1
Heart of despair
La noche se exhibía orgullosa con su luna llena en el punto más álgido. El frío nocturno que hacia en aquel mes de junio era incluso agradable, pero para el ojinegro que estaba solo en su habitación aquélla era una tortura más de su vida desde que se había dado cuenta de quién era realmente.
Estaba inclinado frente a un escritorio como los que suele haber en las oficinas con un flexo encendido para poder ver lo que estaba escribiendo. El resto del lugar estaba en las más profundas tinieblas, algo que reconfortaba al extraño ojinegro.
“24-06-1997
Mi adorado Naruto:
Estoy otra noche ante este diario al que le he confesado todo lo que siento. No me arrepiento de todo lo que he escrito en él porque sé que nunca me juzgará, pero tú sí lo harás cuando descubras lo que sólo muestro aquí.
Puede que te haya mentido con todas mis miradas, todas mis acciones, con todas mis palabras, pero en el fondo de mi ser sé que sospechas que algo extraño está ocurriendo. Ese algo es que en realidad te amo con locura. Es cierto que sólo tengo dieciséis años y que ésta es la primera vez que me enamoro, pero estoy completamente seguro de mis sentimientos.
¿Acaso has sentido alguna vez la imperiosa necesidad de besar a la persona que quieres aunque sea un momento totalmente inoportuno? ¿Acaso has sentido alguna vez esa extraña urgencia que te da punzadas en el vientre y te obliga a acercarte a esa persona y empezar a hacerle el amor allí mismo? ¿Acaso alguna vez has tenido sueños tan reales con esa persona que has deseado que se hagan realidad? ¿Acaso alguna vez te has sorprendido a ti mismo pensando en esa persona de una manera tan profunda que la has necesitado a tu lado para satisfacer tus fantasías? No conozco tu respuesta a estas preguntas, pero la mía es un sí bien rotundo. Además, esto es sólo el principio de lo que siento por ti.
Cuando estoy cerca de ti, siento mi cuerpo arder por tu simple presencia, incluso en los momentos más inoportunos, como en los entrenamientos. Sé que no lo notas, ni siquiera lo sospechas, pero el calor que me invade es tan intenso que necesito desnudarme para poder soportarlo.
También adoro tu pelo. Es realmente bonito. Tan rubio, tan brillante, tan limpio… Siempre que lo veo deseo acercarme a ti y tocarlo, pero siempre acabo conteniéndome las ganas porque sé que te enfadarías mucho si llegara a hacerlo.
Tus ojos también son bonitos. Me encanta el azul de tus ojos. Es tan profundo como los sentimientos que escondo en mi corazón. En más de una ocasión he temido mirarlos porque me daba la impresión de que serias capaz de desnudar mi alma y descubrir mi oscuro secreto. Aun así, hay veces en las que me olvido de ello y los miro, y en ese momento veo en ellos el sentimiento de soledad que siempre te acompaña. Aunque ese sentimiento es de lo más desgarrador que conozco, la belleza que veo en ellos es lo que me anima a seguir mirándote, aunque acabes descubriendo mi cara sonrojada por la simple mirada.
Suspiro por el calor de tus labios, tan finos pero a la vez tan calientes y apasionados. En más de una ocasión me he sorprendido besándote en mis fantasías, y créeme, ha sido peor el remedio que la enfermedad. Cada vez que cortaba mi fantasía acababa teniendo otra peor, pero esta vez con tu cuerpo.
Me gusta tu piel bronceada por los entrenamientos tan delicadamente. Cada vez que nos peleamos he podido notar tu tacto tan suave y esponjoso. En esos momentos no me tranquilizaba ni respirar hondo, porque lo que realmente quería era hacerte el amor allí mismo.
Tan sólo de imaginar cómo vibrarían todos y cada uno de los músculos de tu cuerpo con ese contacto que tanto deseo me estremezco tan salvajemente que si tengo ese momento de debilidad en público muchos se preguntan si realmente estoy bien de salud. Y eso no es nada. Todas y cada una de mis fantasías hacen que cada vez te desee más. Tanto es así, que si sigo a este ritmo acabaré violándote por toda esta pasión reprimida.
No dudo de mis sentimientos, y por eso los mantengo, pero me descorazono al pensar cómo miras a Hinata de la misma manera con la que yo te miro a ti. Y eso no es nada. Me duele pensar que tal vez ahora mismo estés escribiendo lo mismo que yo refiriéndote a ella, algo que no me gustaría leer porque me destrozaría el corazón aun más.
Te anhelo tanto que creo que ya he perdido toda la razón que me queda. Por eso es por lo que cada noche tengo que recurrir a mis manos e imaginar que son las tuyas para llegar al máximo momento de placer que tanto deseo alcanzar contigo.
Eres lo único que aparece en mis sueños. En ellos te beso, te acaricio, te abrazo, te miro, te hago arder, me hundo en ti… En resumen, te amo como nunca lo he hecho y deseo hacerlo. Ahora es cuando el sueño me está venciendo, así que acabaré de escribir por hoy y en la soledad de mi cama imaginaré que estás conmigo.”
Cerró delicadamente el cuaderno donde había escrito su más ardiente y oscura declaración de amor y lo guardó en el cajón de su mesita de noche. Cuando terminó, abrió su cama y se metió en ella completamente desnudo. Tras eso se tapó con las escasas sábanas, y sintiéndose solo en aquella romántica oscuridad buscó en su memoria el tacto de la piel del rubio para reproducirla con sus manos, y acto seguido comenzó a acariciar su moldeado pecho. Siguió bajando con delicadeza, sin interrumpir su fantasía, y cuando llegó a su zona más íntima, la sacudió hasta explotar de placer.
2
Blinded passion
Habían pasado unos cuantos días desde que Sasuke había liberado de aquella manera sus sentimientos para su diario. Se sentía muy solo y vacío desde ese entonces y ni él mismo sabía porqué. Había ido a los entrenamientos, obedecido todas las instrucciones de Kakashi y batallado con sus compañeros, pero algo fallaba.
Naruto había estado como ausente en los últimos tiempos, como si nada de lo que ocurriera a su alrededor llegara a interesarle. Tal vez eso había afectado al Uchiha, ya que no le gustaba ver a Naruto de esa manera.
Ese mismo sábado por la noche el ojinegro había decidido salir a tomarse una copa, ya que un poco de alcohol corriéndole por las venas podría ayudarle un poco a olvidar la situación que estaba viviendo. Tras arreglarse como era debido, salió a la calle y se fue hacia el único local de toda Konoha que servía bebidas alcohólicas: El Ninja Desertor.
El Uchiha entró en el antro con su arrogante sonrisa de medio lado, mientras una kunoichi se había propuesto tener con él más que palabras por la postura que había adoptado, pegándose a su cuerpo mientras acariciaba su intimidad.
