Mi primer AMV!!!

•20/11/2008 • Dejar un comentario

Les presento mi primer AMV; un SasuNaru con pequeños toques góticos. Espero que lo disfruten!!!

Y el próximo, trataré de que sea un KakaSaku

Oscuro deseo – Parte 9: Al fin comprendo…

•24/10/2008 • 3 comentarios

Faltaban dos días para la boda entre Naruto e Hinata y Sasuke aún no había decidido si quería ser el padrino o no. Quería porque él era su amigo y ese papel siempre lo hace alguien con el que el novio tenga mucha confianza, pero no quería porque si aceptaba, se suponía que tendría que ver cómo Naruto la besaba a ella, además de que tendría que aceptar la unión.

Ni siquiera dormir en el cementerio lograba despejarle sus ideas. Y lo peor era que al día siguiente tenía que darle una respuesta al rubio. Parecía que lo único bueno que le había pasado desde hacía siglos era que por fin Sakura había terminado su encargo, y según la pelirrosa, la réplica había quedado perfecta.

Se tumbó ante la falsa lápida del rubio y nuevamente trató de tranquilizarse, pero le fue imposible. Se trataba de aquel tango que alguien tocaba allí todas las noches. Sasuke, al escucharlo, se levantó. Estaba dispuesto a descubrir quién era el autor de esa melodía y qué hacía allí todas las noches. Ya tenía una idea de dónde podría estar esa persona por el sonido, así que se encaminó directamente hacia el lugar. Aunque creía que estaba cerca, en realidad estaba más lejos de lo que creía, tanto, que le costó un buen paseo llegar.

Cuando la encontró, vio a una mujer arrodillada delante de dos lápidas, una más pequeña que la otra. Tenía el pelo recogido, menos dos mechones que le caían por los lados de la cara. Era pálida como la muerte y llevaba un largo vestido negro conjuntado con un colgante de una enorme cruz del mismo color, y por si le quedaba alguna duda, sostenía un bandoneón entre sus frágiles manos. Ella era la autora de aquella oscura canción.

Ambos se quedaron mirándose, pero aunque ella no reconoció a Sasuke, él sí lo hizo, y más cuando la mujer le preguntó alarmada quién rayos era y qué hacía allí.

- Tangoth, ¿verdad? – Afirmó más que preguntó.

- Bueno, ése es el nombre de mi grupo. – Respondió con su característica voz de mezzosoprano con ciertos matices de contralto -. Yo me llamo Ainara.

- Sasuke Uchiha. – Susurró tendiéndole la mano.

Ainara soltó el bandoneón cuidadosamente a un lado y aceptó el gesto.

- Supongo que ésta no es la primera vez que vienes.

- Ni la última. – Confirmó el Uchiha.

- Pues bienvenido al club de los góticos desdichados. – Respondió mientras le ofrecía asiento a su lado -. ¿Quieres que yo rompa el hielo?

 - Si así lo quieres, adelante.

- Antes de contarte nada, me gustaría pedirte que ésto quedara entre nosotros. Lo que te voy a contar ni siquiera lo saben mis chicos.

- De acuerdo. Mis labios estarán sellados para siempre.

- Todo empezó cuando tenía catorce años. Me había enamorado de mi amigo de toda la vida. Él lo sabía, pero no me comprendía. Creía que lo mío era un simple calentón. Pero no era así. Mis sentimientos eran maduros. No era sólo pasar un buen rato en la cama todas las noches, sino compartirlo todo.

> Pasaron los años y seguía sin hacerme caso, hasta que nos fuimos a la universidad. Él me pidió que me fuera a vivir con él, ya que iba a necesitar que alguien le ayudara a pagar el alquiler. La convivencia era perfecta, pero yo ya no podía seguir manteniéndome de piedra mucho más tiempo, así que una noche le drogué y se lo hice hasta que amaneció. Perdí toda mi inocencia esa noche, y sé que el también.

> El pobre jamás llegó a sospechar nada, ni siquiera cuando tuve que confesarle que me había quedado embarazada. Creía que el padre era el vocalista gutural de mi grupo, pero estaba tan equivocado… El bebé nació en verano, y a pesar de verlo casi todos los días, no veía su parecido con él. Le di todo el amor que no pude darle a su padre, pero de nada sirvió… Pocos meses después cogió una meningitis tan grave que no pudo soportarla…

En ese momento, Ainara comenzó a llorar. Tan solo de recordar cómo había tenido que enterrar a su pequeño en plenas navidades le rompía el alma. De hecho, recordaba cómo el cielo había llorado lágrimas heladas durante todo ese día.

Poco después sacó un pañuelo negro y se limpió sus lágrimas con orgullo para seguir con su historia.

- Desde ese día me alejé de él y me centré en la música y en mis estudios. Había sido inmensamente feliz en mi soledad hasta que recibí una llamada de teléfono hace cinco años. Era él… Los del hospital donde estaba ingresado se habían puesto en contacto conmigo porque necesitaba un donante de corazón, y al ser casi improbable encontrarle uno compatible por su grupo sanguíneo, él había decidido que me avisaran para pasar las últimas horas juntos.

> Me fui tan de repente de la caravana de la gira que estaba haciendo en ese momento que mis chicos creyeron que me había vuelto loca. Tardé un buen rato en llegar al hospital, y cuando lo hice, subí lo más rápidamente que pude hasta su habitación. Cuando entré, me lo encontré tan débil que sentí deseos de irme, pero estaba despierto, y con un débil susurro me obligó a quedarme.

> Me senté a su lado, y él, haciendo un gran esfuerzo, cogió mi mano y me miró a los ojos. En ese momento me dijo que estaba profundamente arrepentido por haber sido un completo gilipollas y haberme ignorado todos aquellos años. Yo, conmovida, le confesé en ese momento que mientras vivíamos juntos, le drogué una noche para hacerle el amor, y que por esa noche me había quedado embarazada.

> El pobre estaba que no se lo creía… Después de aquéllo creía que me odiaría, pero en realidad me dio las gracias. Incluso me dijo que tendría que haberlo hecho sin drogarle, así le hubiera ahorrado el mal trago de darme explicaciones. Estuvimos callados unos segundos, y poco después me dijo que siempre me había amado y que aún lo hacía, y que si yo todavía lo amaba, me suplicó que me acercara a él y le diera el primer y el último beso. Acepté, y entre lágrimas me acerqué a él. Sé que justo cuando nuestros labios se unieron, su corazón no lo soportó más y murió.

Cuando Ainara terminó de contar su deprimente historia, ambos estuvieron callados. Sasuke, como buen fan de Tangoth, sabía lo que aquéllo había supuesto para el grupo. Los tres discos que fueron publicados tras aquella muerte se alejaron por completo del rock gótico asequible para el gran público y se introdujeron de lleno en un dark metal tan extremo que sólo un puñado de valientes enfermos mentales eran capaces de oír esos trabajos sin sentir la necesidad de cortarse las venas o clavarse un kunai en el corazón. Aunque los críticos empezaron a despotricar al grupo de lo lindo, los fans les salían de debajo de las piedras, y era prácticamente imposible conseguir entradas desde un mes antes de cada concierto.

De hecho, Sasuke se encontraba entre el grupo de dementes que adoraban a los nuevos Tangoth. La variante de la técnica de la bella y la bestia que habían popularizado era genial para su gusto, que consistía en que la voz femenina tenía que cantar a la misma vez que la voz gutural para darle a la estrofa en cuestión más fuerza oscura. Por eso, cada vez que Sasuke llevaba una de las camisetas del grupo por la calle y alguien le preguntaba por un disco anterior a Lágrimas de sangre, el Uchiha le soltaba al tipo que tenía un mal gusto impresionante por querer escuchar semejante caca de vaca, y que si quería oír verdadera música deprimente que se gastara unos cuántos yenes y se comprara el último disco del grupo.

- Bien, Sasuke, es tu turno. Desnuda tu alma como yo lo he hecho. – Le apremió la gótica acercándose las piernas al pecho.

En ese momento, el Uchiha empezó a contarle a Ainara todo cuanto sentía por Naruto, cómo fue su primera vez, cómo tuvo que darle a Hinata la declaración del rubio en contra de su voluntad, cómo había empezado a pasar las noches en el cementerio, cómo había hecho para robarle algunos besos como en el plan de Gaara o como para ayudar a la mujer a la que quería el ojiazul, y sobre todo, confesarle a la más que desesperada chica por tanto sufrimiento cómo se había arrastrado delante de su mejor amiga para que le fabricara un clon del rubio.

- Vaya… Lo mío parece un cuento de hadas al lado de lo tuyo. – Suspiró por primera vez desde hacía un rato -. Me sorprende que puedas soportar tanto dolor sin sentir deseos de morir.

- Simplemente conservo la esperanza. O si no, siempre me quedará mi muñeco.

- Creo que tendrías que irte a dormir sobre él, cielo. Tienes unas ojeras tremendas.

- No hace falta, de verdad… Además, tengo que pedirte un consejo.

- Adelante.

- Él se casa dentro de dos días y me ha pedido que sea su padrino. ¿Acepto o no?

- A ver, déjame pensar… Después de obligarte a darle a aquella chica una carta donde se declaraba, invitarte a la fiesta que dio para celebrar que estaban juntos, rechazarte, arrastrarse para protegerla y hacerte confesar delante de un juez y de su nena que siempre le quisiste, ¿me estás diciendo que quieres ser su padrino? Sasuke, si aún te queda algo de dignidad y orgullo, rechaza su petición. Por muy amigo tuyo que sea, no tiene el más mínimo derecho a hacerte sufrir, y si aceptas, tendrás que ver cómo se besan delante de tus narices. ¿Verdad que sufrirías si vieras esa escena?

El moreno sólo se limitó a asentir con la cabeza.

- Bastante has pasado ya con ese ingrato… Sé que es difícil olvidar, pero lo mejor para todos será que te conformes con ese muñeco y dejes que sea feliz. No es lo mismo, pero todos serán felices.

Ainara vio cómo Sasuke había derramado algunas lágrimas. La chica le ofreció protectoramente su gran pañuelo negro y lo acercó a su cuerpo para abrazarlo maternalmente.

- No te preocupes. Llorar es natural. Todos lo hacemos, sobre todo si nos dicen una verdad como ésa… ¿Estás más tranquilo?

- Sí… – Logró articular a duras penas.

- Te acompañaré hasta donde vas a descansar todas las noches. ¡Vamos!

Tras un buen rato, llegaron, y Sasuke se tumbó cómodamente, pero antes de que Ainara se fuera, le preguntó su edad.

- ¿Me dejas tu mano?~ El Uchiha se la ofreció, y sin que ninguno tuviera que decir su edad, la chica le dijo que tenía dos o tres años más que él.

- Por cierto, ¿podrías seguir tocando?

- Si eso te hace feliz, lo haré.

Poco después, Ainara lo dejó a solas con el falso Naruto y cerró sus párpados con delicadeza. El sueño no tardó en llegar, y mientras Morfeo le iba invadiendo, Sasuke comprendió porqué se sentía mejor al lado de aquella extraña mujer.

El comienzo del día le sorprendió de aquella manera tan especial, y mientras se adaptaba a la creciente claridad, se incorporó y decidió irse a casa antes de que el sol se animara a salir.

Llegó poco después con una arrogante sonrisa en los labios. En cuanto fuera una hora decente para llamar por teléfono, llamaría al rubio y le diría que no sería su padrino, y que se fuera buscando otro, porque él ni siquiera se dignaría a aparecer en la boda. Y poco después, Sakura iría a su casa a entregarle la réplica. En cuanto la pelirrosa abandonara la casa, pensaba estrenar su nuevo clon inerte de aquella manera tan sensual que se le insinuaba en sueños.

Cuando terminó de desayunar, realizó la llamada, y la verdad era que la reacción del rubio había sido buena pero extraña. Y lo mejor era que poco después había ido Sakura con una enorme caja marrón cargada sobre un carro. Aunque Sasuke sabía lo que había dentro, cualquier otro que viera la caja creería que era un frigorífico. Nada más alejado de la realidad.

- Sasuke, ¿estás en casa? – Preguntó la pelirrosa tocando en la puerta.

El ojinegro se apresuró a abrirle la puerta y hacerla pasar.

- Uff… No te imaginas lo que pesa… Creo que se parece al original hasta en eso.

- ¿Te ayudo?

- Sería genial.

Sasuke la ayudó a dejar la mercancía en su casa, y cuando terminó, ambos se sentaron en el sofá, y mientras comían pastas de té, hablaban del invento.

- Creía que hacer un clon como el que me encargaste era difícil, pero la verdad es que ha resultado mucho más fácil. Y además me ha quedado mucho mejor de lo previsto. A simple vista, realmente parece que es Naruto durmiendo.

- ¿Qué hay de los extras? – Preguntó Sasuke interesado.

- Bueno, dentro de la caja hay otra más pequeña donde he incluido la pomada universal, un perfume especial, una pomada erectora, otra dilatadora y otra para endurecer los pezones. Además, hay una esponja para secarlo después de usarlo y una pomada que devuelve al muñeco a su estado original. De todo esto hay cinco. Si alguna vez se te gastan…

- Bien. ¿Hay manual?

- Sí. Muy escueto. Es que… Para poner a cada momento “introduzca su pene por el ano del muñeco.”…

- Bien. Ayer ingresé tu dinero en la cuenta corriente que me diste. Si los del banco se dan prisa, pronto podrás tenerlo.

- Estupendo. Como está todo resuelto, yo mejor me voy. Seguro que quieres estrenarlo y… ¡Bueno, que lo disfrutes!

La pelirrosa se fue y Sasuke se dirigió a la caja. La verdad era que aquella frase que había dicho Sakura era bastante realista y excitante. Abrió la caja y vio a aquel muñeco tan realista.

- Naruto… – Se oyó suspirar.

Era tan parecido al real que nadie que lo viera pensaría que eso era un muñeco. Se parecía hasta en el mínimo detalle al real, sobre todo en la ropa, ya que Sakura había logrado conseguir su ropa de los doce años para su talla actual.

