque cuando acabe, tiraré el papel al suelo, me colocaré sobre ti, me clavaré mi kunai en el corazón, y, mientras me desangro lenta y dolorosamente, recordaré cada segundo que he estado cerca de ti, y cuando me llegue el asfixiante abrazo de la parca, estaré junto a ti para el resto de la eternidad, juntos en este mausoleo maldito… Y aunque tú seguramente estarás con Hinata ahora mismo, mi viaje por los infiernos sólo habrá comenzado. Pero no me arrepiento. Si tengo que sufrir todo esto para poder recordar eternamente el transcurso de mi existencia, lo acepto.

Para ponerle fin a mi vida, sólo diré que si existo por causa del amor que un día existió entre mis padres, cesaré de hacerlo por causa del amor que le tengo al hombre que yace bajo mi ya casi fallecido cuerpo: Naruto Uzumaki. Ojalá pudiera ir al lugar donde tú estás, pero eso jamás se hará realidad… Por fortuna.”

Al finalizar, lo firmo y lo arrojo lo más lejos de nosotros que me es posible, y en ese instante, sin dejar que mi moral trate de pararme, cojo con mi mano derecha mi kunai y dejo que se hunda en mí, y con el mismo movimiento lo saco. A la misma vez, me desplomo sobre lo que una vez fue tu cuerpo en vida, y mientras cierro los ojos pesadamente, siento cómo mi cuerpo se va enfriando rápidamente al mismo tiempo que mi sangre va regando todo este lugar con su color bermellón oscuro. Todo ha acabado como siempre debería haber sido: juntos…

Sasuke Uchiha: Diario de un terrorista satánico

•27/10/2009 • Dejar un comentario

06:00
La grillada de Sakura no tiene nada mejor que hacer que despertarme haciéndome una paja.
06:01
¡Una meadita!
06:10
Naruto se planta desnudo en mi cama y se despacha a Sakura.
06:11
Me uno.
06:30
Nos duchamos juntos y nos arreglamos el corpsepainting.
06:45
Naruto se pinta una estrella invertida, Sakura una cabra y yo una cruz invertida.
07:00
Quemamos unas biblias para calentarnos la leche y hacernos las tostadas.
07:15
Rezamos con nuestras “angelicales” voces el padrenuestro 666 veces al revés
08:30
Nos enganchamos a ver los Teletubbies mientras pensamos una manera innovadora de joder a los creyentes.
09:00
Vemos Pokémon a ver si se nos pega algo del huevudo de Ash, y de paso, cómo quemaremos hoy nuestra iglesia más cercana.
09:30
Vamos al súper a comprar birras y a lucir nuestras capas nuevas, todas ellas robadas al caraculo cristiano de Itachi.
10:00
Vemos los 666 foros de fans de Mayhem a ver si hay algo que despierte nuestra maldad.
10:01
Nos bebemos una birra, y otra, y otra…
10:10
Estamos tan pedos que pensamos que la estantería de mi habitación es un cura. Acto seguido, la quemamos.
11:00
Se nos pasa la borrachera y nos ponemos a tocar la guitarra y a usar nuestras voces para crear una canción que invoque al mismísimo Satanás.
11:15
En lugar de invocar a nuestro señor, hemos invocado a dos Testigos de Jehová.
11:16
Tenemos tantísimas ganas de mear que les robamos sus biblias y lo hacemos sobre ellas
11:17
El hombre joven intenta suicidarse. El otro intenta follarse a Sakura sin demasiado éxito.
11:18
Naruto se cabrea y lo mata.
11:19
Enciende el horno y lo descuartiza. Ya tenemos el almuerzo asegurado.
11:20
El otro al fin se suicida, así que lo congelamos para comérnoslo en otra ocasión.
12:00
Kakashi viene de visita y nos trae la discografía de Burzum y más birras.
12:10
Estamos todos pedos… Otra vez…
12:15
Kurenai aprovecha y coge con Kakashi sin nuestra ayuda
13:00
Decidimos que lo mejor será que nos comamos ya a ese delicioso hombre al horno con salsa agridulce y ramen antes de que la sangre le cambie de sabor.
13:05
Se nos olvidó comprar semen de cabrón, así que volvemos al supermercado con nuestras acojonantes fachas.
14:00
Comida, deliciosa y maldita comiiiida…
14:30
Hinata y Kurenai, con la excusa de ligar con Naruto y Kakashi, dicen que se quieren unir a nosotros en nuestra cruzada anticristiana.
15:00
Lo consiguen, así que le robamos la furgoneta al primer primo que pasa.
15:20
La llenamos de bidones de gasolina y alguna que otra antorcha.
15:25
De camino a la iglesia nos encontramos con el Ku Klux Klan.
15:26
Los atropellamos por llamar puta a Sakura, gay a Naruto y a mí sucio neonazi odinista.
15:27
Sobrevive uno.
15:28
Hinata saca una Kalashnikov del sujetador y le da en todo el corazón.
15:35
Llegamos a la iglesia
15:36
Dentro nos encontramos con Varg Vikernes apilando biblias para quemar esa misma iglesia.
15:37
Le zurro un puñetazo. ¡Esta iglesia la quemaremos nosotros!
15:38
Me da en todos los huevos.
15:40
Varg ha muerto. Nadie llora porque su banda era una mierda y además se cargó el black metal.
15:45
El cura sale con el rabo entre las piernas a ver qué pasa.
15:46
Kurenai lo maniata y lo pone cachondo a drede.
15:47
El cura nos maldice.
15:48
Meo sobre él porque me importa una mierda
15.49
Sakura trae las antorchas y la gasolina
15:50
Naruto derrama todos los bidones sobre el montón de biblias.
15:51
Sakura viola el cadáver de Varg.
16:00
Lo echa encima del montón de biblias.
16:05
El cura se ha meado en la sotana por sexagentésima sexagésima sexta vez.
16:06
Me dan ganas de cagar.
16:07
¡Mierda! No hay un váter cerca.
16:08
No me queda otra que hacerlo en la pila bautismal y limpiarme el culo con la sotana del cura.
16:09
Kurenai saca un hacha de no sé donde y se carga todas las imágenes.
16:10
Al fin el cura se ha cagado de puro terror.
16:11
Kakashi, hasta los mismísimos de ver cómo hacemos el gilipollas, saca una cerilla, enciende las antorchas y tira una sobre las biblias.
16:12
Salimos por patas, excepto el cura, claro…
16:15
Rodeamos la ya ardiente iglesia con un círculo de sal mientras volvemos a rezar (una sola vez) el padrenuestro al revés
16:16
Por accidente revivimos a Franco.
16:17
Intenta matar a Naruto.
16:18
Kakashi se pone a grabar la pelea en vídeo.
16:19
Me cargo a Franco.
16:20
Una tipa llamada Ainara me lo agradece. Se la ve interesada en joder a los curas.
16:21
Kakashi sigue grabando en vídeo cómo arde la iglesia.
16:25
No sé como, Ainara saca el cadáver del cura sin quemarse y le echa litros de salsa agridulce
16:30
Nos lo comemos. La carne de los hombres que sienten miedo en el momento de morir está de puta madre.
17:00
Volvemos todos los susodichos a casa.
17:05
Nuevamente, nos ponemos a ver los TeleTubbies
17:10
¡Orgía!
18:00
Volvemos a ducharnos
18:30
Nos damos una vuelta por el cementerio.
18:45
Mientras escuchamos los clásicos (Death-CRUSSSSSSSSSHHHHHHHHHH) nos cargamos un poco el cementerio.
18:50
Ainara, Hinata y yo exhumamos un cadáver.
18:51
Lo trituramos y lo convertimos en sales de baño.
19:00
Nos encontramos con unos extraterrestres de vuelta a casa
19:01
Descubrimos que son fans de Gorgoroth
19:05
Los matamos por decir que Destroyer era una mierda de disco.
19:30
Vamos por tercera vez al súper a comprar la cena.
20:00
Cenamos lasaña de carne con salsa negra de calamar.
20:30
Nos entran unas ganas irrefrenables de potar, así que vamos a la calle.
20:31
Nos encontramos con un emo.
20:32
Le potamos encima.
20:33
Se suicida.
20:34
Viene su novia.
20:35
También se suicida.
20:36
No sé de donde, sale Tamara/Ámbar/Yurena/esahijadeputaquenotienenipajoleraideadecantar y se pone a berrear
20:37
Me quito mis botas de blacker y se las hago comer.
20:38
Nos largamos antes de que aparezca su madre y nos golpee con su bolso/ladrillo.
20:39
Demasiado tarde.
20:40
Las chicas la derriban sentimentalmente soltándole que es una vieja amargada que no ha pillado un colín en su vida.
20:41
Las tiramos por un pozo. Por si acaso…
20:42
Rellenamos el pozo de tierra. Más por si acaso…
21:00
Volvemos a casa.
21:15
Nos ponemos a tocar como posesos. ¡Aaah, ahora sí suena A MÚSICA SATÁNICA!
66:66
Aparece nuestro señor, Orochimaru.
21:16
Le dedicamos una reverencia
21:17
El hideputa mira el canalillo de las chavalas.
21:18
Le sugerimos muy amablemente que se busque otras concubinas.
21:19
El muy hideputa saca un hacha e intenta matarnos a todos.
21:20
Entre todos le paramos los pies.
21:21
Nos pide disculpas
21:22
Las aceptamos si a cambio nos da como unas veinte cajas de birras.
21:30
Ya estamos pedos por tercera vez.
21:45
¡Otra orgía!
22:00
No satisfechos, nos ponemos a ver el canal porno.
22:05
¡Ya va la tercera!
22:15
Viene la pasma alertada por nuestros gritos.
22:20
Conseguimos que nos regalen toooodos sus objetos sin necesidad de acojonarles.
22:30
¡Cuarta!
23:00
Ya hartos, decidimos ver Pokémon mientras debatimos frases anticristianas.
23:30
Nos ponemos a ver el vídeo que ha grabado Kakashi
00:00
Contentísimos, nos acurrucamos todos en mi cama y rezamos nuevamente unas 666 veces el padrenuestro al revés.
00:03
No me jodas que ese líquido que me está cayendo en el pie es el semen del guarro de Naruto…
00:15
Están todos durmiendo… ¡Por fin!
00:30
Me trinco yo solo la botella de sangre de virgen violada.
00:35
Me pongo a cantar Snu Mikrokosmos Tegn mientras me hago una merecida paja
00.40
¿¿¿Varg??? ¿¿¿Tú no te habías muerto esta tarde, hideputa???
00:45
Casi me mata
00:46
Se jode, yo me adelanto. Sasuke, dos; Varg, cero.
00:50
Buenas noches, panda de gilipollas…
00:56
Me quedo dormido. Mañana será otro día de puta madre.