- Eres Sasuke Uchiha, ¿verdad? – Preguntó la rubia que estaba junto a él -. Me han dicho que estás tan bien dotado como tu hermano mayor.
- Debería darte vergüenza ser tan suelta. – Proclamó mientras la fulminaba con la mirada -. Y la próxima vez que menciones a mi hermano te vas a tragar esas tetas de silicona que te ha pagado. ¿Estamos?
La chica huyó despavorida con lágrimas en los ojos, y cuando al fin Sasuke recobró la libertad de movimientos, se dirigió hacia la barra del establecimiento, pero lo que vio allí no le gustó absolutamente nada.
De entre todas las personas que allí había, podía distinguir a la que lo había dejado en semejante estado de shock. Era Naruto. Estaba encorvado sobre la barra, y ante él había un vaso de sake prácticamente vacío. Por lo tranquilo que estaba el rubio, Sasuke supuso que ese no era el primero, así que algo grave le había pasado, ya que Naruto, a pesar de ser un cabeza hueca, si había algo con lo que era realmente responsable era con la bebida.
Todo había ocurrido hacía unas escasas dos horas. Naruto estaba paseando por el bosque cuando de repente se encontró con una escena nada halagüeña. Hinata estaba sentada junto a Gaara bajo uno de los muchos árboles del lugar. Al rubio no le pareció nada extraña la escena hasta que el pelirrojo se inclinó sobre su inocente amada, la besó apasionadamente y tras aquello le ofreció un anillo de matrimonio.
En ese momento, la peliazulada aceptó la oferta encantada y le devolvió el gesto a su novio mientras se ponía con descaro sobre él.
Sin que ninguno de los dos lo supiera, a Naruto en la distancia se le había roto el corazón. Habría dado lo que fuera necesario por la pequeña que ahora se estaba desnudando para ese cerdo de la arena, pero eso ya no tenía sentido. Deseaba gritar con todas sus fuerzas que el que estaba con ella era un hijo de puta por haber herido sus sentimientos de aquella manera. Antes de que su cuerpo se negara a obedecer a su cerebro, el ojiazul había conseguido ponerse en pie sin ser descubierto y huir hasta la barra de ese lugar.
Sus hermosos ojos azules estaban entornados tanto por sus pensamientos como por el alcohol que había bebido, cosa que Sasuke notó cuando cogió su cara entre las manos y miró fijamente sus ojos.
“¡Que se vaya al cuerno la juerga de hoy!”, pensó mientras decidía que lo mejor era pagar lo que había consumido su amigo y llevárselo a un motel porque tanto su casa como la del rubio estaban lejos.
Una vez hubo pagado las consumiciones, Sasuke cogió el cuerpo débil de Naruto por el hombro y se pasó uno de sus brazos por la cintura para poder llevarlo cómodamente. Conocía un motel cerca de allí tan económico como discreto, así que decidió llevarlo hasta allí, eso siempre y cuando se quitara de encima a la fulana que se había arrodillado ante él y había colocado su boca justo encima de la bragueta de su pantalón.
Le costó una buena ráfaga de insultos y humillaciones quitársela de encima, pero una vez lo consiguió, llegar hacia la puerta que conducía al exterior era coser y cantar.
Al salir del bar, el ambiente fresco de la noche le sorprendió desprotegido tanto a él como a su amigo, y para colmo, el Uchiha estaba de mal humor por culpa de aquellas dos chicas que se habían dedicado a minar su paciencia. Lo mejor sería que se diera prisa en llegar al lugar que había pensado, ya que su borracho amigo le preocupaba en ese estado.
Poco más tarde llegó a “El nido de los infieles”, el lugar donde las más bajas pasiones de Konoha tomaban cuerpo y forma, normalmente en forma de kunoichi joven y atractiva en busca de sexo salvaje, aunque también había parejas que iban allí para pasar una noche romántica. En el caso de los amigos, ninguna de las dos teorías se acercaba a la realidad.
El Uchiha, lleno de sudor por el esfuerzo que le había costado llevar a Naruto hasta allí, se dirigió hacia el mostrador y preguntó si le quedaban habitaciones libres. La recepcionista le respondió que estaba de suerte, ya que era la última que quedaba libre para esa noche. Sasuke, en agradecimiento, decidió pagar la estancia por adelantado, recibiendo a cambio dos bonos para cenar allí, otros dos para desayunar y el típico cartel de no molestar.
No cabía en sí de gozo al comprobar que el motel al menos tenía ascensor, lo que le ahorraría cargar con Naruto hasta la tercera planta, que era donde estaba su habitación. Se montaron en él y poco después entraron en la habitación.
Prácticamente sin pensar, el Uchiha trató de comprobar el grado de la borrachera del ojiazul con unas sencillas pruebas, como la de colocarle varios dedos delante y preguntarle cuántos veía. Al ver que no daba pie con bola y que además no lo reconocía, decidió usar el método extremo de meterlo en la ducha completamente vestido con agua fría. Lo hizo, pero el rubio seguía igual de borracho, así que costosamente tuvo que quitarle su empapada ropa y darle los calzoncillos que siempre llevaba de repuesto por si su intimidad se salía de control.
La ducha le había sentado bien al rubio, porque al menos ya no tenía ese profundo olor a alcohol que tanto molestaba a Sasuke. Además, le había entrado sueño, así que el Uchiha dejó que el rubio durmiera a pierna suelta mientras él se situó en el otro lado de la cama de matrimonio.
Tras un largo rato, el ojinegro se dio cuenta de que no podía dormir y no sabía porqué. Empezó a rebuscar incluso en lo más hondo de su alma, pero sólo había encontrado una explicación y no estaba seguro de ella.
Giró su cabeza hacia el lado derecho, que era donde estaba el rubio, y entonces comprendió que la explicación que le había dado su mente era la correcta. Tener la tentación que tanto había deseado durante tantas noches al alcance de la yema de sus dedos era un regalo que muy pocas veces daba el destino, y en su caso, el regalo había llegado en forma de borrachera. Se acercó para examinar su cuerpo, y en ese momento comprobó asombrado que sus calzoncillos le quedaban un poco grandes a Naruto, insinuando su intimidad hasta unos límites que ni el propio Uchiha era capaz de definir.
Siguió observando a su amigo, y se sorprendió a sí mismo deseando aprovecharse de su borrachera para poseerlo como nunca jamás podría hacerlo, y la verdad era que la balanza estaba más inclinada a favor de esta idea que a la poner por encima su valiosa amistad.
Había bebido tanto que apenas le había reconocido, y dudaba que por la mañana pudiera recordar algo de lo que había pasado esa noche. Por otra parte, le disgustaba pensar que Naruto apenas disfrutaría de la situación y que no podría responderle a sus estímulos de la misma manera, además de que sólo eran amigos y estaba profundamente enamorado de Hinata, que en esos mismos momentos estaba varias habitaciones más allá disfrutando de una excelente noche de sexo con su amado Gaara, cosa que ninguno de los dos sabía.