Sacó la cajita que había dentro y la puso encima de la mesita del salón. Buscó el manual de instrucciones y un bote de pomada dilatadora. Como tardaba 20 minutos en hacer efecto, no dudó en llevar al muñeco a su cama, tenderlo boca abajo, desnudarlo y aplicar la pomada tal y como indicaba el manual.~

“‘Introducir los dedos untados en pomada en el ano del muñeco’. Esta Sakura… Está hecha una profesional.”

Tras la excitante maniobra, Sasuke lavó sus dedos y se desnudó rápidamente para comenzar a disfrutar de una buena sesión de preliminares. Cuando estuvo de vuelta en la cama, hizo lo mismo con el rubio mientras lo empezaba a devorar.

Oscuro deseo – Parte 8: Satánica Inocencia

•25/09/2008 • 2 comentarios

A principios de octubre, en una fría mañana de un lunes, tanto Naruto e Hinata como Gaara estaban en la entrada de la sala 6 de los juzgados del pueblo donde vivían el rubio y su novia.

Los chicos estaban pensando en lo felices que serían si además de encarcelar a Gaara les concedían el divorcio. Si eso ocurría, el rubio prepararía la boda más bonita que ninguna mujer vería nunca, y lo mejor de todo era que realmente quería a esa mujer.

Poco después, dejaron que entraran en la sala. Ya estaba lleno de gente, entre ellos, los abogados de cada uno. El de Naruto era Kakashi, y el de Gaara, Shino. Lo primero que hizo la pareja al sentarse fue preguntar si Sasuke había llegado. Respondió afirmativamente. En cambio, Gaara estaba hablando de otra cosa con su abogado.

- ¿Crees que nuestro argumento servirá para algo?

- Claro. Si lo hacemos bien, no irás a la cárcel.

- Bien…

La magistrada, que no era otra que Tsunade, abrió la sesión y comenzó pidiendo el testimonio de Hinata.

- Bien, señoría, todo esto comenzó hace unos tres meses. Por unos acontecimientos que no vienen al caso, Gaara decide dejarme marchar, sin antes olvidarse de contarme que Naruto no había muerto. Por eso me dejó ir. Desde ese día estoy con Naruto.

> Pero hace un par de semanas, fue cuando ocurrió lo que nos ha traído hasta aquí. Naruto y yo estábamos en la playa, y tras volver del baño, noté que Naruto se estaba empezando a poner raro. Confirmé mis sospechas una hora más tarde, cuando Naruto estaba lejos de mí y Gaara, con la imagen de mi novio, estaba sobre mí a punto de poseerme. En ese momento – empezó a sollozar – me sentí tan mal y tan sucia que le juré a Gaara que después de eso lo iba a pasar mal.

Tras terminar, Shino se levantó y comenzó a hacerle varias preguntas a la ojiblanca.

- Si sospechaste que el que estaba contigo no era Naruto, ¿por qué no actuaste antes?

- Me dijo que se había dado un golpe en la cabeza. Le insistí para que nos fuéramos a casa. No quiso, así que nos quedamos allí.

- Y… Según la versión de mi defendido, tú te fuiste de la casa conyugal sin avisar. ¿Sabes que eso es un delito?

- ¡Protesto, señoria! – Gritó Kakashi -. Esa pregunta es totalmente irrelevante.

- Protesta aceptada. – Siguió la rubia -. ¿La defensa tiene más preguntas?

- No. – Pasemos a la versión del acusado.

Gaara se levantó de donde estaba sentado y comenzó con su gran sarta de mentiras más que planeada.

- Lo primero que quiero decir antes de pasar a los hechos es que en realidad Hinata se marchó de casa porque leí su diario y descubrí que lo había hecho con la cosa que estaba en la tumba del desgraciado de su novio.

- ¡Protesto! – Volvió a gritar Kakashi -. Esto también es irrelevante.

- Protesta aceptada. Cíñase al caso, Gaara.

- Bien, señoría, sólo pienso decir que Hinata supo en todo momento que yo era el que estaba con ella, y si no llega a ser porque ese rubio apareció en el mejor momento, nadie sabría nada de esto.

- Disculpe, señoría, pero mis clientes me comentan que el testimonio de Gaara es falso. Y si su señoría lo permite, vamos a llamar a nuestro testigo, Sasuke Uchiha.

El ojinegro se levantó de donde estaba sentado, y después, se dirigió al estrado y esperó a que la defensa le preguntara.

- Bien, ¿cómo supo de los planes de Gaara?

- Él y yo estábamos compinchados. Yo tomaría la imagen de Hinata y él la de Naruto para pasar el rato con los reales Naruto e Hinata, respectivamente.

- ¿Con qué fin quería pasar el rato de esa manera?

- Si le soy sincero, yo al menos quería hacerle el amor a Naruto porque le he amado en secreto desde hace tiempo. De hecho, hoy estoy aquí para ayudarle. Y por lo que se ve, Gaara tenía las mismas intenciones con Hinata.

- Es decir, que usted también debería ser juzgado.

- No, señor. Antes de cometer una falta irreparable, decidí detenerme. Me arrepiento de ello siempre que lo recuerdo, pero sé que hice bien.

- ¡¿Bien?! – Preguntó el pelirrojo furibundo -. Vamos, Sasuke, pedazo de maricón, ¡tú también querías tirarte a Naruto!

- ¡¿Y tú que, sucio mentiroso?! ¡La dejaste ir para luego tirártela!

- ¡Basta! – Gritó Hinata -. Estamos aquí para resolver nuestro problema de una manera justa, no a golpes.

- La demandante tiene razón. Aquí estamos para resolver nuestros problemas. – Dijo la magistrada al borde del colapso -. Creo que lo mejor es que comience a hacer mis preguntas, pero antes creo que lo más conveniente será que descansemos.

Tras unos breves minutos en los que las brechas abiertas entre los pasados aliados no cerraron, Tsunade comenzó con su breve interrogatorio.

- Comenzaré con Hinata si a nadie le importa. Luego interrogaré a Naruto, después a Sasuke y por último a Gaara. ¿De acuerdo?

Los presentes mencionados asintieron.

- Hinata, ¿Gaara te dejó ir voluntariamente?

- Sí.

- ¿Y fue él quién te dijo que Naruto estaba vivo?

- Sí.

- ¿Alguno de los presentes te dijo dónde residía?

- No.

- Y por último, te esperan dos preguntas muy relevantes pero también íntimas. Está en tu mano el responderlas o no.

- Las responderé.

- ¿Qué fue lo que pasó la noche anterior para que Gaara te dejara?

- Yo… Profané la tumba del falso Naruto. Lo desenterré para hacerlo mío.

Cuando Sasuke escuchó la respuesta de Hinata, se quedó realmente asombrado. ¿O sea que toda aquella situación había surgido porque Hinata se había atrevido a hacer lo que él deseaba? Definitivamente, hizo mal al prometerle al rubio que le entregaría la carta a su inocente amada.

- ¿Alguna vez quisiste a Gaara?

Todos los presentes se quedaron asombrados al oír la pregunta. Era como si les hubieran echado una jarra de agua helada justo en la espalda. Aunque había que reconocer que en el fondo la cuestión era buena.

En cuanto a Hinata, no dudaba de la respuesta que iba a dar. ¿Alguna vez había sentido la imperiosa necesidad de tenerlo? ¿Y de abrazarlo? ¿Y de besarle? ¿Alguna vez había querido escuchar los impulsos de Gaara? ¿Y rendirse a ellos? Nunca le había ocurrido eso con el pelirrojo, pero desde que estaba con Naruto había sentido todo eso y más. No tenía porqué darle explicaciones, y además se sentía realmente bien con él. Era como si nunca hubiera conocido el amor.

- No, señoria. – Respondió la ojiblanca con firmeza.

- Muy bien, Hinata, has sido una chica valiente. – Le sonrió Tsunade con complicidad -. Ahora es el turno de Naruto. ¿Estás preparado?

- Sí.

- ¿Alguna vez Hinata actuó forzada contigo?

- No.

- ¿Y con Gaara?

- Por lo que me ha contado, probablemente sea que sí.

- Antes de este juicio, ¿sabías lo que había ocurrido la noche anterior a que Hinata supiera que estabas vivo?

- Sí.

- Y ahora, te digo lo mismo que a Hinata. Esta pregunta es íntima. Si no quieres responderla, estás en tu derecho. – Dijo la magistrada dulcemente.

- De acuerdo. Cuando quieras.

- ¿Desde cuándo amas a Hinata?

Otro jarro de agua fría. Al menos Tsunade se molestaba en avisar antes de hacer eso. Aunque el rubio tenía que reconocer que aquella pregunta le liberaría por completo.

- Desde los catorce.

El gesto de Tsunade al acabar fue de tranquilidad, como si hubiera ayudado al ojiazul en algo muy profundo.

- Sasuke, ahora tú. ¿Realmente deseabas mantener relaciones con Naruto, tal y como ha apuntado Gaara o te movió otro interés?

- Confieso que lo hice por eso… Quiero a Naruto, y desde que sé que me atraen los hombres le he deseado en secreto.

- ¿Es cierto que paraste a tiempo?

- Sí, señoría.

- ¿Y que estabas compinchado con Gaara?

- Sí…

Una serie de suspiros salieron de entre los labios de muchos. Un poco de verdad nunca venía mal.

- Ahora voy contigo, Gaara. ¿Hinata se fue voluntariamente?

- Sí.

- ¿Realmente queríais dejarlo?

- Sí.

- Pero no puedes, ¿verdad? Por eso ha pasado esto.

- Es cierto, señoría. Desde que empecé con ella sé que todo es una farsa entre nosotros. Siempre supe que quería a Naruto, pero yo quería tenerla…

- Entonces, ¿reconoce que la ha violado?

- Sí… – Susurró avergonzado -. No exactamente al principio de la relación, pero poco después ella nunca quería. Por eso he dicho que sí.

- ¿También reconoces que tomaste la imagen de Naruto e intentaste violarla en la playa?

- Sí, señoría…

Shino estaba que se tiraba de los pelos. ¡En lugar de alegar que todo aquéllo era un montaje, había decidido confesar la verdad! Desde luego, si había alguien merecedor de ser llamado kamikaze, ése era Gaara.

- Ya he terminado. Este caso está claro, pero aun así, tanto el jurado como yo hemos de reflexionar para dejar más claro aún lo que ya lo es.

La rubia se retiró, y el jurado de cinco personas, también. Todos los presentes se quedaron mirando hacia Gaara.

- ¿Por qué…? – Susurró Hinata.

- Quiero terminar con todo. – Y se cruzó de brazos.

Pasaron unos minutos, y todos los ausentes volvieron a la sala. La tensión era tal que se podía cortar con cualquier cosa. Parecía que había llegado el Juicio Final.

- Primero, he de ir con Hinata. Aunque el muñeco de Naruto no es un ser animado, estás condenada por necrofilia. Tu pena será el destierro permanente de Konoha… Junto a Naruto.

Hinata estaba más que feliz con su condena. ¡Desterrada junto a Naruto! Parecía un sueño erótico de lo bien que soñaba aquéllo.

- Aunque no puedes estar físicamente en Konoha, – continuó la magistrada -, puedes tener contacto con ellos por carta, teléfono, e-mail…

¡Maravilloso! Eso quería decir que aún podría hablar con Sakura y contarse sus preocupaciones. Además, también podía avisarla y quedar en su casa.

- A Naruto también le mantengo su destierro, exactamente en el mismo lugar en el que ahora. A Sasuke… Te caería un año de prisión por intento de violación, pero al no tener antecedentes no puedo condenarte. Y por último, Gaara… Te condeno a seis años de cárcel por reiteradas violaciones, un intento, usurpación de identidad… No tendrás fianza, y dudo que alguna vez te den un permiso con tu historial.

El pelirrojo ignoraba todo cuanto sucedía a su alrededor. Realmente quería abandonarlo todo.

- Y por último… El matrimonio entre Hinata y Gaara será anulado.

- ¡¿Cómo?! – Gritaron los presentes.

- Hinata, al casarse, podría haber sido forzada por Gaara, y en casos como ése, el matrimonio no es válido. Y en cuando a Hinata y a Naruto… Podréis casaros cuando llegue la confirmación de nulidad.

Tanto el ojiazul como su novia se quedaron asombrados. Sabían que la sentencia les iba a salir favorable, pero no esperaban que tanto. No sólo ese inútil de Gaara las pasaría canutas en la cárcel, sino que además habían desterrado a Hinata junto al rubio y en unos pocos días podrían casarse. Aquéllo había salido demasiado bien, así que todos abandonaron la sala y ellos se fueron a la cafetería que estaba frente al juzgado para celebrarlo.

Varios días más tarde les llegó la carta que tan ansiosamente habían esperado. De hecho, estaban tan felices por su llegada que se tumbaron juntos en el jardín a plena luz del sol para leerla.

- Naruto, ¿la quieres leer tú?

- No, me hace más ilusión que la leas tú.

- Está bien… – Sonrió Hinata rompiendo el sobre y sacando aquel papel tan blanco como sus ojos -. ¿Estás preparado para explotar de felicidad?

- Siempre lo estoy desde que estoy contigo.

La peliazulada volvió a sonreír tan dulcemente como sólo ella sabía, y poco después, mientras Naruto la abrazaba cariñosamente por la cintura, se concentró en la carta y comenzó a leerla con su voz cargada de inocencia.

- “Estimada señorita Hyuuga, nos congratula informarle que, por medio de la demanda judicial 53.276-HUA del País del Sol con sentencia favorable a usted, su matrimonio con Sabaku no Gaara, fechado el 5 de septiembre de 1997, ha sido satisfactoriamente anulado el 23 de octubre de 2007 con el visto bueno del monseñor Cristian García.”

- ¡Sí que se han dado prisa en enviarla, ¿eh?! Dos días nada más.

- Todavía sigue, nene. ¿Me dejas seguir leyendo?

- Claro, Hinata. Acaba esa carta.