Oscuro Deseo – Parte 11: Por fin tuya

•20/10/2009 • 2 comentarios

Kakashi y Sakura ya estaban en la habitación que habían reservado esa noche. El peligrís, que había pasado la noche anterior allí, tenía todo preparado para sorprender a la bella mujer que estaba con él. Antes de irse hacia la casa de Naruto esa misma mañana, había cogido varias rosas rosas y las había dejado sobre la cama de matrimonio, o al menos, sus pétalos, lo que le interesaba de la flor. También recordó dejar una botella de champán enfriando junto con un ante de nata en la nevera. Si nada salía mal, aquella noche la pareja se acabaría convirtiendo en una tarta de fresas con nata.
Estaban ante la puerta de la habitación, y en ese momento, el peligrís sacó una venda de uno de los bolsillos de su traje. Sakura se inquietó cuando le puso la venda, tanto, que incluso tembló ligeramente.
- No tengas miedo. – Susurró protectoramente el hombre cerca de su oído -. Te puedo asegurar que es una sorpresa agradable.
- Prométemelo.
- Te lo prometo.
Kakashi metió la llave-tarjeta en la ranura e hizo pasar a la pelirrosa al interior de la habitación. Usar sacar la tarjeta, cerró la puerta, encendió la luz y dejó a Sakura cómodamente tumbada en la cama. Poco después, le quitó la venda.
- Quieta, cielo… Ahora vengo, ¿sí?
La pelirrosa se quedó anormalmente quieta mientras Kakashi se había levantado a coger dos copas y llenarlas de la bebida que había dejado en el frigorífico. Volvió rápidamente y le ofreció una. Ella se incorporó rápidamente y se sentó junto a su hombre sin percatarse de los pétalos que había esparcidos sobre el blanco edredón.
- Creo que lo mejor será que vaya al grano, ¿no crees?
- Sí, pero… ¿De qué vamos a hablar?
- Verás, Sakura, es un tema importante, así que necesito que estés calmada.
- Lo estoy, ¡pero como sigas así me voy a poner nerviosa de verdad!
- Vale… – Susurró mientras se abrazaba a ella -. Pues… Me ha dado un poco de envidia ver cómo Naruto e Hinata eran tan felices en su boda.
- ¿Qué quieres decir con eso?
- Me gustaría que nos comprometiéramos.
- ¿En serio?
El peligrís se limitó a asentir con la cabeza con cierto sonrojo en su desenmascarada cara.
- ¡Es fantástico! – Gritó de felicidad tirándose sobre él sin derramar milagrosamente las copas de la bebida -. Además, yo también tengo que darte una noticia, Hatake.
- ¿De qué se trata? – Preguntó con una gran curiosidad.
- Tú y yo seremos papás en unos seis meses.
- ¡¿QUÉ?! – Gritó el peligrís a punto de desmayarse -. ¿Cuándo pensabas decírmelo? ¿Cuando rompieras aguas?
- ¡Sí! – Sonrió de una manera muy bromista.
- ¿Sabes lo que te digo, Sakura? A partir de mañana, nada de champán.
- ¡Malo!
- Vamos, cielo, lo hago por el bien de la criaturita. Beber en el embarazo es malo.
- Eres muy cruel, Hatake.
- ¿Seguro? – Dijo levantándose de la cama y cogiendo las fresas y la nata -. Creo que soy un niño bueno comparado contigo.
Tras coger los fetiches, se acercó a ella, y cogiendo un trozo de fresa, se lo colocó en la boca y con él acarició el hombro derecho de Sakura y fue subiendo lentamente hacia su boca. Cuando llegó a ella, Sakura cogió descaradamente el trozo en un beso.
- No sé quién es más malo, pero me gusta esto.
Justo después, Kakashi cogió el bote de nata y puso un poco en el hombro de ella. Más tarde empezó a lamerlo con ansia, y después, dejó su boca cerca de su oído.
- Yo tampoco, pero te aseguro que mientras lo averiguamos se nos pasa la noche volando.
Al mismo tiempo en la casa de Naruto, la feliz pareja de recién casados había terminado de cenar los manjares que había preparado el rubio expresamente para la ocasión. Hinata tuvo que reconocer que el ojiazul era mejor cocinero de lo que aparentaba, ya que había preparado unos mariscos suculentos con unos spaghetti de queso realmente deliciosos.
El rubio se levantó de la mesa y salió un momento hacia el jardín. Volvería a comprobar todos los detalles necesarios, y cuando se asegurara de que todo estaba bien, volvería hacia la cocina y se llevaría a Hinata hasta allí.
Tras comprobarlo todo, volvió a buscarla, y cuando llegó, la cogió cariñosamente de la mano.
- Ya está. Ya podemos salir juntos.
- ¿De verdad?
- Sí, Hina. Ya verás. Está tan bien… Te vas a desmayar.
- No sé, Naruto… Ya no te va a ser tan fácil sorprenderme.
En ese momento, la peliazulada recordó con cariño la primera vez que hizo el amor con el Naruto verdadero. Había sido en el mismo lugar donde se habían casado. Allí no había cambiado nada. Los rosales seguían creciendo con fuerza a pesar del invierno, los árboles seguían dando aquella sombra que tanto les había cobijado y el césped seguía siendo tan verde como en aquel día en el que amó a Naruto con toda aquella pasión reprimida.
El ojiazul la acercó delicadamente a su cuerpo y la guió hasta el que sería su nido de amor esa noche. Como era bien sabido por más de un indiscreto, la afición de Hinata y de Naruto a hacer el amor al aire libre era muy fuerte, ya que a ambos les parecía muy aburrido hacerlo en la cama, además de que les traía recuerdos traumáticos de sus anteriores parejas, especialmente a ella. Por ese motivo, Naruto se esforzó para que aquella vez fuera totalmente diferente a todas, y no sólo para que Hinata disfrutara con ella y la recordara, sino además para que supiera que por ella haría lo que fuera.
- ¡Ah! – Exclamó sorprendida Hinata cuando ella y el rubio llegaron al lugar donde pasarían la noche -. Esto es…
- ¿Sorprendente? – Preguntó mirándola directamente a los ojos.
La verdad es que la reacción de Hinata no había sido para menos. El baño termal en el que tantas veces se había bañado ahora era jacuzzi, con sus delicadas y espumosas burbujas incluidas. En el ancho borde del baño había cientos de velas perfectamente colocadas excepto en una parte, que era por donde se entraba a ella. Y por último, alrededor de las velas había esparcidos cientos de pétalos de rosas blancas.
- Y esto es sólo el principio, cielo. – Musitó mientras la abrazaba por detrás y empezaba a quitarle la cremallera del vestido que llevaba -. Esto es tan sólo el principio.
Dejó a la avergonzada ojiblanca en ropa interior, y tras eso, dejó que ella le desnudara mientras pasaba sus labios delicadamente por todo su cuerpo. El rubio se sentía arder por los dulces besos cargados de inocencia de ella, pero en ellos también sentía su lujuria. Cuando estuvo tan desnudo como ella, la cogió en brazos y entraron juntos en la terma. Después, Naruto se sentó y colocó a Hinata sentada sobre sus piernas, haciendo que sus caras estuvieran frente a frente.
- Naruto… – Musitó completamente sonrojada -. Estoy sentada sobre tu cosa…
- Quédate ahí, cielo. Me gusta sentirte.
La peliazulada pasó sus brazos por los hombros del rubio y le atrajo hacia su cuerpo, para después, besarle descaradamente en el cuello mientras se movía ligeramente sobre él. Realmente era demasiado excitante estar sentada sobre la hinchazón de su rubio y notar cómo iba acariciando su intimidad a través de las telas que las cubrían.
A la misma vez, Naruto notaba feliz en su pecho la seductora barriguita de mamá de su querida mujer. Hacía cinco meses que aquella criatura había sido engendrada, y su madre apenas había engordado unos seis kilos, pero seguía estando igual de guapa, tal vez incluso más.
- ¿Sabes? Parece que ser mamá te está sentando muy bien.
- Ah, ¿sí?
- Sí. Cada día tienes más curvas. – Respondió el rubio mientras la tomaba por la cintura y se acercaba más a ella.
Se fundieron en un apasionado beso, y cuando lo cortaron, Naruto sacó la mano de allí y a tientas logró encontrar los cubitos de hielo que había escondido para la ocasión. Cogió uno de ellos, y con delicadeza, comenzó a acariciar con él los hombros de Hinata, que era lo que más tenía a su alcance.
Sintió que ella empezaba a tener escalofríos, pero Naruto lo tenía todo estudiado. El contraste entre la tibia temperatura del agua y el gélido tacto del hielo conseguirían que su piel se pusiera de gallina, y poco más tarde, haría que su piel ardiera por él.
Salió un pequeño quejido de sus delicados labios cuando el cubito bajó hasta sus pechos y los acarició con descaro. A ambos se les oscurecía la mirada tan sólo de pensar en lo poco que faltaba para que la situación se volviera realmente placentera.
- También había rosado en devorarte con chocolate. – Susurró seductoramente el rubio mientras quemaba su cuello con los labios -. Pero eso lo reservaremos para dentro de un ratito.
Hinata siempre se sorprendía cada vez que su rubio hablaba con esa voz tan sexy que siempre precedía a los momentos más eróticos, pero también le encantaba cuando la usaba. Realmente era un hombre muy caliente, al igual que ella. A pesar de su aspecto virginal, ambos eran unos pervertidos, y raro era el día que no acababan revolcándose en cualquier lugar desahogando con fuerza la pasión que sentían el uno por el otro.
El cubito había explorado todo el cuerpo de Hinata antes de derretirse, y tal como Naruto había planeado, ella ya estaba excitada, pero ella no era de esa clase de mujeres que sólo recibía, sino que también le encantaba dar.
- Oye, Naru – susurró mientras hacía círculos en su pecho con el dedo índice -, ¿dónde hay más cubitos?
- Espera. Yo te doy uno.
El ojiazul se lo ofreció encantado, y cuando Hinata lo tuvo, acarició su pecho con dedicación, notando cómo su piel se ponía tan rugosa como la de ella, pero como ella estaba mucho más inspirada que él, hizo que el hielo llegara a su hinchazon y la acariciaba lentamente, y cuando se dio por satisfecha, le quitó sus calzoncillos y saboreó levemente su intimidad. Justo cuando Naruto estaba a punto de derramarse, la ojiblanca se separó de él y en el otro lado de la terma le dedicó un sensual striptease.
- Vamos, Naruto… – Susurró mientras se bajaba una de las tiras del sujetador -. Mira todo lo que quieras, porque dentro de poco vas a poder tocar hasta hartarte.
El rubio miró tímidamente cómo Hinata se bajaba la otra tira, y en un movimiento estudiado cuidadosamente, desabrochó la parte delantera de su sujetador y se lo lanzó, quedándose más sonrojado de lo que estaba.
- Por cierto… ¿Puedes venir un momento?
Naruto se situó tras su chica, y cuando estuvo todo listo, Hinata tomó su mano y manejándola como si fuera la de una marioneta, enredó sus dedos en la parte lateral de sus braguitas y comenzó a bajarla. A la misma vez, el otro lado también fue bajando, y cuando la peliazulada estuvo completamente desnuda, tomó su otra mano y la dejó sobre su cuerpo.
- ¿No te apetece tocar? – Preguntó asombrada cuando descubrió que Naruto no había movido sus manos absolutamente nada.
- Sí. Pero tienes que ayudarme. Como antes.
En ese momento, la ojiblanca volvió a coger sus manos y las dejó en sus senos. Poco después, Naruto empezó a retorcerlo mientras ella sólo deseaba empezar. Él notó su deseo, así que comenzó a bajar lentamente hasta aquellos pliegues que tanto le gustaban, y cuando llegó, buscó su zona más delicada y la acarició con descaro. Naruto también quería poseerla, así que cuando escuchó gemir a su ángel con aquel aspecto tan virginal se sentó nuevamente y volvió a sentarla sobre él, pero esta vez entrando en ella.
Los movimientos de la chica eran rápidos. Le encantaba notar su hinchazón dentro de ella de aquella manera tan ardiente. Realmente Naruto sabía cómo hacerla enloquecer para acabar de aquella forma. Y lo mejor era que le agradaba acabar así de unida al rubio.
Naruto, mientras dejaba que Hinata se moviera sensualmente para él, la abrazó, la atrajo aun más hacia su cuerpo y la besó apasionadamente. Mientras, una de sus manos fue subiendo hasta la cabeza y la otra la sostuvo por la cintura. En ese momento, ayudó a la peliazulada con su movimiento, y cuando lo creyó oportuno, bajó sus manos hasta las caderas y siguió agitándola. Poco más tarde, bajó sus labios hasta el cuello y lo besó sin compasión, y poco después, moldeando su cuerpo con delicadeza, volvió a abrazarla por la cintura.
Los dos sabían que el mejor momento estaba cerca, así que disfrutarían de sus últimos momentos de lucidez, y poco más tarde, lo único que les importaría era sentir toda aquella ola de placer. Por eso mismo, Hinata se acercó más aún a Naruto y tomándole por los hombros, mordió su oreja sensualmente.
Su reacción no se hizo esperar. Notó cómo el rubio explotó en su interior mientras empezaba a suspirar por sentir la delicada piel de su amada en la zona más sensible de su cuerpo. Hinata sabía que podía volverle loco sólo con sus movimientos, así que siguió contoneándose de aquella manera tan sensual que tanto le gustaba. A la misma vez, dejaba que Naruto explorara su cuerpo con ansia. Realmente sentir las yemas de sus dedos en sus zonas más sensibles era algo que la desquiciaba por completo, y lo mejor era que el ojiazul lo sabía.
Ella tampoco tardó demasiado tiempo en sucumbir a los placeres que le ofrecía el cuerpo del rubio y pronto pudieron escuchar su dulce voz de sirena pidiéndole al ojiazul que no se detuviera. Ninguno de los dos deseaba hacerlo ni lo hizo, sino que, al contrario, sus movimientos se hicieron más pronunciados. Notar cómo el rubio inundaba toda su zona y se seguía deslizando con rapidez la volvía loca. También notar cómo mordisqueaba sus pechos la hacía gemir como una niña virginal.
Todo les resultaba tan excitante que no pudieron parar de darle rienda suelta a su pasión durante un buen rato, mientras todo lo que complementaba a la caricia más íntima hacía que todavía quisieran más, hasta que sus cuerpos se cansaron y tuvieron que parar.
Hinata, sin dejar que el rubio saliera de su cuerpo, pasó uno de sus brazos por los hombros y con el otro exploró suavemente su pecho. Al cabo de un rato, cuando regularon su respiración, el rubio comenzó a hablar.
- Este asalto se ha alargado mucho. ¿Todavía te puedan energías para otro?
- No. Me has dejado agotada. Sólo te ha faltado ponerme a gatas y hacer que me cayera en el agua.
- No me des más ideas, Hina. Sabes que esta noche va a ser muy erótica.
- Ya lo es. Nunca se te había ocurrido hacerlo aquí de esta manera.
- Es que he reservado mis mejores fantasías para esta noche. Quería que fuera especial. Por cierto… ¿No está un poco fría el agua?
- Pues sí…
En ese momento, Naruto dejó a Hinata sentada a su lado, salió del baño, y cuando apagó todas las velas, esperó a que Hinata se pusiera de pie y la cogió en brazos.
- Bienvenida a la cama roja. – Sonrió cuando llegó a su destino.
La dejó sobre ella, mientras la ojiblanca no se podía creer lo que veía. Era una cama como las que aparecen en las películas que tratan sobre eras pasadas, con su pequeño techo y sus cortinas. Lo mejor de todo era que toda la ropa de cama era roja, incluidos los cojines que estaban sobre la almohada, que además de ese color, también tenían forma de corazón.
- ¿Te gusta? – Preguntó el rubio lleno de curiosidad.
- Sí. ¿Hay algo más?
- Espera, que ahora lo traigo.
Naruto se alejó un momento de ella, y poco después dejó justo al lado de la cama un carrito con toda clase de fetiches.
- ¿Mejor?
- Sí.
El ojiazul cerró las finas cortinas de delicada gasa roja y tumbándose en la cama, colocó el cuerpo de Hinata sobre el suyo y la besó cariñosamente en los labios.
- Puede que esta noche no tengamos más ganas de organizar una guerra, pero… Dudo mucho que durmamos algo hasta que amanezca.
Hinata sonrió con picardía y le arrebató al rubio un beso que ni siquiera había llegado a imaginarse en sus fantasías más picantes. Naruto sonrió con notable satisfacción por el mimo recibido, y mientras le hacía un gesto mucho más sucio, pensó que aquella noche sólo había empezado.