Durante un largo rato, Sasuke trató de tranquilizarse y de borrar todas las fantasías que se iban agolpando en su mente. Incluso apagó la luz y estuvo a punto de dormirse, pero tras tres cuartos de hora se dio por vencido. Su deseo era demasiado fuerte como para poder reprimirlo, así que terminó por sucumbir a él y dejar su rostro tan cerca del de Naruto que pudo percibir que había desaparecido por completo la ebriedad de su aliento gracias al zumo que le había dado justo antes de que se fuera a dormir. Trató de alejarse ahora que estaba a tiempo, pero al sentir tan cerca de él el hechizo de la piel del rubio no podía parar.
Sin apenas darse cuenta, se sorprendió a sí mismo besando con pasión al rubio que tanto había anhelado, mientras una de sus manos lo abrazaba y la otra acariciaba su pecho desnudo. A la misma vez, su intimidad y la de él se encontraban en una extraña caricia. Era como si ellos también quisieran abrazarse.
En ese momento, el ojiazul se despertó, pero no pudo detener la pasión del Uchiha, ya que estaba tan borracho que creía que el que estaba sobre él era Hinata y no Sasuke.
Dejó que el Uchiha siguiera queriéndole de aquella manera, mientras él había bajado hacia su clavícula y había hundido su boca en la zona. Notó que el rubio se despertó cuando le escuchó suspirar pesadamente. Puede que fuera cierto que el rubio no podría responder igual, pero lo que sí lo estaba siendo era que lo disfrutaría tanto o más que si estuviera en estado normal.
Naruto se abrazó tiernamente a él a la misma vez que Sasuke seguía bajando por su virginal cuerpo. Sin necesidad de mirarle, ni siquiera de escucharle, sabía que el ojiazul estaba disfrutando con locura de lo poco que le había dado, y lo mejor de todo era que aquello sólo había acabado de empezar.
Antes de llegar a la inexplorada intimidad del Uzumaki, Sasuke creyó que lo más práctico sería que se desnudara. Así, al menos, si a Naruto se le ocurría responder lo tendría más fácil, además de que así no tendría tanto calor. Lo hizo tan rápidamente que el ojiazul creyó que en realidad había estado toda la noche así.
Los delicados labios de Sasuke poseyeron los pezones del rubio con fuerza y pasión al mismo tiempo, mientras él dejaba que el Uchiha siguiera. Poco después, el efecto fue el mismo que el de los besos en el cuello, así que por eso el ojinegro siguió con lo que estaba haciendo mientras deslizaba sus manos furtivamente por todo el pecho de Naruto.
Continuó su camino y antes de esperárselo llegó a la zona más íntima del ojiazul. Sin ninguna clase de aviso previo, tomó el miembro entre sus dedos y acarició su punta con sus yemas, y poco después comenzó a saborearlo.
Era consciente de que Naruto no le haría parar por lo menos hasta el amanecer, que era cuando los efectos de su borrachera ya habrían desaparecido prácticamente, y por eso, se tomó con mucha calma la tarea de saborear aquella zona de su cuerpo que nadie se había atrevido a acariciarle, sobre todo porque aún pesaba sobre él el estigma del zorro.
Aprovechando el tiempo que le había brindado esa noche, manoseó sin cesar la intimidad de su amigo, y justo cuando comenzó a derramarse, colocó aquel trozo de su piel entre sus labios y empezó a succionarlo con más fuerza que antes, mientras su paladar al completo disfrutaba del inocente, apasionado y dulzón sabor del rubio y el otro se dedicaba a gemir por el placer que le estaba dando el Uchiha.
Sin pasarse a pensar un sólo segundo, siguió con sus intenciones de hacerle el amor a Naruto. Esta vez lo dejó colocado boca arriba, mientras dejaba sus piernas en una posición digna de un contorsionista. Cuando estuvo listo, Sasuke se acercó con picardía hasta el trasero del ojiazul y empezó a frotar con él su más que erecta entrepierna.
Siguió adelante con su descarada idea, y cada vez que su piel y la del rubio se encontraban, notaba cómo sus ojos perdían la capacidad de ver, y sobre todo, cómo su garganta se iba secando y le iba dejando paso a algún que otro gemido que deseaba salir. Fue acelerando su movimiento de caderas hasta que se derramó sólo por el contacto de su piel, así que ya estaba listo para hacer realidad sus más morbosas fantasías.
Apenas un instante después comenzó a hundirse dentro de él con la fuerza y pasión que caracterizaban sus frecuentes alucinaciones, mientras el rubio gemía de puro dolor, ya que era virgen y Sasuke no se había encargado de ensanchar su entrada antes de empezar a embestirlo.
Mientras Sasuke seguía adelante, no paraba de besar apasionadamente al rubio. Su lengua se hundía en lo más profundo de su boca y se mezclaba con la de Naruto, y poco después, empezaban a luchar, pero ninguna de ellas deseaba liberarse de aquella dulce tortura. Sus brazos lo acorralaban dulcemente entre su pecho y el colchón, y a la misma vez, sus manos acariciaban con ternura su espalda, que estaba más que retorcida por la postura que había tenido que adoptar. Y en cuanto a Naruto, también había abrazado a Sasuke y se dejaba besar, pero poca cosa más. Su borrachera le impedía incluso pensar, así que se limitaba a disfrutar del momento.
El ojinegro fue aumentando progresivamente la velocidad de su movimiento de caderas, mientras iba dejando cada vez más tiempo entre beso y beso para escuchar más claramente los gemidos que Naruto trataba de reprimir. La situación no duró mucho, ya que poco después Sasuke también empezó a gemir por el contacto, además de que se había vuelto a derramar, al igual que el rubio.
A partir de ese momento, el ojinegro se acercó furtivamente a los labios de Naruto y empezó a besarlos con más fuerza que antes y sin apenas dejarle tiempo para respirar ahora que sabía que aquéllo que estaba haciendo había acabado por desquiciarlo.
El rubio, que en esos momentos había olvidado por completo que si estaba tan borracho era porque había visto a Hinata tratar de una manera demasiado cariñosa a Gaara, se había dado cuenta de que aquel “desconocido” sabía hacer las cosas desde que lo había encontrado en el bar. No sólo se lo había llevado de allí y le había pagado la cuenta, si no que encima lo había llevado hasta aquel hostal, le había duchado y para colmo estaba calmando sus instintos más bajos sin habérselo pedido. Éso sí que era conocerlo hasta la médula. Claro que, sí hubiera sabido desde el primer momento que era Sasuke, nada de aquello hubiera pasado.