- “Desde el momento en el que reciba esta carta, usted está legalmente autorizada a contraer matrimonio en cualquier parte del mundo, sin necesidad de tener que trasladarse a países donde la poliandria está legalmente autorizada. Recuerde que en caso de defunción de su anterior pareja, usted sólo tendrá derecho a recibir la pensión de viudedad correspondiente al tiempo de duración del matrimonio.”

- Es decir, ¡que ya nos podemos casar!

- Sí, pero me imagino que tendremos que prepararlo todo.

- Ah, no hay problema. Sólo sé que quiero que mi padrino sea Sasuke.

- Pues a mí me gustaría que fuera Sakura.

- ¿Y si los llamamos ahora antes de que nos dé por cambiar de idea?

- ¡Perfecto! Tú eres el primero, ¿vale?

- ¡Vamos! El rubio se llevó a Hinata hacia el teléfono cogiéndola nuevamente por la cintura, y cuando llegó, marcó a la velocidad de la luz el número de su amigo.

Mientras tanto, Sasuke acababa de llegar de la excursión nocturna que siempre hacía al cementerio cuando el contestador terminó de grabar el mensaje de Naruto. Le dio al botón que reproducía el mensaje, y al escucharlo, se quedó atónito.

- ¿Por qué yo…? – Susurró con un hilo de voz.

Oscuro deseo – Parte 7: El cielo esta noche

•04/09/2008 • 1 comentario

La noche había pasado pacíficamente para el Uchiha, que había amanecido sobre la tierra que cubría el ataúd de Naruto. Tal y como había predicho, sus sueños habían sido mucho más dulces que la noche anterior. Y todo se lo debía a aquel apasionado beso y a aquella canción con toques necrófilos y vampíricos.
Había soñado que por fin Naruto se daba cuenta de que le amaba y se le declaraba de una manera apasionada. Aunque había un detalle extraño en el sueño: no lo había hecho ni en su casa, ni en un restaurante carísimo, ni siquiera en aquella playa tan bonita a la que iba muy a menudo; sino en una cueva que no sabría ubicar. Y ése no era el detalle más raro. Misteriosamente, Naruto se refería a él como Hinata; y para colmo de males, el Uchiha no podía moverse ni un milímetro, pero podía notar a la perfección los arrumacos del rubio.
“¡Vaya sueño más raro!”, fue lo que pensó el Uchiha al recordar el sueño, pero también pensó que había sido de lo más bello. No era sólo por la acción en sí, sino por todo. Era cierto que la cueva, si hubiera estado en su estado original, hubiera sido un lugar poco romántico, pero el rubio la había ambientado de tal manera que parecía que era otro lugar. La música era exactamente la misma que la que estaba escuchando para conciliar el sueño, y mientras Naruto le poseía con sus besos, notó que en el lugar había un olor agradable, y no sólo el del ojiazul. Estaba completamente seguro de que aquel olor a rosas que llenaba el lugar era incienso, o si no, pétalos esparcidos. Y luego, la decoración… Tenía bastante clase, pero sin resultar empalagosa, y además, la cama era muy cómoda.
Se levantó de allí y decidió que lo mejor era volver a casa y desayunar antes de que alguien lo viera allí. Lentamente, iba avanzando, pero en realidad, no quería alejarse. Entonces se le ocurrió una idea genial para poder pasar el tiempo con Naruto, pero tendría que hablar con la persona adecuada.
Poco más tarde, comenzó a sonar un teléfono en la casa de Kurenai. La mujer de los labios sangre se levantó de la cama en ese instante y contestó a la llamada completamente soñolienta.
- ¿Quién es?
- Hola, Yuhi. Soy Hatake. Ayer hablé con Kiba por teléfono y dice que está encantado con la oportunidad.
- ¿Sí? ¿De verdad?
- Ya te lo he dicho. Está impaciente por verte. Me dijo que si tú querías hoy podía pasarse por Konoha. ¿Te apetece?
- Por supuesto. – Dijo felizmente la mujer.
- Bien, lo avisaré. ¿Puedo darle tu número para que él te avise a la hora que llega?
- Casi mejor. Oye, Hatake, nos vemos. ¡Gracias!
- No es nada, mujer. ¡Buenos días!
Cuando Kakashi colgó, Kurenai se sintió bastante feliz. Se fue a desayunar, y mientras se bebía a sorbos un chocolate bastante caliente y espeso, dirigió su mirada hacia el sofá. Como apenas lo usaba, estaba prácticamente nuevo, y por ese mismo motivo era el mismo que el que usó la noche en la que Kiba la sedujo. Recordó todas y cada una de sus caricias, y sólo por aquéllo se sentía arder.
“¿Y si vuelve a pasar?”, se preguntó sorprendida la mujer de los labios sangre. Sin apenas pensarlo, supo que la respuesta era que acabaría sucumbiendo al chico animal. Hacía ocho años que no había visto a Kiba, y si algo tenía muy claro Kurenai era que aquel chico de mirada inocente podía haberse convertido en la clase de hombre apasionado que inundaba sus sueños.
Un buen rato más tarde, Sasuke llegó a la casa de su amiga. Tenía mucho miedo de la más que probable reacción de su amiga, pero sabía que si no le pedía aquel favor, aparte de volverse loco de amor, acabaría cogiéndose una buena pulmonía por dormir en el cementerio con el único abrigo de sus sueños.
Sin ni siquiera haber tocado en la puerta, vio cómo Sakura se había acercado a ella. Claro… Lo habría visto por la ventana. Poco después, la chica llegó allí y le abrió.
- ¡Sasuke! ¿Qué haces aquí?
- Necesito pedirte un favor. Es muy importante. Además necesito discreción.
El segundo nombre de la pelirrosa era discreción, así que hizo pasar a su amigo a su confortable salón y le hizo contar con la ayuda de un café por qué estaba allí.
- Sé de sobra que lo que te voy a pedir es importante para mí, pero puede que tú te niegues, y si lo haces, me sentiré mal pero lo comprenderé.
La pelirrosa empezó a inquietarse al escuchar aquéllo. ¿Qué demonios iba a pedirle? O se lo decía o explotaba.
- Bien, será mejor que empiece. Tú eres la inventora del clon inerte, ¿verdad?
- Más bien coinventora, pero soy capaz de fabricar uno sin la ayuda de Tsunade.
- Bien, antes de que te diga de quién quiero una réplica, podrás negarte a hacerlo. Si aceptas, no me importará pagarte si así lo quieres. La mujer empezó a especular mentalmente sobre la identidad del futuro clon. ¿Ino? ¿Kakashi? ¿Orochimaru? ¿Un monstruo de una película de miedo? Aun así, no se acercó ni remotamente.
- Mientras sea un clon humano, estaré encantada. Y lo haré gratis.
- Bien… Quiero un clon de Naruto.
- ¿QUÉ? – Gritó la pelirrosa al borde del infarto.
- Sí… Pero no el mismo modelo que fabricaste para su tumba. Necesito que le hagas algunas modificaciones.
- ¿Como cuáles? – Preguntó todavía nerviosa.
- Desearía que el clon no se descompusiera, ya que lo voy a necesitar para otro fin. Además, me gustaría que fuera un Naruto dormido. Es decir, que tenga olor corporal, mismas características físicas… Como un clon pero dormido.
- Sasuke, una cosa… ¿Qué clase de olor corporal?
- Pues… – Susurró sonrojado -. Ese olor que tiene tan agradable, más o menos cuando sale de la ducha y se echa su perfume.
- Bien… Puedo tenerlo listo en dos semanas, más o menos…
- ¡Gracias, Sakura! No sabía que fueras tan amable.
- Pero antes de nada… ¿Por qué me has pedido una réplica de Naruto?
- ¿Prometes que si te lo cuento no saldrá de estas paredes?
La pelirrosa asintió levemente con la cabeza, y poco después, el Uchiha empezó a confesarse.
- Es porque siempre le he amado, y ahora que está lejos de nosotros, necesito de él más que nunca. Es por eso por lo que necesito su réplica. Porque sé que él ni volverá ni me querrá.
Sakura se quedó mucho más asombrada de lo que lo había estado en su vida. Aquella declaración de amor era de lo más apasionada que había escuchado, y para colmo había sido tan sincero que era imposible dudar de él.
- Te haré la réplica, pero teniendo en cuenta el uso que le vas a dar, seguramente tarde más en hacerla, ya que tendré que trabajar cada milímetro con esmero para que quede tanto realista como utilizable. Y luego necesitarás unas pomadas especiales para que ciertas partes de su cuerpo puedan ser manejadas. Eso sí, no te prometo el resultado excelente de la versión para investigaciones médicas, pero trataré de que sea tan buena como el de esa versión.
- Muchas gracias, Sakura, de verdad. Sé que es difícil la fabricación, pero si has aceptado, creo que lo más justo será que te pague. No, no intentes decirme que no. – Dijo bajando la mano de su ex compañera -. Sé que es mucho trabajo, y por eso te pagaré 100.000 yenes. Puede que sea más caro, pero es el dinero que tengo.
Ambos se despidieron amablemente, y cuando Sakura se quedó sola, se quedó pensando en todo lo que acababa de pasar. Era cierto que su Hatake ya le había comentado algo sobre el amor que sentía Sasuke por el rubio, pero lo que le asombraba a la pelirrosa era la dependencia que sentía por el cuerpo del rubio. Aquéllo no era demasiado normal, pero tampoco lo era seguir enamorado tras catorce años de pasión frustrada.
Varias horas más tarde, el teléfono volvió a sonar en la casa de Kurenai, pero esta vez no era Kakashi. Intuyendo quién podía ser a aquella hora, respondió a la llamada.
- ¿Sí? ¿Quién es?
- Hola, Yuhi. Soy Kiba.
- ¡Kiba! – Dijo con un más que fingido tono de sorpresa -. ¿Cómo estás?
- Pues la verdad es que estoy muy bien. Y más desde que Kakashi me dijo que querías intentarlo.
- Ah, claro… Oye, ¿cuándo llegas a Konoha?
- Más o menos dentro de media hora. Ya sabes cómo es el transporte público. Por cierto, ¿irás a buscarme a la estación o voy directamente a tu casa?
- Pues… Creo que mejor voy a buscarte. No me apetece estar en casa.
- Bien. ¡Nos veremos! La mujer de los labios sangre colgó, y poco después, una única pregunta rondaba por su cabeza. ¿Cómo demonios iba a hacer para ducharse, arreglarse y llegar a la estación? En lugar de intentar resolver esa pregunta, decidió que lo mejor era ponerse en marcha.
A la misma vez, en el autobús donde iba Kiba, el chico animal no podía parar de pensar en la noche que iba a pasar. Tan sólo de pensar que iba a pasarla con Kurenai sentía que al fin podría encontrar algo estable con una mujer.
Después de su primera vez, había tenido bastante suerte con las mujeres, pero el problema era que él las iba dejando. No es que tuviera problemas con ellas ni nada por el estilo, simplemente que había buscado a Kurenai en todas ellas y no la había encontrado. Por eso no había tenido nada estable.
De repente, volvió a la realidad cuando el autobús se detuvo en un pueblito llamado Haikia. Al darse cuenta de ésto, Kiba descubrió que cada vez se iba acercando cada vez más a Kurenai. Y lo mejor era que no podía ponerle remedio.
Un buen rato más tarde, la mujer de los labios sangre ya había llegado. Se había duchado, lavado el pelo, vestido, maquillado, peinado, perfumado e ido hacia allí a toda prisa. Tenía tanta prisa que se aseguró de que no había olvidado su monedero. Como lo había comprobado tres veces, no tuvo ninguna duda: estaba con ella.
Lo primero que hizo al llegar fue mirar hacia el reloj que colgaba de la pared de la estación. Eran las ocho y veinticinco. Kiba llegaría en cinco minutos.
Poco más tarde, el autobús de la línea 6 había llegado, y según lo que indicaba el reloj, se había adelantado tres minutos. Kurenai empezó a mirar hacia las ventanillas para ver si reconocía a Kiba, pero nada… Casi sin darse cuenta, alguien la abrazó por la espalda y empezó a acariciarle.
- Tienes que estar más atenta
- ¿Kiba? – Preguntó sorprendida.
- ¡El mismo!
- ¿Por dónde rayos has salido?
- Pues… Creo que de otro autobús. Siempre salen dos de la línea 6.
- Ay, ¡qué boba!
- No te preocupes. Suele pasar.
- Por cierto, Kiba… – ¿Sí?
- ¿Podrías soltarme? La gente nos mira raro… – Eso está hecho. – Dijo soltándose y poniéndose frente a ella -. ¿Qué planes hay?
- Pues… Ir a cenar por ahí, pasear… Ni idea.
- ¿Y si vamos a una hamburguesería?
- ¡Sí, hombre! Y luego me pasa como a Sakura, que le cayó el ketchup en un sitio raro.
Al decir esto, la mujer de los labios sangre recordó lo que le había contado Kakashi sobre el inicio de su relación con Sakura. El ninja copia y su ex alumna fueron a una hamburguesería a cenar en plan amigos. Entonces, cuando ambos estaban comiendo, a Sakura se le cayó una gota de ketchup en el escote.
En ese momento, Kakashi, que estaba a su lado, se acercó a ella, la cogió por la cintura y puso sus labios prácticamente pegados a la oreja de la pelirrosa.
- ¿Sabes? Si este no fuera un lugar público, te quitaría esa mancha con mis labios. – Susurró mientras las yemas de sus dedos acariciaban su piel para quitar la mancha.
Mientras Kakashi se llevaba delicadamente los dedos a la boca, miró fijamente a Sakura. Desde ese momento, supo que ya no tendría que recurrir a su imaginación para tenerla.
- Bueno, bueno… ¿Al italiano entonces?
- De acuerdo. – Sonrió Kurenai.
Un rato más tarde, la pareja ya había llegado al restaurante italiano que había en Konoha. No tenían una reserva hecha, pero había mesas libres, así que los dejaron pasar. Se sentaron tranquilamente en la mesa que les habían ofrecido, y poco después les dieron la carta.
- Creo que voy a pedir una pizza especial. ¿Tú también quieres, Kurenai?
- No sé… ¿Me dices lo que lleva? – Tomate, jamón york, chorizo, salchichón, atún, champiñones, mozzarella, cheddar, roquefort, enmental y anchoas. ¡Ah! Aquí dice que si lo pides, también pueden ponerle piña, espárragos y mejillones.
- Pide una familiar básica de esa pizza. Tranquilo… La pago yo. – Esto… Kurenai, somos dos… ¿En serio quieres la familiar para los dos?
- ¡Claro! ¡Así mañana no cocino!
El chico animal se quedó desconcertado, pero eso no era nada en comparación de lo que iba a pasar poco después. Un camarero se iba acercando a ellos, y en ese momento, preguntó lo que tomarían para beber.
- ¡Una Coca-Cola! – Dijeron los dos al mismo tiempo.
Cuando el camarero se fue, se quedaron mirándose el uno al otro asombrados.
- Vaya… No sabía que nos parecíamos tanto… – Susurró asombrado Kiba.
- ¿Qué pasa? ¿Que porque tenga 44 ya no puedo beber Coca-Cola? Por cierto, puedes llamarme Yuhi si quieres.
- Vale. Será mejor que nos relajemos si no queremos acabar pegándonos.
Un rato más tarde, el camarero trajo la cena con otras dos Coca-Colas, ya que los dos se la habían terminado hace un rato. Cuando el camarero dejó aquella bandeja macroscópica sobre la mesa, a los dos se les cayó la baba casi literalmente.
- ¡También le han puesto olivas!
- ¡Y orégano! – Exclamó felizmente Kurenai.
Los dos empezaron a cenar tranquilamente, pero poco después, Kurenai notó que Kiba estaba acariciando su pierna con sus pies.
“Eso me pasa por ponerme falda”, pensó la pobre mujer a punto de atragantarse. Estaba claro: el chico animal tenía un don para hacer varias cosas a la vez, porque no paraba de comer, pero lo hacía lentamente.
- Esto… Kiba, podrías ser un poco más discreto.
- ¿Por?
- Chico, es que la gente nos está mirando como si fuéramos monos de feria. – Y luego susurró casi en un soplido -. Cuando estemos solos ya harás lo que quieras.
- ¿Estás segura?
- Preguntó el chico animal en el mismo tono -. He mejorado mucho desde la última vez, y te aviso de que puedo ser un peligro.
“Enfríate, Yuhi, que estás en público”, fue lo primero que se le vino a la cabeza tras escuchar las palabras de Kiba e imaginar lo que podía pasar aquella noche.
“Puede que parezca que sólo quiero pasar un buen rato, Yuhi, pero hace años te demostré todo lo que puedo darte. Por eso te he esperado”.
Siguieron cenando con calma, y el tema de conversación cambió drásticamente.
- En fin… ¿Qué es de tu vida, Kiba?
- Pues… Aparte de que vivo lejos y mi trabajo a veces es una basura, pues tengo una casita. Y el pobre Akamaru… Pasó a mejor vida hace un par de años. Por eso no está conmigo.
- ¿Y qué tal con las mujeres?
- Mal. O me querían por guapo o no soportaban a Akamaru. ¿Y tú?
- Yo también, la verdad. El último que estuvo conmigo quería olvidarse de un amor platónico y acabé yéndome de su casa.
- No te preocupes. Suele pasar. ¿Por qué no me cuentas algo?
- La verdad es que no sé qué contar…
- Empieza por el trabajo.
- Digamos que ahora estoy viviendo del Hokage. Es que hace un par de años me retiré. Me estoy volviendo vieja.
- ¡No digas eso, mujer! ¡Si eres más guapa que muchas mujeres de las que conozco!
- Puede que sí, pero el físico se resiente.
- Oye, Yuhi, creo que lo mejor que podemos hacer es cenar antes de que la pizza se enfríe. Si no, creo que no nos la podremos comer ni dejándola en Coca-Cola.
La mujer de los labios sangre pensó en aquéllo y el gesto que hizo era una mezcla entre gusto y asco. Después, consideró que lo mejor era seguir cenando. Poco más tarde, ya estaban en la calle paseando. Les había sobrado media pizza, así que Kurenai se la llevó. Total… La había pagado ella con su dinero.
- Oye, Yuhi, me imagino que sabes qué es lo que sigue, ¿verdad?
- Sí. – No tienes porqué hacerlo si no quieres.
- ¿Por qué dices eso?
- Creo que has estado muy forzada. Es por eso. Estoy muy agradecido por la oportunidad, pero si quieres parar, aún puedes hacerlo.
- ¿Forzada? Creo que deberías de conocerme mejor. No lo he estado. Simplemente es que estoy algo nerviosa. Y preocupada.
- ¿Por qué?
- Porque tengo miedo de que me puedas usar, como el último que estuvo conmigo.
- Si es eso lo que te asusta, creo que deberías olvidarlo. Si te he esperado todo este tiempo ha sido por algo. ¿No crees?
- Si.
Se sentaron en un banco, y entonces, Kiba empezó a mirar al cielo.
- ¿Sabes? Yo también estoy asustado. Temo que no sea lo suficiente para ti.
- Creo que lo mejor será que vayamos a casa.
Mientras abandonaban el parque y la luna brillaba de aquella manera tan siniestra, Sasuke estaba escuchando música en su cama, al igual que el día anterior. Definitivamente, lo suyo era un caso más que agudo de obsesión. Y lo peor de todo era que ya era intratable. Simplemente estaba para que le pusieran la camisa de fuerza y lo metieran en la habitación más acolchada del manicomio.
Y eso no era lo peor. Aparentemente, la solución más sencilla era ir a la casa de Naruto y devorarlo, pero aquello en realidad era lo más difícil, así que el Uchiha había buscado otra solución. El problema era que tendría que esperar, pero no podía hacerlo. Sólo deseaba tener aquella réplica para darle lo que el real menospreciaba sin saber todo lo que valía. Y según el moreno, su amor valía mucho más que el de cualquier otra persona.
Cuando llegaron a la casa de Kurenai, ambos se sentaron en el sofá, y poco después, Kiba no pudo evitar dar el siguiente paso. Se colocó sobre ella, y en ese mismo momento, la abrazó por la cintura.
- ¡Qué casualidad! Estamos en el mismo sillón donde perdí la virginidad. ¿Sabes lo que eso significa?
Kurenai intentó responder, pero Kiba la besó en el momento oportuno, y poco después, susurró de una manera romántica.
- Si lo hacemos bien, no necesitaremos decirnos nada.
Ése fue el último momento en el que tuvieron uso de razón hasta la mañana siguiente. Habían amanecído juntos y abrazados. Eso sólo podía significar que la noche había sido más que perfecta. De hecho, tan sólo de recordar cualquier detalle, Kurenai se ponía bastante roja.ç
En ese mismo momento, la voz de Kiba la sacó de sus ensoñaciones.
- Yuhi, ¿estás despierta? – Susurró levemente.
- Sí. – ¿Qué tal has pasado la noche?
- Muy bien. ¿Tú?
- También.
- ¿Traigo algo para desayunar?
- No hace falta. Mejor en la cocina. ¿No crees?
Ambos se levantaron, se cubrieron y fueron hacia la cocina.
A la misma vez, en la casa de Sasuke, el teléfono empezó a sonar justo en el momento en el que el moreno abrió la puerta para entrar en su casa. Justo cuando iba a cogerlo, dejó de sonar. En ese momento, el ojinegro se sentó en el sofá y esperó a que llamara, porque, si era tan importante, ya volvería a llamar. No se equivocó, y el teléfono volvió a sonar.
- ¿Sí?
- Sasuke, ¿eres tú?
- Sí. ¿Qué pasa, Naruto?
- Me acaba de llegar la citación. Tenemos que preparar el juicio.
- ¿Cuándo es?
- Dentro de una semana.
- De acuerdo. ¿Voy esta tarde?
- Bien. ¡Nos vemos!
La comunicación se cortó, y en ese momento, Sasuke se dejó caer aun más en el sofá. ¿Por qué estaba condenado a ayudar en una causa en la que no tenía nada que ver?
“Dios mío, ¡y pensar que esta tarde puede pasar cualquier cosa! Sólo de pensarlo me asusto… Pero también lo deseo”. Se levantó tras despejarse, y tras eso, decidió que lo mejor era llenar su estómago.