Oscuro Deseo – Parte 10: Tenebra Dentro

•30/09/2009 • Dejar un comentario

Había llegado aquel día con mucha más gloria que pena para todos. Sasuke, por primera vez en meses no había dormido en el cementerio, sino abrazado al particular muñeco en su cama.
En cuanto a la pareja que se iba a casar, había pasado la noche anterior despidiéndose de la soltería de maneras distintas. Mientras Naruto casi se había indigesten por inflarse a comer ramen, Hinata se fue de fiesta con Sakura y unas cuantas chicas más. A la pobre se le quedaron las mejillas rojas como un semáforo por los stripteases que contrató su amiga.
Sonó un despertador en la casa del rubio, y mientras lo paraba, decidió que lo mejor era que empezara a arreglarse sin ni siquiera desayunar. Eso si no quería pasarse todo el día en el váter, claro. Por suerte, una ducha rápida y un vaso de agua obraron milagros en el cuerpo del rubio. Le esperaba un día realmente largo.
Mientras, Sasuke ya se había despertado. Tanto él como el muñeco estaban cubiertos con el edredón de su cama. La noche anterior había hecho bastante frío. Por eso estaban así. En ese momento estaba empezando a hacer calor… Por eso se quitó de encima el edredón y tanto él como su extraño acompañante dejaron a la vista sus cuerpos desnudos.
El Uchiha se quedó contemplando la piel del muñeco rubio durante un largo rato con lujuria. Desde que había llegado a sus manos no había parado de ofrecerle toda la pasión que había tenido que retener durante tanto tiempo. Apenas había parado en aquellos dos días, y ni por ésas dejaba de pensar en el verdadero rubio. Todavía tenía energías para seguir disfrutando con la réplica, incluso en ese mismo momento. Sabía que si en ese mismo instante volvía a abrazar al muñeco y le besaba, acabaría entrando en él y gimiendo como una virginal desesperada.
Creyó que lo mejor era que simplemente le abrazara y acariciara, ya que desde que se había despertado deseaba notar el tacto de su piel incluso en sus lugares más íntimos, así que colocó a la réplica sobre él, y mientras le besaba, sus manos recorrían con impaciencia todo su cuerpo.
“Puede que no sea lo mismo porque él no puede sentir nada de lo que estoy haciendo, pero gracias a él estoy sintiendo cosas que sólo había sentido aquella noche”.
Hinata estaba en un hotel que quedaba cerca de su casa con su amiga Sakura. La peliazulada estaba realmente nerviosa. ¡Pronto iba a ser Hinata Uzumaki! Sólo de pensar en lo bien que sonaba aquéllo se ponía todavía más nerviosa. Estaban juntas en la misma cama, descansando de la gran juerga, pero pronto tendrían que levantarse para empezar a arreglarse.
- Hinata, ¿estás despierta?
- Sí.
- ¿Estás nerviosa?
- Mucho…
- No te preocupes… Pronto tus sueños se harán realidad.
La verdad es que la boda no era necesaria para que eso ocurriera. De hecho, sus sueños se vieron satisfechos cuando Naruto posó sus labios por primera vez en los suyos. Pero ahí no acababa todo. Aquel sueño que estaba viviendo se fue haciendo más dulce cada día, sobre todo, cuando descubrieron juntos que estaban esperando un hijo. Pronto Hinata y Naruto serían la familia feliz que tanto habían soñado, eso si nadie les despertaba de su maravilloso sueño.
- Vamos, Sakura. – Sonrió la ojiblanca quitándose de encima las sábanas que la cubrían -. No me apetece estar fea en mi propia boda.
- ¿Te importa si me ducho yo primero? Es para que llegues más fresca.
- No importa, así me da tiempo a tomar algo.
La ojiblanca se levantó de la cama y cogió un yogur que Sakura había pedido un rato antes para desayunar. Se sentó tranquilamente y mientras desayunaba, miraba extrañada su propio traje de novia. Siempre que veía uno de ellos recordaba el mal trago que había supuesto casarse con Gaara, pero ahora que lo pensaba con calma, pronto olvidaría su trauma. Gaara se pudriría en la cárcel, y no podría volver a verla siquiera. Eso la relajó lo suficiente, así que siguió comiendo hasta que se sintió saciada.
- ¡Hinata, ya está! Cuando quieras ya puedes ducharte.
La peliazulada se fue hacia la ducha y dejó caer un chorro de agua fría sobre su cuerpo desnudo. Ese día iba a ser agotador. Tan sólo de pensar en el ajetreo de la fiesta después de la boda y la noche se sentía agotada. Antes de derrumbarse ante la idea, empezó a mojarse con agua más caliente y se reconfortó pensando en que aquel día probablemente sería el más romántico de su vida.
A la misma vez, en la casa del rubio, alguien tocó en la puerta. El ojiazul se acercó a ella y le abrió. En ese momento, vio a Kakashi, su padrino.
- ¡Hola, Naruto! ¿Ya te has vestido?
- Sí, je, je…
- No está nada mal. Creo que Hinata se va a desmayar. Estás muy guapo.
- Muchas gracias, Kakashi.
- Todavía queda un rato para la boda, y como ya está todo listo… Tengo que pedirte consejo.
- ¿Tú a mí? Pero… ¿Estás bien, Kakashi?
- Sí. Sentémonos y te contaré lo que me pasa.
Ambos se sentaron en el sofá, y entonces, Kakashi le expuso su problema.
- Verás, Naruto, es que… Vaya, no sé por donde empezar.
- Hombre, Kakashi, se supone que por el principio.
- Bien… Pues como ya sabes, Sakura y yo somos amantes desde hace unos años, y en los últimos tiempos, me estoy planteando muy seriamente pedirle compromiso, e incluso matrimonio.
- ¿En serio? – Sonrió Naruto de oreja a oreja -. Creía que nunca lo harías.
- Bueno… – Susurró rascándose la cabeza -. Es que… No sé cómo hacerlo. ¿Podrías ayudarme, por favor?
- ¡Claro! Mira, tienes que hacer algo que a Sakura le guste mucho, y luego…
El rubio siguió aconsejando al hombre que le había enseñado el arte de la noche, mientras él escuchaba atentamente todos y cada uno de los consejos que le estaba dando. No en vano, Naruto había compartido con Sakura un trozo de su vida y ambos se conocían lo suficiente como para saber lo que le gustaba el otro.
Un buen rato más tarde, en el hotel donde estaban la ojiblanca y su amiga, la primera ya estaba lista para el día más feliz de su vida, incluso ya estaba peinada y maquillada.
- ¡Vamos, Hinata! ¡Vamos a llegar tarde!
- Ya voy… – Dijo la peliazulada saliendo nerviosa de la habitación donde se había vestido -. ¿Está bien así?
- Vaya… – Suspiró Sakura al ver lo guapa que estaba su amiga.
Su largo pelo azul estaba liso y suelto, haciendo su cara más dulce, a pesar de que sus labios estaban pintados de un rojo sangre seductor. Su traje era completamente blanco y resaltaba mucho más sus inocentes ojos. La parte superior del vestido la formaba un corsé sin mangas que estilizaba bastante su cintura. A partir de ahí, era una larga falda de tul y seda bastante elegante. Por último, llevaba unos discretos tacones blancos que no eran muy altos. Hinata no se manejaba muy bien con unos más grandes que aquéllos.
- ¿Vamos? – Preguntó la novia.
- Eh… ¡Sí!
Las chicas bajaron las pocas cosas que llevaron hacia la recepción, pagaron la estancia y se fueron hacia la casa de Naruto. Hinata se ponía más nerviosa cada vez que pensaba en lo felices que iban a ser ahora, pudiendo compartirlo todo sin que nadie les reprochara nada. Nadie tendría derecho a interponerse en sus vidas, cosa que la agradaba.
Un rato más tarde, Hinata ya había llegado, mientras el resto estaba esperando su llegada. La peliazulada, llena de timidez, vio cómo Naruto había modificado la paz de su querido jardín por un altar improvisado y sus amigos, tanto de su vieja vida como de la nueva. Avanzó completamente sonrojada hacia donde su galán. No iba vestido de negro, sino de blanco, y la verdad era que el traje le quedaba realmente bien al rubio. Además, toda la belleza de su príncipe la remataba una enorme y sincera sonrisa de felicidad.
Llegó al lugar y se quedó junto al rubio completamente sonrojada. No sabía hacia dónde mirar, y menos cuando el encargado del enlace comenzó a hablar.
Ninguno de los dos escuchaba sus palabras, a pesar de que estaban cerca de él y además usaba un micrófono. Era como si tuvieran los oídos taponados y sólo pudieran escuchar sus propios sentimientos latiendo con fuerza en su corazón.
Cuando escucharon que decían intercambiarse los anillos, Naruto, completamente sonrojado, sacó una cajita roja, la abrió, y sacando el anillo, lo colocó en el dedo de la mujer que más quería. Se quedó asombrada por su belleza y elegancia. Estaba hecho de plata con diamantes. No se podía creer que aquéllo fuera real, así que lo tocó. Poco después, levantó sus ojos y vio que su rubio estaba tan sonrojado como ella, así que intentó tranquilizarse dándole su anillo, que también era de plata. Justo después, se miraron a los ojos, y desde ese momento, los dos se relajaron.
“No sabes lo feliz que me hace estar junto a ti, Naruto.”
“Cada día que pasa comprendo por qué te quiero tanto, Hinata”
“Tu corazón es bueno y honesto…”
“… Tus ojos son tan puros como tu alma…”
“… Tu trato conmigo es dulce y delicado…”
“… Y si de algo estoy seguro es que jamás te haría daño, y que tú tampoco me lo harías a mí…”
“Pondría toda mi alma en el fuego si fuera necesario porque…”
- Puede besar a la novia.
En ese momento, Naruto abrazó tiernamente a la ojiblanca y se acercó a sus labios. Entonces, el uno empezó a profundizar en el otro de una manera tierna y romántica.
“Te amo”, fue el pensamiento que compartieron mientras ya se habían convertido en uno.
Más de un invitado se había quedado llorando por la ternura y el romanticismo de la escena, Kakashi y Sakura incluidos. Se notaba que los recién casados realmente se querían.
Minutos más tarde, la pareja había vuelto un instante a casa para ponerse ropa más cómoda. En ese momento empezaría la fiesta que darían para sus amigos. A la misma vez que los protagonistas se ausentaron, el peligrís se acercó a su pequeña y trató de hablar con ella.
- Oye, Sakura…
- ¿Sí? – Preguntó dulcemente la pelirrosa.
- Cuando nos vayamos de la fiesta tengo que hablar contigo sobre algo importante.
- ¿Puedo saber de qué se trata?
- No de momento… Es una sorpresa. – Susurró mientras la abrazaba.
La feliz pareja volvió a salir al jardín y entonces, Naruto se subió al escenario que había montado para la ocasión acompañado por su ojiblanca y se acercó al micrófono para dedicarle unas palabras a sus invitados.
- Gracias a todos los que estáis aquí por venir a nuestra boda. Ahora Hinata y yo hemos preparado un almuerzo para todos vosotros, y más tarde, tendremos un pequeño concierto de Tangoth.
Los invitados se quedaron boquiabiertos al pensar que el rubio se había vuelto loco.
- No, no… Son los Tangoth de verdad. De hecho, les hemos pedido que canten canciones anteriores a Lágrimas de sangre, que son canciones más ligeras. ¡Ah! Antes de que se me olvide… Mientras el servicio de catering y los camareros preparan el banquete, Hinata y yo repartiremos unos recuerdos. Ya sabéis: puros, tarjetas, mecheros… Un poco de todo.
Cuando el ojiazul terminó de hablar, le ofreció el micrófono a Hinata y ésta apenas dijo unas palabras, pero les gustaron mucho a sus invitados.
- En fin, yo también estoy muy feliz de que hoy estéis aquí con nosotros en el día más feliz de nuestra vida. Ojalá os gusten nuestros detalles y la fiesta.
Poco después, la pareja cogió un gran cesto y repartieron los regalos, y más tarde, disfrutaron de un buen plato de pasta y carne, y de postre, una generosa ración de fresas con nata.
Más tarde, Ainara y sus chicos subieron al escenario, y la chica, al ver que Sasuke se hacia tomado su bien consejo en serio, se animó y empezó a tocar. Al finalizar, los asistentes se sintieron satisfechos. El concierto había sido realmente bueno.
En cuando a la fiesta, no había estado mal, pero como era de esperar, terminó antes de anochecer, ya que Naruto e Hinata necesitarían soledad para vivir una de sus noches más románticas. También Kakashi y Sakura querían intimidad. Por eso, los dos se fueron hacia un tranquilo hotel, ya que era muy tarde para volver a Konoha.
Antes de comenzar su apasionado plan, Naruto revisó todos los detalles sin que Hinata se diera cuenta, y cuando lo tuvo todo listo, buscó a su pequeña para hacerle el mejor regalo de bodas: su ternura y su amor.