El ojinegro aprovechó los últimos instantes que le quedaban de fuerza para profundizar como nunca más lo haría en el cuerpo del rubio. De hecho, sin ni siquiera haber acabado de hacerle el amor, ya extrañaba el tacto del rubio en las yemas de sus dedos. Embistió con todas sus fuerzas para sentir aún más la piel del rubio acariciando su intimidad, y cuando no tuvo fuerzas para hacer nada más, se tumbó junto a él y comenzó a mirarle desde la oscuridad.
Aunque no podía verlo, sí podía escucharlo, así que se tranquilizó escuchando cómo el rubio volvía a la tranquilidad, y luego, cómo respiraba muy lentamente, indicando que ya se había quedado dormido. Sasuke se dio cuenta de esto, y justo en ese momento se le ocurrió la idea más alocada que había tenido en su vida. En ese mismo instante, se acercó nuevamente al rubio como lo hizo un rato antes y le besó tiernamente en los labios mientras susurraba como si estuviera rezando:
- Te amo, y espero que nunca lo olvides… Si es que alguna vez sabes quién te escribió esa carta.
Se separó lentamente de él, y poco después, encendió la lámpara que estaba sobre el humilde escritorio de su habitación y tras buscar en los cajones un folio y un bolígrafo, se sentó ante él y comenzó a escribir la carta a la que se había referido en el susurro.
3
This world of tears
No sabía qué hora era ni tampoco le interesaba demasiado. Lo único que sabía en aquellos momentos era que Gaara estaba dormido y que ella se estaba volviendo loca por momentos. ¿Por qué rayos se había puesto a pensar en Naruto JUSTO cuando su novio estaba haciéndole el amor por primera vez desde que ya estaban comprometidos formalmente?
Llevaba un buen rato pensando sobre todo lo que había ocurrido desde que se había sorprendido a sí misma imaginando el cuerpo del rubio hasta ese mismo momento. Había fingido un orgasmo para tener contento a Gaara, no había podido dormir y ahora se disponía a vestirse para salir a los jardines del hotel y dejar que el frío de la noche tratara de reconfortarla. Aquella no era la Hinata de siempre, y su frialdad para calcular sus actos lo estaba demostrando.
Cubrió su pálida desnudez con la ropa que se había puesto ese día, que no era más que una falda negra corta y una camiseta blanca de manga larga, y poco después se puso sus deportivas y salió de la habitación sin hacer ninguna clase de ruido. Tras salir, para asegurarse de que realmente no existía ninguna posibilidad de despertar a Gaara bajó por las escaleras y abrió la puerta que daba al exterior con un movimiento lento que amortiguó el sonido que tenía al abrirse.
Cuando estuvo en el jardín lo primero que vio fue cómo la luna menguante le sonreía con malicia desde aquel cielo lleno de estrellas, y poco después su piel se puso de gallina por el frío que hacía. De hecho, sin apenas pensar en lo que hacía cruzó sus brazos en torno a su abdomen y empezó a caminar para tratar de ahuyentar el frío y así poder centrarse en lo que realmente le preocupaba.
Ella misma se había reconocido que sólo había empezado a salir con Gaara porque quería darle celos a Naruto y porque además así conseguiría que el inepto de su padre dejara de pensar que ella estaba enamorada del ojiazul, cosa que era así y además estaba mal vista por él. Y por si tanta casualidad era poca, sus problemas habían empezado justo cuando ese maldito de Sasuke había vuelto a Konoha buscando la redención que merecía por haber traicionado a Orochimaru.
Aunque Konoha había sido arrasada antes de la partida de Sasuke, Hinata había sido muy feliz porque se había convertido en la mejor amiga del rubio y también en su mayor apoyo psicológico. Ella tuvo que soportar su pesimismo los primeros días y después su entereza, lo que acabó haciendo que se diera cuenta de que el amor que sentía por la parte que conocía de su persona hubiera aumentado rápidamente convirtiéndose en un sentimiento fuerte y verdadero. De eso se dieron cuenta ambos a los catorce años.
Durante todo el año siguiente ambos salieron juntos en muchas ocasiones como los buenos amigos que eran, pero cuando Hinata disfrutaba más de esas salidas era cuando a Naruto le apetecía llevarla al bosque a pasear solos y sin riesgo alguno de ser descubiertos por ninguna mirada indiscreta. Siempre paseaban cogidos de la mano, y aunque nunca pasaron de ahí, Hinata era más que feliz con esa muestra de cariño.
Justo el día antes del regreso de Sasuke a Konoha, cuando ambos tenían quince años, ella y su amigo habían salido hacia el bosque, algo que ya era muy normal en ellos. Como hacía demasiado sol y Naruto era consciente de que la piel de Hinata era muy frágil se sentaron bajo la sombra de uno de los muchos árboles que allí había y empezaron a hablar de todo un poco. Casi sin darse cuenta llegaron a hablar de las personas que les gustaban, y Naruto, al escuchar las palabras dulces que decía Hinata sobre esa persona, decidió tentar a su suerte y hacer lo que hace tiempo soñaba a diario.
Sin darle tiempo a reaccionar, cogió a su amiga por la cintura y la acercó cariñosamente hacia su cuerpo, y poco después, deslizó una de sus manos hasta su cara y la fue acercando lentamente hacia sus labios. Mientras el rubio estaba tranquilo, el corazón de Hinata parecía que estaba a punto de explotar de la emoción. Pronto podría conocer la dulzura del aliento de su rubio y confesarle todo aquello que no le decía por vergüenza.
Podía sentir la agradable cercanía de su rostro y el perfume y el ardor de su aliento justo cuando alguien la cogió por la cintura y la separó de Naruto. Había sido uno de los ninjas que había contratado el paranoico de su padre para que conservara su “castidad” y su “pureza”, cosa que Hinata ya había perdido mentalmente al sorprenderse pensando en lo que hubiera pasado con ese beso mientras iba de camino para recibir la mayor reprimenda de su vida.
Su padre no tuvo nada de tacto al decirle todo lo que pensaba sobre la situación, desde la mala fama del rubio hasta la desconfianza que había sembrado esa amistad entre él y su hija, pasando por la inevitable charla del valor de la virginidad para una Hyuuga como ella. Por eso, cuando Hiashi la ordenó que se fuera a su habitación a descansar, Hinata rompió en llanto por todas las malas palabras que le había dicho su padre. Que si Naruto era el bastardo mayor de Konoha, que si aquel ninja no la hubiera parado Naruto la hubiera usado como un pañuelo, que si ella valía demasiado para ese don nadie… ¿Tanto le costaba entender a la retrógrada mente de su padre que SÓLO había sido un beso? Ni siquiera eso, sino más bien el intento.