Problemas técnicos

•26/08/2008 • Dejar un comentario

Saludos a todo el mundo que visita esta web y que cada día disfruta de sus contenidos. No se ha podido actualizar absolutamente nada en dos semanas, por lo que os pido disculpas a todos y cada uno de vosotros. La conexión parece que ya está arreglada, pero no es muy seguro que lo esté totalmente, y espero que pronto la pueda usar con normalidad.

En la sección de Music-Shop! hay varios enlaces ya preparados, pero que sólo tengo que redactar el post para poderlo poner. Para adelantar un poco, con esos enlaces ya se completa la discografía de Theatres des Vampires. La parte mala es que en estos días me han borrado dos enlaces: Decoder de Ebony Ark y The Heart Of Everything de Within Temptation. Trataré de resubirlos lo antes posible para que vuelvan a estar disponbles.

Y en los fics, lo más probable es que hoy suba la séptima entrega de Oscuro deseo, y si me da tiempo, también subiré una especie de prólogo.

Espero que los problemas con mi conexiónya se hayan resuelto, y espero que os guste todo lo que hay aquí.

Oscuro deseo – Parte 6: Mi hermoso pecador

•13/08/2008 • 6 comentarios

Dedicado a Sybelle / Rocío, la otra mitad del pecado

 

Sasuke ya había salido de su casa, y nada más hacerlo, pudo comprobar en su propia piel que era cierto que Konoha era un lugar helado. Francamente, lo estaba pasando mal, ya que hacía demasiado frío como para salir a la calle sin abrigo, cosa que el Uchiha había hecho. Como temía despertar a Kurenai si volvía a casa y cogía el abrigo, decidió resignarse y comenzar el paseo.

Las calles de Konoha parecían mortalmente anchas a la luz de la luna llena, pero eso no le asustaba al ojinegro. Tampoco le asustaba la exagerada tranquilidad del lugar, sino que más bien le reconfortaba. Era cierto… Sólo usaba a Kurenai para olvidar a Naruto, pero no había nada más frustrante que cerrar los ojos y ver al rubio cada vez que Kurenai le besaba. Y eso no era lo peor… ¡Ella ni se daba cuenta! Ya podía ser todo lo rastrero, mezquino, frío e idiota que quisiera, ¡pero ella seguía arrastrándose! Definitivamente, el Uchiha ya estaba harto de la situación. Y ya tenía una idea de cómo ponerle fin.

Tras un largo rato de sosegada caminata, por fin se había despejado aquel cacao mental que había formado la situación en general. El ojinegro pensó en irse a dormir, pero sus pies querían ir a otro lugar que seguramente le encantaría al resto de su cuerpo. Sasuke no tuvo la capacidad de poder decidir, así que sin quererlo conscientemente acabó yendo al cementerio.

Al llegar, lo primero que vio fue que la valla que lo separaba del mundo de los vivos estaba cerrada. Estuvo a punto de rendirse por esto, pero después de conseguir abrirla, prosiguió con su paseo.

Una vez dentro, se sintió intimidado por la cantidad de lápidas de mármol que indicaban que alguien estaba allí abajo; pero aunque sonara sarcástico, lo que le asustaba le ayudaría a encontrar lo que estaba buscando.

Tuvo que caminar un poco más, y entonces, vio ante sí la lápida de Naruto. Tras ella había un frondoso bosque de cipreses, que en ese momento hacían notar aun más si cabía el constante susurro del viento. Además, la luna estaba iluminando el lugar de una manera misteriosa, como si supiera desde hace una eternidad que aquella noche la pasaría con el “difunto” ojiazul.

Sin pararse a pensar en lo que estaba haciendo, se tumbó sobre el lugar que ocupaba la réplica del rubio y empezó a respirar tranquilamente. Mientras lo hacía, empezaron a acudir a su mente los sucesos de hacía varias horas.

Reconoció el lugar en el que estaban “él” y Naruto como aquel parque en el que habían estado paseando un rato antes, y por lo que había visto, sabía que en ese momento era cuando Naruto le había besado voluntariamente por primera vez. Poco después de aquel beso, el Uchiha enmascarado bajo la apariencia de Hinata comenzó a responder a los estímulos del rubio con ansia. Sabía que sólo podría amarlo aquella vez, así que decidió aprovechar la ocasión. Y lo hizo. Notó cómo sus manos se iban perdiendo en su pecho, mientras el ojiazul iba profundizando el beso con pasión.

Casi sin darse cuenta, el Uchiha había llegado a la mejor parte de la fantasía, pero lo mejor de todo era que ni él mismo sabía que era una fantasía. Notaba cómo Naruto iba entrando en él de una manera que ni siquiera había llegado a imaginar de él, mientras el ojinegro, bajo el disfraz de la no tan inocente Hyuuga, estaba a punto de perder el control de los labios de su rubio.

Cuando lo hizo, se escuchó a sí mismo gemir con la voz de Hinata, y a la misma vez, con su voz real, pero el rubio no debía de notarlo, porque seguía haciéndole el amor como si nada. Era demasiado para él ver cómo el rubio al que tanto había adorado estaba sobre él, haciéndole todo lo que había deseado internamente y no le había confesado a nadie. De hecho, no se lo contaba ni a sí mismo por miedo a que su lado racional juzgara sus deseos. Pero así era. Naruto Uzumaki estaba haciéndole el amor sin quejarse, y además, por sus gemidos y la expresión de su cara debía de estar pasándolo bien, o eso parecía…

Cuando su fantasía terminó, Sasuke abrió los ojos sorprendido. Se encontró en el lugar donde se había tumbado. La luna llena había llegado a su cenit, y el viento parecía que había amainado para que el ojinegro pudiera comprobar asombrado que aquel producto de su imaginación había causado verdaderos estragos placenteros en su cuerpo. Estaba completamente bañado en sudor, y además, notó que se había puesto erecto. Y por si eso era poco, también se había derramado. Definitivamente, aquéllo parecía real.