Mi primer AMV!!!

•20/11/2008 • Dejar un comentario

Les presento mi primer AMV; un SasuNaru con pequeños toques góticos. Espero que lo disfruten!!!

Y el próximo, trataré de que sea un KakaSaku

Oscuro deseo – Parte 9: Al fin comprendo…

•24/10/2008 • 3 comentarios

Faltaban dos días para la boda entre Naruto e Hinata y Sasuke aún no había decidido si quería ser el padrino o no. Quería porque él era su amigo y ese papel siempre lo hace alguien con el que el novio tenga mucha confianza, pero no quería porque si aceptaba, se suponía que tendría que ver cómo Naruto la besaba a ella, además de que tendría que aceptar la unión.

Ni siquiera dormir en el cementerio lograba despejarle sus ideas. Y lo peor era que al día siguiente tenía que darle una respuesta al rubio. Parecía que lo único bueno que le había pasado desde hacía siglos era que por fin Sakura había terminado su encargo, y según la pelirrosa, la réplica había quedado perfecta.

Se tumbó ante la falsa lápida del rubio y nuevamente trató de tranquilizarse, pero le fue imposible. Se trataba de aquel tango que alguien tocaba allí todas las noches. Sasuke, al escucharlo, se levantó. Estaba dispuesto a descubrir quién era el autor de esa melodía y qué hacía allí todas las noches. Ya tenía una idea de dónde podría estar esa persona por el sonido, así que se encaminó directamente hacia el lugar. Aunque creía que estaba cerca, en realidad estaba más lejos de lo que creía, tanto, que le costó un buen paseo llegar.

Cuando la encontró, vio a una mujer arrodillada delante de dos lápidas, una más pequeña que la otra. Tenía el pelo recogido, menos dos mechones que le caían por los lados de la cara. Era pálida como la muerte y llevaba un largo vestido negro conjuntado con un colgante de una enorme cruz del mismo color, y por si le quedaba alguna duda, sostenía un bandoneón entre sus frágiles manos. Ella era la autora de aquella oscura canción.

Ambos se quedaron mirándose, pero aunque ella no reconoció a Sasuke, él sí lo hizo, y más cuando la mujer le preguntó alarmada quién rayos era y qué hacía allí.

- Tangoth, ¿verdad? – Afirmó más que preguntó.

- Bueno, ése es el nombre de mi grupo. – Respondió con su característica voz de mezzosoprano con ciertos matices de contralto -. Yo me llamo Ainara.

- Sasuke Uchiha. – Susurró tendiéndole la mano.

Ainara soltó el bandoneón cuidadosamente a un lado y aceptó el gesto.

- Supongo que ésta no es la primera vez que vienes.

- Ni la última. – Confirmó el Uchiha.

- Pues bienvenido al club de los góticos desdichados. – Respondió mientras le ofrecía asiento a su lado -. ¿Quieres que yo rompa el hielo?

 - Si así lo quieres, adelante.

- Antes de contarte nada, me gustaría pedirte que ésto quedara entre nosotros. Lo que te voy a contar ni siquiera lo saben mis chicos.

- De acuerdo. Mis labios estarán sellados para siempre.

- Todo empezó cuando tenía catorce años. Me había enamorado de mi amigo de toda la vida. Él lo sabía, pero no me comprendía. Creía que lo mío era un simple calentón. Pero no era así. Mis sentimientos eran maduros. No era sólo pasar un buen rato en la cama todas las noches, sino compartirlo todo.

> Pasaron los años y seguía sin hacerme caso, hasta que nos fuimos a la universidad. Él me pidió que me fuera a vivir con él, ya que iba a necesitar que alguien le ayudara a pagar el alquiler. La convivencia era perfecta, pero yo ya no podía seguir manteniéndome de piedra mucho más tiempo, así que una noche le drogué y se lo hice hasta que amaneció. Perdí toda mi inocencia esa noche, y sé que el también.

> El pobre jamás llegó a sospechar nada, ni siquiera cuando tuve que confesarle que me había quedado embarazada. Creía que el padre era el vocalista gutural de mi grupo, pero estaba tan equivocado… El bebé nació en verano, y a pesar de verlo casi todos los días, no veía su parecido con él. Le di todo el amor que no pude darle a su padre, pero de nada sirvió… Pocos meses después cogió una meningitis tan grave que no pudo soportarla…

En ese momento, Ainara comenzó a llorar. Tan solo de recordar cómo había tenido que enterrar a su pequeño en plenas navidades le rompía el alma. De hecho, recordaba cómo el cielo había llorado lágrimas heladas durante todo ese día.

Poco después sacó un pañuelo negro y se limpió sus lágrimas con orgullo para seguir con su historia.

- Desde ese día me alejé de él y me centré en la música y en mis estudios. Había sido inmensamente feliz en mi soledad hasta que recibí una llamada de teléfono hace cinco años. Era él… Los del hospital donde estaba ingresado se habían puesto en contacto conmigo porque necesitaba un donante de corazón, y al ser casi improbable encontrarle uno compatible por su grupo sanguíneo, él había decidido que me avisaran para pasar las últimas horas juntos.