Cuando se recuperó del exagerado sermón de su padre se tranquilizó y se tumbó sobre la cama para descansar, pero en lugar de caer dormida rápidamente se dedicaba a pensar en lo que hubiera pasado si Naruto hubiera podido besarla. Ese pensamiento la mantuvo parte de la noche en vela, y desde ese día no pararía de pensar en ese momento mágico.
A la vuelta de Sasuke todo empeoró. Hiashi ya no confiaba tanto en su hija y no la dejaba salir de casa a menos que viniera alguno de sus compañeros de equipo o la propia Kurenai a buscarla, y en cuanto a Naruto no había vuelto a acercarse a la Hyuuga por lo que había pasado, pero en cambio frecuentaba mucho la compañía de Sasuke. Parecía que el único que salía ganando con esa situación era el ojinegro, ya que el principal motivo de su regreso a Konoha había sido el de reencontrarse con Naruto y confesarle todo lo que le había extrañado en su largo viaje por los infiernos.
Pasaron varios meses desde aquel día en el que su padre le rompió el corazón, y en ese entonces a la inocente Hinata se le ocurrió un plan para vengarse de su padre y de paso recuperar a Naruto. Sólo necesitaría a alguien dispuesto a estar con ella, y poco después lo encontró en forma de visita oficial del kazekage.
Había sido de lo más simple del mundo. Hinata había aparecido en el baile de recepción del pelirrojo en calidad de aristócrata y había bailado con él. El resto lo había puesto el pelirrojo y su iniciativa, que ni siquiera sus propios hermanos habían reconocido. Lo malo era que el plan se había torcido hasta unos límites insospechados. Hiashi apoyaba la relación entre Gaara y su hija, Naruto se había alejado completamente de ella y para colmo de males ahora tenía que soportar estar con un chico al que no quería.
Por suerte, el pelirrojo consiguió hacerla olvidar primero con su amistad y luego con aquel cálido beso que le dio en navidades para demostrarle que él la quería y que estaría dispuesto a esperar. Ese beso logró enterrar durante los últimos seis meses los verdaderos sentimientos de Hinata, pero justo ese día habían salido todos a la luz coincidiendo con la petición de Gaara y el derrumbamiento del rubio.
Por desgracia, se había dado cuenta tarde de que su corazón todavía pertenecía a Naruto y que ya apenas había solución a su problema. No era sólo por su padre, que se tomaría realmente mal que dejara a Gaara para estar con el ojiazul, sino la reacción del pelirrojo al enterarse de que había sido utilizado los últimos meses. Y para mayor desgracia, ¿Naruto estaría dispuesto a empezar una relación con ella o ya la había olvidado?
Cuando pensó en una de las posibles reacciones del rubio apretó más sus brazos en torno a la cintura y empezó a llorar a lágrima viva.
- ¿Por qué te he hecho tanto daño, Naruto? ¿Por qué me he hecho tanto daño? – Susurró mientras sus lágrimas caían por su cara y se helaban delicadamente en sus mejillas.
Se sentó en el único banco que allí había y empezó a llorar más fuertemente mientras hacía el esfuerzo de secarse las lágrimas con la manga de la camisa. Realmente había actuado mal, y la única manera de resolver todo aquello era dejar a Gaara y pedirle disculpas a Naruto por todo lo que había pasado.
Estaba tan segura de su decisión que se tranquilizó pensando en que todo iba a salir bien. Romper con Gaara no sería tan difícil al fin y al cabo, y si al estar con Naruto se ganaría la fama de bastarda mayor para su padre lo haría encantada. Total, su padre ya tenía a su niña mimada, Hanabi. Lo que nadie sabía era que varios días antes de su muerte la Hyuuga le presentaría a su novia y sería gravemente repudiada por él.
Su llanto cesó al observar fijamente la macabra sonrisa de la luna, y poco después, su respiración volvió a ser tranquila y sosegada. Sabía que iba a hacer lo mejor para ella, y aunque muchos la odiaran tras hacerlo, iba a ser feliz, y eso no tenía precio. Decidió irse a descansar, pero justo antes de volver a entrar en el hotel, se tropezó con un hombre que acababa de salir. Al principio no se reconocieron, pero al hombre le pareció ver a Hinata Hyuuga.
- Disculpe, señorita. Ha sido culpa mía.
- No tiene nada de que disculparse – Susurró tímidamente Hinata.
- ¿Hinata Hyuuga? – Preguntó el desconocido – ¿Qué haces en un sitio como éste a estas horas?
- ¿Yo? Eh… Pues estaba aquí fuera porque no tenía sueño, pero ahora me voy a mi habitación, Sasuke.
- Ah… Me han contado que Gaara y tú estáis juntos.
- Pues sí, y estamos muy felices.
- Me alegro. ¡Que descanses! – Dijo el Uchiha mientras recobraba su ritmo acelerado.
Hinata todavía estaba sorprendida. ¿Qué hacía Sasuke allí si no tenía ninguna relación conocida y no se le había visto frecuentar señoritas de compañía? Prefirió no seguir preguntándose, y a pesar de que nunca llegó a conocer la verdad sobre esa noche, al igual que Naruto, era mejor no saberla, ya que Sasuke podría haber acabado muy mal si Hinata hubiera sabido que le había puesto la mano encima a Naruto en contra de su voluntad.
Volvió a su habitación subiendo las escaleras y abriendo la puerta de la misma manera silenciosa, y cuando estuvo dentro, se desnudó y se colocó junto a Gaara. Al día siguiente todo iba a ser muy duro para ella y su entorno.
4
Save me from myself
(Tributo a Sirenia)
Ya había amanecido sobre Konoha y Naruto se había despertado en aquel lugar que no conocía de nada. Además le dolía mucho la cabeza. Si no se conociera, diría que se había emborrachado, pero lo que había ocurrido el día anterior lo cambiaba todo.
Había visto la imagen más espeluznante que podía llegar a imaginar. Gaara se dedicaba a darle a Hinata todos los arrumacos que él no podía darle, y para colmo, parecía que ella también se divertía con eso. A raíz de eso se había ido al bar y se había hartado de sake. A partir del quinto ya no recordaba nada, lo que significaba que podía haber ocurrido cualquier cosa. Y amanecer en un hotel en el que las sábanas eran rosas ya era algo extraño.
Logró levantarse de la cama sin acabar tirado en el suelo, pero en lugar de ir al baño para orinar, corrió hacia él para vomitar. Era tan asqueroso… No sólo era por el ruido que brotaba desde lo más profundo de sus entrañas, ni tampoco por el desagradable sabor que se esparcía por toda su boca, sino por ver todo lo que vomitaba. Ramen. Kilos y kilos de ramen. Y para colmo, lo que más repugnancia le daba era cómo había dejado el baño. Aunque casi todo había caído dentro de la taza, era inevitable que algo se saliera, así que le tocaría limpiarlo.