Mientras intentaba volver a recobrar el ritmo normal de su respiración, pudo escuchar con escalofríante claridad el gemido de un bandoneón, que entonaba al borde del desafine un lamento suicida. Sasuke, presa del terror, miró hacia todos lados, pero no vio al autor de aquella terrorífica rapsodia. Estaba tan cansado que no podía levantarse, así que intentó adaptarse a la oscura canción que sonaba de fondo.

Sus párpados habían caído pesadamente para tapar sus fatigados ojos, y mientras escuchaba aquella melodía que ya no le aterrorizaba tanto, pensaba en el deseo que estaba inundando su mente: desenterrar a Naruto y amarlo como nunca lo había hecho. Claro que… Lo que estaba a dos metros bajo tierra no era el cadáver de Naruto, sino una réplica exacta del real que se descomponía; y por si eso era poco, le descorazonaba la idea de pensar que el verdadero Naruto estaría en ese momento lejos de allí, metido en una cálida cama con Hinata. Al recordar la idea, decidió quedarse quieto y llenar nuevamente sus pensamientos con el cuerpo del ojiazul, y escuchando aquel oscuro rezongo fue como Sasuke se quedó dormido en los brazos de Naruto.

Varias horas más tarde, el sol ya había aparecido en el horizonte, y justo en ese momento fue cuando Kurenai se despertó. Asombrada, volvió a comprobar que el chico no había amanecido con ella. De hecho, nunca lo había hecho, algo que inquietaba a la mujer de los labios sangre.

Decidió desayunar tranquilamente, y cuando terminó, decidió que lo mejor era vestirse e ir a visitar a su amigo Kakashi. Después de todo lo que le había ayudado para conquistar a Sakura, parecía que lo mínimo que podía hacer el peligrís era ayudarla a superar la difícil situación, y si era posible, incluso a recordar a quien la había amado locamente.

Un rato después, la mujer de los labios sangre salió de la casa del ojinegro para dirigirse a la casa de su buen amigo. Al llegar, tuvo que reconocerse a sí misma que el paseo la había reconfortado en parte, pero la mayor parte de las dudas que la habían llevado hasta allí permanecían en su mente. Así que, aunque tenía deseos de huir de allí, acabó por presionar el timbre.

Poco después, Kakashi abrió la puerta y se encontró con su amiga, que tenía muy mal aspecto. No necesitaba preguntarle por qué estaba allí porque lo sabía gracias a las habladurías que corrían de boca en boca en Konoha. Por eso sólo tuvo que ofrecerle que pasara e invitarla a un café.

- Bien… – Trató de romper el hielo el peligrís -. No hace falta que me cuentes lo que te pasa. Sasuke, ¿verdad?

- Sí. – Susurró apenada la mujer de los labios sangre.

- ¿Qué es lo que ocurre exactamente?

- Creo que no me quiere.

- ¿Y por qué sospechas eso?

- Verás, Hatake, ¿es normal que tu novio no amanezca contigo ni un día?

- Pues no, la verdad… Yo sé por qué Sasuke es así contigo, pero no debes odiarle por ello. ¿Quieres saberlo?

- Sí… – Él ama a Naruto. Siempre lo ha hecho, y se ve que desde que murió – dijo pronunciando está palabra con especial énfasis -, ya no es el mismo. Es mucho más frío de lo que ya era. Además, dicen que lo han visto salir por la noche a pasear.

Cuando Kurenai escuchó eso, se entristeció tanto o incluso más que si Sasuke le hubiera roto el corazón directamente. Y en cuanto a Kakashi, sabía que si le contaba a Kurenai que Naruto realmente estaba vivo, con Hinata y lejos de Konoha le acabaría cayendo un rapapolvo monumental por cortesía de Tsunade, pero el resto era cierto. Mientras él aún era el sensei del equipo 7, con tan sólo mirar a Sasuke sabía todo lo que se le estaba pasando por la cabeza. Además, las miradas apasionadas que le lanzaba al ojiazul lo delataban.

- ¿Qué puedo hacer? – Preguntó triste la mujer.

- Creo que lo mejor para ti será que abandones a Sasuke y que le des una oportunidad a Kiba.

- ¿Qué ha sido de él?

- Pues que está viviendo en otra villa oculta, y creo que gracias a eso mantengo el contacto con él. Si quieres, cuando pueda, le diré a Kiba que quieres darle una oportunidad. ¿Quieres que lo haga?

Kurenai se quedó un rato pensando, pero tanteó todas sus posibilidades con calma. Si seguía con Sasuke, lo iba a pasar tremendamente mal por el carácter del ojinegro. En cambio, si le daba la oportunidad a Kiba probablemente saldría bien. Además, ¿qué tenía que perder?

- Hatake, ¿de veras harás eso por mí? – Por supuesto, Yuhi. Soy tu amigo, y a mí me gusta que mis amigos sean felices.

- Pero… ¿Kiba todavía siente algo por mí?

El peligrís asintió subiendo y bajando lentamente la barbilla, y poco después, tomó la palabra.

- Cuando nos vemos, lo primero que me pregunta es cómo estás. Así que si le preocupas, aún debe de sentir algo. Además, una vez me contó que su primera vez fue contigo, y que desde esa noche no para de pensar en ti.

- La verdad es que… – Susurró avergonzada la mujer de los labios sangre -. No fue tan decepcionante como creía, ¿sabes? Estuvo muy bien. Así que me imagino que ahora debe ser más apasionado.

Los dos enmudecieron por unos segundos, Kurenai recobró el don de hablar.

- ¿Me avisarás cuando Kiba venga a visitarme?

- Sí, y seguramente sea muy pronto. Por cierto, si vas a abandonar a Sasuke, deberías de ir a su casa y coger tus cosas.

Cuando Kakashi pronunció estas palabras, parecía que Kurenai se había quedado helada, pero en realidad estaba consciente de todo. Cuando lo creyó oportuno, se levantó y se despidió de Kakashi con un beso de amistad, y luego, partió hacia la casa de Sasuke para recoger sus escasas pertenencias.

Mientras la mujer de los labios sangre estaba abandonando la vida de Sasuke para siempre, él se acababa de despertar. Sus ojos se abrieron tan pesadamente como se cerraron, y cuando lo hicieron, pudieron ver asombrados que ya había amanecído hace un buen rato. El Uchiha, a pesar de haber dormido poco, estaba bien descansado. Pero eso no era lo más importante.

Aún perduraban en él los sueños que había tenido esa noche. No sólo estaba feliz por los sueños eróticos que tuvo con Naruto, sino que sus sueños eran muy tiernos, como si Naruto fuese un amor de la infancia.

Recordaba perfectamente que él y el rubio estaban sentados en un banco viendo un atardecer otoñal. Cuando las hojas caían con más ilusión y el sol estaba a punto de esconderse, el ojinegro le preguntó al chico que estaba a su lado si le gustaba. Poco después, el ojiazul, sin decir ni una palabra, se acercó a él y le besó tímidamente en los labios. Claro que de ahí a la realidad faltaba un buen trecho. Tenía muy claro que ya no eran unos niños pequeños, sobre todo él. Tenía 26 años, y exceptuando una noche de borrachera por parte del rubio, no había conocido lo que era realmente el amor; ni siquiera con Kurenai.

Por eso pensó que realmente vivía como una viuda negra: ansiando al ser amado, sabiendo que nunca podría volver a tenerlo, pero su caso era peor. Él ni siquiera había tenido a Naruto, a diferencia de las verdaderas viudas, lo que convertía todos sus sentimientos en una pasión desesperada.

Poco después de que el ojinegro se despertara, Kurenai ya había terminado de recoger sus cosas, y justo antes de irse, se le ocurrió que podría dejarle a Sasuke una nota explicándole por qué lo había dejado de esa manera, así que se sentó en el sofá del salón, y cogiendo un papel y un bolígrafo empezó a escribir.

“Cuando estés leyendo esto, yo me habré ido de tu vida para siempre, y si lo he hecho, es porque tengo mis motivos. Es cierto que yo te adoro como nadie, pero si algo tengo claro ahora mismo, es que no puede haber nada entre nosotros. Te muestras muy frío conmigo incluso cuando estamos haciendo el amor, y por mucho que te quiera, es algo que no puedo soportar. Parece que en realidad piensas en otra cosa, o simplemente en otra…

Así, por mucho que quiera amarte, jamás conseguiré nada. Por eso he decidido abandonarte y probar suerte con quien me quiere realmente. Te deseo lo mejor, y espero no haber cometido un error dejándote.”

Cuando terminó, dobló el papel en cuatro partes y lo dejó encima de la mesita del salón. Después, se fue.

Un rato más tarde, Sasuke ya se encontraba en su casa. Ya estaba sentado en el sofá y había terminado de leer la nota de Kurenai. Sonreía tanto o incluso más que si le hubiera tocado la lotería. Por fin “la pesada” se había dado cuenta de que él no era el tipo de hombre que necesitaba. Y mucho menos, podía soportar que todo el día quisiera hacerle el amor. Algo que, en ese momento, sólo era sexo. Luego, que fuera placentero para él o no ya era otra cuestión.

Poco después, su teléfono comenzó a sonar, y rápidamente contestó a la llamada. Era Naruto.

- ¡Hola, Sasuke! ¿Cómo estás?

- Con algo de sueño. ¿Qué quieres?

- Verás, Sasuke, necesito que vengas a mi casa. Necesito hablar contigo sobre lo que pasó ayer.

- Oye, Naruto, ¿no puedo ir mañana? Es que estoy muy cansado para conducir.

- Lo siento, pero no va a poder ser. Tiene que ser hoy. ¿Puedes?

- Sí, claro. Ahora cojo el coche.

El Uchiha no se molestó en despedirse, así que colgó directamente. Deseó con todas sus fuerzas que aquella prisa fuera para que al final el rubio se acabara declarando. Así lo creía porque el ojinegro le había entregado todos sus sentimientos en los pocos besos y caricias que le había regalado al ojiazul. Además, aún podía notar el calor de la piel de Naruto en la suya, a pesar de tener en ese momento el aspecto físico de Hinata. También deseó que si Naruto lo había llamado para eso, acabara de hacerle el amor en el amplio jardín de su casa, mientras él, sin darse cuenta, caería en el mundo que crearía el rubio con sus caricias. Lo deseaba tan fuertemente que le estaba empezando a doler la cabeza, y por eso el ojinegro decidió terminar con sus dudas y se metió en su coche.

Varias horas después, el ojinegro ya había llegado a la casa de Naruto. Rezó con todas sus fuerzas que fuera para aquello que tanto deseaba ocurriera. Decidió quitarse esos pensamientos de la cabeza y tocar el timbre para terminar con aquella incertidumbre.

- Buenas, ésta es la residencia de los Uzumaki. ¿Quién es? – Preguntó la voz del ojiazul.

- Sasuke.

- ¡Hola, Sasuke! Pasa. Estoy en la oficina. Hablaremos allí. ¿Te parece bien? – Sí. En ese momento, se abrió la puerta y el ojinegro pasó a la casa del rubio. Realmente era un lugar precioso… Sobre todo para terminar de entregarse al rubio, porque en el fondo era lo que siempre había deseado. Entró en la casa, y en ese instante, comenzó a buscar la oficina. Mientras, no paraba de ver fotos en las que aparecían su rubio e Hinata totalmente felices.

- ¡Qué fastidio! – Se escuchó susurrar levemente el ojinegro.

¡Claro que era un fastidio! Era un fastidio imaginarse cómo Hinata le hacía cosas a Naruto que para él estaban más que prohibidas, y sobre todo, lo poco que imaginaba que valoraba al ojiazul. Pero en el fondo, Sasuke comprendía a Hinata, porque ellos habían pasado por la misma situación. Habían tenido que imaginarse durante años que el rubio les poseía de aquella manera que tanto les gustaba, mientras se entregaban al amor de otra persona o simplemente no lo hacían. Pero el final del cuento fue distinto para los dos. Hinata consiguió llegar al corazón del rubio tras abandonar a Gaara, mientras él aún tendría que esperar un poco más… O peor aún, morir con el deseo de amarlo.

Por suerte, terminó por encontrar la oficina del rubio, y cuando lo hizo, pasó dentro de ella. Era un lugar bastante agradable. Las paredes estaban pintadas de un tono naranja salmón, y de ellas, por suerte, no colgaba ninguna foto de “ésa”. Al lado derecho de la pequeña sala había una estantería plagada de libros; y en el lado opuesto, otro estante con cientos de CDs perfectamente colocados. Y en el frente, estaba el escritorio de Naruto, y sobre él, un portátil. Al fondo de la sala, frente a la puerta, había una ventana, cuya persiana estaba entrecerrada.

- Siéntate, Sasuke. Necesito que te relajes.

El ojinegro obedeció como no lo había hecho en su vida, y en ese momento, lo único que le separaba de su rubio era el escritorio que estaba entre ellos.

- Bien, Sasuke, será mejor que te empiece a contar por qué te he llamado con tanta prisa. Recuerdas lo que pasó ayer, ¿cierto?

- Sí.

- Y bien… Mientras tú me engañabas, Gaara estaba haciendo lo mismo con Hinata, y si no llega a ser porque te detuviste a tiempo y me dijiste dónde estaban, lo más seguro era que acabara violándola. – Susurró con tristeza.

- ¿Y qué tiene que ver eso conmigo?

- Verás, Sasuke, hemos denunciado a Gaara por un intento de violación, suplantación de identidad y mal uso de técnicas ninja, y por eso necesito que declares en el juicio como nuestro testigo.

- ¿Y por qué debería de hacerlo? – Preguntó arrogantemente

- Por mí. Te lo pido porque sé que eres el único que sabe la verdad. No quiero que lo hagas por Hinata porque sé que la odias, ¿pero lo harías por mí?

- Con una condición.

- ¿Cuál?

- Sólo necesito un beso y un te amo.

- ¿Qué? – Preguntó perplejo el rubio.

- Ya lo has escuchado. – Susurró el moreno a punto de ponerse rojo.

- Sasuke, no puedo hacerlo… ¡Sería engañar a Hinata!