> Me fui tan de repente de la caravana de la gira que estaba haciendo en ese momento que mis chicos creyeron que me había vuelto loca. Tardé un buen rato en llegar al hospital, y cuando lo hice, subí lo más rápidamente que pude hasta su habitación. Cuando entré, me lo encontré tan débil que sentí deseos de irme, pero estaba despierto, y con un débil susurro me obligó a quedarme.

> Me senté a su lado, y él, haciendo un gran esfuerzo, cogió mi mano y me miró a los ojos. En ese momento me dijo que estaba profundamente arrepentido por haber sido un completo gilipollas y haberme ignorado todos aquellos años. Yo, conmovida, le confesé en ese momento que mientras vivíamos juntos, le drogué una noche para hacerle el amor, y que por esa noche me había quedado embarazada.

> El pobre estaba que no se lo creía… Después de aquéllo creía que me odiaría, pero en realidad me dio las gracias. Incluso me dijo que tendría que haberlo hecho sin drogarle, así le hubiera ahorrado el mal trago de darme explicaciones. Estuvimos callados unos segundos, y poco después me dijo que siempre me había amado y que aún lo hacía, y que si yo todavía lo amaba, me suplicó que me acercara a él y le diera el primer y el último beso. Acepté, y entre lágrimas me acerqué a él. Sé que justo cuando nuestros labios se unieron, su corazón no lo soportó más y murió.

Cuando Ainara terminó de contar su deprimente historia, ambos estuvieron callados. Sasuke, como buen fan de Tangoth, sabía lo que aquéllo había supuesto para el grupo. Los tres discos que fueron publicados tras aquella muerte se alejaron por completo del rock gótico asequible para el gran público y se introdujeron de lleno en un dark metal tan extremo que sólo un puñado de valientes enfermos mentales eran capaces de oír esos trabajos sin sentir la necesidad de cortarse las venas o clavarse un kunai en el corazón. Aunque los críticos empezaron a despotricar al grupo de lo lindo, los fans les salían de debajo de las piedras, y era prácticamente imposible conseguir entradas desde un mes antes de cada concierto.

De hecho, Sasuke se encontraba entre el grupo de dementes que adoraban a los nuevos Tangoth. La variante de la técnica de la bella y la bestia que habían popularizado era genial para su gusto, que consistía en que la voz femenina tenía que cantar a la misma vez que la voz gutural para darle a la estrofa en cuestión más fuerza oscura. Por eso, cada vez que Sasuke llevaba una de las camisetas del grupo por la calle y alguien le preguntaba por un disco anterior a Lágrimas de sangre, el Uchiha le soltaba al tipo que tenía un mal gusto impresionante por querer escuchar semejante caca de vaca, y que si quería oír verdadera música deprimente que se gastara unos cuántos yenes y se comprara el último disco del grupo.

- Bien, Sasuke, es tu turno. Desnuda tu alma como yo lo he hecho. – Le apremió la gótica acercándose las piernas al pecho.

En ese momento, el Uchiha empezó a contarle a Ainara todo cuanto sentía por Naruto, cómo fue su primera vez, cómo tuvo que darle a Hinata la declaración del rubio en contra de su voluntad, cómo había empezado a pasar las noches en el cementerio, cómo había hecho para robarle algunos besos como en el plan de Gaara o como para ayudar a la mujer a la que quería el ojiazul, y sobre todo, confesarle a la más que desesperada chica por tanto sufrimiento cómo se había arrastrado delante de su mejor amiga para que le fabricara un clon del rubio.

- Vaya… Lo mío parece un cuento de hadas al lado de lo tuyo. – Suspiró por primera vez desde hacía un rato -. Me sorprende que puedas soportar tanto dolor sin sentir deseos de morir.

- Simplemente conservo la esperanza. O si no, siempre me quedará mi muñeco.

- Creo que tendrías que irte a dormir sobre él, cielo. Tienes unas ojeras tremendas.

- No hace falta, de verdad… Además, tengo que pedirte un consejo.

- Adelante.

- Él se casa dentro de dos días y me ha pedido que sea su padrino. ¿Acepto o no?

- A ver, déjame pensar… Después de obligarte a darle a aquella chica una carta donde se declaraba, invitarte a la fiesta que dio para celebrar que estaban juntos, rechazarte, arrastrarse para protegerla y hacerte confesar delante de un juez y de su nena que siempre le quisiste, ¿me estás diciendo que quieres ser su padrino? Sasuke, si aún te queda algo de dignidad y orgullo, rechaza su petición. Por muy amigo tuyo que sea, no tiene el más mínimo derecho a hacerte sufrir, y si aceptas, tendrás que ver cómo se besan delante de tus narices. ¿Verdad que sufrirías si vieras esa escena?

El moreno sólo se limitó a asentir con la cabeza.

- Bastante has pasado ya con ese ingrato… Sé que es difícil olvidar, pero lo mejor para todos será que te conformes con ese muñeco y dejes que sea feliz. No es lo mismo, pero todos serán felices.

Ainara vio cómo Sasuke había derramado algunas lágrimas. La chica le ofreció protectoramente su gran pañuelo negro y lo acercó a su cuerpo para abrazarlo maternalmente.

- No te preocupes. Llorar es natural. Todos lo hacemos, sobre todo si nos dicen una verdad como ésa… ¿Estás más tranquilo?

- Sí… – Logró articular a duras penas.

- Te acompañaré hasta donde vas a descansar todas las noches. ¡Vamos!

Tras un buen rato, llegaron, y Sasuke se tumbó cómodamente, pero antes de que Ainara se fuera, le preguntó su edad.

- ¿Me dejas tu mano?~ El Uchiha se la ofreció, y sin que ninguno tuviera que decir su edad, la chica le dijo que tenía dos o tres años más que él.

- Por cierto, ¿podrías seguir tocando?

- Si eso te hace feliz, lo haré.

Poco después, Ainara lo dejó a solas con el falso Naruto y cerró sus párpados con delicadeza. El sueño no tardó en llegar, y mientras Morfeo le iba invadiendo, Sasuke comprendió porqué se sentía mejor al lado de aquella extraña mujer.

El comienzo del día le sorprendió de aquella manera tan especial, y mientras se adaptaba a la creciente claridad, se incorporó y decidió irse a casa antes de que el sol se animara a salir.

Llegó poco después con una arrogante sonrisa en los labios. En cuanto fuera una hora decente para llamar por teléfono, llamaría al rubio y le diría que no sería su padrino, y que se fuera buscando otro, porque él ni siquiera se dignaría a aparecer en la boda. Y poco después, Sakura iría a su casa a entregarle la réplica. En cuanto la pelirrosa abandonara la casa, pensaba estrenar su nuevo clon inerte de aquella manera tan sensual que se le insinuaba en sueños.

Cuando terminó de desayunar, realizó la llamada, y la verdad era que la reacción del rubio había sido buena pero extraña. Y lo mejor era que poco después había ido Sakura con una enorme caja marrón cargada sobre un carro. Aunque Sasuke sabía lo que había dentro, cualquier otro que viera la caja creería que era un frigorífico. Nada más alejado de la realidad.

- Sasuke, ¿estás en casa? – Preguntó la pelirrosa tocando en la puerta.

El ojinegro se apresuró a abrirle la puerta y hacerla pasar.

- Uff… No te imaginas lo que pesa… Creo que se parece al original hasta en eso.

- ¿Te ayudo?

- Sería genial.

Sasuke la ayudó a dejar la mercancía en su casa, y cuando terminó, ambos se sentaron en el sofá, y mientras comían pastas de té, hablaban del invento.

- Creía que hacer un clon como el que me encargaste era difícil, pero la verdad es que ha resultado mucho más fácil. Y además me ha quedado mucho mejor de lo previsto. A simple vista, realmente parece que es Naruto durmiendo.

- ¿Qué hay de los extras? – Preguntó Sasuke interesado.

- Bueno, dentro de la caja hay otra más pequeña donde he incluido la pomada universal, un perfume especial, una pomada erectora, otra dilatadora y otra para endurecer los pezones. Además, hay una esponja para secarlo después de usarlo y una pomada que devuelve al muñeco a su estado original. De todo esto hay cinco. Si alguna vez se te gastan…

- Bien. ¿Hay manual?

- Sí. Muy escueto. Es que… Para poner a cada momento “introduzca su pene por el ano del muñeco.”…

- Bien. Ayer ingresé tu dinero en la cuenta corriente que me diste. Si los del banco se dan prisa, pronto podrás tenerlo.

- Estupendo. Como está todo resuelto, yo mejor me voy. Seguro que quieres estrenarlo y… ¡Bueno, que lo disfrutes!

La pelirrosa se fue y Sasuke se dirigió a la caja. La verdad era que aquella frase que había dicho Sakura era bastante realista y excitante. Abrió la caja y vio a aquel muñeco tan realista.

- Naruto… – Se oyó suspirar.

Era tan parecido al real que nadie que lo viera pensaría que eso era un muñeco. Se parecía hasta en el mínimo detalle al real, sobre todo en la ropa, ya que Sakura había logrado conseguir su ropa de los doce años para su talla actual.

Sacó la cajita que había dentro y la puso encima de la mesita del salón. Buscó el manual de instrucciones y un bote de pomada dilatadora. Como tardaba 20 minutos en hacer efecto, no dudó en llevar al muñeco a su cama, tenderlo boca abajo, desnudarlo y aplicar la pomada tal y como indicaba el manual.~

“‘Introducir los dedos untados en pomada en el ano del muñeco’. Esta Sakura… Está hecha una profesional.”

Tras la excitante maniobra, Sasuke lavó sus dedos y se desnudó rápidamente para comenzar a disfrutar de una buena sesión de preliminares. Cuando estuvo de vuelta en la cama, hizo lo mismo con el rubio mientras lo empezaba a devorar.

Oscuro deseo – Parte 8: Satánica Inocencia

•25/09/2008 • 2 comentarios

A principios de octubre, en una fría mañana de un lunes, tanto Naruto e Hinata como Gaara estaban en la entrada de la sala 6 de los juzgados del pueblo donde vivían el rubio y su novia.

Los chicos estaban pensando en lo felices que serían si además de encarcelar a Gaara les concedían el divorcio. Si eso ocurría, el rubio prepararía la boda más bonita que ninguna mujer vería nunca, y lo mejor de todo era que realmente quería a esa mujer.

Poco después, dejaron que entraran en la sala. Ya estaba lleno de gente, entre ellos, los abogados de cada uno. El de Naruto era Kakashi, y el de Gaara, Shino. Lo primero que hizo la pareja al sentarse fue preguntar si Sasuke había llegado. Respondió afirmativamente. En cambio, Gaara estaba hablando de otra cosa con su abogado.

- ¿Crees que nuestro argumento servirá para algo?

- Claro. Si lo hacemos bien, no irás a la cárcel.

- Bien…

La magistrada, que no era otra que Tsunade, abrió la sesión y comenzó pidiendo el testimonio de Hinata.

- Bien, señoría, todo esto comenzó hace unos tres meses. Por unos acontecimientos que no vienen al caso, Gaara decide dejarme marchar, sin antes olvidarse de contarme que Naruto no había muerto. Por eso me dejó ir. Desde ese día estoy con Naruto.