Tras acabar de mal humor con la fregona y haber dejado el aseo como estaba, decidió que lo mejor era darse una ducha, a ser posible de agua fría, así que sin pensarlo demasiado se metió directamente bajo el grifo, y sólo cuando el gélido líquido tocó su piel se dio cuenta de que llevaba unos calzoncillos, y que para colmo no eran los suyos. Estuvo varios minutos bajo el agua, y cuando se secó, lo primero que se preguntó fue dónde estaba su ropa.
Su pregunta no tardó en ser respondida, ya que cuando salió del baño se encontró su muda de ropa perfectamente seca, limpia y doblada, a diferencia de cómo la tenía el día anterior.
“Seguro que la persona que ayer me trajo hasta aquí se ha encargado de hacer que lleven mi ropa a la lavandería y me la hayan dejado aquí”, fue lo que pensó el rubio mientras se vestía y fijaba su vista en el escritorio de la habitación.
Aparte de dos vales para desayunar gratis en el hotel, también había una carta. El ojiazul se quedó realmente asombrado al verlo todo, así que se guardó todo eso en el bolsillo y abandonó la habitación rumbo hacia el comedor a desayunar, y en cuando llegara a su casa abriría ese sobre y por fin sabría todo lo que había pasado la noche anterior desde que su memoria se nubló por completo.
Al llegar a la sagrada intimidad de su hogar, Naruto pensó durante unos breves segundos cuál era el mejor lugar para leer una carta como aquélla, y sin apenas darse tiempo a barajar más de dos opciones, optó por abrir el sobre estando tapado por las sábanas de su cama. No lo hizo sólo porque el contenido tenía todas las papeletas de ser romántico, sino que además su resaca no le iba a permitir estar sentado durante mucho tiempo.
Poco después ya estaba preparado para descubrir lo que había pasado la noche anterior. Había dejado toda su habitación en la más profunda oscuridad menos por la parte donde estaba él, dejando la lámpara que estaba sobre la mesita de noche encendida. Su cuerpo estaba cubierto por las blancas sábanas de su cama y sus ojos estaban preparados para leer absolutamente cualquier cosa, por muy absurda, inverosímil o intensa que fuera. No podía esperar ni un segundo más para abrir el sobre, así que extendió las yemas de los dedos de su mano derecha hasta la mesita de noche y cogió el sobre. Apenas un instante más tarde, Naruto había sacado el folio escrito por ambas caras y empezó a curiosearlo. La caligrafía no le aclaraba si el escritor había sido un chico o una chica, así que podía esperarse cualquier cosa. Al haber crecido tanto su curiosidad, crecieron sus deseos de leer la carta, así que comenzó a leer con una calma y una atención capaces de asombrar a cualquiera que conociera al rubio.
“Mi deseado Naruto:
Puede que esta carta te sorprenda mucho por todas las circunstancias que giran en torno a ella. Dónde te la encontraste, qué cuenta, quién la ha escrito… La primera no hace falta que la responda, pero el resto necesitas que te las aclare.
Todo empezó hace unos tres años cuando estábamos haciendo prácticas con Kakashi en el bosque. Tú y yo fuimos compañeros en esa práctica, que consistía en buscar los pergaminos que había escondido por toda la zona. Al principio todo fue bien, hasta que me herí y tú me curaste. Me sorprendiste al portarte tan bien conmigo teniendo en cuenta que yo contigo siempre me había portado muy mal. Creo que desde ese momento te empecé a estimar por lo que eras y no por lo que parecías.
Desde ese día nuestra relación de amistad fue creciendo, pero lo que tú nunca supiste fue que esa amistad para mí desembocó en amor prohibido. Ya por el mero hecho de ser quién soy hubieran visto con muy malos ojos que yo sintiera algo por ti, pero eso no era lo que más me preocupaba. Lo que realmente me robaba la vida era pensar que yo no tenía ninguna posibilidad comparándome con Hinata o con cualquier otra persona, y para colmo de males, lo que sentía era tan fuerte que poco tiempo después empecé a desearte como lo hago ahora y no dejaré de hacer.
He tratado de olvidarte de todas las formas posibles, pero no lo he conseguido, además de que el remedio ha llegado a ser peor que la enfermedad. Mi deseo fue creciendo tan rápidamente que tuve que tener cuidado para que nadie supiera de mis sentimientos por ti. Por ese mismo motivo ha pasado toda esta historia tan desconcertante.
Ayer me propuse salir a tomar un par de copas aprovechando que era sábado, pero cuando llegué al bar te encontré borracho como una cuba, cosa que me extraño muchísimo. Estabas tan embriagado que ni siquiera me reconociste, así que opté por sacarte de allí sin antes olvidarme de pagar tus consumiciones.
Una vez estuvimos fuera del bar, me di cuenta de que tanto tu casa como la mía quedaban lejos, así que te cogí por la cintura y decidí llevarte a ese hotelito donde van las parejas a pasar un buen rato, que quedaba mucho más cerca que nuestras casas. Al llegar a la habitación hice todo lo posible para aliviar tu borrachera. Ducharte vestido con agua fría, darte bofetadas, hacerte comer y beber algo… Pero no había nada que hacer, así que decidí dormir contigo para asegurarme de que pasabas una buena noche. Al principio todo fue demasiado sencillo. Te dejé la muda de ropa interior masculina que siempre llevo encima para emergencias cuando estamos en alguna misión y yo me puse en un lado de la cama de matrimonio de la habitación, mientras tú estabas en el extremo opuesto.
Poco después me di cuenta de que no podía dormir. Intenté encontrar la causa de mi insomnio en alguna cosa racional, pero cuando giré mi vista hacia tu cuerpo dormido encontré el motivo que estaba buscando. Traté de resistirme al seductor efecto de las sombras, pero poco después me sorprendí besándote mientras acariciaba tu cara.
El resto creo que ya lo sabes. Te despertaste, aunque ahora cuando estés leyendo esto lo más probable es que no recuerdes nada. Besé tus labios con pasión mientras exploraba todo tu cuerpo. Saboreé partes de tu piel que nunca antes nadie se había atrevido a conocer, y sobre todo, te hice vibrar de placer con el movimiento de mis caderas, mientras los dos teníamos el mejor orgasmo de nuestras vidas.
Nunca había imaginado que nuestra primera vez fuera así. Tan placentera, pero también tan furtiva y forzada… Sé de sobra que no compartes mis sentimientos románticos, pero sé que disfrutaste de la noche. Deseabas que mis manos te tocaran descaradamente por todo tu cuerpo, y cuando llegó el momento, dejaste que los dos nos volviéramos una sola persona que estaba a punto de acariciar el cielo con la yema de los dedos.