- Lo siento, Naruto, pero hagas lo que hagas, la herirás. Pero si lo haces, no tiene por qué enterarse. Si nadie sabe realmente lo que siento por ti menos tú, ¿por qué se iban a enterar de que me has besado?

En ese instante, Naruto se quedó pensativo. ¿Qué más le daba darle un beso y unas palabras al hombre que estaba frente a él si con ello conseguía que al que le había hecho daño a Hinata se pudriera en la cárcel? La verdad era que aquél era un buen trueque, así que decidió aceptarlo.

Se acercó a Sasuke lentamente como si quisiera que el moreno retuviera aquel momento para siempre en su memoria, y cuando estuvo sobre él en la misma silla, con una de sus manos acarició levemente su mejilla y poseyó lentamente sus labios. Mientras, enredaba con calma su lengua con la de Sasuke con una seguridad y una hombría que no eran propias de él, sino del otro hombre. Y eso no era lo mejor. Mientras el beso se hacía eterno, el rubio iba explorando el pecho del ojinegro, que se sentía explotar con la caricia. Entonces, cuando el rubio lo creyó oportuno, se empezó a separar levemente del otro hombre, y cuando los dos tuvieron los ojos completamente abiertos, Naruto pronunció las palabras que llevarían al Uchiha al extremo de su locura.

- Sasuke, te amo.

El ojinegro se quedó realmente perplejo. No sólo había usado el tono de voz perfecto, sino que además su mirada había sido de lo más expresiva. De hecho, los ojos azules del rubio estuvieron a punto de incendiarlo en su pasión.

El Uchiha supo cómo mantener la calidez del momento para destruirlo a la vez, pero no lo haría de una manera definitiva, sino física. Se levantó de la silla, y levantando con el movimiento al rubio, se acercó a su oído y le susurró:

- Declararé encantado en el juicio. Sólo tienes que mandarme la citación como testigo.

Y con la misma delicadeza, dio la media vuelta y se fue, dejando al rubio aun más asombrado de lo que estaba. Intentando mantener la calma, Naruto se sentó en su cómoda silla y empezó a buscar en su portátil la canción que era más acorde al momento que había acabado de vivir.

Cuando la encontró, empezaron a brotar de los altavoces que estaban distribuidos por toda la pequeña sala unas voces gregorianas que entonaban uno de los muchos cantos que estaban recogidos en el popular cancionero medieval. Tras las dos primeras frases, el rubio percibió que habían modificado la letra, pero ese asombro fue pequeño comparado con el que vino treinta segundos más tarde. Vale, era cierto que Naruto estaba harto de oír la cancion, pero uno de sus muchos dones era el de poder disfrutar de las canciones como si siempre fuera la primera vez que las escucha, algo muy positivo.

Cuando pasaron aquellos treinta segundos, la letra era radicalmente distinta, pero se habían sumado a la canción una guitarra eléctrica, una batería, una voz femenina (probablemente una soprano) y por último pero no menos desgarrador, llegó a oír un desconsolador grito gutural que le había transmitido dolor en estado puro. Entonces, como por arte de magia, se le vino una terrorífica estrofa a la cabeza.

 

La muerte nos sonríe

con su hambre maliciosa.

Reza por tus pecados

y disculpa tus blasfemias.

La muerte nos aguarda

con su oscura guadaña.

Confiesa tus pecados

o púrgate en el infierno.

La estrofa le había salido al rubio más que estremecedora. Y si de algo podía estar seguro era de que aquéllo no había sido una traducción de aquella estrofa en latín, porque no tenía ni idea.

De repente, se sorprendió sobremanera, pero no había sido por la música, sino por Hinata, que había acabado de llegar de su paseo antes de la hora del almuerzo.

- ¡Madre mía, Naruto! ¡Baja eso ahora mismo! ¡Si te estoy oyendo desde la casa del vecino!

- Ya voy, Hina…

- Ni que se hubiera muerto nadie… Sólo te falta vestir de negro para ser gótico.

Bajó la música ipso facto, pero Hinata le pidió que pusiera algo más alegre.

Por la noche, en la casa de Sasuke, el moreno estaba tumbado en su cama escuchando música, pero no oía música triste para animarse, sino para recordarse a sí mismo que había cosas que no podía permitirse.

 

Amo tu piel, oh, tan pálida.

Amo tu tacto frío como el hielo.

Y amo cada lágrima que lloras.

Sólo amo la manera con la pierdes la vida.

Mientras aquella canción resonaba en su mente, recordaba el beso de Naruto. Realmente había sido demasiado placentero e inesperado, pero no por el general, sino por la reacción del rubio. Y sobre todo aquel te amo… Sólo de recordarlo se sentía arder, pero no porque estuviera cubierto, sino por el calor del deseo. A la misma vez que la canción avanzaba y aumentaba en intensidad romántica, a Sasuke se le ocurrió la mejor idea del día. ¿Y si volvía a pasar la noche en el cementerio sobre el falso Naruto? Era una idea loca, pero seguramente sus sueños serían tan dulces como la noche anterior. Y por si eso no era todo, se llevaría su mp4 para asegurarse de ello.

Unos cinco minutos más tarde, la ardiente piel del Uchiha se encontró con el frío viento nocturno, y guiado por la luz de la luna llena y su deseo, se volvió a encaminar hacia el cementerio.

¡¡¡Saludos!!!

•07/08/2008 • 1 comentario

Bueno, hacía un tiempo que no escribía nada en la categoría de general, la verdad, así que ahora me siento un poco extraña al hacerlo. Espero no decepcionarles con lo que les voy a contar, y sobre todo. ¡sean buenas personas y no me tiren tomates!

Veamos… Lo primero es avisar de por qué hay algunas discografías que no están completas del todo, caso de la de Within Temptation, Tristania, Theatres des Vampires… Para los que estén hartos de hablar conmigo por el MSN, sabrán que llevaba un largo mes medio depresiva porque el mp3 donde tenía almacenados los discos que aún no están subidos estaba teniendo fallos graves. Es decir, que ya no se dejaba ni recargar, así que imagínense lo gordo que debía ser el asunto… Por suerte, conseguí sacar toda la info que tenía allí y pasarla a otro lugar (más seguro). Así que ya me he puesto manos a la obra y he empezado a subir todo el material pendiente, que podría ser más o menos esta lista

  • Within Temptation
  • Theatres des Vampires
  • Dimmu Borgir
  • Theatre of Tragedy
  • Evoken
  • Shape of Despair
  • Krypteria

Además, tengo planeado subir otras discografías, como por ejemplo:

  • Stravaganzza
  • Angelus Apatrida
  • Lacrimosa
  • The Sins Of Thy Beloved
  • The Gathering
  • L’Âme Inmortelle
  • Blutengel
  • Evanescence

En todo caso, les ruego un poco de paciencia, porque ya saben que mi internet se lo toma todo con mucha filosofía (de hecho, para bajarse la demo de Tristania se pegó media hora, y eso que eran tres canciones!).

Ahora… ¡Pasemos a los fics! Sí, esos amigos que dejan entrever mi extraña sexualidad y que escribo cuando estoy a punto de estallar de furia, amor, o ambas cosas. A los que se hayan aficionado a Oscuro Deseo podrán ver en poco tiempo nuevas entregas, pero que tampoco esperen ver en tres días el fic terminado, ya que… Digamos que estoy en una época de estreñimiento mental muy grave. Y los del resto de fics…

  • Tangurii Satano: Muchísimo peor que OD
  • All The Things She Said: Parece ser que lo voy a terminar en un siglo
  • La Leyenda de Kudiah: Ídem
  • Nuevos proyectos: Pues de momento, ninguno importante. No al menos hasta que se me pase este maldito estreñimiento creativo que tengo por lo menos desde mayo…

Y por último, quería mandarles unos saludos muy cordiales a Hechicero666 y a JPGotico de Satanás Gótico por su excelente trabajo como uploaders de buen metal, así como a todos los visitantes que se decidan a conocer mi página. Hechicero666, gracias por tu humilde opinión sobre mi página, pero yo opino que es una página normal a la que le falta el impulso definitivo para ser más conocida. Por cierto, te habría dejado mi MSN en el CBox… Pero es que es tan largo que no me cabía U.U…

Oscuro deseo – Parte 5: Juego sucio

•04/07/2008 • 9 comentarios

Justo en el mismo día en el que Gaara y Sasuke iban a llevar su plan a cabo, Naruto e Hinata estaban paseando felizmente por una hermosa plaza que estaba cerca de su casa. El paseo estaba resultando agradable, sobre todo porque en aquella cálida tarde de septiembre no había hecho tanto calor como en los días anteriores.

- ¡Qué bien se está aquí! ¿Verdad?

- Sí… Es una de las pocas playas en las que me he atrevido a caminar descalza. – Dijo Hinata con una sonrisa en los labios.

- Oye, Hina, tengo que ir al baño. ¿Me esperas aquí sentada?

- Claro. ¡No tardes!

Mientras Naruto se separaba de la ojiblanca, las otras dos personas que estaban allí comenzaron a maquinarlo todo.

- Bien, ahora iré al baño yo también, y sin que Naruto se dé cuenta, le daré un golpe en la cabeza. Cuando esté inconsciente, me transformaré en él y me iré con Hinata. Y tú, cuando yo ya esté con ella, entras, te lo llevas donde sea y te aseguras de transformarte en Hinata. ¿De acuerdo?

- Sí. – Asintió el Uchiha.

Cuando el rubio entró en el baño que habían improvisado, Gaara, que ya estaba dentro, dejó que Naruto hiciera sus necesidades, y justo cuando terminó le asestó un certero golpe en la cabeza.

- Lo siento… – Susurró mientras tomaba la misma apariencia que el inconsciente rubio -. Pero yo también la necesito.

La copia del rubio salió del baño y se dirigió justo donde estaba la peliazulada. Poco después, Sasuke cogió el cuerpo de Naruto y se lo llevó hasta un pequeño hostal que estaba cerca de allí.

Tras reservar una habitación para esa noche, subió rápidamente a la habitación y dejó al ojiazul sobre la cama. En ese momento, tomó la apariencia de Hinata y se sentó junto a él. En ese momento, Naruto empezó a despertarse.

- ¿Dónde estoy? – Preguntó mientras se tocaba la parte de atrás de la cabeza.

- He tenido que traerte hasta aquí. Te diste un golpe cuando estabas en el baño. Es que… Como tardabas demasiado, decidí ir a buscarte.

- Gracias, Hina. – Susurró el rubio agradecido, sin saber que en realidad el que estaba frente a él era su amigo Sasuke.

- ¿Estás mejor?

- Sí. Ya no me duele tanto. ¿Qué tal si salimos otra vez a pasear?

- Vale. ¿A dónde me vas a llevar?

- Creo que lo mejor será que paseemos por el parque.

- De acuerdo.

Mientras Naruto paseaba por el parque que estaba cerca del hostal, Hinata estaba compartiendo sus secretos más íntimos con su peor enemigo sin ella saberlo.

- ¿Sabes, Naruto? Soy muy feliz desde que estoy contigo. Noto que desde hace tiempo no tenía tanta ilusión por vivir como ahora. Y eso no es nada… Si no me hubiera atrevido a profanar tu tumba, todavía estaría con Gaara.

Eso no le sorprendió al pelirrojo, ya que fue lo último que supo de su ya casi ex mujer, pero parecía que Hinata iba a seguir hiriendo aun más al chico.

- Estoy muy feliz, cielo… Por fin estoy esperando un hijo, Naruto. Un hijo tuyo… Me hacía tanta ilusión tener una parte de ti creciendo dentro de mí…

- ¿Y qué pasó con Gaara? Me imagino que tenías que fingir con él.

- Bueno… Desde que empecé con él llevaba un anillo anticonceptivo en secreto. Además, tomé la píldora hasta los veinte porque tenía problemas con la regla.

- ¿Pero cómo lo soportabas?

- Imaginaba que él eras tú. Igual que con las flores. Aunque no es lo mismo, cielo. Contigo tengo plena confianza.

Eso le había dolido al chico de la arena, aunque supo disimularlo bajo la apariencia de eterna felicidad de Naruto.

- Oye, Hina, ¿sabes lo que me apetece hacer ahora?

- Ya me lo estoy imaginando… – Susurró con una mirada inocente.

En ese momento, la réplica de Naruto se colocó sobre Hinata y la besó apasionadante. Sí, ése sería el principio de la primera y última vez en la que Hinata disfrutaría de su marido.

Mientras Gaara intentaba poseer a Hinata, Naruto y la réplica de la peliazulada ya se encontraban en aquel parque. Era un lugar con muchos árboles, y a la misma vez, lleno de sombras. No era un lugar que asustara, y por eso tanto Naruto como su acompañante estaban a gusto.

- Es un lugar muy bonito, Naruto. Gracias por traerme.

- No es nada, Hina. En ese momento, la chica cogió de la mano a Naruto y le miró tímidamente. Interiormente, el corazón del ojinegro estaba dando saltos de alegría.

- Vaya… Es la primera vez que me coges de la mano de esa manera.

- ¿De verdad? Vaya…

- Además, Hina, si hoy hemos salido a pasear, es porque…

- ¿Qué?

El rubio se abrazó a la ojiblanca y le susurró en el oído que quería hacerle el amor allí mismo. Sasuke, al oír eso, se quedó más que asombrado. Era increíble que Naruto tuviera tanta iniciativa. Claro que, pensándolo bien, era porque él creía que estaba con su novia.

- ¿Qué te parece ahí? Es un lugar perfecto.

La réplica asintió, y entonces, prácticamente arrastró a Naruto hasta aquel lugar. Cuando llegaron, tumbó al ojiazul sobre el césped que allí había y le dio un beso apasionado. El rubio se quedó sorprendido, porque aquella reacción era demasiado hasta para su Hinata. Aun así, no se disgustó, sino que siguió gustoso el ejemplo. Mientras el moreno le iba besando cálidamente, Naruto iba acariciando su cuerpo sin descanso. No le había quitado ni una sola prenda, ni tampoco era necesario. Podía sentir su piel perfectamente sin apartar demasiado la tela.