> Pero hace un par de semanas, fue cuando ocurrió lo que nos ha traído hasta aquí. Naruto y yo estábamos en la playa, y tras volver del baño, noté que Naruto se estaba empezando a poner raro. Confirmé mis sospechas una hora más tarde, cuando Naruto estaba lejos de mí y Gaara, con la imagen de mi novio, estaba sobre mí a punto de poseerme. En ese momento – empezó a sollozar – me sentí tan mal y tan sucia que le juré a Gaara que después de eso lo iba a pasar mal.

Tras terminar, Shino se levantó y comenzó a hacerle varias preguntas a la ojiblanca.

- Si sospechaste que el que estaba contigo no era Naruto, ¿por qué no actuaste antes?

- Me dijo que se había dado un golpe en la cabeza. Le insistí para que nos fuéramos a casa. No quiso, así que nos quedamos allí.

- Y… Según la versión de mi defendido, tú te fuiste de la casa conyugal sin avisar. ¿Sabes que eso es un delito?

- ¡Protesto, señoria! – Gritó Kakashi -. Esa pregunta es totalmente irrelevante.

- Protesta aceptada. – Siguió la rubia -. ¿La defensa tiene más preguntas?

- No. – Pasemos a la versión del acusado.

Gaara se levantó de donde estaba sentado y comenzó con su gran sarta de mentiras más que planeada.

- Lo primero que quiero decir antes de pasar a los hechos es que en realidad Hinata se marchó de casa porque leí su diario y descubrí que lo había hecho con la cosa que estaba en la tumba del desgraciado de su novio.

- ¡Protesto! – Volvió a gritar Kakashi -. Esto también es irrelevante.

- Protesta aceptada. Cíñase al caso, Gaara.

- Bien, señoría, sólo pienso decir que Hinata supo en todo momento que yo era el que estaba con ella, y si no llega a ser porque ese rubio apareció en el mejor momento, nadie sabría nada de esto.

- Disculpe, señoría, pero mis clientes me comentan que el testimonio de Gaara es falso. Y si su señoría lo permite, vamos a llamar a nuestro testigo, Sasuke Uchiha.

El ojinegro se levantó de donde estaba sentado, y después, se dirigió al estrado y esperó a que la defensa le preguntara.

- Bien, ¿cómo supo de los planes de Gaara?

- Él y yo estábamos compinchados. Yo tomaría la imagen de Hinata y él la de Naruto para pasar el rato con los reales Naruto e Hinata, respectivamente.

- ¿Con qué fin quería pasar el rato de esa manera?

- Si le soy sincero, yo al menos quería hacerle el amor a Naruto porque le he amado en secreto desde hace tiempo. De hecho, hoy estoy aquí para ayudarle. Y por lo que se ve, Gaara tenía las mismas intenciones con Hinata.

- Es decir, que usted también debería ser juzgado.

- No, señor. Antes de cometer una falta irreparable, decidí detenerme. Me arrepiento de ello siempre que lo recuerdo, pero sé que hice bien.

- ¡¿Bien?! – Preguntó el pelirrojo furibundo -. Vamos, Sasuke, pedazo de maricón, ¡tú también querías tirarte a Naruto!

- ¡¿Y tú que, sucio mentiroso?! ¡La dejaste ir para luego tirártela!

- ¡Basta! – Gritó Hinata -. Estamos aquí para resolver nuestro problema de una manera justa, no a golpes.

- La demandante tiene razón. Aquí estamos para resolver nuestros problemas. – Dijo la magistrada al borde del colapso -. Creo que lo mejor es que comience a hacer mis preguntas, pero antes creo que lo más conveniente será que descansemos.

Tras unos breves minutos en los que las brechas abiertas entre los pasados aliados no cerraron, Tsunade comenzó con su breve interrogatorio.

- Comenzaré con Hinata si a nadie le importa. Luego interrogaré a Naruto, después a Sasuke y por último a Gaara. ¿De acuerdo?

Los presentes mencionados asintieron.

- Hinata, ¿Gaara te dejó ir voluntariamente?

- Sí.

- ¿Y fue él quién te dijo que Naruto estaba vivo?

- Sí.

- ¿Alguno de los presentes te dijo dónde residía?

- No.

- Y por último, te esperan dos preguntas muy relevantes pero también íntimas. Está en tu mano el responderlas o no.

- Las responderé.

- ¿Qué fue lo que pasó la noche anterior para que Gaara te dejara?

- Yo… Profané la tumba del falso Naruto. Lo desenterré para hacerlo mío.

Cuando Sasuke escuchó la respuesta de Hinata, se quedó realmente asombrado. ¿O sea que toda aquella situación había surgido porque Hinata se había atrevido a hacer lo que él deseaba? Definitivamente, hizo mal al prometerle al rubio que le entregaría la carta a su inocente amada.

- ¿Alguna vez quisiste a Gaara?

Todos los presentes se quedaron asombrados al oír la pregunta. Era como si les hubieran echado una jarra de agua helada justo en la espalda. Aunque había que reconocer que en el fondo la cuestión era buena.

En cuanto a Hinata, no dudaba de la respuesta que iba a dar. ¿Alguna vez había sentido la imperiosa necesidad de tenerlo? ¿Y de abrazarlo? ¿Y de besarle? ¿Alguna vez había querido escuchar los impulsos de Gaara? ¿Y rendirse a ellos? Nunca le había ocurrido eso con el pelirrojo, pero desde que estaba con Naruto había sentido todo eso y más. No tenía porqué darle explicaciones, y además se sentía realmente bien con él. Era como si nunca hubiera conocido el amor.

- No, señoria. – Respondió la ojiblanca con firmeza.

- Muy bien, Hinata, has sido una chica valiente. – Le sonrió Tsunade con complicidad -. Ahora es el turno de Naruto. ¿Estás preparado?

- Sí.

- ¿Alguna vez Hinata actuó forzada contigo?

- No.

- ¿Y con Gaara?

- Por lo que me ha contado, probablemente sea que sí.

- Antes de este juicio, ¿sabías lo que había ocurrido la noche anterior a que Hinata supiera que estabas vivo?

- Sí.

- Y ahora, te digo lo mismo que a Hinata. Esta pregunta es íntima. Si no quieres responderla, estás en tu derecho. – Dijo la magistrada dulcemente.

- De acuerdo. Cuando quieras.

- ¿Desde cuándo amas a Hinata?

Otro jarro de agua fría. Al menos Tsunade se molestaba en avisar antes de hacer eso. Aunque el rubio tenía que reconocer que aquella pregunta le liberaría por completo.

- Desde los catorce.

El gesto de Tsunade al acabar fue de tranquilidad, como si hubiera ayudado al ojiazul en algo muy profundo.

- Sasuke, ahora tú. ¿Realmente deseabas mantener relaciones con Naruto, tal y como ha apuntado Gaara o te movió otro interés?

- Confieso que lo hice por eso… Quiero a Naruto, y desde que sé que me atraen los hombres le he deseado en secreto.

- ¿Es cierto que paraste a tiempo?

- Sí, señoría.

- ¿Y que estabas compinchado con Gaara?

- Sí…

Una serie de suspiros salieron de entre los labios de muchos. Un poco de verdad nunca venía mal.

- Ahora voy contigo, Gaara. ¿Hinata se fue voluntariamente?

- Sí.

- ¿Realmente queríais dejarlo?

- Sí.

- Pero no puedes, ¿verdad? Por eso ha pasado esto.

- Es cierto, señoría. Desde que empecé con ella sé que todo es una farsa entre nosotros. Siempre supe que quería a Naruto, pero yo quería tenerla…

- Entonces, ¿reconoce que la ha violado?

- Sí… – Susurró avergonzado -. No exactamente al principio de la relación, pero poco después ella nunca quería. Por eso he dicho que sí.

- ¿También reconoces que tomaste la imagen de Naruto e intentaste violarla en la playa?

- Sí, señoría…

Shino estaba que se tiraba de los pelos. ¡En lugar de alegar que todo aquéllo era un montaje, había decidido confesar la verdad! Desde luego, si había alguien merecedor de ser llamado kamikaze, ése era Gaara.

- Ya he terminado. Este caso está claro, pero aun así, tanto el jurado como yo hemos de reflexionar para dejar más claro aún lo que ya lo es.

La rubia se retiró, y el jurado de cinco personas, también. Todos los presentes se quedaron mirando hacia Gaara.

- ¿Por qué…? – Susurró Hinata.

- Quiero terminar con todo. – Y se cruzó de brazos.

Pasaron unos minutos, y todos los ausentes volvieron a la sala. La tensión era tal que se podía cortar con cualquier cosa. Parecía que había llegado el Juicio Final.

- Primero, he de ir con Hinata. Aunque el muñeco de Naruto no es un ser animado, estás condenada por necrofilia. Tu pena será el destierro permanente de Konoha… Junto a Naruto.

Hinata estaba más que feliz con su condena. ¡Desterrada junto a Naruto! Parecía un sueño erótico de lo bien que soñaba aquéllo.

- Aunque no puedes estar físicamente en Konoha, – continuó la magistrada -, puedes tener contacto con ellos por carta, teléfono, e-mail…

¡Maravilloso! Eso quería decir que aún podría hablar con Sakura y contarse sus preocupaciones. Además, también podía avisarla y quedar en su casa.

- A Naruto también le mantengo su destierro, exactamente en el mismo lugar en el que ahora. A Sasuke… Te caería un año de prisión por intento de violación, pero al no tener antecedentes no puedo condenarte. Y por último, Gaara… Te condeno a seis años de cárcel por reiteradas violaciones, un intento, usurpación de identidad… No tendrás fianza, y dudo que alguna vez te den un permiso con tu historial.

El pelirrojo ignoraba todo cuanto sucedía a su alrededor. Realmente quería abandonarlo todo.

- Y por último… El matrimonio entre Hinata y Gaara será anulado.

- ¡¿Cómo?! – Gritaron los presentes.

- Hinata, al casarse, podría haber sido forzada por Gaara, y en casos como ése, el matrimonio no es válido. Y en cuando a Hinata y a Naruto… Podréis casaros cuando llegue la confirmación de nulidad.

Tanto el ojiazul como su novia se quedaron asombrados. Sabían que la sentencia les iba a salir favorable, pero no esperaban que tanto. No sólo ese inútil de Gaara las pasaría canutas en la cárcel, sino que además habían desterrado a Hinata junto al rubio y en unos pocos días podrían casarse. Aquéllo había salido demasiado bien, así que todos abandonaron la sala y ellos se fueron a la cafetería que estaba frente al juzgado para celebrarlo.

Varios días más tarde les llegó la carta que tan ansiosamente habían esperado. De hecho, estaban tan felices por su llegada que se tumbaron juntos en el jardín a plena luz del sol para leerla.

- Naruto, ¿la quieres leer tú?

- No, me hace más ilusión que la leas tú.

- Está bien… – Sonrió Hinata rompiendo el sobre y sacando aquel papel tan blanco como sus ojos -. ¿Estás preparado para explotar de felicidad?

- Siempre lo estoy desde que estoy contigo.

La peliazulada volvió a sonreír tan dulcemente como sólo ella sabía, y poco después, mientras Naruto la abrazaba cariñosamente por la cintura, se concentró en la carta y comenzó a leerla con su voz cargada de inocencia.

- “Estimada señorita Hyuuga, nos congratula informarle que, por medio de la demanda judicial 53.276-HUA del País del Sol con sentencia favorable a usted, su matrimonio con Sabaku no Gaara, fechado el 5 de septiembre de 1997, ha sido satisfactoriamente anulado el 23 de octubre de 2007 con el visto bueno del monseñor Cristian García.”