Y en cuanto a nuestros besos, parecía que no querías parar, porque siempre estabas respondiendo a mis provocaciones. Al principio los dos fuimos muy tímidos, pero poco a poco nos fuimos volviendo cada vez más descarados. Si en mi mano estuviera, repetiría cada noche esto que te estoy contando. Sin ni siquiera haberme separado de ti ya echaba de menos el calor de tus labios, la suavidad de tu piel, tu voz extrañamente débil por el placer…
Supongo que ya debes saber quién soy, así que sólo te diré una cosa antes de despedirme y dejarte otra pista en el caso de que todavía sigas dudando. Eres la clase de hombre al que siempre he buscado. Por eso he hecho todo esto y no me arrepiento, pase lo que pase después.
Siempre te querrá
S.”
Naruto se había quedado blanco como la leche al terminar de leer la carta. No sólo porque era la primera vez que hacían algo así, sino porque además aseguraba que él y esa persona habían intimado. Al principio, el rubio estaba algo desmoralizado, ya que su deseo era perder la virginidad con Hinata, pero pensándolo bien, la chica que le había escrito no estaba nada mal… De hecho, ella le había gustado antes que Hinata, y si realmente había sido ella la autora de la carta, sólo tendría que ir a su casa, enseñársela y continuar con lo que había pasado la noche anterior.
5
Bloody tears
Era extraño despertarse junto a Gaara cuando ella aún pensaba en Naruto como la persona a la que quería, pero ése era el precio que estaba pagando por la venganza, que pronto acabaría. Gaara sería abandonado y el inútil de su padre tendría el disgusto de verla retozar con Naruto una y otra vez sobre su cama de sábanas blancas. Pero antes de que todo eso ocurriera, la ojiblanca se levantó de la cama completamente desnuda y se fue al baño.
Justo en ese momento, el pelirrojo se despertó y vio que Hinata no estaba junto a él, así que él también fue al baño, pero cuando la encontró, se puso de espaldas a ella y la agarró por sus pequeños senos.
- Buenos días, Hinata. – Susurró mientras la acariciaba -. ¿Te apetece que empecemos a disfrutar?
- No mucho, la verdad… Anoche estuvimos haciéndolo mucho rato.
- Bueno, de todas formas tengo prisa.
- ¿Por qué?
- Hoy tengo que ir a Suna, y tú has de venir conmigo. Como estamos comprometidos…
- ¿Le has preguntado a mi padre?
- No, pero cuando se entere de que estás conmigo no se preocupará por ti. Además – susurró en un ronroneo casi inaudible -, allí la gente no habla nada de la vida de los demás, así que podremos hacer cosas que aquí en Konoha no podemos hacer.
- ¿Qué insinúas?
- Que podremos tener todo el sexo que queramos y como queramos sin tener que estar atentos a lo que dicen los demás. En ese mes te aseguro que te volverás más mujer de lo que eres.
- ¿Intentas decirme que pasaremos un mes en un sitio que no conozco solos tú y yo follando como conejos? – Preguntó la peliazulada en cierto tono de ira que comenzaba a salir.
- Oye, Hinata, no te consiento que uses ese tono conmigo, y menos cuando yo no te hecho nada.
El pelirrojo dejó a Hinata sola en el baño, y cuando comprobó que así era, empezó a llorar de verdad. ¿Por qué rayos pasaba eso? Ella sólo quería romper con Gaara y correr en busca de Naruto.
Por desgracia, aquel mes fuera de casa complicaría las cosas. Si rompía con Gaara, tendría muchos problemas en Suna, además de que su padre la odiaría de por vida. Y en cuanto a Naruto… Algo le decía que ya podía irse olvidando de él.
Respiró hondo durante varios minutos para relajarse, y justo cuando iba a salir de allí para vestirse, Gaara entró y se arrodilló junto a ella con intenciones de hablar.
- No te enfades, cariño. Comprendo que ahora estés algo sensible. Te acabas de despertar y es más difícil asimilar las noticias. Pero no te preocupes. Si crees que con el comentario que hice antes pretendía tratarte como si fueras un objeto, lo siento mucho. Ya sabes que tu cuerpo me pierde. – Susurró tratando de fijar su vista en la cara de la peliazulada y no en su desnudez.
- ¿Entonces no estás enfadado por el grito?
- No, en absoluto. Es culpa mía por no haberte avisado antes de que me tenía que ir. ¡Ah! Mientras estabas aquí he llamado a tu padre y deja que vengas, así que vistámonos, recojamos esto y vayamos a casa para hacer las maletas.
El pelirrojo le tendió sus manos a Hinata y la ayudó a levantarse. Por como estaba saliendo todo, Hinata tenía la completa seguridad de que ese mes se haría más insoportable de lo que parecía.
6
She dies
(Tributo a Draconian)
Apenas habían pasado unas dos semanas desde que ella y Gaara tuvieron que irse a Suna por cuestiones políticas, y según cómo notaba la peliazulada a su novio, juraría que últimamente estaba muy tierno y romántico como para ser el Gaara que ella había conocido, pero ese cambio le alegraría en comparación de la noticia que iba a recibir esa mañana.
Era un caluroso lunes de julio y tanto Gaara como ella estaban descansando sobre la cama de matrimonio. Ella estaba tiernamente abrazada a su pecho dormitando, y poco después de que la respiración de Gaara se hiciera más rápida, empezó a sonar el teléfono.
Hinata, que era la que estaba más despierta de la pareja, cogió el auricular mientras maldecía mentalmente al que la había despertado con tanta prisa.
- Buenos días. Quisiera ponerme en contacto con Hinata Hyuuga. ¿Éste es el número correcto? – Preguntó una mujer cordialmente al otro lado de la línea.
- Sí. Yo soy Hinata Hyuuga. ¿Qué desea?
- La llamamos desde el hospital de Konoha. Su padre…
- ¿Qué? – Preguntó la ojiblanca al borde de la desesperación.
- Ha muerto. Según la versión de los hechos que nos ha llegado, Neji lo atacó con una katana en un ataque de furia.
Hinata trató de reaccionar lo mejor posible ante la noticia, así que le dijo cordialmente a la enfermera que estaría allí lo antes posible y colgó el teléfono. Acto seguido, comenzó a llorar a lágrima viva, despertando con su llanto a Gaara.
- ¿Qué pasa? – Preguntó el pelirrojo soñoliento.
- Neji ha matado a mi padre.
El chico se despertó de golpe con la noticia y abrazó con fuerza a Hinata. En esos momentos tan duros para ella necesitaría de todo su cariño.
- ¿Por qué ha hecho eso?
- Te lo contaré de camino a Konoha con pelos y señales.
Mientras decía esto, Hinata evocó mentalmente lo que había ocurrido años atrás en el clan Hyuuga y la medida desesperada para salvar a su padre a cambio de la del padre de Neji, ambos gemelos.