Mientras Sasuke iba manteniendo el beso, bajó una de sus manos hasta el pecho del rubio y empezó a acariciarlo delicadamente. Naruto, al notar la nada inocente caricia, estuvo a punto de cortar el beso para gemir el nombre de su pequeña, pero la que estaba sobre él supo retenerlo.

Desde entonces, el Uchiha no pudo evitar pensar que todo lo que estaba haciendo estaba muy mal. En primer lugar, Naruto era su amigo y debía respetarlo. En segundo lugar, debía tener en cuenta que usar la imagen de su novia para que él le hiciera el amor también estaba mal. Y en tercer lugar, también tenía que tener en cuenta que en el fondo Naruto no le deseaba, y seguro que Hinata tampoco querría tener nada con Gaara. Aun así estaba disfrutando tanto con los besos y las caricias del rubio… Sabía que si aquéllo seguía, no sólo no iba a poder parar, sino que además le acabaría descubriendo.

- Naruto… Yo… No puedo hacerlo – Susurró avergonzado.

- ¿Pero qué te pasa, Hinata? Nunca te había pasado esto.

- Verás, Naruto, yo… – Dijo apartándose del cuerpo del rubio.

- ¿Qué?

En ese momento, Sasuke recobró su apariencia real. Naruto, al ver a su amigo allí, se quedó realmente asombrado.

- Sasuke, ¿qué rayos haces aquí? ¿Y por qué te has transformado en Hinata?

- Naruto, yo… – Sollozó imperceptiblemente el ojinegro -. Lo hice porque te necesito.

El ojiazul, al oír las últimas cinco palabras, se quedó aún más asombrado de lo que estaba. ¿Acaso Sasuke siempre había sentido algo más que amistad?

- Naruto, por favor, te ruego que me perdones. Yo sólo quería amarte.

- ¿Dónde está Hinata? – Sólo pudo responder el rubio.

- Está en la playa, con Gaara.

Naruto sólo pudo levantarse para ir a buscar a Hinata. Como Gaara le hubiera puesto uno de sus dedos encima, iba a estar arrepintiéndose por ello el resto de su vida. Y el Uchiha tampoco se quedaba atrás. ¿Cómo se había atrevido a hacer aquéllo?

Justo cuando llegó a la playa, vio que su clon estaba a punto de entrar en su novia, y en ese momento, el rubio gritó con todas sus fuerzas que parara. Hinata, al oír a Naruto tan lejos de ella, abrió sus ojos y miró hacia donde estaba él, y luego, hacia donde estaba el otro Naruto.

- ¿Qué rayos está pasando aquí?

En ese momento, Gaara, avergonzado, recobró su apariencia real. Entonces, Hinata, al ver lo que estaba pasando con claridad, le pegó una bofetada a Gaara y le gritó:

- ¡Cerdo! ¿Para ésto me dejaste ir? ¡Debería de denunciarte por abusos e intento de violación! ¡No! ¡Mejor lo hago!

La peliazulada, avergonzada, empezó a vestirse rápidamente, mientras el rubio también le gritaba al pelirrojo.

- ¿Te crees que Hinata es como un porro o qué? Hinata está conmigo porque quiere, y eso no te da ningún derecho a tomar mi imagen para tirártela cuando quieras. Así que pronto tendrás noticias nuestras. ¡Y será mejor que te vayas antes de que me dé por pegarte!

Gaara decidió que lo mejor era irse, y cuando estuvieron solos, Hinata se abrazó al rubio mientras lloraba.

- ¿Cómo ha podido hacerme esto? Creía que aún tenía algo de decencia…

- Tranquilízate, Hina. – La abrazó y le secó las lágrimas -. Cuando estés más tranquila, iremos al juzgado de guardia y le denunciaremos.

La peliazulada estuvo en los brazos de su novio durante un largo rato, y cuando se tranquilizó, sólo se le vino una cosa a la cabeza.

- ¿Cómo has sabido que Gaara estaba conmigo?

- Verás, Hina… – El rubio cortó sus palabras con verguenza -. A mí también me hicieron lo mismo, pero esa persona se arrepintió a tiempo y lo confesó.

- ¿Puedo saber quién era?

- Te lo diré al oído. ¿De acuerdo? El ojiazul se acercó a Hinata y le susurró en un soplido el nombre de Sasuke. Al escucharlo, la ojiblanca se sorprendió sobremanera, y luego, le preguntó que había pasado.

- Sólo sé que después de ir al baño me golpeé y me desperté en un motel. Entonces ya estaba con él. Tomó tu imagen, y Gaara hizo lo mismo, pero al revés.

- Pobre…

- Será mejor que vayamos hacia allí si no queremos que nos sorprenda la noche.

Naruto ayudó a Hinata a levantarse, y después, se fueron hacia el juzgado de guardia a denunciar lo ocurrido. El primero en entrar fue Naruto, e inmediatamente después entró Hinata. Cuando ya estuvieron juntos, empezaron a testificar lo ocurrido por separado. La primera fue la peliazulada, a la que hicieron entrar en una sala con un agente que tomaría nota de la declaración, ya que para el juicio sería importante.

- Su nombre, señorita.

- Si no le importa, le voy a dar el nombre de soltera, ya que estoy preparando los trámites del divorcio.

- Muy bien. Adelante.

- Hinata Hyuuga.

- Edad, localidad en la que vive y estado civil.

- 26. País del Sol. Casada. Y si no le importa… Anote que estoy preparando el divorcio.

- De acuerdo. Cuando quiera puede testificar lo ocurrido.

- Bien, pero antes de nada, le aviso de que este caso es un poco especial, ya que en él se usan técnicas ninja.

- No se preocupe. En ese caso, será juzgada por un juzgado de una villa ninja. Así que puede empezar cuando quiera.

- Bien, señor agente, hace dos horas estaba con mi novio paseando por la playa.

- Oiga, señorita, si no le importa, ¿podría decirme el nombre completo de todos los implicados?

- No hay problema. Como iba diciendo, estaba paseando por la playa con mi novio, Naruto Uzumaki. Mientras estábamos sentados en la arena, Naruto se levantó y se fue al baño. Poco después, volvió y seguimos conversando tranquilamente, hasta que la cosa pasó a mayores. No sospechaba que el chico que estaba sobre mí no pudiera ser Naruto, pero cuando descubrió lo que había pasado, fue hacia la playa y le gritó al Naruto que estaba sobre mí que parara.

- ¿Y quién era el falso Naruto?

- Sabaku no Gaara, mi ex marido. Lo dejamos hace dos meses.

- Bien. ¿Y qué pasó cuando descubrió que ese hombre era su marido?

- Le pegué una bofetada y le llamé cerdo. Justo después, Naruto también se enfadó con él y le llamó de todo. ¡Ah! Olvidé decir que justo después de llamarle cerdo le dije que le iba a denunciar por abusos, cosa que voy a hacer.

- ¿Algo más?

- Sí. También violación. Bueno, intento, mejor dicho.

El hombre apuntó toda la información importante en el informe y le dijo que ya podía decirle a Naruto que pasara. Poco después, el rubio empezó a declarar.

- Nombre.

- Naruto Uzumaki.

- Edad, localidad y estado civil.

- 26. País del Sol. Soltero.

- Bien. Testifique cuando quiera.

- Hace más o menos dos horas estaba paseando con mi novia, Hinata Hyuuga, por la plaza que está cerca de la villa, y de repente, tengo que ir al baño. Le digo que volveré enseguida y voy allí. Entonces, hago mis cosas, y justo cuando voy a salir, noto que me dan un golpe en la cabeza. Cuando me despierto, me encuentro tumbado en la cama de la habitación de un motel. Hinata, que estaba allí conmigo, me dijo que me había dado un golpe en el baño. Después de eso la animé a salir a pasear al parque que está cerca del motel Florida, que era allí donde estábamos. Cuando estamos paseando, le susurro que me apetece intimar con ella y nos escondemos entre los árboles. Poco después de empezar, Hinata se separó y me dijo que no podía hacerlo. Le pregunté qué le pasaba, y entonces, me encuentro a mi lado a Sasuke Uchiha en lugar de mi novia.

- Bien… O sea que hay un claro móvil pasional.

- ¡Claro! ¡Se hizo pasar por mi novia para hacerle pasar un buen rato! Después de confesarme llorando que él y Gaara lo habían planeado todo, me dijo que él lo hizo porque me quería y necesitaba acariciar mi piel. Cuando terminó, me dijo que Gaara estaba en la playa con Hinata, así que fui corriendo hacia allí. Tuve muchísima suerte de que no hubiera pasado nada, pero si hubiera pasado, sólo sé que Hinata estaría mucho peor.

- Bien. Tal y como testifica su novia, asegura que al descubrir a Gaara le llamó cerdo y le amenazó con denunciarle por abusos e intento de violación. Y justo después, usted se puso hecho una furia.

- Cierto. Y no es para menos.

- Bien. Ya puede decirle a Hinata que pase.

El rubio salió un momento de la sala y buscó a su novia. Cuando la encontró, se abrazó a ella e intentó tranquilizarla, ya que se había puesto nerviosa de nuevo.

- Tranquila, Hina. Todo saldrá bien… No tienes de qué preocuparte.

- ¿Y si lo absuelven?

- Estoy convencido de que Sasuke querrá ayudarnos. Por cierto, tenemos que entrar.

La pareja entró, y justo cuando se sentaron, empezaron a bombardearle a preguntas.

- ¿Desean denunciar a Gaara, a Sasuke o a ambos?

- A Gaara. – Respondieron los dos al mismo tiempo.

El hombre comenzó a consultar las declaraciones de ambos, y después, les informó de los delitos que se le podían imputar al pelirrojo.

- Veamos… Se le puede imputar un intento de violación, y si me apuras, hasta un uso de técnicas ninja de manera indebida. Y sí. También entrarían los abusos sexuales, ya que teóricamente, si usted hubiera sabido que el chico era Gaara, se hubiera negado en rotundo. ¿Me equivoco?

- No. Está en lo cierto. – Afirmó la peliazulada.

- Bien… Siendo un caso tan grave, seguramente hagan un juicio rápido, así que yo que ustedes me iba buscando un buen abogado, aunque claro, tal y como se ven las cosas, parece que el caso está ganado.

- Perdone, agente. – Replicó el rubio -. ¿En cuánto tiempo podemos recibir la citación?

- Dos semanas como muy tarde.

La pareja se alegró y se asombró al mismo tiempo. Eso quería decir que en muy poco tiempo Gaara tendría su merecido. La pareja abandonó el juzgado y se fue a casa, ya que el día había sido muy largo, tal vez demasiado.

Estaban en su habitación, intentando dormir, pero ninguno de los dos podía. A Hinata le había afectado todo lo que había pasado ese día, y a Naruto no le gustaba nada oír cómo su novia estaba llorando. Así que el rubio decidió que lo mejor era envalentonarse y preguntarle por qué estaba así.

- Me siento muy sucia…

- Hinata… – Susurró el ojiazul abrazándola con ternura -. Tú no tienes la culpa de nada. Es ese descerebrado de Gaara.

- Ya lo sé, pero me siento mal al pensar que estuve a punto de hacer el amor con otro hombre que no fueras tú.

- No tienes por qué culparte de nada. No tenías manera de saber que él era Gaara. Y yo tampoco tuve manera de saber que el que estaba sobre mí era Sasuke. Si no llega a arrepentirse…

- ¿Qué?

- Tal vez nunca habría pasado todo esto, pero tengo que estarle agradecido.

Hinata se quedó pensando sobre lo sucedido, y se dio cuenta de que Naruto tenía toda la razón del mundo. Si Sasuke no se hubiera arrepentido a tiempo, nunca hubieran sabido lo ocurrido realmente. Por otro lado, era más dulce la mentira piadosa que la realidad pura y dura. Al menos, se dijo la peliazulada, serviría para agilizar los trámites del divorcio, o si no, para mantenerlo lejos hasta que se lo dieran.

Al mismo tiempo pero en otro lugar, Sasuke también intentaba dormir, pero en esta ocasión se lo impedía el peso de Kurenai. En su insomnio pensaba en lo que había ocurrido esa misma tarde. Tenía que reconocer que los labios de Naruto eran deliciosos, tal vez demasiado para su casi intacta inocencia. Y su piel… Aunque ya la había conocido, volver a sentirla en la yema de sus dedos como en aquella noche le reconfortaba. Seguía siendo tan suave y caliente como aquel entonces.

Mientras sus pensamientos estaban siendo inundados por el cuerpo sin camiseta de Naruto, Sasuke notó que Kurenai empezó a moverse sutilmente sobre él, y poco después, le preguntó si estaba despierto. Lo mejor que pudo hacer el Uchiha fue hacerse el dormido, porque seguramente, si decía que estaba despierto, la mujer de los labios sangre acabaría haciéndole el amor, y honestamente, eso no le apetecía nada al ojinegro.

La mujer decidió rendirse, creyendo que su “novio” estaba dormido como un tronco, así que se echó a un lado e intentó dormir, y la verdad era que lo había conseguido bastante fácilmente, pero él seguía siendo incapaz de conciliar el sueño. Al ver que no podía dormir, decidió levantarse de la cama, vestirse, y sin hacer ningún ruido, salir a pasear. Sí, tal vez eso le reconfortaría… O tal vez acabaría peor.

+ de 30.000 visitas [y 50 discos colgados]

•25/06/2008 • Dejar un comentario

¡Por fin! Parecía que nunca lo iba a conseguir, que queréis que os diga, ¡pero al fin llegamos a las 30.000 visitas! Y por si todo parecía poco, ¡pues al fin conseguí subir 50 discos! Vale, discografías completas… Pues si acaso la de Ebony Ark y la de Epica sin contar singles ni recopilatorios, pero teniendo en cuenta mi velocidad de conexión (ADSL TORTUGA) y el poco tiempo que puedo estar conectada eso ya es un logro.