- ¡Sí que se han dado prisa en enviarla, ¿eh?! Dos días nada más.

- Todavía sigue, nene. ¿Me dejas seguir leyendo?

- Claro, Hinata. Acaba esa carta.

- “Desde el momento en el que reciba esta carta, usted está legalmente autorizada a contraer matrimonio en cualquier parte del mundo, sin necesidad de tener que trasladarse a países donde la poliandria está legalmente autorizada. Recuerde que en caso de defunción de su anterior pareja, usted sólo tendrá derecho a recibir la pensión de viudedad correspondiente al tiempo de duración del matrimonio.”

- Es decir, ¡que ya nos podemos casar!

- Sí, pero me imagino que tendremos que prepararlo todo.

- Ah, no hay problema. Sólo sé que quiero que mi padrino sea Sasuke.

- Pues a mí me gustaría que fuera Sakura.

- ¿Y si los llamamos ahora antes de que nos dé por cambiar de idea?

- ¡Perfecto! Tú eres el primero, ¿vale?

- ¡Vamos! El rubio se llevó a Hinata hacia el teléfono cogiéndola nuevamente por la cintura, y cuando llegó, marcó a la velocidad de la luz el número de su amigo.

Mientras tanto, Sasuke acababa de llegar de la excursión nocturna que siempre hacía al cementerio cuando el contestador terminó de grabar el mensaje de Naruto. Le dio al botón que reproducía el mensaje, y al escucharlo, se quedó atónito.

- ¿Por qué yo…? – Susurró con un hilo de voz.