- Desayunemos y preparemos las maletas. Avisaré al Consejo, y tanto si les gusta como si no, iré a Konoha contigo.
Hinata se quedó asombrada por la actitud de Gaara. Aunque todavía seguía pensando en Naruto como la persona ideal para ella, el pelirrojo se estaba volviendo mucho mejor persona y amante por momentos. Pensó que tal vez se precipitó al pensar que lo mejor era romper con él, pero no comprendería lo equivocada que estaba hasta verlo en los brazos de otra mujer.
Al cabo de dos horas, la pareja ya tenía todas las maletas listas para irse a Konoha, así que fueron hacia la estación de autobuses y tomaron el primero que salía hacia allí. Una vez dentro de él, Hinata le contó a Gaara que para paliar una amenaza que les había llegado, habían tenido que entregar la vida del padre de Neji, ya que esas personas querían al líder del clan Hyuuga para desentrañar el secreto de su habilidad visual. Al considerar demasiado peligroso entregarle a él, su hermano gemelo decidió entregarse, aunque Neji jamás creyó en esta versión. Así, la seguridad de Konoha estaba asegurada mientras Neji le guardaría un rencor mortal a la rama principal de la familia.
Llegaron a Konoha varias horas más tarde, y lo primero que hicieron fue ir al hospital para averiguar lo que había pasado, pero en lugar de eso, Hinata comprendió mucho menos.
Entraron en la habitación donde su padre había dejado de existir, y la única persona que estaba allí era su madre. Cuando la peliazulada entró, se abrazó rápidamente a ella, mientras ambas lloraban.
- ¿Qué ha pasado? – Preguntó la pequeña mientras hacía una gran esfuerzo para que su voz se pudiera entender.
- Es tan increíble… Y pensar que esto ha estallado de repente…
- ¿El qué? ¿Qué es lo que ha pasado?
- Hace una semana, Hanabi nos presentó a su “novia”.
- ¿Novia? Si Hanabi sólo tiene doce años. Además, yo creía que le gustaban los chicos…
- Todo a su tiempo, Hinata… Resulta que a tu padre le dio una crisis nerviosa y tuvieron que ingresarlo en el hospital para tratarla. Ayer recibió el alta clínica y celebramos una fiesta para celebrar que ya estaba bien. Entonces, Neji, un poco por la borrachera y un poco por la ira, aprovechó para contarle que en realidad Hanabi no era lesbiana, de hecho, ya habían hecho planes para huir de Konoha. Pero antes, dijo que tenía que saldar su deuda con él. Y así fue cómo apuñaló a tu padre varias veces con la katana de su padre.
Al terminar con aquella sangrienta historia, Hinata se llevó las manos a la boca y emitió un suspiro de terror. No pudo evitar hacia las sábanas de la camilla donde descansaba su padre, y entonces, vio rastros rojos sobre el fondo blanco. Corazón, cuello, pulmones… No había duda: Neji había saldado su deuda con la rama principal y con creces. (Nota: Aquí empieza un spoiler de dimensiones exageradas) Había matado a su padre y se había llevado a Hanabi para terminar con la disputa de las ramas en tres generaciones, ya que su futura hija, Hinata Uzumaki, además de nacer sin la habilidad del Byakugan, contraería matrimonio con Ryo Kakashi, que tampoco tendría ninguna habilidad hereditaria. Así, mientras la segunda generación de Hyuugas nacidos del vientre de Hanabi no tendría más disputas por su protagonismo, la generación de Kakashis salidos del vientre de Hinata junior serían personas normales, sin poderes ninja pero con una gran habilidad para intuir las cosas malas que se les avecinaban. (Spoiler finalizado)
- En fin… El muy granuja se ha salido con la suya… No podemos denunciarlo porque es menor, y cuando ya tenga los dieciocho, seguramente él y Hanabi ya estén muy lejos.
Todos, incluido Gaara, que se había quedado al margen de esta cuestión, se quedaron mirando hacia la cama de Hiashi, comprendiendo que el asesinato había sido realmente brutal.
- Tal y como Hinata me había contado… – Fue lo único que suspiró en toda la tarde en presencia de la madre de Hinata.
- Bueno, mamá, nos vamos. – Dijo cariñosamente Hinata mientras la abrazaba y la besaba -. Si nos necesitas, Gaara y yo nos quedaremos en la habitación 15 del hotel Continental Konoha.
- Adiós, hija. – Dijo a modo de despedida de las dos personas.
Poco después, los dos ya estaban fuera de aquel nido de angustia en el que su madre se encargaba de velar al hombre que la había atado a Gaara. Al fin y al cabo, Hinata pensaba que al menos aquel hombre que estaba junto a ella era bueno, pero no pensaría lo mismo segundos antes de su muerte.
- Creo que lo mejor será que pospongamos la boda lo máximo posible. No sería ético casarnos en la fecha que nos dio tu padre, y menos sin tener nada preparado.
En ese momento, recordó por qué Hinata odiaba tanto a su padre. El muy kamikaze les dijo que se casaran un mes después de comprometerse oficialmente, cosa que ninguno de los dos veía muy bien.
- Yo tampoco tengo prisa en hacerlo, ¿sabes? Prefiero tomármelo con más calma para que todo sea perfecto.
- Pienso lo mismo que tú. Las prisas son malas consejeras. Pero ahora… ¿Qué tal si vamos al hotel y dejamos las maletas? En serio, este pueblecito me pone paranoico. Cada vez que giro la esquina pienso que me han robado.
- Y yo… Entonces, ¿haremos lo que tú dices y luego nos vamos a pasear solos?
- De acuerdo. – Asintió el pelirrojo.
De camino al hotel, Hinata vio la imagen que acababa por robarle la razón en aquel día de perros. Naruto estaba paseando con Sakura cogidos de la mano, y por el cariño que se mostraban, ella habría puesto la mano en el fuego para asegurar que esa familiaridad sólo era el principio de una relación amorosa. La peliazulada no culpabilizó al rubio, pero la estampa le había dolido tanto que lo pasaría muy mal hasta olvidarla por completo.
Lo que sólo Sakura sabía era que la carta que le había enseñado Naruto no la había escrito ella, pero aprovechando que sus sentimientos por el rubio estaban muy bien expresados en ella y además su autor había firmado sólo con su inicial, le había asegurado a Naruto que había sido ella, y que había sido una completa estúpida por ignorarle cuando creía que lo que sentía por Sasuke era amor.
Un segundo más tarde, Naruto hizo lo mismo con ella, y al verla con el pelirrojo recordó la escena que había visto en el bosque. Todavía le dolía, pero sólo quería que ella fuera feliz, y si lo era junto a Gaara, él lo sería junto a Sakura. En cuanto a su amor por la Hyuuga, sólo era cuestión de esperar…