En cuanto a fics… Me he bloqueado con Oscuro Deseo en la parte 14 (Dios, ¡eso sí que es un atasco y no los que se organizan en Madrid!) e ideas nuevas… Pues ninguna, pero eso es porque he estado extremadamente ocupada con mis estudios, pero ahora me espera el largo veranito, que a ver si se me pasa el bloqueo y termino el fic… Y a ver si me compro el maldito portátil, a ver si fundo mi grupo, a ver si…

Oscuro deseo – Parte 4: Deseo tener un ángel

•03/06/2008 • 2 comentarios

Habían pasado dos largos y felices meses desde que Hinata y Naruto convivían juntos. Se llevaban bastante bien en todos los sentidos, y la relación era bastante apasionada, tierna y romántica, lo que Hinata siempre había deseado tener.

Esa mañana era diferente a las demás. Naruto no se había levantado para preparar el desayuno, sino para ver cómo le iba a Hinata. La peliazulada estaba en el baño con un objeto blanco y alargado en la mano. Estaba impaciente, porque ese objeto podía cambiar su vida según lo que indicara en la pequeña ventanita. El rubio tocó en la puerta del baño, y entonces, preguntó si podía pasar. La ojiblanca le dejó pasar, y entonces, el rubio le abrazó por la cintura.

- ¿Cómo va la prueba?

- Acabas de llegar en el momento justo. Ahora tendrían que empezar a verse las franjas.

Hinata cogió la prueba de embarazo y la puso entre sus manos, mientras el rubio apoyó su barbilla en el hombro de la peliazulada.

- Recuérdalo, Hinata. Tres franjas rosas.

Justo cuando el rubio estaba hablando, empezó a verse la primera franja.

- ¡Rosa! ¡Rosa! – Ya estamos un poco más cerca…

Poco después, apareció la segunda, que también era rosa, pero la última franja no era del color que ellos esperaban.

- ¿Violeta? ¿Por qué es violeta?

- Puede que tus náuseas sean por aquel ramen precocinado. Mira que si es por eso los demando… – Gruñó el rubio al borde del enfado.

- ¿Y por qué no coges la caja? A lo mejor dice algo.

El rubio cogió la caja y empezó a leerla en un tono algo bajo.

- “Si una franja sale violeta, probablemente es porque la acidez de orina es superior a la normal o un defecto de fabricación. Si esto ocurre, existe el 90% de posibilidades de que el test sea positivo. Si aún tiene dudas, consulte a su médico.”

- Naruto, ¿te has dado cuenta de lo que has leído?

- Esto… ¿El qué?

- Naruto, ¡estamos embarazados!

- ¿En serio? ¡Qué bien! – Brincó el rubio de un lado a otro del cuarto de baño -. Espera… Hay que buscarle nombre. Mira, si es un niño, lo llamaremos Ramen.

La pobre ojiblanca casi se desmaya al oír semejante nombre para un bebé, pero Naruto no se dio cuenta, porque dio la sugerencia femenina.

- Y si es una chica, la llamaremos Hinata, como tú.

En ese momento, la peliazulada sonrió complacida. Desde luego, no era porque ella se llamara así, sino porque realmente Hinata era un nombre bonito.

- Naruto, ¿en qué te basas para poner esos nombres?

- En las dos cosas que más quiero: el ramen y tú.

- Naruto, ¿acaso quieres que yo haga el desayuno?

- No es eso… Es que, si es una niña, quiero que se llame como tú.

- Anda, Naru, baja. Hoy el desayuno lo hacemos entre los dos.

Mientras la feliz pareja estaba en la cocina saboreando unos dulces de nata y chocolate, Gaara estaba tumbado sobre su cama, mientras una fémina se balanceaba seductoramente sobre él.

Era como si aquella mujer de labios sangre no pudiera darle placer. No al menos como Hinata. Aunque la peliazulada fingía, era capaz de llegar al extremo de la realidad y la locura. Cada uno de sus gemidos era como si le estuviera rogando que no dejara de acariciarla de aquella manera, y sus caricias eran como una petición para que le hiciera el amor toda la noche. Poco después de todo, supo que Hinata imaginaba que sus manos y todo su cuerpo eran los de Naruto. Incluso oía la voz del rubio en lugar de la suya. Aun así, le gustaba tanto hacer el amor con Hinata que haría cualquier locura. Cualquiera.

- ¿Qué te pasa, cielo? ¿No te ha gustado?

- Más o menos, Kurenai. – Hinata, ¿verdad?

- Sí…

La mujer de los labios sangre se puso junto al pelirrojo y escuchó todas y cada una de las palabras que decía muy lentamente.

- No pretendo decirte que seas fea ni que estés llena de arrugas. Es que… No es lo mismo, ¿entiendes? Créeme, Kurenai. Eres buena, pero… Yo no puedo tener nada contigo.

- No te preocupes, Gaara. Yo tampoco quería tener nada serio. Un par de revolcones, pero nada más.

La mujer, que ya rondaba por la cincuentena, sólo tuvo que ponerse una botas altas de cuero, y después de eso, simplemente besó a Gaara y le recordó que si necesitaba alguna vez sexo fácil, que ella siempre estaba disponible.

Salió de la casa de Gaara y decidió que lo mejor era poner fin a aquella locura. Eso de buscar el olvido en todos y cada uno de los brazos de los hombres de Konoha no iba con ella. O iba a buscar al culpable de su estado o seguramente acabaría en el psicólogo confesando que estaba completamente loca.

Se sentó en el primer banco que encontró y que estaba en la sombra, y cuando se recuperó de los últimos sucesos, simplemente pensó en él. Desde que tenía edad para gustar, las chicas de Konoha lo llamaban “el Inalcanzable”, ya que era imposible conquistarlo. Eso no era lo más decepcionante. Que las chicas de su edad cayeran en su juego era una cosa totalmente normal, pero ella… ¡Si ese chico podía ser perfectamente su hijo, y si apuras, hasta su nieto! Aun así, no podía negarlo. Había caído como ninguna en su juego de oscura pasión. Aquellos ojos tan negros, aquel cuerpo que comenzaba a mostrar deseos de sentir placer, aquel nombre que sonaba tan sensual en cada gemido, aquella forma de ser tan fría… Sasuke era todo. Era su más sucia fantasía, pero no sólo la de Kurenai, sino la de algunas solteras de Konoha que aún no se rendían a perder a su príncipe oscuro.

La mujer decidió que lo mejor era ir a su casa lo más rápidamente posible. Iba a confesarle todo, y después de mostrarse como mujer, seguro que el Inalcanzable ya no lo sería. Pero el problema estaba en que el único que podía alcanzar a Sasuke ya estaba en los brazos de otra persona.

Mientras la mujer de los labios sangre se dirigía a su casa, el moreno pensaba en aquella noche de hacía milenios. Había pasado tanto tiempo desde entonces que sólo recordaba dos cosas: que Naruto estaba completamente borracho y que aquélla fue su primera vez, y seguramente la más placentera de toda su vida. No conservaba ningún recuerdo gráfico de aquella noche, entre otras cosas, porque consumó su amor entre las sombras de la habitación de un hotel humilde. Aun así, recordaba el tacto de la piel del rubio. Era un tacto tibio, casi caliente, suave, y sobre todo, apasionado.

Recordaba la manera con la que había acariciado al rubio en pleno delirio apasionado. Las yemas de sus dedos recorrían con suavidad cada rincón de la piel del rubio con paciencia, sabiendo en cada momento que aquella vez era la primera y seguramente la última que podría tener al ojiazul de aquella manera.

El sabor de los labios del rubio aún reverberaba en los suyos, y justo cuando Sasuke recordaba con más fuerza que nunca aquel sabor dulce, lleno de inocencia, fue cuando sonó el timbre. Sasuke maldijo internamente al quídam que se había atrevido a interrumpir aquel recuerdo lleno de placer, y levantándose de mala gana de la cama, fue a abrir la puerta.

El asombro del ojinegro no se podía describir al ver a Kurenai en la puerta. En primer lugar, porque apenas la conocía; y en segundo lugar, porque era muy extraño que alguien le visitara, sobre todo una mujer.

- Hola, Sasuke. – Dijo la mujer de los labios sangre con aquel tono que solía usar con Gaara.

- ¿Perdone? ¿Qué hace aquí?

- Verás, Sasuke, lo que tengo que decirte no lo puedo hacer en la puerta, así que tendrás que dejarme pasar.

El Uchiha la dejó pasar, creyendo que le iba a preguntar sobre Hinata, o tal vez decirle que Shino había muerto en acto de servicio, pero lo que el ojinegro no se imaginaba era que él era la causa por la que la mujer estaba allí.

La mujer de los labios sangre tomó asiento justo al lado de donde lo había hecho Sasuke, y cuando notó que el moreno ya se había relajado algo, decidió que lo mejor era ahorrarse las palabras y acercarse a él para robarle un beso.

Sasuke, al ver que Kurenai se acercaba, supo enseguida lo que pretendía, pero en lugar de resistirse, dejó que aquel carmín tan intenso se acercara a él. Definitivamente, el Uchiha estaba dispuesto a olvidar a Naruto. Habían pasado muchos años, tal vez demasiados, y sabía que si seguía así, probablemente cuando hubiera olvidado al rubio, nadie querría nada con él. Sabía que algo parecido le estaba pasando a Kurenai. Con sólo aquel roce supo muchas cosas que nadie se había imaginado de ella. Una de esas muchas cosas era que le deseaba desde que era un niño.

La mujer de los labios sangre siguió besando cálidamente al Uchiha, sintiéndose como una triunfadora. En esos momentos, recordaba muchas cosas. Entre ellas, recordaba la última vez que vio a Kiba.

Se había convertido en un joven seductor, incluso más que la mayoría de chicos de Konoha. Fue un día antes de su graduación como jounin. Kurenai y sus alumnos se habían reunido para celebrar el ascenso del chico animal. La noche corrió entre la diversión y el bullicio, y cuando Hinata y Shino abandonaron la reunión, Kiba hizo algo que la mujer de los labios sangre no olvidaría jamás.

Cuando se quedaron solos, Kiba arrinconó a su futura ex sensei en el sofá de su salón, y entonces, casi de sorpresa, el chico animal la besó apasionadamente. Cuando se separaron, le miró sorprendido, pero en ese momento, mientras empezaba a acariciar el cuerpo de la mujer, Kiba no pudo evitar confesarse.

- ¿Ahora es cuando lo descubres? – Preguntó asombrado -. Vaya… Creí que eras una mujer más observadora.

Kurenai se sorprendió al escuchar eso, pero sabía que esas palabras sólo eran el principio de una larga noche de pasión.

- Sé que te deseo desde que soy consciente de que soy un hombre. Por eso a veces te miraba de aquella manera tan extraña. Porque estaba observándote para hacerme una idea de cómo eres. Tus labios, tu cuello, tu cintura… – Susurró mientras iba bajando las yemas de sus dedos -. Sé que tú ya tienes mucha experiencia, pero yo no. Puede que por eso no te guste, pero me gustaría que supieras que te voy a dar todo lo que soy y todo lo que siento en cada movimiento.

La mujer intentó responder a aquéllo, pero Kiba fue más rápido. Selló sus labios con un beso profundo, mientras sus manos la aferraban por la cintura.

Algo parecido estaba pasando con Sasuke. Por fin estaban juntos, de aquella manera tan íntima. El moreno era el que había tomado las riendas de la situación, pero había un problema: no paraba de imaginar que Kurenai era en realidad Naruto, algo que no era así. Mientras la mujer no se daba cuenta de nada, el Uchiha siguió torturándola de aquella manera.

- Sasuke, te adoro. – Fue lo único que pudo decir entre beso y beso.

El moreno hizo como si no la hubiera escuchado y siguió bajando. Sólo deseaba terminar con aquéllo. ¿Por qué se le había ocurrido que tirándose a esa mujer podría olvidar a Naruto? Parecía demasiado sencillo como para que funcionara, y de hecho, así era.

Un rato más tarde, después de haber satisfecho a la mujer de los labios sangre, a Sasuke se le ocurrió una idea magnífica. Y eso no era lo mejor. A la misma vez, pero en diferente lugar, a Gaara se le había ocurrido la misma idea. El problema era que necesitaba a alguien que mantuviera distraído a Naruto, y ya se estaba haciendo una idea de quién era ese sujeto.

Cuando Kurenai abandonó la casa de Sasuke, el chico decidió que lo mejor era visitar a Gaara para contarle su idea. Sólo sabía que necesitaba a Naruto, y si tenía que ir al fin del mundo por él, no se lo pensaría ni una milésima de segundo.

Mientras se duchaba, pensaba en lo mal que había tratado a la mujer de los labios sangre. Era completamente cierto que ella había venido buscando guerra, pero también era cierto que el Uchiha creía poder olvidar a Naruto con el calor de su cuerpo; cosa que no consiguió. Por un corto momento, pensó que tendría que haberle pedido a Sakura otra réplica de Naruto, pero a diferencia de la de la tumba, que la otra no se descompusiera. En fin, lo mejor sería que se estuviera quietito por el bien de todos, aunque iría a visitar a Gaara. Necesitaba el tacto de su piel, y sabía que Gaara tenía esa misma necesidad con Hinata, así que seguramente todo iría bien.

Un rato más tarde, Sasuke ya estaba en camino para contarle su plan al pelirrojo. El Uchiha, cada vez que se iba acercando más a la casa del kazekage, se daba cuenta de que su plan era perfecto, y si no lo era, le debía faltar poco. Cuando llegó a su casa, tocó en la puerta y el pelirrojo abrió rápidamente.

- Hablando del rey de Roma… – Dijo el pelirrojo como si le estuviera esperando.

- Será mejor que me dejes pasar. Eso si no quieres que los demás se enteren de nuestro plan.

Gaara dejó pasar al Uchiha, y cuando el moreno se sentó, le contó la brillante idea que había tenido, sin olvidarse de incluir hasta el más mínimo detalle. Asombrado, el pelirrojo comprobó que no sólo habían tenido la misma idea, sino que además coincidían hasta en los detalles más mínimos o inverosímiles.

- Bien, ahora que tenemos bien atado el plan… ¿Cuándo lo haremos?

- ¿Qué tal dentro de un par de semanas? Tengo que practicar un poco mi técnica si no quiero que me descubra.

- Y yo, Sasuke… Si no, sólo sé que lo pasaremos muy mal si el plan falla.