Oscuro deseo – Parte 7: El cielo esta noche

•04/09/2008 • 1 comentario

La noche había pasado pacíficamente para el Uchiha, que había amanecido sobre la tierra que cubría el ataúd de Naruto. Tal y como había predicho, sus sueños habían sido mucho más dulces que la noche anterior. Y todo se lo debía a aquel apasionado beso y a aquella canción con toques necrófilos y vampíricos.
Había soñado que por fin Naruto se daba cuenta de que le amaba y se le declaraba de una manera apasionada. Aunque había un detalle extraño en el sueño: no lo había hecho ni en su casa, ni en un restaurante carísimo, ni siquiera en aquella playa tan bonita a la que iba muy a menudo; sino en una cueva que no sabría ubicar. Y ése no era el detalle más raro. Misteriosamente, Naruto se refería a él como Hinata; y para colmo de males, el Uchiha no podía moverse ni un milímetro, pero podía notar a la perfección los arrumacos del rubio.
“¡Vaya sueño más raro!”, fue lo que pensó el Uchiha al recordar el sueño, pero también pensó que había sido de lo más bello. No era sólo por la acción en sí, sino por todo. Era cierto que la cueva, si hubiera estado en su estado original, hubiera sido un lugar poco romántico, pero el rubio la había ambientado de tal manera que parecía que era otro lugar. La música era exactamente la misma que la que estaba escuchando para conciliar el sueño, y mientras Naruto le poseía con sus besos, notó que en el lugar había un olor agradable, y no sólo el del ojiazul. Estaba completamente seguro de que aquel olor a rosas que llenaba el lugar era incienso, o si no, pétalos esparcidos. Y luego, la decoración… Tenía bastante clase, pero sin resultar empalagosa, y además, la cama era muy cómoda.
Se levantó de allí y decidió que lo mejor era volver a casa y desayunar antes de que alguien lo viera allí. Lentamente, iba avanzando, pero en realidad, no quería alejarse. Entonces se le ocurrió una idea genial para poder pasar el tiempo con Naruto, pero tendría que hablar con la persona adecuada.
Poco más tarde, comenzó a sonar un teléfono en la casa de Kurenai. La mujer de los labios sangre se levantó de la cama en ese instante y contestó a la llamada completamente soñolienta.
- ¿Quién es?
- Hola, Yuhi. Soy Hatake. Ayer hablé con Kiba por teléfono y dice que está encantado con la oportunidad.
- ¿Sí? ¿De verdad?
- Ya te lo he dicho. Está impaciente por verte. Me dijo que si tú querías hoy podía pasarse por Konoha. ¿Te apetece?
- Por supuesto. – Dijo felizmente la mujer.
- Bien, lo avisaré. ¿Puedo darle tu número para que él te avise a la hora que llega?
- Casi mejor. Oye, Hatake, nos vemos. ¡Gracias!
- No es nada, mujer. ¡Buenos días!
Cuando Kakashi colgó, Kurenai se sintió bastante feliz. Se fue a desayunar, y mientras se bebía a sorbos un chocolate bastante caliente y espeso, dirigió su mirada hacia el sofá. Como apenas lo usaba, estaba prácticamente nuevo, y por ese mismo motivo era el mismo que el que usó la noche en la que Kiba la sedujo. Recordó todas y cada una de sus caricias, y sólo por aquéllo se sentía arder.
“¿Y si vuelve a pasar?”, se preguntó sorprendida la mujer de los labios sangre. Sin apenas pensarlo, supo que la respuesta era que acabaría sucumbiendo al chico animal. Hacía ocho años que no había visto a Kiba, y si algo tenía muy claro Kurenai era que aquel chico de mirada inocente podía haberse convertido en la clase de hombre apasionado que inundaba sus sueños.
Un buen rato más tarde, Sasuke llegó a la casa de su amiga. Tenía mucho miedo de la más que probable reacción de su amiga, pero sabía que si no le pedía aquel favor, aparte de volverse loco de amor, acabaría cogiéndose una buena pulmonía por dormir en el cementerio con el único abrigo de sus sueños.
Sin ni siquiera haber tocado en la puerta, vio cómo Sakura se había acercado a ella. Claro… Lo habría visto por la ventana. Poco después, la chica llegó allí y le abrió.
- ¡Sasuke! ¿Qué haces aquí?
- Necesito pedirte un favor. Es muy importante. Además necesito discreción.
El segundo nombre de la pelirrosa era discreción, así que hizo pasar a su amigo a su confortable salón y le hizo contar con la ayuda de un café por qué estaba allí.
- Sé de sobra que lo que te voy a pedir es importante para mí, pero puede que tú te niegues, y si lo haces, me sentiré mal pero lo comprenderé.
La pelirrosa empezó a inquietarse al escuchar aquéllo. ¿Qué demonios iba a pedirle? O se lo decía o explotaba.
- Bien, será mejor que empiece. Tú eres la inventora del clon inerte, ¿verdad?
- Más bien coinventora, pero soy capaz de fabricar uno sin la ayuda de Tsunade.
- Bien, antes de que te diga de quién quiero una réplica, podrás negarte a hacerlo. Si aceptas, no me importará pagarte si así lo quieres. La mujer empezó a especular mentalmente sobre la identidad del futuro clon. ¿Ino? ¿Kakashi? ¿Orochimaru? ¿Un monstruo de una película de miedo? Aun así, no se acercó ni remotamente.
- Mientras sea un clon humano, estaré encantada. Y lo haré gratis.
- Bien… Quiero un clon de Naruto.
- ¿QUÉ? – Gritó la pelirrosa al borde del infarto.
- Sí… Pero no el mismo modelo que fabricaste para su tumba. Necesito que le hagas algunas modificaciones.
- ¿Como cuáles? – Preguntó todavía nerviosa.
- Desearía que el clon no se descompusiera, ya que lo voy a necesitar para otro fin. Además, me gustaría que fuera un Naruto dormido. Es decir, que tenga olor corporal, mismas características físicas… Como un clon pero dormido.
- Sasuke, una cosa… ¿Qué clase de olor corporal?
- Pues… – Susurró sonrojado -. Ese olor que tiene tan agradable, más o menos cuando sale de la ducha y se echa su perfume.
- Bien… Puedo tenerlo listo en dos semanas, más o menos…
- ¡Gracias, Sakura! No sabía que fueras tan amable.
- Pero antes de nada… ¿Por qué me has pedido una réplica de Naruto?
- ¿Prometes que si te lo cuento no saldrá de estas paredes?
La pelirrosa asintió levemente con la cabeza, y poco después, el Uchiha empezó a confesarse.
- Es porque siempre le he amado, y ahora que está lejos de nosotros, necesito de él más que nunca. Es por eso por lo que necesito su réplica. Porque sé que él ni volverá ni me querrá.
Sakura se quedó mucho más asombrada de lo que lo había estado en su vida. Aquella declaración de amor era de lo más apasionada que había escuchado, y para colmo había sido tan sincero que era imposible dudar de él.
- Te haré la réplica, pero teniendo en cuenta el uso que le vas a dar, seguramente tarde más en hacerla, ya que tendré que trabajar cada milímetro con esmero para que quede tanto realista como utilizable. Y luego necesitarás unas pomadas especiales para que ciertas partes de su cuerpo puedan ser manejadas. Eso sí, no te prometo el resultado excelente de la versión para investigaciones médicas, pero trataré de que sea tan buena como el de esa versión.
- Muchas gracias, Sakura, de verdad. Sé que es difícil la fabricación, pero si has aceptado, creo que lo más justo será que te pague. No, no intentes decirme que no. – Dijo bajando la mano de su ex compañera -. Sé que es mucho trabajo, y por eso te pagaré 100.000 yenes. Puede que sea más caro, pero es el dinero que tengo.
Ambos se despidieron amablemente, y cuando Sakura se quedó sola, se quedó pensando en todo lo que acababa de pasar. Era cierto que su Hatake ya le había comentado algo sobre el amor que sentía Sasuke por el rubio, pero lo que le asombraba a la pelirrosa era la dependencia que sentía por el cuerpo del rubio. Aquéllo no era demasiado normal, pero tampoco lo era seguir enamorado tras catorce años de pasión frustrada.
Varias horas más tarde, el teléfono volvió a sonar en la casa de Kurenai, pero esta vez no era Kakashi. Intuyendo quién podía ser a aquella hora, respondió a la llamada.
- ¿Sí? ¿Quién es?
- Hola, Yuhi. Soy Kiba.
- ¡Kiba! – Dijo con un más que fingido tono de sorpresa -. ¿Cómo estás?
- Pues la verdad es que estoy muy bien. Y más desde que Kakashi me dijo que querías intentarlo.
- Ah, claro… Oye, ¿cuándo llegas a Konoha?
- Más o menos dentro de media hora. Ya sabes cómo es el transporte público. Por cierto, ¿irás a buscarme a la estación o voy directamente a tu casa?
- Pues… Creo que mejor voy a buscarte. No me apetece estar en casa.
- Bien. ¡Nos veremos! La mujer de los labios sangre colgó, y poco después, una única pregunta rondaba por su cabeza. ¿Cómo demonios iba a hacer para ducharse, arreglarse y llegar a la estación? En lugar de intentar resolver esa pregunta, decidió que lo mejor era ponerse en marcha.
A la misma vez, en el autobús donde iba Kiba, el chico animal no podía parar de pensar en la noche que iba a pasar. Tan sólo de pensar que iba a pasarla con Kurenai sentía que al fin podría encontrar algo estable con una mujer.
Después de su primera vez, había tenido bastante suerte con las mujeres, pero el problema era que él las iba dejando. No es que tuviera problemas con ellas ni nada por el estilo, simplemente que había buscado a Kurenai en todas ellas y no la había encontrado. Por eso no había tenido nada estable.
De repente, volvió a la realidad cuando el autobús se detuvo en un pueblito llamado Haikia. Al darse cuenta de ésto, Kiba descubrió que cada vez se iba acercando cada vez más a Kurenai. Y lo mejor era que no podía ponerle remedio.
Un buen rato más tarde, la mujer de los labios sangre ya había llegado. Se había duchado, lavado el pelo, vestido, maquillado, peinado, perfumado e ido hacia allí a toda prisa. Tenía tanta prisa que se aseguró de que no había olvidado su monedero. Como lo había comprobado tres veces, no tuvo ninguna duda: estaba con ella.
Lo primero que hizo al llegar fue mirar hacia el reloj que colgaba de la pared de la estación. Eran las ocho y veinticinco. Kiba llegaría en cinco minutos.
Poco más tarde, el autobús de la línea 6 había llegado, y según lo que indicaba el reloj, se había adelantado tres minutos. Kurenai empezó a mirar hacia las ventanillas para ver si reconocía a Kiba, pero nada… Casi sin darse cuenta, alguien la abrazó por la espalda y empezó a acariciarle.
- Tienes que estar más atenta
- ¿Kiba? – Preguntó sorprendida.
- ¡El mismo!
- ¿Por dónde rayos has salido?
- Pues… Creo que de otro autobús. Siempre salen dos de la línea 6.
- Ay, ¡qué boba!
- No te preocupes. Suele pasar.
- Por cierto, Kiba… – ¿Sí?
- ¿Podrías soltarme? La gente nos mira raro… – Eso está hecho. – Dijo soltándose y poniéndose frente a ella -. ¿Qué planes hay?
- Pues… Ir a cenar por ahí, pasear… Ni idea.
- ¿Y si vamos a una hamburguesería?
- ¡Sí, hombre! Y luego me pasa como a Sakura, que le cayó el ketchup en un sitio raro.
Al decir esto, la mujer de los labios sangre recordó lo que le había contado Kakashi sobre el inicio de su relación con Sakura. El ninja copia y su ex alumna fueron a una hamburguesería a cenar en plan amigos. Entonces, cuando ambos estaban comiendo, a Sakura se le cayó una gota de ketchup en el escote.
En ese momento, Kakashi, que estaba a su lado, se acercó a ella, la cogió por la cintura y puso sus labios prácticamente pegados a la oreja de la pelirrosa.
- ¿Sabes? Si este no fuera un lugar público, te quitaría esa mancha con mis labios. – Susurró mientras las yemas de sus dedos acariciaban su piel para quitar la mancha.
Mientras Kakashi se llevaba delicadamente los dedos a la boca, miró fijamente a Sakura. Desde ese momento, supo que ya no tendría que recurrir a su imaginación para tenerla.
- Bueno, bueno… ¿Al italiano entonces?
- De acuerdo. – Sonrió Kurenai.
Un rato más tarde, la pareja ya había llegado al restaurante italiano que había en Konoha. No tenían una reserva hecha, pero había mesas libres, así que los dejaron pasar. Se sentaron tranquilamente en la mesa que les habían ofrecido, y poco después les dieron la carta.
- Creo que voy a pedir una pizza especial. ¿Tú también quieres, Kurenai?
- No sé… ¿Me dices lo que lleva? – Tomate, jamón york, chorizo, salchichón, atún, champiñones, mozzarella, cheddar, roquefort, enmental y anchoas. ¡Ah! Aquí dice que si lo pides, también pueden ponerle piña, espárragos y mejillones.
- Pide una familiar básica de esa pizza. Tranquilo… La pago yo. – Esto… Kurenai, somos dos… ¿En serio quieres la familiar para los dos?
- ¡Claro! ¡Así mañana no cocino!
El chico animal se quedó desconcertado, pero eso no era nada en comparación de lo que iba a pasar poco después. Un camarero se iba acercando a ellos, y en ese momento, preguntó lo que tomarían para beber.
- ¡Una Coca-Cola! – Dijeron los dos al mismo tiempo.
Cuando el camarero se fue, se quedaron mirándose el uno al otro asombrados.
- Vaya… No sabía que nos parecíamos tanto… – Susurró asombrado Kiba.
- ¿Qué pasa? ¿Que porque tenga 44 ya no puedo beber Coca-Cola? Por cierto, puedes llamarme Yuhi si quieres.
- Vale. Será mejor que nos relajemos si no queremos acabar pegándonos.
Un rato más tarde, el camarero trajo la cena con otras dos Coca-Colas, ya que los dos se la habían terminado hace un rato. Cuando el camarero dejó aquella bandeja macroscópica sobre la mesa, a los dos se les cayó la baba casi literalmente.
- ¡También le han puesto olivas!
- ¡Y orégano! – Exclamó felizmente Kurenai.
Los dos empezaron a cenar tranquilamente, pero poco después, Kurenai notó que Kiba estaba acariciando su pierna con sus pies.
“Eso me pasa por ponerme falda”, pensó la pobre mujer a punto de atragantarse. Estaba claro: el chico animal tenía un don para hacer varias cosas a la vez, porque no paraba de comer, pero lo hacía lentamente.
- Esto… Kiba, podrías ser un poco más discreto.
- ¿Por?
- Chico, es que la gente nos está mirando como si fuéramos monos de feria. – Y luego susurró casi en un soplido -. Cuando estemos solos ya harás lo que quieras.
- ¿Estás segura?
- Preguntó el chico animal en el mismo tono -. He mejorado mucho desde la última vez, y te aviso de que puedo ser un peligro.
“Enfríate, Yuhi, que estás en público”, fue lo primero que se le vino a la cabeza tras escuchar las palabras de Kiba e imaginar lo que podía pasar aquella noche.
“Puede que parezca que sólo quiero pasar un buen rato, Yuhi, pero hace años te demostré todo lo que puedo darte. Por eso te he esperado”.
Siguieron cenando con calma, y el tema de conversación cambió drásticamente.
- En fin… ¿Qué es de tu vida, Kiba?
- Pues… Aparte de que vivo lejos y mi trabajo a veces es una basura, pues tengo una casita. Y el pobre Akamaru… Pasó a mejor vida hace un par de años. Por eso no está conmigo.
- ¿Y qué tal con las mujeres?
- Mal. O me querían por guapo o no soportaban a Akamaru. ¿Y tú?
- Yo también, la verdad. El último que estuvo conmigo quería olvidarse de un amor platónico y acabé yéndome de su casa.
- No te preocupes. Suele pasar. ¿Por qué no me cuentas algo?
- La verdad es que no sé qué contar…
- Empieza por el trabajo.
- Digamos que ahora estoy viviendo del Hokage. Es que hace un par de años me retiré. Me estoy volviendo vieja.
- ¡No digas eso, mujer! ¡Si eres más guapa que muchas mujeres de las que conozco!
- Puede que sí, pero el físico se resiente.
- Oye, Yuhi, creo que lo mejor que podemos hacer es cenar antes de que la pizza se enfríe. Si no, creo que no nos la podremos comer ni dejándola en Coca-Cola.
La mujer de los labios sangre pensó en aquéllo y el gesto que hizo era una mezcla entre gusto y asco. Después, consideró que lo mejor era seguir cenando. Poco más tarde, ya estaban en la calle paseando. Les había sobrado media pizza, así que Kurenai se la llevó. Total… La había pagado ella con su dinero.
- Oye, Yuhi, me imagino que sabes qué es lo que sigue, ¿verdad?
- Sí. – No tienes porqué hacerlo si no quieres.
- ¿Por qué dices eso?
- Creo que has estado muy forzada. Es por eso. Estoy muy agradecido por la oportunidad, pero si quieres parar, aún puedes hacerlo.
- ¿Forzada? Creo que deberías de conocerme mejor. No lo he estado. Simplemente es que estoy algo nerviosa. Y preocupada.
- ¿Por qué?
- Porque tengo miedo de que me puedas usar, como el último que estuvo conmigo.
- Si es eso lo que te asusta, creo que deberías olvidarlo. Si te he esperado todo este tiempo ha sido por algo. ¿No crees?
- Si.
Se sentaron en un banco, y entonces, Kiba empezó a mirar al cielo.
- ¿Sabes? Yo también estoy asustado. Temo que no sea lo suficiente para ti.
- Creo que lo mejor será que vayamos a casa.
Mientras abandonaban el parque y la luna brillaba de aquella manera tan siniestra, Sasuke estaba escuchando música en su cama, al igual que el día anterior. Definitivamente, lo suyo era un caso más que agudo de obsesión. Y lo peor de todo era que ya era intratable. Simplemente estaba para que le pusieran la camisa de fuerza y lo metieran en la habitación más acolchada del manicomio.
Y eso no era lo peor. Aparentemente, la solución más sencilla era ir a la casa de Naruto y devorarlo, pero aquello en realidad era lo más difícil, así que el Uchiha había buscado otra solución. El problema era que tendría que esperar, pero no podía hacerlo. Sólo deseaba tener aquella réplica para darle lo que el real menospreciaba sin saber todo lo que valía. Y según el moreno, su amor valía mucho más que el de cualquier otra persona.
Cuando llegaron a la casa de Kurenai, ambos se sentaron en el sofá, y poco después, Kiba no pudo evitar dar el siguiente paso. Se colocó sobre ella, y en ese mismo momento, la abrazó por la cintura.
- ¡Qué casualidad! Estamos en el mismo sillón donde perdí la virginidad. ¿Sabes lo que eso significa?
Kurenai intentó responder, pero Kiba la besó en el momento oportuno, y poco después, susurró de una manera romántica.
- Si lo hacemos bien, no necesitaremos decirnos nada.
Ése fue el último momento en el que tuvieron uso de razón hasta la mañana siguiente. Habían amanecído juntos y abrazados. Eso sólo podía significar que la noche había sido más que perfecta. De hecho, tan sólo de recordar cualquier detalle, Kurenai se ponía bastante roja.ç
En ese mismo momento, la voz de Kiba la sacó de sus ensoñaciones.
- Yuhi, ¿estás despierta? – Susurró levemente.
- Sí. – ¿Qué tal has pasado la noche?
- Muy bien. ¿Tú?
- También.
- ¿Traigo algo para desayunar?
- No hace falta. Mejor en la cocina. ¿No crees?
Ambos se levantaron, se cubrieron y fueron hacia la cocina.
A la misma vez, en la casa de Sasuke, el teléfono empezó a sonar justo en el momento en el que el moreno abrió la puerta para entrar en su casa. Justo cuando iba a cogerlo, dejó de sonar. En ese momento, el ojinegro se sentó en el sofá y esperó a que llamara, porque, si era tan importante, ya volvería a llamar. No se equivocó, y el teléfono volvió a sonar.
- ¿Sí?
- Sasuke, ¿eres tú?
- Sí. ¿Qué pasa, Naruto?
- Me acaba de llegar la citación. Tenemos que preparar el juicio.
- ¿Cuándo es?
- Dentro de una semana.
- De acuerdo. ¿Voy esta tarde?
- Bien. ¡Nos vemos!
La comunicación se cortó, y en ese momento, Sasuke se dejó caer aun más en el sofá. ¿Por qué estaba condenado a ayudar en una causa en la que no tenía nada que ver?
“Dios mío, ¡y pensar que esta tarde puede pasar cualquier cosa! Sólo de pensarlo me asusto… Pero también lo deseo”. Se levantó tras despejarse, y tras eso, decidió que lo mejor era llenar su estómago.